La Segunda República Española: Claves de su Ascenso y Caída (1931-1936)

La Segunda República Española: Etapas y Conflictos

El Gobierno Provisional y los Partidos Políticos

Tras la proclamación de la Segunda República, se convocaron elecciones constituyentes para el día 28 de junio de 1931, a las que se presentó un gran número de partidos políticos, agrupados en diferentes tendencias:

Partidos de Izquierda

  • Partido Socialista Obrero Español (PSOE): Liderado por figuras como Francisco Largo Caballero.
  • Acción Republicana: Fundado y dirigido por Manuel Azaña.
  • Partido Comunista de España (PCE).
  • Esquerra Republicana de Catalunya (ERC): Con Francesc Macià como principal referente.

Partidos de Centro

  • Partido Republicano Radical: Liderado por Alejandro Lerroux.
  • Partido Republicano Progresista: Encabezado por Niceto Alcalá-Zamora.

Partidos de Derecha

  • Grupos monárquicos: Partidarios de la restauración de Alfonso XIII.
  • Acción Popular (posteriormente CEDA): Liderada por José María Gil-Robles.
  • Falange Española: Fundada por José Antonio Primo de Rivera.

La Constitución de 1931

La coalición republicano-socialista obtuvo la mayoría absoluta en las elecciones, lo que permitió la elaboración de una nueva Constitución para sustituir la de 1876, que ya no servía al nuevo régimen. La nueva Constitución fue aprobada el 9 de diciembre de 1931.

Esta Constitución, aunque con un marcado carácter de izquierdas, fue diseñada para servir de marco legal también para los partidos de derecha que pudieran acceder al poder. Sus características principales fueron:

  • Por primera vez en la historia de España, se abrió la posibilidad de que las distintas regiones obtuvieran un Estatuto de Autonomía y establecieran un régimen de autogobierno, manteniendo siempre la unidad de España.
  • La presidencia de la República se elegía por un periodo de seis años.
  • Se estableció un parlamento unicameral, eliminando el Senado.
  • Consagraba principios democráticos como la separación de poderes, la libertad de cultos y la separación entre la Iglesia y el Estado.

En los partidos de izquierda estaba muy extendido el anticlericalismo, por lo que la tensión entre el gobierno y la Iglesia católica fue una constante. Tras la aprobación de la Constitución, Niceto Alcalá-Zamora fue elegido presidente de la República y Manuel Azaña, presidente del Gobierno.

El Bienio Progresista (1931-1933)

Durante esta etapa, se intentaron dar soluciones a los problemas más graves del país, con reformas de gran calado, sobre todo en la agricultura. Sin embargo, la coalición vencedora de las elecciones (republicanos y socialistas) se vio atacada tanto por la derecha (con intentos de golpes de Estado, como el del general Sanjurjo) como por la izquierda más radical (que consideraba las reformas insuficientes y muy lentas).

La cuestión religiosa

La Constitución establecía una clara separación entre la Iglesia y el Estado, pero se aprobaron leyes adicionales para restringir el poder y la influencia de la Iglesia. El gobierno era marcadamente anticlerical, y la Iglesia se identificaba con las derechas. Algunas de estas leyes establecieron el matrimonio civil y el divorcio, y prohibieron a las órdenes religiosas dedicarse a la enseñanza. Todo esto ocasionó un clima de gran tensión, ya que la Iglesia se opuso frontalmente a la República.

La reforma educativa

La tasa de analfabetismo era de un 30 % y casi la mitad de la población infantil estaba sin escolarizar. El gobierno intentó arreglar la situación invirtiendo en la creación de colegios y en la formación de profesores, pero los medios económicos eran reducidísimos y la situación no cambió sustancialmente. Además, al prohibir a la Iglesia participar en la enseñanza, el problema se agravó a corto plazo.

La reforma militar

El ejército había permanecido mayoritariamente fiel a la monarquía desde 1917, y esta había accedido a muchas de sus peticiones, como aumentar el número de oficiales. Azaña impulsó una reforma militar que permitía jubilaciones anticipadas y retiros incentivados para reducir el excesivo número de oficiales. Casi la mitad de ellos se acogieron a la «Ley Azaña», que les aseguraba el sueldo íntegro. Con ello, Azaña buscaba asegurar la lealtad del ejército al nuevo régimen.

La cuestión regional

El ejemplo más representativo fue Cataluña. Se aprobó su Estatuto de Autonomía en 1932, con el que la Generalitat obtenía facultades legislativas y ejecutivas en sectores como hacienda, transporte y economía, mientras que el Estado central mantenía las competencias sobre el orden público, el ejército y las relaciones exteriores. También se iniciaron proyectos de estatuto para el País Vasco y Galicia.

