España (1814-1874): cronología política y constitucional
1. Medidas represivas de Fernando VII y problemas del Sexenio Absolutista (1814-1820)
A su regreso a España en 1814, Fernando VII protagonizó un auténtico golpe de Estado contra el régimen liberal. Apoyado por sectores absolutistas del ejército, la nobleza y el clero, y tras recibir el Manifiesto de los Persas, en el que diputados serviles le pedían restaurar la monarquía absoluta, anuló la Constitución de 1812 y toda la legislación de Cádiz, restaurando el absolutismo y el Antiguo Régimen. Se restablecieron los señoríos, los privilegios estamentales y la Inquisición; se suprimieron las libertades de imprenta y asociación. La represión fue sistemática: persecución de liberales, cárceles, exilios y ejecuciones. Se creó un clima de miedo político y control ideológico.
El Sexenio Absolutista estuvo lleno de problemas estructurales. La Guerra de Independencia había devastado la economía; la Hacienda estaba en bancarrota y la deuda pública era enorme. El comercio colonial se hundía por las guerras de independencia americanas. El ejército, mal pagado, se convirtió en foco de conspiraciones. La incapacidad reformista del absolutismo y la crisis económica favorecieron una cadena de pronunciamientos liberales, que evidenciaban la debilidad del régimen.
2. Pronunciamientos, triunfo de Riego y desarrollo de la independencia sudamericana
Durante el Sexenio, los liberales recurrieron al pronunciamiento militar, fórmula típica del siglo XIX español. Hubo varios intentos, pero el decisivo fue el de Rafael del Riego en 1820. Las tropas concentradas en Andalucía para embarcar hacia América se sublevaron en Cabezas de San Juan, proclamando la Constitución de 1812. El movimiento se extendió por Galicia y otras regiones, mientras la población urbana apoyaba la insurrección. Sin apoyos suficientes, Fernando VII juró la Constitución, iniciándose el Trienio Liberal.
Paralelamente, la situación americana era irreversible. Las colonias aprovecharon la debilidad española y la falta de refuerzos militares. Líderes como Simón Bolívar lograron victorias decisivas. España perdió casi todo su imperio continental, lo que agravó la crisis económica y supuso un golpe definitivo a su condición de potencia.
3. El Trienio Liberal: conflictos internos, Regencia de Urgel y fin
El Trienio Liberal (1820-1823) restableció la Constitución de 1812. Se abolieron los señoríos, se suprimieron mayorazgos, se reorganizó la Hacienda… Se intentó limitar el poder de la Iglesia y se iniciaron desamortizaciones. Sin embargo, surgió fuerte oposición absolutista, con guerrillas rurales y conspiraciones cortesanas. En Cataluña se creó la Regencia de Urgel (1822), gobierno alternativo absolutista. Además, los liberales se dividieron: los moderados defendían reformas prudentes y más poder para el rey; los exaltados querían aplicar plenamente el programa democrático gaditano. La inestabilidad interna facilitó la intervención exterior. La Santa Alianza, defensora del absolutismo, envió en 1823 al ejército francés de los Cien Mil Hijos de San Luis, que restauró a Fernando VII como monarca absoluto.
4. Década Ominosa: represión, crisis y problema sucesorio
La Década Ominosa (1823-1833) supuso el regreso al absolutismo con mayor dureza. Se ejecutó a Riego y miles de liberales fueron encarcelados o exiliados. Se restauró el control ideológico, aunque sin reimplantar plenamente la Inquisición. El régimen, sin embargo, intentó algunas reformas administrativas para salvar la Hacienda, pero la bancarrota y la crisis productiva continuaron. Surgieron levantamientos ultrarrealistas, como en la guerra de los Agraviados (1827).
El problema decisivo fue el sucesorio. La Ley Sálica impedía reinar a las mujeres, pero Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción para que su hija Isabel heredara el trono. Los partidarios de Carlos María Isidro se opusieron, dando origen al carlismo. A la muerte del rey en 1833, María Cristina asumió la regencia, iniciándose la Primera Guerra Carlista (1833-1840) y la transición hacia el Estado liberal.
5. La regencia de María Cristina de Nápoles: amnistía y tránsito al liberalismo
A la muerte de Fernando VII en septiembre de 1833, su hija Isabel tenía tres años, por lo que su madre, María Cristina de Nápoles, asumió la regencia. Su autoridad era frágil: el mismo año estalló la insurrección carlista en defensa de los derechos de Carlos María Isidro y del absolutismo foral y clerical. Para sostener el trono de su hija, la regente se vio obligada a apoyarse en los liberales, decretando una amnistía que permitió el regreso de exiliados del Trienio y la Década Ominosa.
El primer paso político fue el Estatuto Real de 1834, elaborado por Martínez de la Rosa. No era una constitución, sino una carta otorgada que mantenía la soberanía en la Corona y establecía unas Cortes bicamerales (Estamento de Próceres y de Procuradores) con sufragio muy restringido. Representaba el liberalismo doctrinario y un intento de transición controlada desde el absolutismo. Sin embargo, las revueltas urbanas de 1835, la presión de las juntas revolucionarias y la guerra carlista empujaron a medidas más profundas. En 1835 accedió al gobierno Mendizábal, que impulsó la gran desamortización eclesiástica y buscó ampliar la base social del régimen liberal.
6. La Primera Guerra Carlista: desarrollo y consecuencias
La guerra carlista (1833-1840) fue un conflicto dinástico e ideológico que enfrentó a carlistas e isabelinos, dividido en tres fases. Los carlistas defendían la monarquía absoluta, la Iglesia y los fueros, y tuvieron fuerte implantación en País Vasco, Navarra, norte de Cataluña, Aragón y el Maestrazgo. Contaron con apoyo del clero rural, campesinado tradicional y pequeña nobleza. Los liberales recibieron ayuda diplomática y militar de Reino Unido, Francia y Portugal mediante la Cuádruple Alianza (1834).
El gran jefe carlista fue Tomás de Zumalacárregui, que organizó un ejército eficaz en el norte hasta su muerte en el sitio de Bilbao (1835). Más tarde destacó Ramón Cabrera en el Maestrazgo. Para financiar la guerra y debilitar a la Iglesia, Mendizábal decretó la desamortización de 1836, suprimiendo órdenes religiosas y vendiendo sus bienes. Ese mismo año se produjo el motín de La Granja, que obligó a la regente a restablecer la Constitución de 1812 provisionalmente y convocar Cortes, de donde surgió la Constitución de 1837.
La guerra terminó con el Abrazo de Vergara (1839) entre Espartero y Maroto, que integró a oficiales carlistas y prometió respeto a los fueros, aunque estos serían recortados después. Supuso el triunfo del liberalismo y el debilitamiento definitivo del absolutismo.
7. Ideas políticas y evolución del liberalismo
El liberalismo isabelino se dividió en corrientes. Los moderados, inspirados en el liberalismo doctrinario francés, defendían la soberanía compartida Rey-Cortes, orden social, centralización y sufragio censitario muy restringido. Los progresistas defendían la soberanía nacional, mayor peso de las Cortes, Milicia Nacional y ampliación de derechos. Tras la revolución europea de 1848 surgieron los demócratas, partidarios del sufragio universal masculino y libertades amplias, de donde derivarán los republicanos.
Frente a ellos, el carlismo mantuvo el ideal de monarquía tradicional, fueros y catolicismo integrista, siendo una alternativa antiliberal persistente.
8. Constituciones, sistema político y papel de los militares
El periodo estuvo marcado por vaivenes constitucionales. El Estatuto Real (1834) fue moderado; la Constitución de 1837, progresista, reconocía la soberanía nacional y derechos individuales; la Constitución de 1845, moderada, reforzó el poder real, declaró la religión católica como oficial y restringió el censo electoral. En el Bienio Progresista se elaboró la Constitución de 1856, de carácter avanzado, que no llegó a entrar en vigor (non nata).
La política estuvo dominada por los espadones, generales que intervenían mediante pronunciamientos: Espartero, Narváez, O’Donnell o Serrano. El sistema parlamentario era inestable, con continuos cambios de gobierno, manipulación electoral y caciquismo. El sufragio censitario dejaba fuera a la mayoría de la población. Las desamortizaciones (Mendizábal y luego Madoz) transformaron la propiedad de la tierra, creando una nueva oligarquía agraria, pero sin resolver el problema campesino.
9. Motivos de la caída de la regencia de María Cristina
La regencia de María Cristina fue perdiendo apoyos progresivamente por varios factores políticos, sociales y personales. En primer lugar, su política oscilante entre moderados y progresistas generó desconfianza en ambos sectores. Aunque permitió reformas como la desamortización de Mendizábal y la Constitución de 1837, la regente tendía a apoyarse en gobiernos moderados, limitando la aplicación real del liberalismo progresista.
Además, su figura quedó desprestigiada por su matrimonio secreto con el guardia de corps Fernando Muñoz, lo que dio lugar a acusaciones de corrupción y favoritismo hacia su entorno. La guerra carlista también había reforzado el protagonismo militar, especialmente del general Espartero, convertido en héroe tras el Abrazo de Vergara. Los progresistas veían en él una alternativa a la regente.
El conflicto decisivo fue la Ley de Ayuntamientos de 1840, que daba al gobierno el control de los alcaldes, lo que los progresistas interpretaron como un ataque al municipalismo liberal. Se produjeron levantamientos progresistas y María Cristina, sin apoyos suficientes, renunció a la regencia y marchó al exilio en Francia, dejando paso a Espartero.
10. La regencia de Espartero (1840-1843): progresismo y caída
El general Baldomero Espartero, figura clave de la guerra carlista, asumió la regencia con apoyo progresista. Representaba el triunfo del liberalismo progresista, pero su forma de gobierno fue autoritaria y personalista. Gobernó apoyándose en el ejército y marginando a las Cortes, lo que le restó apoyos. Su política económica fue claramente librecambista, favoreciendo la entrada de textiles británicos, lo que perjudicó a la industria catalana. Esto provocó revueltas en Barcelona, que Espartero reprimió duramente, llegando a bombardear la ciudad en 1842. Este hecho dañó gravemente su popularidad.
A ello se unió la oposición de moderados, progresistas descontentos y militares. En 1843 un pronunciamiento dirigido por Narváez y O’Donnell forzó su salida. Isabel II fue declarada mayor de edad con solo 13 años, iniciándose su reinado efectivo.
11. Comienzo de la Década Moderada (1844-1854)
Con el triunfo de los moderados comenzó una etapa dominada por el general Ramón María Narváez. Se impuso un modelo conservador que favorecía a la alta burguesía y los terratenientes, mientras las clases populares quedaban excluidas del sistema político. Se aprobó la Constitución de 1845, que reforzaba la soberanía compartida, restringía derechos y establecía un sufragio muy limitado. Se creó la Guardia Civil (1844) para mantener el orden rural.
Se centralizó la administración, se reformó la Hacienda con Mon-Santillán (1845) y se firmó el Concordato de 1851 con la Santa Sede. La etapa estuvo marcada por corrupción, inestabilidad ministerial y represión de movimientos como el de los matiners (segunda guerra carlista en Cataluña). La crisis económica y el descontento político desembocaron en el pronunciamiento de la Vicalvarada (1854), liderado por O’Donnell, que abrió el Bienio Progresista.
12. El Bienio Progresista (1854-1856)
Tras la Vicalvarada y el Manifiesto de Manzanares, redactado por Cánovas, Isabel II llamó a Espartero al gobierno. Fue una etapa de reformas profundas. Se elaboró la Constitución de 1856, de carácter progresista, que no llegó a promulgarse (non nata). Se impulsó la modernización económica: Ley General de Ferrocarriles (1855), desarrollo bancario, sociedades anónimas y la desamortización de Madoz (1855), que afectó a bienes municipales y eclesiásticos.
Sin embargo, la venta de tierras no benefició al campesinado, y la crisis económica provocó disturbios sociales y auge del movimiento obrero. Las tensiones sociales y la división política llevaron a la caída de Espartero. O’Donnell asumió el poder, girando hacia posiciones más conservadoras.
13. La Unión Liberal y la crisis final del reinado
O’Donnell fundó la Unión Liberal, partido centrista entre moderados y progresistas. Gobernó gran parte de 1858-1863, impulsando obras públicas, expansión ferroviaria y una política exterior de prestigio: Guerra de África (1859-60), expedición a México, Cochinchina y Santo Domingo. Tras su caída, la inestabilidad se agravó. Los gobiernos de Narváez y González Bravo fueron autoritarios. Se produjeron episodios represivos como la Noche de San Daniel (1865) y el fusilamiento de los sargentos del cuartel de San Gil (1866).
Ese año se firmó el Pacto de Ostende entre progresistas y demócratas para destronar a Isabel II. La reina perdió apoyos por escándalos personales y la muerte de sus principales valedores (O’Donnell y Narváez). El régimen quedó aislado frente a una oposición amplia, lo que preparó el camino para la Revolución de 1868.
14. La Revolución de 1868 y el intento democratizador
La crisis final del reinado de Isabel II desembocó en la Revolución de 1868, conocida como La Gloriosa. Fue fruto de la convergencia de factores políticos, económicos y sociales: descrédito personal de la reina, corrupción, gobiernos autoritarios, crisis financiera de 1866, paro obrero y marginación política de progresistas y demócratas. La oposición se organizó en el Pacto de Ostende (1866), al que luego se unió la Unión Liberal, con el objetivo común de destronar a la reina.
El pronunciamiento comenzó en Cádiz con el almirante Topete, al que se unieron los generales Prim y Serrano. Las tropas isabelinas fueron derrotadas en la batalla de Alcolea (septiembre de 1868), tras lo cual Isabel II se exilió a Francia. Se formaron juntas revolucionarias en muchas ciudades, expresión de soberanía popular, aunque pronto el nuevo poder las disolvió para evitar un proceso social radical. Se abrió así un periodo de intento democratizador dentro del liberalismo, pero con límites claros: se buscaba una monarquía democrática, no una revolución social ni una república inmediata.
15. La Constitución de 1869 y el nuevo sistema político
Tras elecciones por sufragio universal masculino, las Cortes aprobaron la Constitución de 1869, la más democrática hasta entonces en España. Reconocía la soberanía nacional, amplia declaración de derechos (libertad de prensa, reunión, asociación, culto), división de poderes y Cortes bicamerales. Se establecía una monarquía parlamentaria, pero sin rey, por lo que se nombró regente al general Serrano, mientras Prim presidía el gobierno.
Sin embargo, el nuevo régimen tuvo problemas desde el inicio: sublevaciones republicanas federales, levantamientos carlistas, conflicto colonial en Cuba (inicio de la Guerra de los Diez Años, 1868) y tensiones sociales con la expansión de ideas socialistas y anarquistas vinculadas a la Primera Internacional. Los militares siguieron siendo decisivos: Serrano, Prim o Topete reflejan la continuidad del papel de los espadones en la política española.
16. La búsqueda de rey y el reinado de Amadeo I (1871-1873)
Uno de los principales problemas fue encontrar un monarca que aceptara el marco constitucional. Se descartó a los Borbones. Se barajaron candidatos como el duque de Montpensier o Leopoldo de Hohenzollern (candidatura que influyó en la guerra franco-prusiana). Finalmente fue elegido Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia. Pero su reinado nació debilitado: el mismo día de su llegada a España (1870) fue asesinado Prim, su principal apoyo político.
Amadeo se encontró con un panorama inestable: división entre constitucionales (Sagasta) y radicales (Ruiz Zorrilla), oposición carlista (Tercera Guerra Carlista desde 1872), guerra de Cuba y fuerte conflictividad social. El fracaso del bipartidismo y la falta de apoyos sociales llevaron a Amadeo a abdicar en febrero de 1873.
17. La Primera República y su fracaso
Tras la abdicación se proclamó la Primera República (1873-1874). Nació sin amplio consenso y en plena guerra. Predominaban los republicanos federales, pero divididos entre moderados y federales intransigentes, partidarios de una federación desde abajo. En un solo año hubo cuatro presidentes: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. El mayor problema fue el cantonalismo, sublevaciones locales que proclamaban cantones autónomos, destacando el de Cartagena. A esto se sumaban la guerra carlista y la guerra de Cuba.
Ante el caos, el general Pavía disolvió las Cortes en 1874. Se instauró una república autoritaria presidida por Serrano. Finalmente, el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto (diciembre de 1874) proclamó rey a Alfonso XII, hijo de Isabel II, iniciando la Restauración borbónica. La experiencia republicana fracasó por la división interna, la guerra y la debilidad del apoyo social, pero mostró los límites del liberalismo español para integrar democracia y estabilidad.
Comentario de texto: Constitución de 1869
El texto fue promulgado en 1869, durante el Sexenio Democrático (1868-1874), tras el triunfo de la Revolución de 1868, conocida como La Gloriosa.
El autor colectivo del texto es la Nación española representada por las Cortes Constituyentes, elegidas por sufragio universal masculino, lo que supone una gran novedad en la historia política de España.
El destinatario es el conjunto de la población española, ya que la Constitución regula derechos, libertades y la forma de gobierno.
El tema principal del texto es el establecimiento de un nuevo marco político liberal y democrático en España.
Entre las ideas principales destacan: el reconocimiento amplio de derechos y libertades individuales, como la libertad personal, la seguridad jurídica o la libertad de circulación (artículos 2, 3, 4 y 26); la soberanía nacional, que reside en la Nación (art. 32); la división de poderes, con el poder legislativo en las Cortes, el ejecutivo en el Rey y sus ministros, y el judicial en los tribunales (artículos 34, 35 y 36); la monarquía como forma de gobierno, aunque basada en principios democráticos (art. 33), y la libertad religiosa, un avance clave, aunque con mantenimiento del culto católico por parte del Estado (art. 21).
La Constitución de 1869 se enmarca en el Sexenio Democrático, una etapa de intensos cambios políticos iniciada con la Revolución de 1868, que provocó el derrocamiento y exilio de Isabel II debido al descontento político, económico y social.
Tras la revolución, se formó un Gobierno Provisional (Serrano y Prim) que convocó Cortes Constituyentes y elaboró esta Constitución, considerada la más democrática del siglo XIX español. En este contexto se buscaba modernizar el país, ampliar la participación política y romper con el modelo moderado del reinado isabelino.
Como consecuencia directa de esta Constitución, se inició la búsqueda de un nuevo rey, que culminó con la llegada de Amadeo I de Saboya en 1871. Sin embargo, la inestabilidad política, los conflictos sociales, la Tercera Guerra Carlista y la Guerra de Cuba dificultaron la consolidación del nuevo sistema, lo que finalmente llevó a la proclamación de la Primera República en 1873.
En conclusión, la Constitución de 1869 supuso un avance decisivo en la historia constitucional española, al reconocer amplias libertades, establecer la soberanía nacional y consolidar la división de poderes. Sin embargo, el contexto de crisis política y social impidió que este proyecto democrático tuviera estabilidad a largo plazo.
Comentario de texto: El Estatuto Real de 1834
Fue promulgado en 1834, durante la regencia de María Cristina de Borbón, en nombre de su hija Isabel II, en los inicios de la minoría de edad de la reina.
El autor del texto es María Cristina como Reina Gobernadora; no emana de unas Cortes constituyentes.
El destinatario es el conjunto de la nación, aunque de manera práctica va dirigido a las élites sociales y políticas, que son las que podían participar en el sistema político que establece.
El tema principal del texto es la regulación de la convocatoria y composición de las Cortes según el Estatuto Real.
Las ideas principales que aparecen son: la convocatoria de las Cortes Generales por iniciativa de la Corona (art. 1), lo que muestra que la soberanía sigue residiendo en el monarca; la organización bicameral de las Cortes, divididas en dos Estamentos: Próceres y Procuradores (art. 2); el carácter elitista y censitario del Estamento de Próceres, formado por nobles, altos cargos eclesiásticos y personas con elevada renta o méritos, todos ellos ligados a la alta sociedad y al poder económico (art. 3); y la exigencia de requisitos económicos y sociales para acceder a los cargos, como la posesión de elevadas rentas (arts. 3, 4 y 5).
El Estatuto Real de 1834 se enmarca en la etapa inicial del reinado de Isabel II, durante su minoría de edad, bajo la regencia de María Cristina. Tras la muerte de Fernando VII en 1833, se inicia un periodo de gran inestabilidad política marcado por la Primera Guerra Carlista, en la que los liberales apoyaban a Isabel II frente a los partidarios de Carlos María Isidro.
Para asegurar el apoyo de los liberales moderados, la regente promulgó el Estatuto Real, que supuso una transición del absolutismo hacia un liberalismo limitado, sin reconocer la soberanía nacional ni los derechos individuales. A diferencia de las constituciones posteriores, el Estatuto no reconoce derechos y mantiene un fuerte control de la Corona sobre el poder legislativo.
Este sistema pronto resultó insuficiente para los liberales progresistas, que reclamaban mayores libertades y una verdadera constitución. Las tensiones políticas y sociales desembocaron en el motín de La Granja (1836), que obligó a la regente a restaurar la Constitución de 1812 y a iniciar un proceso constituyente que culminaría en la Constitución de 1837.
En conclusión, el Estatuto Real de 1834 fue un primer paso hacia el liberalismo, aunque muy limitado y controlado por la Corona. Representó un intento de conciliación entre absolutismo y liberalismo moderado, pero su carácter restrictivo y elitista impidió su consolidación, siendo rápidamente superado por un modelo constitucional más avanzado.
Comentario de texto: Manifiesto de Manzanares (1854)
El texto está fechado el 7 de julio de 1854, en el Cuartel General de Manzanares, y se sitúa en el reinado de Isabel II.
El autor es Leopoldo O’Donnell, general del ejército y líder del pronunciamiento de Vicálvaro, aunque el texto fue redactado por Antonio Cánovas del Castillo, futuro político clave de la Restauración.
El destinatario es el conjunto del pueblo español, especialmente las clases medias y los sectores liberales descontentos con el sistema político vigente.
El tema principal del texto es la justificación del alzamiento militar liberal y la presentación de un programa reformista.
Entre las ideas principales destacan: la legitimación del pronunciamiento, apoyándose en el respaldo popular y del ejército; la defensa del régimen representativo y de la libertad frente al gobierno moderado; la voluntad de mantener la monarquía, pero sin la influencia de la camarilla palaciega; la propuesta de reformas políticas y administrativas, como la mejora de la ley electoral y de imprenta, la reducción de impuestos, el respeto a los méritos en los cargos y una mayor descentralización administrativa; la creación o fortalecimiento de la Milicia Nacional como garantía del nuevo sistema; y el reconocimiento de la soberanía nacional, al dejar en manos de las Cortes y de la nación la concreción de las reformas.
El Manifiesto de Manzanares se inscribe en la crisis del régimen moderado durante el reinado de Isabel II, caracterizado por el autoritarismo, la corrupción política y el control del poder por una minoría. El pronunciamiento de Vicálvaro (1854), aunque inicialmente fracasó militarmente, logró un gran apoyo popular tras la publicación de este manifiesto.
Este texto dio inicio al Bienio Progresista (1854-1856), periodo en el que los progresistas accedieron al poder con el general Espartero como jefe de gobierno y O’Donnell como ministro de la Guerra. Durante este tiempo se impulsaron importantes reformas, como la desamortización de Madoz (1855), la Ley General de Ferrocarriles y el intento de aprobar una nueva Constitución en 1856 (no promulgada).
El Bienio finalizó con un nuevo pronunciamiento y el regreso de los moderados, lo que evidenció la inestabilidad política del reinado de Isabel II y el protagonismo del ejército en la vida política.
Comentario de texto: Constitución de 1869 (segunda referencia)
Fue promulgada en 1869, durante el Sexenio Democrático, tras la Revolución de 1868.
El autor colectivo del texto es la Nación española, representada por las Cortes Constituyentes, elegidas por sufragio universal masculino, lo que supone una novedad fundamental respecto a etapas anteriores.
El destinatario es el conjunto de los ciudadanos españoles, ya que establece derechos, deberes y el sistema político.
El tema principal del texto es el establecimiento de un sistema político liberal y democrático, basado en la soberanía nacional y en el reconocimiento de amplios derechos y libertades. Las ideas principales son: el reconocimiento de derechos individuales, como la libertad personal, la seguridad jurídica y las garantías frente a detenciones arbitrarias (arts. 2, 3 y 4); la libertad de circulación y residencia, con ciertas obligaciones hacia el Estado (art. 26); la libertad religiosa, aunque el Estado mantiene el culto católico (art. 21); la soberanía nacional, de la que emanan todos los poderes (art. 32); la monarquía constitucional como forma de gobierno (art. 33) y la división de poderes: legislativo en las Cortes, ejecutivo en el Rey y sus ministros, y judicial en los tribunales (arts. 34, 35 y 36).
La Constitución de 1869 se enmarca en el Sexenio Democrático (1868-1874), iniciado tras el triunfo de la Revolución de 1868, que provocó el derrocamiento de Isabel II debido al descontento social, político y económico.
Tras la revolución, se formó un Gobierno Provisional que convocó Cortes Constituyentes con el objetivo de establecer un régimen más democrático. Esta Constitución es considerada la más avanzada del siglo XIX en España, al reconocer amplios derechos y libertades y basarse en la soberanía nacional.
Como consecuencia de este nuevo marco político, se buscó un nuevo monarca, lo que llevó a la proclamación de Amadeo I de Saboya en 1871. Sin embargo, la inestabilidad política, los conflictos sociales, la Tercera Guerra Carlista y la Guerra de Cuba dificultaron la consolidación del sistema, que terminó con la Primera República en 1873.
En conclusión, la Constitución de 1869 supuso un avance decisivo en la historia del liberalismo español, al establecer un régimen democrático, reconocer amplios derechos individuales y consagrar la soberanía nacional. No obstante, la inestabilidad política del periodo impidió su plena aplicación.
Comentario de texto: Constitución Federal de 1873
Se sitúa en 1873, durante la Primera República española.
El autor colectivo del texto es las Cortes Constituyentes de la Primera República, dominadas por los republicanos federales.
El destinatario es el conjunto del pueblo español, ya que regula la organización del Estado y la distribución del poder político.
El tema principal del texto es la organización de España como una República Federal, basada en la autonomía de los Estados y en la soberanía popular.
Las ideas principales son: la definición de España como una nación compuesta por distintos Estados, tanto peninsulares como coloniales (arts. 1 y 2); la República Federal como forma de gobierno (art. 39); la distribución territorial del poder, estableciendo distintos niveles de competencias: individuo, municipio, Estado y Federación (art. 40); la amplia autonomía política, administrativa y económica de los Estados, que pueden tener su propia Constitución, gobiernos y asambleas legislativas (arts. 92, 93 y 94); y la atribución a los Estados de competencias clave como hacienda, obras públicas, educación y asuntos sociales (art. 96).
La Constitución Federal de 1873 se enmarca en la Primera República española (1873-1874), proclamada tras la abdicación de Amadeo I de Saboya y el fracaso de la monarquía democrática del Sexenio.
La República nació en un contexto de grave inestabilidad política, con profundas divisiones entre republicanos unitarios y federales, además de graves problemas como la Guerra de Cuba, la Tercera Guerra Carlista y el movimiento cantonal, que defendía una descentralización radical.
Este proyecto constitucional reflejaba el ideal de los republicanos federales, inspirados en el modelo estadounidense, pero la falta de consenso político y el desorden interno impidieron su aprobación. La República terminó con el golpe de Estado del general Pavía (1874) y, poco después, con la Restauración borbónica en la figura de Alfonso XII.
En conclusión, la Constitución Federal de 1873 representó el intento más ambicioso de implantar un Estado republicano y federal en España, basado en la autonomía territorial y el sufragio universal. Sin embargo, la inestabilidad política y los conflictos internos impidieron su aplicación, quedando como un proyecto clave para comprender el fracaso de la Primera República.
Imágenes y caricaturas: interpretación
IMAGEN 1: “Una familia modelo” (caricatura)
Se trata de una caricatura publicada en la prensa satírica del siglo XIX. La crítica va dirigida a la monarquía borbónica, representada como un foco de conflictos, corrupción y enfrentamientos internos.
La escena muestra a varios personajes peleándose violentamente entre sí bajo el título irónico “Una familia modelo”. La familia simboliza a la dinastía borbónica, y el caos refleja las luchas internas, el desgobierno y la mala imagen de la monarquía ante la opinión pública. El uso de la exageración y la violencia es típico de la caricatura política.
La imagen se sitúa en los años finales del reinado de Isabel II, marcados por la corrupción, el desprestigio de la Corona y la inestabilidad política. Este clima de descontento desembocó en la Revolución de 1868, que provocó el exilio de la reina y el inicio del Sexenio Democrático.
IMAGEN 2: La búsqueda de un rey como una subasta
De carácter satírico, procedente de una revista liberal como La Flaca. La búsqueda de un nuevo monarca tras la Revolución de 1868 y el descrédito de la monarquía.
La caricatura presenta la elección del rey como si fuera una subasta, ridiculizando el proceso y mostrando a los candidatos como mercancía. Se critica la idea de buscar un rey “democrático” que no fuera Borbón para evitar la República, lo que pone en evidencia la falta de legitimidad del sistema monárquico.
Tras el derrocamiento de Isabel II, las Cortes buscaron un nuevo rey que aceptara la Constitución de 1869. Finalmente fue elegido Amadeo I de Saboya (1871). Sin embargo, su reinado estuvo marcado por la inestabilidad y el rechazo político y social.
IMAGEN 3: Peleas entre unitarios y federalistas
De carácter político y satírico. El enfrentamiento interno durante la Primera República entre distintas corrientes republicanas.
La imagen representa una lucha física entre dos figuras que simbolizan a los republicanos unitarios y federales, mientras la República aparece como una víctima atrapada entre ambos. Se denuncia así la división política y la incapacidad de llegar a acuerdos.
Durante la Primera República (1873-1874) existieron fuertes tensiones entre quienes defendían un Estado unitario y quienes apostaban por una República Federal. Estas divisiones, junto a otros conflictos como el cantonalismo, contribuyeron al fracaso del régimen.
IMAGEN 4: Caricaturas sobre Cuba y los carlistas
Satírica, publicada en prensa. Los conflictos simultáneos del Sexenio Democrático: la guerra de Cuba y el carlismo.
Las caricaturas muestran a los carlistas como una amenaza violenta y a Cuba como un problema que desangra al Estado. Se utilizan símbolos militares y figuras grotescas para denunciar el coste humano, económico y político de estos conflictos.
Durante el Sexenio coincidieron la Guerra de los Diez Años en Cuba (1868-1878) y la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), lo que agravó la crisis del Estado y debilitó tanto la monarquía de Amadeo I como la Primera República.
IMAGEN 5: “Desde Alcolea a Sagunto”
De carácter político, con elementos alegóricos. Representa el recorrido del Sexenio Democrático, desde la Revolución de 1868 hasta la Restauración borbónica.
- Alcolea (1868): victoria revolucionaria y caída de Isabel II.
- Proclamación de la Primera República (1873).
- Sagunto (1874): pronunciamiento de Martínez Campos y restauración de los Borbones.
Las figuras y símbolos reflejan esperanza inicial y posterior fracaso del proyecto democrático. La imagen resume el fracaso del Sexenio Democrático, una etapa marcada por intentos de democratización que terminaron con la Restauración borbónica en la figura de Alfonso XII, dando paso a un sistema más estable pero menos democrático.