Revolución Rusa y Gran Depresión: Transformaciones Políticas y Económicas del Siglo XX

La Revolución Rusa de 1917: El Fin del Zarismo

El 23 de febrero de 1917 se produjeron en San Petersburgo manifestaciones masivas de mujeres pidiendo el fin de la guerra y la mejora de las condiciones de vida. A ellas se unieron los obreros metalúrgicos y textiles sin que el zar concediera importancia a los acontecimientos.

El día 27 de febrero se produjo una huelga general seguida del amotinamiento de la guarnición de la capital, que se unió a las demandas del pueblo. Entonces, el Soviet de San Petersburgo trató de canalizar el proceso de cambio organizando comisiones y enviando delegados a los soviets de otras ciudades. Al mismo tiempo, los representantes de la Duma crearon un comité provisional que inmediatamente se convirtió en un gobierno provisional presidido por el príncipe Lvov.

Este gobierno, que no contaba con el consentimiento del zar, estaba integrado por miembros del partido Kadet y recibió el apoyo de los social-revolucionarios moderados y legalistas, cuyo líder en esos momentos era Kerenski. El zar, que estaba entonces en el frente, trató de regresar a su palacio, pero el tren imperial fue detenido y obligado a volverse por las tropas. Los propios generales aconsejaron su abdicación. Nicolás II cedió y su hermano, el gran duque Miguel, se negó a sucederle. Era el 2 de marzo de 1917 y el zarismo había terminado en Rusia.

El Gobierno Provisional y el Doble Poder

A partir de ese momento, el gobierno provisional prometió reformas políticas y sociales al tiempo que se comprometía a convocar una Asamblea Constituyente. Pero el gobierno de Lvov no estaba dispuesto a sacar a Rusia de la guerra, lo que aprovecharon los soviets para incrementar su influencia entre la población obrera, prometiendo a las masas la firma de un armisticio que pusiera fin al conflicto.

Tras la caída del zar, empezó a perfilarse en Rusia la existencia de un doble poder: el del gobierno y el de los soviets. Pero el gobierno de Lvov se empezó a sentir desbordado por aquellos que exigían la profundización de las reformas y la retirada de la guerra. Desde el mes de abril, y con la llegada a San Petersburgo del líder de los bolcheviques, Lenin, el conflicto se agravó. Ese mes, Lenin escribió un artículo conocido con el nombre de “Tesis de abril”.

En dicho artículo, el líder bolchevique hizo un llamamiento en favor de la salida inmediata de la guerra, mostrándose partidario de retirar el apoyo de los soviets al gobierno provisional y de tomar el poder mediante una insurrección. Como las prometidas reformas no avanzaban y las protestas se extendían, Lvov fue sustituido por Kerenski, que era partidario de profundizar en las reformas, pero no de salir de la guerra. El nuevo primer ministro se enfrentó con los bolcheviques y Lenin tuvo que huir a Finlandia.

El Golpe de Kornilov y la Revolución de Octubre

La situación empeoró aún más cuando, en el mes de agosto, un general partidario del zarismo, Kornilov, intentó dar un golpe de Estado. La respuesta de Kerenski fue poner al general fuera de la ley, haciendo fracasar el golpe. Kerenski ganaba, pero para detener el golpe de Estado tuvo que recurrir a todas las fuerzas populares, incluidos los bolcheviques, que así salían otra vez de la clandestinidad.

Una vez fracasado el intento de golpe de Estado, Kerenski formó un nuevo gobierno en septiembre en medio de una crisis definitiva: descomposición del ejército, revueltas campesinas y desesperación de los obreros. A comienzos de octubre, Lenin estaba convencido de que la situación era favorable para la revolución y regresó a San Petersburgo.

El 10 de octubre de 1917, el comité central del partido bolchevique aprobó los preparativos para la toma del poder. Así, Trotski se encargó de los regimientos de San Petersburgo para que fueran controlados por los soviets y que se repartieran armas a los trabajadores. En la madrugada del 25 de octubre, tropas bolcheviques ocuparon los puntos estratégicos de la capital casi sin oposición. A la hora prevista, el acorazado “Aurora” cañoneó con balas de fogueo el Palacio de Invierno, donde estaba reunido el gobierno. Los refuerzos que Kerenski había llamado no acudieron y tampoco respondieron las fuerzas de la guarnición. Esa misma noche, los bolcheviques detuvieron a todos los miembros del gobierno a excepción de Kerenski, que logró huir.

El Nuevo Régimen Soviético

Reunido el Congreso de los Soviets de Rusia nada más tomarse el Palacio de Invierno, Lenin anunció los tres primeros decretos del nuevo régimen:

  • El decreto sobre la paz.
  • El decreto sobre la tierra.
  • La formación de un gobierno al que se denominó “Consejo de Comisarios del Pueblo”, constituido únicamente por bolcheviques y presidido por Lenin.

El primer problema grave con el que se enfrenta el gobierno de Lenin es que el gobierno anterior había convocado elecciones para una Asamblea Constituyente. El caso es que los bolcheviques no se atrevieron a anular la convocatoria y en las votaciones ganaron los social-revolucionarios, mientras que los bolcheviques solo obtuvieron la cuarta parte de los escaños.

Reunida la asamblea en enero de 1918, esta no reconoció el poder de los soviets y anuló los decretos de octubre, aunque sustituyéndolos por otros semejantes. Ya no hubo segunda sesión porque la Guardia Roja, brazo armado del partido bolchevique, impidió el paso de los diputados al parlamento. De este modo, con la disolución de la asamblea, los mencheviques y los social-revolucionarios pasaron a una oposición activa.