La problemática social y la reforma agraria

La República vivió los peores momentos de la crisis económica de 1929, con un aumento del paro, cierre de empresas y una conflictividad social generalizada. El gobierno elaboró leyes para proteger a los trabajadores: se reguló el derecho a la huelga y se establecieron normas para la contratación de obreros y jornaleros. Hubo una fuerte oposición por parte de los anarquistas, que consideraban estas medidas insuficientes.

En cuanto al problema agrario, la Ley de Reforma Agraria fue uno de los proyectos más ambiciosos y discutidos. El gobierno provisional ya había aprobado algunas órdenes para favorecer al campesinado y evitar una revolución (como la jornada de 8 horas en el campo). La ley permitía la expropiación de fincas no cultivadas o mal explotadas para entregarlas a los campesinos a través del Instituto de Reforma Agraria (IRA).

Crisis y fin del bienio

Tras dos años de gobierno, la inestabilidad era creciente. La reforma agraria avanzaba con lentitud, lo que provocó levantamientos anarquistas que fueron reprimidos con dureza por la Guardia Civil. En septiembre de 1933, Azaña dimitió por la fuerte oposición parlamentaria, y el presidente Alcalá-Zamora decidió convocar nuevas elecciones.

El Bienio Radical-Cedista (1933-1935)

Las elecciones del 19 de noviembre de 1933 fueron las primeras en las que votaron las mujeres en España. Estos comicios dieron la mayoría de los votos a la derecha, que se presentó unida en una coalición entre la CEDA de Gil-Robles y el Partido Radical de Alejandro Lerroux. Gobernó el Partido Radical de Lerroux con el apoyo parlamentario de la CEDA.

La República dio un giro conservador a su política y se frenaron o revirtieron las reformas iniciadas en la etapa anterior. Por ejemplo, la Ley de Reforma Agraria fue modificada, se suspendió la Ley de Congregaciones Religiosas y la paralización de las reformas fue contestada desde Cataluña.

La Revolución de Octubre de 1934

Cuando la CEDA exigió entrar en el gobierno y obtuvo tres ministerios, se produjo el estallido de la Revolución de Octubre de 1934. En Cataluña, el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La rebelión catalana no contó con el apoyo de los anarcosindicalistas y fue sofocada rápidamente; como consecuencia, se suspendió el Estatuto de Autonomía y se disolvió la Generalitat.

En Asturias, la revolución fue mucho más grave. Fue dirigida por los socialistas, a los que se unieron comunistas y anarquistas a través de las Alianzas Obreras. Los trabajadores tomaron el control de las cuencas mineras y ocuparon Oviedo. El ejército controló la situación, pero la represión, dirigida por el general Franco, fue extremadamente dura, dejando un gran número de muertos. Ante esta situación de crisis, el gobierno convocó elecciones generales para el 16 de febrero de 1936.

El Triunfo del Frente Popular (1936)

A las elecciones del 16 de febrero de 1936, todas las fuerzas de izquierda acudieron unidas en una coalición llamada Frente Popular, de carácter antifascista. Solo los anarquistas quedaron al margen, aunque recomendaron el voto. La derecha, en cambio, acudió separada en tres grandes bloques: el Bloque Nacional, la CEDA y Falange Española.

Los resultados fueron muy ajustados, pero la victoria fue para el Frente Popular, y se le encargó a Manuel Azaña formar gobierno. Dentro de los socialistas existían divisiones entre los partidarios de colaborar con los republicanos de izquierda y los que abogaban por una alianza con los anarquistas.

Radicalización y preludio de la Guerra Civil

Después de las elecciones, se produjo una radicalización de las posturas políticas y se desataron los extremismos tanto de izquierdas (anarquismo, UGT, PCE) como de derechas (Falange Española, Bloque Nacional). Un grupo de generales comenzó a preparar una sublevación contra el gobierno. Para evitarlo, el gobierno alejó de Madrid a los generales más sospechosos: Mola fue destinado a Pamplona, Franco a Canarias y Goded a Baleares.

El ambiente en la calle era irrespirable, con constantes asesinatos de políticos y una ruptura del orden público. El asesinato del teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo el 12 de julio de 1936 provocó, como venganza, el secuestro y asesinato del líder derechista José Calvo Sotelo al día siguiente. Este clima de violencia culminó con el levantamiento de la guarnición de Melilla el 17 de julio, dando inicio a la Guerra Civil Española.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *