Carlos V y Felipe II

RRCC: la proyección exterior. Política italiana y norteafricana


En la política exterior de los RRCC Aragón busca extenderse por Italia usando como bases Cerdeña y Sicilia y enfrentándose a Francia. Francia le había cedido Rosellón y Cerdaña pero Aragón formará parte de la Santa Liga. Fernando II envió un ejército a Italia al mando de Gonzalo Fdz de Córdoba “El Gran Capitán”, finalmente Fernando II consigue la expansión por el Mediterráneo y cuando la guerra se reanuda obtiene el control absoluto del sur de Italia. Castilla quiere conquistar puertos del norte de África para acabar con los piratas berberiscos y asegurar el control del estrecho de Gibraltar, se conquista Melilla, orán, bujía y trípoli, toda esta política norteafricana se puso en prçactica para garantizar la seguridad política y comercial del mediterráneo aparte del espíritu de cruzada contra el infiel (La Inquisición, cardenal Cisneros). El territorio español se convirtió en el árbitro de la política internacional, los RRCC buscan la expansión por el Atlántico para convertirse en un Imperio y a esto contribuyen el descubrimiento de américa y la política matrimonial.

El Imperio de Carlos V. Conflictos internos: comunidades y Germánías


En el año 1516 muere Fernando el Católico, quien le sucede su nieto Carlos I, hijo de Juana “la loca” y Felipe “el hermoso”. La gran extensión de su herencia territorial dotaba a Carlos de un gran poder y de grandes dificultades en el gobierno y de un alto coste. Llega a España en 1517 y convoca cortes para obtener recursos para su nombramiento imperial. El monarca sólo veía en los dominios hispanos una fuente de aprovisionamiento de dinero, lo que condujo a que en Castilla se extendiese la rebelión de las comunidades donde los comuneros exigían una limitación del poder real, pero fueron derrotados en 1521 en la Batalla de Villalar.
En Valencia y Mallorca estalla la revuelta de las Germánías en 1519 por artesanos y campesinos contra los señores feudales y los moriscos, a los que se les une el bajo clero que pretendía reformar la Iglesia. La monarquía fue la vencedora de las revueltas y salíó muy reforzada ante las ciudades y las cortes, sin embargo se nota la debilidad del Estado, comprendiendo Carlos I que su concepto de Imperio no era válido para gobernar.


 

La monarquía hispánica de Felipe II. La Unidad Ibérica


Felipe II fijó su corte en Madrid en 1571. Heredó de su padre la parte hispánica del Imperio y sus objetivos fueron: la lucha por la hegemonía en Europa y la defensa del Catolicismo frente a musulmanes y herejes, cambiando la idea del Imperio universal por la idea de monarquía hispánica. Su gobierno fue un ejemplo de centralización y absolutismo. En la política interior llevó a cabo una castellanización de sus reinos, persiguiendo a los luteranos y potenciando la Inquisición. Debido al aumento del autoritarismo político y religioso tuvo que soportar una rebelión morisca en las Alpujarras y otra foral en Aragón. La política exterior estuvo marcada por 4 criterios: 1. La guerra con Francia, donde Felipe II vence a los franceses en 1557 en la Batalla de San Quintín, tras la cual se firmó la paz de Cateau-Cambresis, donde Francia reconocía la supremacía de España y renunciaba a Italia. 2. La lucha contra el Islam. La amenaza turca en el mediterráneo hizo que se creara la Liga Santa, derrotando a los turcos en 1571 en la Batalla de Lepanto. 3. La rebelión en Flandes, donde hubo 3 causas: políticas (negación autoridad real), religiosas (extensión del calvinismo) y económicas (falta de recursos en los Países Bajos) 4. La guerra con Inglaterra, porque ayudaba a los Países Bajos (protestantes). Para ello Felipe II mandó a la armada invencible en 1588, que acabó en desastre. En 1580 por las Cortes de Thomar, Felipe II se convierte en rey de Portugal, llevando a cabo la unidad Ibérica.

LA CRISIS DE 1640


Entre los años 1640 y 1649 se producen en España revueltas y sublevaciones internas de territorios que pretenden independizarse de la monarquía hispánica de los Austrias, todo ello provocado por el intento absolutista y centralizador del Conde-Duque de Olivares, que pretendía unificar los reinos peninsulares estableciendo la Uníón de Armas, donde participaran todos los reinos. Los enfrentamientos se inician en Cataluña en 1640 con el Corpus de la Sangre provocado por un grupo de segadores y funcionarios que desembocó en un pacto con Francia. Los secesionistas proclamaron la república bajo la protección de Luis XIII de Francia. Esta revuelta propicia la sublevación de Portugal, donde se proclama rey el Duque de Braganza, llamado después Juan IV.
Más tarde con la paz de Westfalia Portugal se reconoce como Independiente, y los Países Bajos se proclaman además independientes de la monarquía de los Austrias. Las rebeliones unidas a las derrotas exteriores marcan el final de los Austrias en España.

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