La evolución de la población y de las ciudades: De la sociedad estamental a la sociedad de clases
Durante el siglo XIX, la población española experimentó un crecimiento continuo, aunque, comparado con otros países europeos, la densidad de población se mantuvo baja. Este aumento se debió principalmente al descenso progresivo de la mortalidad, debido a mejoras en la alimentación y en las condiciones médico-sanitarias que permitieron un ligero aumento de la esperanza de vida. Aun así, las epidemias (especialmente las de cólera) y las guerras siguieron afectando a la población.
La estructura de la población activa seguía siendo desequilibrada, con un claro predominio del sector primario frente al industrial y el terciario. A lo largo del siglo, la búsqueda de empleo generada por la industrialización hizo que se intensificara el éxodo rural (migración interior hacia las ciudades), lo que provocó un crecimiento urbano desigual, concentrado en zonas como Madrid, Cataluña, Levante y el norte industrial.
Ámbitos del crecimiento urbano
Debido a esta migración, hubo un gran crecimiento urbano de las ciudades españolas a partir del siglo XIX; este se podría dividir en tres ámbitos principales:
- Reforma Interior: Se derribaron las antiguas murallas, símbolos del Antiguo Régimen, con el fin de crear rondas de circulación y mejorar la higiene y el control social.
- Ensanches Burgueses: Proyectados fuera del centro histórico, destacan el Plan Cerdá (1859) en Barcelona y el Plan Castro (1860) en Madrid.
- Periferias y Suburbios: Surgieron barrios humildes, afectados por el hacinamiento (acumulación o amontonamiento excesivo de personas) y la ausencia de servicios e infraestructuras básicas.
Aunque se introdujeron mejoras urbanas (alcantarillado, transporte, servicios públicos), no obstante, estas avanzaron lentamente y una gran parte de los españoles aún vivía en núcleos rurales.
La transformación social
En el plano social, la revolución liberal burguesa transformó la sociedad estamental, basada en privilegios jurídicos, en una sociedad de clases, basada en el criterio económico. Se consolidaron tres grandes grupos sociales:
- Una clase dirigente que controlaba el poder político y con un alto nivel de vida.
- Unas clases medias de ideología conservadora y aspiraciones burguesas.
- Unas clases populares formadas por artesanos, el proletariado industrial y la mayoría rural, que sufrían duras condiciones de vida.
El mundo rural consistía en pequeños campesinos, arrendatarios y jornaleros, quienes eran el grupo más numeroso de la España latifundista. El crecimiento demográfico y la falta de tierras empeoraron sus condiciones de vida, lo que, bajo la influencia de demócratas y republicanos, derivó en frecuentes revueltas y ocupaciones campesinas con fines de reforma agraria.
Las desamortizaciones, la España rural del siglo XIX, industrialización, comercio y comunicaciones
Las desamortizaciones formaron parte de las reformas económicas liberales del siglo XIX, destinadas a acabar con la propiedad amortizada y a liberalizar la tierra. Consistieron en la expropiación y venta en subasta pública de bienes eclesiásticos y municipales.
Fases de la desamortización
La desamortización se desarrolló principalmente en dos fases críticas:
- Desamortización de Mendizábal (1835): Centrada en los bienes de la Iglesia, sus objetivos fueron sanear la Hacienda pública, financiar al ejército frente al carlismo y consolidar el régimen liberal.
- Desamortización de Madoz (1855): Iniciada durante el Bienio Progresista, afectó a bienes municipales y del Estado. Su finalidad fue reducir la deuda pública y, fundamentalmente, financiar infraestructuras modernas como el ferrocarril.
Esto provocó un incremento del número de terratenientes, pero apenas benefició a los campesinos, ya que las tierras fueron adquiridas principalmente por burgueses y grandes propietarios, provocando la aparición de un amplio proletariado rural con jornaleros sin tierras y una mayor conflictividad social.
También salieron perjudicados los municipios y la Iglesia (que vio reducido su patrimonio y su influencia económica). Aunque la nobleza perdiera privilegios, esta se adaptó al nuevo sistema liberal y, junto a la burguesía, aprovecharon el proceso para consolidar su poder económico.
El proceso de industrialización
Debido a la inestabilidad política, la escasez de capitales, el atraso tecnológico y la debilidad del mercado interior, la industrialización española fue tardía, lenta y desigual en comparación con otros países europeos. Aun así, surgieron tres sectores industriales destacados:
- Textil: Concentrado en Barcelona y favorecido por políticas proteccionistas, destacó por la mecanización del algodón.
- Siderurgia: Evolucionó desde Málaga hacia Asturias y, finalmente, Vizcaya. El hierro español alcanzó su época dorada gracias a las propiedades del hierro vasco, poco habituales en Europa.
- Minería: Durante el Sexenio, el Estado aprobó una legislación en la cual la mitad de los yacimientos mineros quedaron en manos de empresas europeas.
Comunicaciones, comercio y finanzas
El desarrollo de las comunicaciones fue impulsado por la Ley General de Ferrocarriles de 1855; esta impulsó la construcción de una red extensa, aunque con problemas como: un ancho de vía diferente al europeo, una red radial centrada en Madrid y una fuerte dependencia de capital extranjero.
En el comercio exterior, España importó más productos industriales de los que exportó como materias primas. Salvo en el Sexenio Democrático (con la aprobación del Arancel Figuerola de 1869), predominó una política proteccionista para evitar la competencia exterior.
El sistema financiero se reforzó con la consolidación del Banco de España (1856), que se encargó de la emisión de papel moneda y la financiación del déficit público mediante la concesión de préstamos al Estado. También, en 1857, se crearon entidades financieras privadas como el Banco de Santander y el Banco de Bilbao.