El Reinado de Fernando VII: De la Restauración al Conflicto Dinástico (1814-1833)
Tras las guerras napoleónicas, Europa inicia la Restauración y se firma la Santa Alianza, pacto de las grandes potencias para defender el absolutismo e intervenir en países amenazados por movimientos liberales (1820, 1830, 1848). En España, la vuelta de Fernando VII restaura el absolutismo, frente a la oposición de los liberales.
El Sexenio Absolutista (1814-1820)
Durante el sexenio absolutista (1814-1820), Fernando VII regresa al trono tras la destitución de José I (Tratado de Valençay, diciembre 1813). A pesar de que las Cortes le pedían jurar la Constitución de 1812, el rey se mostró receloso y buscó apoyo popular recorriendo diversas ciudades. Altos oficiales del ejército, la nobleza y el clero criticaron el poder de las Juntas y Cortes y le solicitaron restaurar las instituciones tradicionales mediante el Manifiesto de los Persas (abril 1814).
El 4 de mayo promulgó el Decreto de Valencia, abolió la Constitución de 1812 y las leyes de las Cortes de Cádiz, persiguió a los liberales y disolvió las Cortes. Se restablecieron:
- Los consejos.
- La Inquisición.
- Los privilegios y la jurisdicción señorial.
- Se suspendió la desamortización de 1813.
El absolutismo se enfrentó a graves problemas:
- Inestabilidad política por cambios ministeriales y la influencia de la camarilla.
- Crisis económica con caída de precios agrícolas, escasa producción industrial, comercio paralizado y deuda pública por la pérdida de ingresos americanos.
- Crisis social por el descontento campesino, urbano y militar.
La oposición liberal recurrió a conspiraciones y pronunciamientos militares, organizándose en sociedades secretas y apoyándose en sectores del ejército. Tras el fracaso de siete pronunciamientos (1814-1819), triunfó el de Rafael del Riego (1820) en Las Cabezas de San Juan, proclamando la Constitución de 1812 con respaldo de la burguesía liberal gaditana. Este pronunciamiento se extendió a otras localidades como La Coruña y Zaragoza, obligando a Fernando VII a restablecer la Constitución.
El Trienio Liberal (1820-1823)
Durante el Trienio liberal (1820-1823), Fernando VII aceptó convertirse en monarca constitucional y juró la Constitución de Cádiz. Se intentaron aplicar las reformas liberales de las Cortes de Cádiz con el apoyo de la Milicia Nacional. Entre las reformas destacaron:
- Supresión definitiva de la Inquisición (1820).
- Reducción de monasterios y órdenes religiosas y venta de sus bienes.
- Abolición del régimen señorial y los mayorazgos.
- Restablecimiento de las libertades económicas y de expresión.
- Secularización de la enseñanza con creación de niveles educativos y el primer Código Penal.
- Reformas económicas que incluyeron devaluación de la moneda, recorte de gastos, créditos extranjeros y reforma fiscal.
El Trienio liberal fracasó por:
- La oposición conservadora, apoyada por el rey, el clero y las élites del Antiguo Régimen, que organizaron guerrillas absolutistas.
- La división interna de los liberales entre moderados o doceañistas y exaltados, más radicales.
En 1823, la intervención militar extranjera de la Santa Alianza, con el ejército francés de los “Cien Mil Hijos de San Luis” al mando del duque de Angulema, restableció el absolutismo, obligando al gobierno liberal a trasladarse a Sevilla y luego a Cádiz.
La Década Ominosa o Absolutista (1823-1833)
Durante la Década ominosa o absolutista (1823-1833), Fernando VII restableció el Antiguo Régimen, excepto la Inquisición, reforzando el poder con el Cuerpo de Voluntarios Realistas y una represión intensa contra los liberales, muchos encarcelados, exiliados o ejecutados (Riego, Mariana Pineda, Torrijos, Goya exiliado).
Reformas Administrativas y Económicas
Paralelamente, se impulsaron reformas administrativas y económicas:
- Creación del Consejo de Ministros.
- Creación del Ministerio de Fomento.
- Establecimiento de presupuestos generales.
- Creación del Código de Comercio, Banco de San Fernando y Bolsa.
Las insurrecciones absolutistas, como la de los malcontents o Agraviados en Cataluña (1827), fueron sofocadas por el ejército y la intervención del rey.
La Cuestión Sucesoria y el Inicio del Conflicto Carlista
Los últimos años del reinado estuvieron marcados por la cuestión sucesoria. Fernando VII no tuvo descendencia en sus tres primeros matrimonios y en 1830 se casó con María Cristina de Cerdeña, que quedó embarazada y dio a luz a Isabel II. Con ello, Fernando promulgó la Pragmática Sanción, derogando la Ley Sálica y proclamando a Isabel heredera.
Su hermano, Carlos María Isidro, no reconoció a Isabel y, apoyado por los absolutistas, reclamó el trono. Tras la enfermedad del rey en 1832, los partidarios de Carlos provocaron los Sucesos de la Granja, logrando temporalmente la derogación de la Pragmática, que Fernando VII restauró al recuperarse, nombrando a Cea Bermúdez primer ministro y autorizando a la reina María Cristina a presidir el Consejo de Ministros y acercarse a los liberales mediante amnistías.
Cuando Fernando VII murió en 1833, Isabel II fue proclamada heredera y su madre María Cristina asumió la regencia. Los partidarios de Carlos no reconocieron a Isabel, iniciándose la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Este conflicto civil, además de dinástico, tenía fuerte contenido ideológico, enfrentando a absolutistas tradicionales con liberales, con un apoyo social claro:
- Pequeños nobles rurales.
- Bajo clero.
- Oficiales reaccionarios del ejército.
- Campesinos y artesanos que temían las reformas liberales.
Geográficamente, el carlismo se concentró en Navarra, País Vasco, norte del Ebro y Maestrazgo castellonense, sin conquistar las grandes ciudades. Internacionalmente, contaron con la simpatía de Austria, Rusia y Prusia. El lema carlista era “Dios, Patria, Fueros y Rey”, marcando el inicio de un conflicto civil prolongado durante la regencia de María Cristina.