En julio de 1918 se aprobó una constitución, quedando el gobierno de la nueva Rusia en manos del Consejo de Comisarios del Pueblo que, teóricamente, debía rendir cuentas ante el Consejo de los Soviets de Rusia. Así, las instituciones del nuevo Estado, la Unión Soviética, quedaron establecidas en un Soviet Supremo que ejercía el poder legislativo, cuyos miembros elegían al Presídium, que ejercía de forma colegiada la jefatura del Estado.

La Gran Depresión: El Colapso Económico Mundial

La Gran Depresión se caracterizó por su larga duración. Esta se explica por la desaparición de un gran número de empresas norteamericanas (más de 100.000) y por el clima de superproducción que reinaba en las empresas, con esa acumulación de stocks ante la falta de demanda. Como consecuencia, los empresarios no quieren ampliar sus negocios, ya que esto exigiría que el ahorro privado volviera a adquirir acciones de las empresas, y los inversores preferían los bonos del Estado por su mayor estabilidad.

Así, la economía se encontraba en un círculo vicioso: los empresarios no producían más ante la falta de demanda y no invertían por desconfianza, ya que no se arriesgaban a ampliar sus negocios teniendo en cuenta que después no podían aumentar la producción al no existir demanda. Tampoco sirvieron de mucho las medidas políticas diseñadas por el presidente Hoover al inicio de la crisis.

En 1932 nació la “Reconstruction Finance Corporation”, cuyo fin era proporcionar préstamos a las grandes empresas para superar la coyuntura desfavorable. Una segunda medida fue la aprobación de una ley arancelaria que trataba de proteger a la industria nacional frente a la competencia exterior. Pero su contrapartida fue un claro perjuicio para las empresas norteamericanas dedicadas a vender productos de exportación. Ni el banco para la reconstrucción industrial ni la ley arancelaria alcanzaron el éxito deseado.

La Crisis en Alemania y el Ascenso del Nazismo

En Alemania, la política deflacionaria llevada a cabo a comienzos de la crisis provocó la ruina de muchos comerciantes, en tanto que el número de parados alcanzó los 6 millones. La agitación social era muy grave, la recuperación económica no se producía y, con Hitler y el nazismo, la política económica se orientó hacia la planificación estatal, aunque en la práctica se mantuvieron las empresas privadas.

El objetivo que se propuso Hitler era el de la lucha contra el paro; de este modo, se realizaron fuertes inversiones en obras públicas, potenciándose después un rearme masivo. En síntesis, el mecanismo podría resumirse de la siguiente forma: el Estado, mediante los impuestos, financiaba las inversiones y creaba puestos de trabajo; el trabajo generaba ingresos que no podían gastarse en productos de consumo debido al racionamiento y que tampoco podían invertirse fuera por la prohibición de salida de capitales.

Como consecuencia, dichos ingresos se dirigieron al ahorro, con lo que se pagaban las deudas contraídas y se volvía a invertir en un ciclo cerrado permanentemente. El resultado de esta política económica fue: crecimiento industrial, escasa inflación, pleno empleo, congelación de salarios y limitación del consumo. Todos estos objetivos los alcanzó el nazismo debido también a la disolución por la fuerza de las organizaciones sindicales de izquierda.

El Colapso del Sistema Bancario y Agrícola

El primer sector afectado fue la banca debido a que, cuando los clientes acudieron a retirar sus depósitos, los bancos no contaban con suficiente liquidez al tener la mayor parte de sus fondos invertidos a medio y largo plazo. Entonces solo cabían dos soluciones: la suspensión de pagos o la quiebra. Como respuesta, los bancos restringieron fuertemente su política de créditos.

La consecuencia inmediata de esta restricción fue la quiebra de empresas comerciales e industriales, cuyo cierre produjo un espectacular aumento del paro. Lo cierto es que gran parte de la industria norteamericana orientaba su mercado hacia las masas trabajadoras del país, pero estas habían visto disminuida su capacidad de compra, lo que acarreó una bajada de la demanda con la consiguiente acumulación de stocks. Estos excedentes dieron lugar a un descenso acusado de los precios, que se notó más en el sector agrícola que en el industrial.

Los granjeros, para combatir esa bajada de precios, redujeron voluntariamente la producción. A ello vino a sumarse la restricción de créditos por parte de los bancos agrícolas, lo que dejó a los campesinos norteamericanos en una situación muy difícil.

Especulación Bursátil y el Jueves Negro

A pesar del desfase entre producción y ventas, las cotizaciones en bolsa no dejaban de subir. Esa subida se debía fundamentalmente al aumento de las acciones en el mercado y a la facilidad de crédito para su adquisición, todo ello envuelto en una atmósfera de prosperidad general. La especulación se agravó debido a que muchos inversores adquirían acciones con dinero solicitado a los bancos.

Incluso los bancos se sumaban a la especulación prestando dinero al 12% de interés, dinero que obtenían de la Reserva Federal al 5%. Además, los agentes de bolsa prestaban dinero a sus clientes inversores y, como garantía, se quedaban con una parte de las acciones compradas. El alza fomentó el alza teniendo en cuenta la enorme facilidad con la que se contrataban los valores, pero existía un riesgo: si la bolsa bajaba, los agentes bursátiles tratarían de desprenderse rápidamente de las acciones que sostenían como aval.

Este hecho a gran escala podría generar una avalancha de venta de valores, lo que provocaría el hundimiento de los índices de la bolsa. Así ocurrió el 24 de octubre de 1929, el famoso “Jueves Negro”, cuando se pusieron a la venta 13 millones de acciones ante una demanda casi nula. La bajada duró 22 días y la cotización de los valores se hundió estrepitosamente. La bolsa ya no era rentable y los efectos de la crisis se extendieron a todos los sectores de la economía.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *