La Transformación de España: Del Centralismo Borbónico a la Crisis del Antiguo Régimen (1700-1833)

Los Decretos de Nueva Planta y el Centralismo Borbónico

Felipe V implantó el absolutismo monárquico y con él un modelo uniformizador y centralista, sustituyendo al Estado descentralizado que existió desde los Reyes Católicos (RR.CC.) hasta los Austrias (el llamado modelo pactista).

La Derogación de los Fueros

Mediante los Decretos de Nueva Planta se derogaron los fueros (leyes que otorgaban privilegios a un territorio) de la Corona de Aragón y se impuso la organización político-administrativa de Castilla, más acorde a las ideas absolutistas. Los decretos se aplicaron en:

  • Valencia y Aragón (1707)
  • Mallorca (1715)
  • Cataluña (1716)

Así, con la excepción de Navarra y el País Vasco, que mantuvieron sus fueros por haber permanecido fieles a Felipe V, todo el territorio constituyó una única estructura.

Reformas Institucionales y Administrativas

La Nueva Planta abolió las Cortes de los diferentes reinos de la Corona de Aragón, integrándolas en las de Castilla, que de hecho se convirtieron en las Cortes de España. Estas solo se reunían a petición del rey y para jurar al heredero. El Consejo de Aragón fue abolido y el Consejo de Castilla se constituyó como el órgano esencial de gobierno del país.

También se eliminaron los antiguos virreinatos (excepto en América), las diputaciones y la Generalitat, y se crearon demarcaciones provinciales, con un capitán general al frente que ejercía como gobernador, mientras que la justicia recaía en las Audiencias. También se suprimieron las fronteras que separaban reinos y se impuso el castellano como lengua oficial.

Aparecieron los Secretarios de Estado, que actuaban como ministros de una o varias áreas de gobierno (Estado, Guerra, Hacienda, Justicia, Indias, etc.).

Administración Local y la Figura del Intendente

La Nueva Planta incidió también en la administración local al suprimir las autonomías municipales de la Corona de Aragón (Consejos y Consells), extendiendo la figura del corregidor, representante de la autoridad real para el control de las principales ciudades y los regidores.

Por último, los Borbones implantaron una nueva figura, de inspiración francesa: los intendentes, que dependían directamente del rey, eran sus representantes en las provincias, y contaban con amplios poderes en materia económica (recaudar impuestos, realizar obras públicas, reclutar tropas).

Carlos III y el Despotismo Ilustrado (1759-1788)

El reinado de Carlos III es el exponente español del Despotismo Ilustrado, que partía del concepto de Estado absoluto, pero hacía hincapié en el papel del gobernante como benefactor de su pueblo e impulsor de las reformas para el progreso, conectando con la Ilustración. Pese a las oposiciones iniciales (como el Motín de Esquilache, 1766), Carlos III promovió un amplio programa de reformas.

Reformas Clave

Política Religiosa: El Regalismo

En el terreno religioso, Carlos III se mostró decididamente regalista, es decir, defensor de la autoridad del rey frente a la Iglesia. Un ejemplo de esto fue la expulsión de la Compañía de Jesús.

Educación y Cultura

También se dedicó atención a la educación, promoviendo una enseñanza práctica, obligatoria en los primeros niveles, común a los dos sexos y relacionada con el extranjero. Además, se impulsaron las ciencias (expediciones científicas, Jardín Botánico, el Observatorio Astronómico), las artes (Museo del Prado, fuentes públicas, Puerta de Alcalá) y las Academias (Lengua, Historia).

Reformismo Económico

La cuestión económica fue el campo de mayor dedicación, destacando las siguientes medidas:

  1. Reformismo agrario: Enmarcado en el desarrollo de la fisiocracia, supuso limitar los privilegios de la Mesta, fomentar la colonización de nuevas tierras (Sierra Morena), potenciar el regadío e impulsar proyectos de reforma agraria para reducir el peso de las tierras amortizadas. Sin embargo, el peso de la nobleza y de la Iglesia hizo imposible una reforma profunda.
  2. Comercio: Se fomentó la actividad comercial con la mejora de las infraestructuras de transporte, la libre circulación de mercancías, la liberalización del comercio americano y la fundación de Compañías.
  3. Industria: Se apoyó la actividad industrial, liberalizando gradualmente el proceso de fabricación en contra de los gremios y fomentando la creación de manufacturas privadas o estatales (Reales Fábricas).
  4. Finanzas: Se creó el primer banco nacional, el Banco de San Carlos.
  5. Comercio Americano: Se amplió el comercio con América al liberalizar los puertos (antes centrado en Cádiz).
  6. Sociedades Económicas: Se impulsaron las Sociedades Económicas de Amigos del País, que promovían el progreso económico mediante la educación y formación científica y técnica.

En todos estos esfuerzos destacaron una serie de personajes ilustrados como Campomanes, Jovellanos, Floridablanca y Olavide. A manera de balance, el Despotismo Ilustrado, pese a los logros, fue incapaz de generar reformas profundas sin alterar el esqueleto del Antiguo Régimen.

La Crisis del Antiguo Régimen: Liberalismo frente a Absolutismo (1788-1833)

El periodo de 1788 a 1833 estuvo marcado por una grave crisis que tuvo su momento culminante en 1808 con la Guerra de la Independencia (1808-1814). Este conflicto ratificó la quiebra del Antiguo Régimen y el inicio de un proceso que culminaría con la revolución liberal, en la que se dieron a conocer los conceptos de soberanía nacional, libertad e igualdad, encarnados en las Cortes de Cádiz. En ellas se diseñó la Constitución de 1812, el programa esencial del liberalismo durante décadas.

El reinado efectivo de Fernando VII (1814-1833) supuso un intento de conservar a toda costa el absolutismo. Durante veinte años de gobierno despótico, los liberales fueron perseguidos y las reformas aplazadas, pese al breve período de libertad del Trienio Constitucional. Pero la experiencia anterior había sido un punto de no retorno y el derrumbamiento definitivo se desencadenaría inevitablemente a la muerte del rey. En esta etapa de transformación, España perdió la mayor parte de sus dominios en América. Los criollos americanos invocaron, para obtener su independencia, las mismas ideas liberales que tanto costaba imponer en la metrópoli.

El Inicio de la Crisis: El Reinado de Carlos IV (1788-1808)

Al contrario que su padre, Carlos IV era un hombre débil y políticamente inepto, desentendiéndose del gobierno, que mantuvo inicialmente en manos de ministros de Carlos III como Floridablanca y Aranda.

A los pocos meses del inicio de su reinado estalló la Revolución Francesa, que provocaría en España una reacción política conservadora: disolución precipitada de las Cortes y una rígida censura para evitar que las ideas revolucionarias se difundieran (el llamado “cordón sanitario”).

La radicalización de la revolución en Francia provocó la caída de Aranda (partidario de la neutralidad) y la llegada al poder de Manuel Godoy. Godoy, guardia de corps, debía su ascenso al apoyo de los reyes, y especialmente de María Luisa de Parma. Pese a que se granjeó la animadversión de todos los sectores del país, por el escándalo y las envidias que suscitaba su situación en la Corte, pero también por los fracasos de su política, Godoy demostró tener cierto talento político y una capacidad de trabajo considerable. Godoy, guardia de corps, debía su ascenso al apoyo de los reyes, y especialmente de María Luisa de Parma. Pese a que se granjeó la animadversión de todos los sectores del país, por el escándalo y las envidias que suscitaba su situación en la Corte, pero también por los fracasos de su política, Godoy demostró tener cierto talento político y una capacidad de trabajo considerable.

