Crisis del Siglo XVII: Felipe III, Felipe IV y Carlos II

9. La España del Siglo XVII

9.1

Los Austrias del siglo

XVII.

Gobierno de validos y conflictos internos

A diferencia del gobierno personal y absoluto de los Austrias mayores (Carlos V y Felipe II), el gobierno de los Austrias menores del siglo XVII (Felipe III, Felipe IV y Carlos II) se caracterizó por la figura del valido, persona de total confianza para el rey en quien delegaban la mayor parte de la acción de gobierno.
Los validos más destacados fueron el Duque de Lerma con Felipe III, el Conde Duque de Olivares con Felipe IV y Juan José de Austria con Carlos II. Este sistema de gobierno se había impuesto también en otros reinos, como Francia, y supónía un refuerzo del poder absoluto. La toma de decisiones, que en el Siglo XVI la ejercía el monarca después de escuchar a los Consejos, la hacía ahora directamente el valido, sin necesidad de escuchar las recomendaciones de los órganos consultivos. También influyó en este proceso la personalidad más débil de los Austrias menores, menos interesados en dirigir personalmente el gobierno que Carlos V y Felipe II.

Conflictos políticos


Castilla ya no podía sostener por sí sola la carga económica de la política exterior de los Austrias. Por ello, el Conde Duque de Olivares, valido de Felipe IV, va a pretender, sin éxito, involucrar a los demás Estados en el sostenimiento de estos gastos. Esto conllevará una gran tensión entre el monarca y los reinos periféricos, especialmente Cataluña.

Conflictos sociales

En el Siglo XVII aumentó el número de privilegiados (nobles y eclesiásticos), lo que supuso un aumento de la carga fiscal sobre las clases productivas, sobre todo campesinos. Esto, unido a la crisis económica general, aumentó el número de pobres y mendigos y se produjeron revueltas populares y un auge del bandolerismo.

Conflictos étnico-religiosos

Para completar la unidad religiosa comenzada con los Reyes Católicos, Felipe III expulsó de España en 1609 a 300.000 moriscos, casi todos campesinos. Este hecho agravó la crisis económica, al dejar despobladas e improductivas muchas tierras.

9.2. La crisis de 1640

Se produjo cuando el Conde Duque de Olivares, valido de Felipe IV, intentó llevar a cabo la Uníón de Armas: es decir, hacer que todos los reinos peninsulares, y no sólo Castilla, contribuyesen económica y militarmente a la política europea de los Austrias. Cataluña se opuso a esta política centralista, y tropas castellanas entraron en Cataluña con el pretexto de la guerra contra Francia. Los roces de las tropas con la población acabaron en una sangrienta revuelta, el Corpus de Sangre, en el que el virrey fue asesinado y estalló una Guerra Civil en la que la Generalitat se alineó con Francia frente a Felipe IV.
La crisis fue muy grave porque estalló también en Aragón, Andalucía, Nápoles y Portugal, y en un momento en que la monarquía estaba luchando por su supremacía en Europa. Todas las sublevaciones fracasaron, excepto la de Portugal, que se independizó definitivamente. Pero Felipe IV no se atrevíó a aprovecharse del triunfo y mantuvo la estructura federal de sus Estados.

9.3. El ocaso del Imperio español en Europa

Durante todo el s. XVII se produce la paulatina decadencia de la monarquía hispánica.
Felipe III siguió una política pacifista porque Castilla estaba muy agotada; tuvo la suerte de que muriesen sus dos mayores enemigos, Isabel de Inglaterra y Enrique IV de Francia, lo que le permitíó hacer la paz con estos dos Estados. Con Holanda firmó la Tregua de los Doce años.
Felipe IV volvíó a la política de grandeza y prestigio, lo que le llevó a guerras interminables y ruinosas. Al expirar la Tregua de los Doce Años volvíó la guerra con Holanda, y en 1635 comienza la guerra contra Francia. Estos conflictos hay que enmarcarlos en el contexto general de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), en la que prácticamente participaron todos los Estados europeos.
Con Carlos II el Hechizado se produce la definitiva conversión de España en una potencia de segunda fila. Su incompetencia y la de sus validos llevaron al país a una situación crítica. Para colmo, la falta de descendencia del rey creó un vacío sucesorio que convirtió a España y su Imperio en el objeto de las ambiciones de la nueva gran potencia europea, Francia. España pasa de ser sujeto a ser objeto de las relaciones internacionales.

9.4. Evolución económica y social en el s. XVII

El s. XVII es un siglo de crisis económica y social, no sólo en España, sino en toda Europa.
La principal causa de la crisis económica en España fue el insoportable gasto de las continuas guerras, cuyo peso recaía fundamentalmente sobre Castilla, que era la propietaria del Imperio americano. Por eso la crisis castigó especialmente a Castilla. Otras causas fueron la falta de competitividad de la industria por la revolución de los precios, el atraso de las técnicas agrícolas, sobre todo tras la expulsión de los moriscos, la inflación y el descenso demográfico. Además, las minas americanas estaban empezando a agotarse.
La crisis social se manifestó en el descenso de la población, debido a las epidemias de peste y a la propia crisis económica, el crecimiento de los grupos privilegiados y por tanto improductivos (nobleza y clero), el aumento del número de pobres y mendigos, el auge del bandolerismo y la debilidad de la clase media. La expulsión de 300.000 moriscos en 1609 fue un factor importante de la crisis económica y social: muchas zonas se despoblaron y empobrecieron y la agricultura avanzada que practicaban los moriscos entró en decadencia.

9.5. Esplendor cultural. El Siglo de Oro

El llamado Siglo de oro de la cultura española se extiende durante el Siglo XVI y la primera mitad del XVII, abarcando dos movimientos culturales y artísticos: el Renacimiento y el Barroco. Su etapa de máximo esplendor se centra en torno a 1580.
El Renacimiento entró en España con los Reyes Católicos, procedente de Italia, destacando durante su reinado las figuras del Cardenal Cisneros y el gramático Antonio de Nebrija. Ya en el Siglo XVI, con Carlos I, destacan las figuras del erasmista Luis Vives y los juristas de la escuela de Salamanca (padres Soto, Vitoria y Suárez), creadores del moderno derecho internacional. En tiempos de Felipe II (segunda mitad del Siglo XVI) España se cierra a las influencias extranjeras, para evitar el contagio del protestantismo. No obstante, florece la literatura mística y espiritual (Fray Luis de león, San Juan de la Cruz, Santa Teresa) y la picaresca (Lazarillo de Tormes).
En el s. XVII, época del Barroco, no se desarrollaron en España la filosofía ni las ciencias, debido al estricto control del pensamiento por parte de la Inquisición, temerosa del contagio del protestantismo. A pesar de ello, destaca en el campo del pensamiento y la reflexión el jesuita Baltasar Gracián, autor de El Criticón.
Sin embargo, y a pesar de la decadencia política y la grave crisis económica y social que atravesaba España, sí florecieron las letras y las artes como en ningún otro período de nuestra historia. En literatura destacaron Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo, Góngora y Tirso de Molina

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