Perspectiva Histórica del Problema Vasco
El tema central del texto es denunciar la situación en la que vive el pueblo vasco y las dificultades que tiene para desarrollar su identidad. Todo ello bajo el concepto del “problema vasco” y la postura de la Iglesia ante dicho conflicto.
Las principales ideas hacen referencia a:
- La diversidad de opiniones acerca del problema.
- La existencia de unos rasgos peculiares del pueblo vasco y el derecho que tiene a conservarlos.
- Los obstáculos que la situación política presenta.
- La actitud de la Iglesia ante esta situación.
A continuación, ampliamos brevemente cada una de estas ideas.
Desglose de la Argumentación
Se inicia el texto con una somera introducción en la que se justifica el escrito: “uno de los problemas que dañan más seriamente la convivencia ciudadana en el País Vasco y que afecta igualmente a la buena marcha de nuestra Iglesia diocesana, es el, así llamado, problema vasco. ¿En qué consiste dicho problema?”
A partir de aquí, se desgrana el interrogante en varios puntos:
- Posiciones enfrentadas: Se reconoce que, ante el problema, existen dos posiciones: la de quienes afirman que el pueblo vasco está oprimido y exigen un cambio de tendencia, y la de aquellos que, por el contrario, niegan la acusación y acusan a los anteriores de atentar contra el orden social.
- Singularidad e identidad: Se define en los párrafos siguientes la singularidad del pueblo vasco (dentro del conjunto de pueblos que constituyen el Estado español), destacando su lengua milenaria y el derecho que tiene a conservar dicha identidad, sin perjuicio de la convivencia con los pueblos circunvecinos. Para ello, afirma el texto, debe reconocerse su “justa libertad”.
- Denuncia de la opresión: Se acepta, en el cuarto de los párrafos, la postura de quienes defienden la “opresión existente” al afirmar que, en las actuales circunstancias, el uso de la lengua (tanto en la enseñanza como en los medios de comunicación) está sometido a notorias restricciones y las manifestaciones culturales a un indiscriminado control. Por tanto, el pueblo vasco no está disfrutando del derecho a manifestar su singularidad.
Contexto Histórico: La Iglesia y el Régimen Franquista
Resulta difícil determinar la importancia del papel jugado por la Iglesia católica en la legitimación de la Guerra Civil y del régimen franquista que se instauró con posterioridad. Ambos alcanzaron tales niveles de imbricación y complicidad que, durante mucho tiempo, fueron prácticamente un único ente. Por todo ello, la cuestión de la Iglesia vasca se convirtió en un asunto tan delicado, ya que para el régimen suponía enfrentarse a un “sector” de uno de los ejes que lo sustentaban.
Hasta los años sesenta reinó una cierta tranquilidad en el ambiente eclesiástico vasco, aunque ya en noviembre de 1944 se produjo la primera denuncia del régimen ante el Vaticano por parte de un grupo de sacerdotes vascos. Aunque no tuvo demasiada trascendencia, sí supuso un primer toque de atención para las autoridades franquistas.
Factores de la Explosión del Conflicto
El fenómeno de la explosión del problema se debió a una conjunción de factores, entre los que señalamos:
- El menor nivel de represión llevado a cabo por el régimen en ciertos ámbitos.
- Un cambio generacional en el cuerpo sacerdotal vasco.
- La irrupción de un movimiento de las características de ETA.
En mayo de 1960, 339 sacerdotes vascos firmaron un documento titulado “Los sacerdotes vascos ante el momento histórico actual”. Dicha carta constituyó el punto de ruptura respecto a las reivindicaciones anteriores. Por otra parte, la designación del Papa Juan XXIII en octubre de 1958 supuso una ingrata sorpresa para Franco y sus colaboradores, especialmente por la convocatoria (1959) del Concilio Vaticano II (1962-1965) y su incidencia doctrinal y pastoral.
Protestas y Radicalización del Clero
Toda esta conjunción de factores suponía que la Iglesia estaba comenzando a desviarse del rumbo que había seguido durante más de treinta años. En agosto de 1968, unos cuarenta sacerdotes ocuparon el Obispado de Bilbao durante diez días en señal de protesta. A las cuestiones de fondo ya tratadas, estos querían ahora que se añadiese la prohibición de la bandera española (considerada un “símbolo de la opresión soportada”) en las iglesias.
El suceso de Bilbao tuvo un “segundo acto” apenas cinco meses después, en noviembre, en el seminario de Derio, donde repitieron dos tercios de los protagonistas. En esta ocasión, sesenta curas ocuparon esta sede religiosa para continuar con sus protestas y denuncias de la situación del pueblo vasco, complementando este encierro con el envío de una carta al Papa. Ese documento contenía los puntos que este sector del clero consideraba vital denunciar y necesario cambiar. Además, mostraba no solo un incremento de la virulencia verbal, sino también una fuerte radicalización de las peticiones, denuncias y acusaciones.
El Caso de Antonio Añoveros
Con el nombramiento de Antonio Añoveros como Administrador Apostólico de Bilbao, las autoridades franquistas esperaban que, de una vez por todas, se controlase la situación. Sin embargo, su mandato resultó aún más polémico que el de su predecesor, ya que los episodios más conflictivos relacionados con religiosos vascos se produjeron entonces, siendo él mismo protagonista del más grave de todos ellos.
En noviembre de 1973 tuvo lugar el incidente de la prisión de Zamora, que iba a ser el preludio de la crisis que se desencadenaría poco después. En febrero de 1974, el Obispado de Bilbao envió una homilía a las parroquias vizcaínas cuyo contenido defendía los derechos del pueblo vasco y denunciaba la existencia de grandes obstáculos para que este pudiese disfrutar de los mismos. Es el texto que hemos analizado.
Conclusiones sobre el Papel de la Iglesia
La Iglesia, en el País Vasco, tuvo un singular protagonismo en el periodo franquista. Este protagonismo estuvo caracterizado por una aquiescencia generalizada hacia el régimen, aunque no exenta de singulares gestos de oposición. Así se mantuvo, al menos, hasta los años sesenta.
Por varias razones, especialmente por la incidencia del Concilio Vaticano II, las cosas cambiaron en esta década, ya que una minoría significativa del clero (especialmente vizcaíno) se posicionó abiertamente en contra del régimen. Sus demandas de “libertad”, “respeto a los derechos del pueblo vasco” y “amnistía” se hicieron habituales. Estas demandas estuvieron acompañadas de huelgas de hambre, manifiestos y encierros. La reacción del régimen fue contundente: detenciones, multas, extradiciones y encarcelamientos.
La arbitrariedad de muchas de estas acciones llevó a los obispos correspondientes a emitir escritos en los que defendían a sus sacerdotes y algunas de sus acciones. La más significativa de estas cartas, leída en forma de homilía, fue la correspondiente al texto que hemos analizado.