La Guerra de la Independencia (1808-1814)

El Estallido del Conflicto: Las Causas

En 1807, Napoleón obtuvo el consentimiento de Carlos IV para que sus ejércitos atravesasen España para atacar Portugal, aliada de Inglaterra, a cambio de un futuro reparto (Tratado de Fontainebleau).

El 18 de marzo de 1808 estalló un levantamiento, el Motín de Aranjuez, dirigido por la nobleza y el clero, que consiguió la destitución de Godoy y la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando, alrededor del que se habían unido todos quienes querían acabar con Godoy. Se evidenciaba una crisis profunda en la monarquía española, aprovechada por Napoleón, quien ya tenía sus ejércitos en España.

Carlos IV y Fernando VII buscaron el respaldo de Napoleón y acudieron a Bayona (Francia), donde, sin mayor oposición, acabaron abdicando ambos en la persona de Napoleón Bonaparte, quien nombró a su hermano José, rey de España (Abdicaciones de Bayona).

El Alzamiento Popular y la Resistencia

Mientras se desarrollaban los hechos de Bayona, en España se inició un alzamiento popular contra la presencia francesa. El 2 de mayo, ante las confusas noticias desde Bayona y la salida del resto de la familia real de Madrid, el pueblo de Madrid se alzó de forma espontánea contra la presencia francesa. Aunque fue duramente reprimido por los franceses, su ejemplo cundió por todo el país y un movimiento de resistencia popular frenó el avance de las tropas imperiales.

Afrancesados y Patriotas

Una pequeña parte de los españoles, a los que se conoce como afrancesados, aceptaron al nuevo monarca José Bonaparte. Se sentían vinculados con el programa reformista de la nueva monarquía (Estatuto de Bayona), a la que también veían como garantía para evitar excesos revolucionarios.

La mayoría de la población se opuso a la invasión desde posiciones muy diferentes (absolutistas, reformistas ilustrados, liberales y el pueblo en general). En muchos territorios la población organizó la defensa contra la invasión francesa y surgieron Juntas de Defensa. Al principio fueron Juntas locales y provinciales que reaccionaban ante el desconcierto o la apatía de las clases privilegiadas, y más tarde se constituiría la Junta Suprema Central, que acabaría siendo sustituida por las Cortes establecidas en Cádiz.

Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812

El Proceso de Formación y Composición de las Cortes

Desde el comienzo de la guerra, las Juntas que dirigían la resistencia enviaron representantes para formar una Junta Central Suprema que coordinara las acciones bélicas y dirigiera el país. La Junta reconoció a Fernando VII como el rey legítimo y asumió, hasta su retorno, su autoridad. Ante el avance francés, la Junta huyó a Cádiz, protegida de los franceses por la escuadra inglesa.

La Junta Central se mostró incapaz y se llegó a la conclusión de que solo las Cortes del reino podían aprobar, en nombre del país, las reformas necesarias. Por tanto, en enero de 1810 se disolvió la Junta, tras la convocatoria de las Cortes, manteniendo mientras tanto una Regencia formada por cinco miembros.

El proceso de elección de diputados a Cortes y su reunión en Cádiz fueron necesariamente difíciles en un país dominado por los franceses, por lo que en muchos casos se optó por elegir sustitutos o diputados entre las personas de cada una de las provincias que se hallaban en Cádiz. El ambiente liberal de la ciudad influyó en que gran parte de los elegidos tuvieran simpatías por estas ideas.

El liberalismo había penetrado en España procedente de Francia a partir del estallido de la revolución, pero era minoritario hasta que la guerra ofreció la oportunidad para difundir las ideas liberales. Los liberales exigían un sistema parlamentario y la defensa de los intereses políticos y económicos de la burguesía.

Las Cortes se abrieron en septiembre de 1810 y el sector liberal consiguió el primer triunfo al forzar la formación de una cámara única y aceptar el principio de soberanía nacional, es decir, el reconocimiento de que el poder reside en el conjunto de los ciudadanos y que se expresa a través de las Cortes formadas por representantes de la nación. Entre sus miembros se formaría una comisión encargada de elaborar una constitución, presidida por Muñoz Torrero.

La Obra de Cádiz: La Constitución de 1812

Tras año y medio de debates, la Constitución se promulgó el día 19 de marzo de 1812, día de San José (de ahí el sobrenombre de “la Pepa”). En ella se define claramente el espíritu liberal, pero también plasma el compromiso existente entre los sectores de la burguesía liberal y los absolutistas al reconocer totalmente los derechos de la religión católica.

Principios Fundamentales de la Constitución de 1812

Desde un punto de vista formal, la Constitución contiene una declaración de derechos del ciudadano:

  • Libertad de imprenta (para libros no religiosos).
  • Igualdad de los españoles ante la ley (igualdad jurídica).
  • Libertad civil y el derecho de propiedad.
  • Inviolabilidad del domicilio.

La nación se define como el conjunto de todos los ciudadanos de ambos hemisferios, es decir, se colocan en pie de igualdad los territorios peninsulares y las colonias americanas.

Estructura del Estado

La estructura del Estado se corresponde con el de una monarquía limitada, basada en la división de poderes:

  • Poder Legislativo: Recae en las Cortes unicamerales, que poseen amplios poderes: elaboración de leyes, aprobación de los presupuestos y de los tratados internacionales, mando sobre el ejército, etc. El mandato de los diputados se establecía en dos años y eran inviolables en el ejercicio de sus funciones. El sistema electoral era el sufragio universal masculino e indirecto.
  • Poder Ejecutivo: El monarca es la cabeza, por lo que posee la dirección del gobierno e interviene en la elaboración de las leyes a través de la iniciativa y la sanción, poseyendo veto suspensivo durante dos años. No obstante, el poder del rey está controlado por las Cortes.
  • Poder Judicial: La administración de justicia es competencia exclusiva de los tribunales y se establecen los principios básicos de un Estado de derecho: códigos únicos en materia civil, criminal y comercial, inamovilidad de los jueces, garantías de los procesos, etc.

Otros artículos de la Constitución contemplan la reorganización de la administración provincial y local, la reforma de los impuestos y la Hacienda Pública, la creación de un ejército nacional permanente y una Milicia, y la implantación de una enseñanza primaria pública y obligatoria.

En resumen, el texto establece los principios de una sociedad moderna, con derechos y garantías para sus ciudadanos, y constituye un ejemplo de constitución liberal, inspirada en los principios de la francesa de 1791, pero más avanzada y progresista. La Constitución de Cádiz fue, asimismo, ejemplo para otras muchas constituciones europeas y americanas y para el futuro el constitucionalismo español del siglo XIX. No obstante, la guerra y después Fernando VII impidieron una amplia vigencia: de marzo de 1812 a marzo de 1814; de enero de 1820 a noviembre de 1823 (Trienio Liberal) y de agosto de 1836 a junio de 1837, ya durante la regencia de María Cristina.

Otras Medidas de las Cortes de Cádiz

Además del texto constitucional, las Cortes de Cádiz aprobaron una serie de leyes y decretos destinados a eliminar el Antiguo Régimen y a ordenar el Estado como un régimen liberal:

  • Se decretó la supresión de los señoríos jurisdiccionales, la eliminación de los mayorazgos y la desamortización de las tierras comunales, con el objetivo de recaudar capitales para amortizar la elevada deuda pública.
  • Se votó la abolición de la Inquisición, con una fuerte oposición de absolutistas y el clero, y la libertad de imprenta.
  • Se derogaron los privilegios de la Mesta, se estableció la libertad de trabajo, la anulación de los gremios y la unificación del mercado.

Este primer liberalismo debía marcar las líneas básicas de lo que debía ser la modernización de España, pero la guerra y la posterior vuelta al absolutismo con Fernando VII hicieron que no tuviera gran incidencia práctica en la vida del país.

El Reinado de Fernando VII (1814-1833)

A finales de 1813, Napoleón decidió firmar la paz con España (Tratado de Valençay), que reconocía a Fernando VII como monarca legítimo, lo que suponía permitir su vuelta al país y retirar las tropas francesas del territorio español.

1. El Retorno al Absolutismo (1814-1820)

El regreso de Fernando VII generaba dudas entre los liberales sobre si aceptaría su papel como monarca constitucional. Inicialmente Fernando temió enfrentarse a ellos y mostró voluntad de aceptar sus condiciones. Frente a los liberales, los absolutistas se organizaron rápidamente para mostrar al Rey su apoyo incondicional para que se restaurase el absolutismo (a través del Manifiesto de los Persas) y movilizaron al pueblo.

Fernando VII, seguro ya de la debilidad del sector liberal, traicionó sus promesas y, al llegar a España, protagonizó un golpe de Estado, al declarar mediante el Real Decreto de Valencia “nulos y de ningún valor ni efecto” la Constitución y los decretos de Cádiz, y anunció la vuelta al absolutismo. Inmediatamente se inició la represión contra dirigentes liberales y la restauración de todas las instituciones del Antiguo Régimen, favorecida además por un contexto internacional dominado por las potencias absolutistas de la Restauración.

Sin embargo, los gobiernos de Fernando VII fracasaron en sus intentos de rehacer un país destrozado por la guerra y evitar el proceso emancipador en las colonias americanas. Además, la oposición liberal siguió activa protagonizando pronunciamientos militares que acabaron fracasando hasta el de 1820.

2. El Trienio Liberal (1820-1823)

El 1 de enero de 1820, el coronel Rafael de Riego se sublevó proclamando la Constitución de 1812 en un manifiesto, y tras extenderse la sublevación el rey aceptó convertirse en monarca constitucional. Fernando VII nombró un nuevo gobierno liberal moderado que convocó elecciones y tras la victoria liberal se procedió a restaurar gran parte de las medidas de Cádiz, entre ellas la Constitución, y también aprobaron nuevas normas. Con su acción pretendían liquidar el feudalismo e introducir el capitalismo. También se creó la Milicia Nacional, un cuerpo armado de voluntarios para garantizar el orden y defender las reformas constitucionales.

Las reformas suscitaron rápidamente la oposición de Fernando VII, quien había aceptado el nuevo régimen forzado, por lo que paralizó leyes y conspiró buscando el apoyo de las potencias europeas absolutistas. También mostraron su oposición los campesinos, perjudicados por las nuevas leyes capitalistas. Por su parte, la nobleza tradicional y sobre todo la Iglesia animaron la revuelta (Regencia absolutista en la Seo de Urgel).

Asimismo, el conflicto con las colonias de América se agravó, entrando en la fase decisiva y, por último, surgió la división dentro de los liberales entre moderados y exaltados. Estos últimos planteaban la necesidad de acelerar las reformas y enfrentarse con el monarca.

A pesar de todos los obstáculos y de las divisiones internas, el régimen del Trienio finalizó debido a la intervención de las potencias absolutistas europeas que enviaron un ejército francés, “los Cien Mil Hijos de San Luis”, y sin apenas dificultad repuso a Fernando VII como monarca absoluto.

La Emancipación de la América Española

Las Causas de la Independencia

A lo largo del siglo XVIII, la decidida preocupación de los Borbones por los territorios de ultramar había dado lugar a una etapa de prosperidad basada en la reactivación del comercio y en la puesta en marcha y explotación de numerosas plantaciones. El crecimiento económico propició el desarrollo de un poderoso grupo burgués criollo, de raza blanca pero nacido en América.

