1863-68 Isabel II

PACTO DE OSTENDE_

Nos encontramos ante una fuente histórica de origen primario ya que la información contenida en el texto se realizó en el mismo momento en el que se proclamó. En cuanto a su naturaleza, se puede clasificar como un texto circunstancial, ya que se trata de un manifiesto de unos rebeldes, por lo que no tenía validez jurídico-legal. Es de tema político, el destinatario es público, y la finalidad con la que se redacta este pacto es la de acordar y expresar las líneas políticas de las partes principales del pacto.

El autor del texto es un autor colectivo ya que lo redactan de forma conjunta miembros del Partido Progresista y del Partido Demócrata. Este Pacto se realiza a mediados del Siglo XIX, en un momento de tensión entre la población ya que las protestas contra el reinado de Isabel II se hacen cada vez más frecuentes, hay una inestabilidad política, tras los gobiernos de Narváez y O´Donell después del bienio progresista y, por tanto, a finales de los años 50 y comienzos de los 60.

El texto señala que los partidos Demócrata y Progresista acuerdan, mediante votación (sufragio universal masculino), la forma de gobierno de España a partir de ese momento, ya que la población debía poder decidir sobre este asunto. Acuerdan que la dinastía borbónica debe ser reemplazada, y hasta que se ejecute dicha decisión, todas las libertades deben seguir vigentes, en especial la libertad de reuníón para que la opinión nacional pueda desarrollarse con normalidad.

La idea principal del texto, es decir, el objetivo con el que se redacta el Pacto de Ostende es el de desalojar del trono a Isabel II, y con ello a la dinastía borbónica. Pero como ideas secundarias encontramos otros aspectos sobre los que se basa este acuerdo: Ambos partidos coinciden en que se debe llevar a cabo mediante unas Cortes Constituyentes, elegidas por sufragio universal masculino, ya que tanto para el Partido Demócrata como para el Progresista el sufragio es un principio fundamental. La forma de gobierno que acuerdan es la monarquía, pero no la dinastía borbónica. Durante el tiempo que se tarde en decidir y restablecer otra dinastía, acuerdan que las libertades de imprenta y reuníón deben ser absolutas ya que la opinión de la nacíón debe poder ser oída siempre. Se habla de una revolución en España, un movimiento con el general Prim a la cabeza.

Este Pacto se encuadra a finales del reinado de Isabel II
. Antecede a la rebelión de La Gloriosa (1868), acontecimiento con el que se acaba por desalojar del trono a la hasta la entonces reina, Isabel II. Durante la tercera y última fase del reinado de Isabel II (1856-1868) gobiernan, alternándose, la Uníón Liberal y Narváez y se mantiene la constitución de 1845. Se mantienen algunas medidas progresistas como la ley de imprentas, las desamortizaciones y la ley de ayuntamientos. Se impone un gobierno más conservador con Narváez  de 1856 a 1857, al cual le sucede O´Donnell, estableciendo la Uníón Liberal (centralista), es el “gobierno largo” (1858-63). Esta etapa se inicia con una crisis de subsistencia provocada por la escasez de trigo, se realizan nuevas inversiones en infraestructuras y en la formación de técnicas ingenieras, se mejora el sistema fiscal (que produce un crecimiento económico) y se impulsa una política expansionista con una guerra contra Marruecos.

Se produce la caída del gobierno de la Uníón Liberal por el desgaste y las divisiones internas por lo que se forma un nuevo gobierno de Narváez (1863-1866). Se alternan los gobiernos inestables y autoritarios de distintos moderados y se apuesta por una vía insurreccional contra la monarquía isabelina, de la que es claro ejemplo este manifiesto. Los inversores invierten en los ferrocarriles pero no hay un gran desarrollo industrial por lo que no se rentabiliza, provocando la quiebra de las compañías y fábricas, que desencadena una grave crisis económica y financiera internacional. Los progresistas, ante la imposibilidad de llegar al gobierno, apuestan por la vía de la rebelión, que provoca inestabilidad agravada por la continuación de la crisis y la “cuestión romana” (el apoyo de Isabel II al Papa). A ello se suman los escándalos en la corte y la corrupción e influencias derivados de sus amoríos, la represión contra manifestaciones y quejas frente a esta situación, destacando La Noche de San Daniel. La respuesta represiva también fue famosa en el caso de la ejecución de los militares que se levantaron contra Isabel II en el cuartel de San Gil, en Madrid.

Es en este momento, tras los sucesivos levantamientos de progresistas y demócratas, cuando se firma el Pacto de Ostende. Posteriormente hay una sucesión de gobiernos que no controlan la situación, hasta que se produce el pronunciamiento de Cádiz en Septiembre de 1868, lo cual da inicio al Sexenio.

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