Fue entre esta burguesía criolla, próspera y conocedora de las ideas ilustradas, donde las ideas de emancipación de la metrópoli tomaron cuerpo y se fraguaron los programas y los proyectos de independencia basados en el ideario liberal. Estos anhelos estaban provocados por:

  • El trato discriminatorio dado a los criollos en los cargos coloniales.
  • El sometimiento a fuertes impuestos y cargas.
  • El control que, sobre la economía, y esencialmente el comercio, ejercía España.

El ejemplo de Estados Unidos fue además crucial para mostrar que era posible enfrentarse a la metrópoli y conseguir la victoria. Además, Gran Bretaña, deseosa de controlar el mercado americano, se encargó de azuzar y respaldar los movimientos independentistas, convencida de que, una vez independientes, podría dominar fácilmente el mercado de las nuevas naciones.

Las Etapas en el Proceso de Emancipación

  1. Primera Fase (1808-1814)

    Coincidió con la guerra en España, que al estar en guerra contra Francia no pudo detener la escalada de los intereses separatistas de los territorios ultramarinos. En un principio, los criollos optaron por no someterse a la autoridad de José Bonaparte y crearon juntas que, a imitación de las españolas, asumieron el poder en sus territorios. Sin embargo, aunque teóricamente se mantenían fieles a Fernando VII, se negaron a aceptar la autoridad de la Junta Suprema Central y, de hecho, hacia 1810 muchas de ellas se declararon autónomas respecto a la metrópoli. Los focos más declaradamente secesionistas fueron el virreinato de la Plata, donde José de San Martín proclamó, en 1810, la independencia de la República Argentina; el virreinato de Nueva Granada, liderado desde Venezuela por el otro gran líder de la independencia americana, Simón Bolívar; y México, cuyo levantamiento dirigieron Hidalgo y Morelos. Las Cortes de Cádiz, aunque reconocieron los derechos de los criollos, eran incapaces de intervenir frente al movimiento independentista, dado que apenas podían hacer cumplir su legislación en el territorio hispano.

  2. Segunda Fase (1814-1820)

    En 1814, finalizada la guerra hispano-francesa, se inicia una segunda fase en la que el gobierno de Fernando VII, en vez de buscar el acuerdo con los americanos, respondió con el envío de un ejército de 10.000 hombres que logró pacificar Nueva Granada y México. Sin embargo, se mostró impotente en el virreinato del Río de la Plata, confirmándose la independencia de Argentina (1816). Desde allí, el ejército de San Martín atravesó los Andes y derrotó a los españoles en Chacabuco, permitiendo la independencia de Chile en 1818. Por su parte, Simón Bolívar derrotaba al ejército español en Boyacá (1819).

  3. Tercera Fase (1820-1824)

    El proceso se desarrolló tras la revolución de 1820 en España. En los años anteriores, la total intransigencia de la monarquía respecto a la autonomía de las colonias, a pesar de carecer de dinero y de tropas, ayudó al crecimiento y la expansión del movimiento libertador. Bolívar derrotó al ejército español en Carabobo (1821) y puso las bases para la formación de la Gran Colombia, que dio origen posteriormente a las repúblicas de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá.

    En México, el movimiento independentista liderado por Iturbide logró atraerse a la Iglesia y a las clases poderosas y en 1822 se independizó de la metrópoli. Finalmente, tras la derrota de Ayacucho (1824) y la independencia de Perú y Bolivia (en honor a Simón Bolívar), se acabó la presencia española en la América continental.

Solo las Antillas (Cuba y Puerto Rico), más las Filipinas, permanecieron en posesión de la Corona. Como conclusión de este proceso se puede afirmar que la derrota española se debió tanto a la fuerza del independentismo como a los problemas internos de la monarquía española. Las nuevas naciones americanas tendrán un desarrollo histórico complicado debido a la inestabilidad política, los conflictos sociales derivados de las desigualdades y su dependencia económica de Inglaterra y, sobre todo, de Estados Unidos.

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