Nacionalismo, Unificaciones y Movimiento Obrero: Las Grandes Transformaciones del Siglo XIX

El Nacionalismo y el Estado-Nación

El nacionalismo es un movimiento que defiende la unidad, autonomía o independencia política de un territorio que comparte elementos comunes como la lengua, la religión, la etnia, la cultura, la historia o la tradición. El Estado-nación es la unidad político-administrativa integrada por una nación, es decir, por una comunidad que comparte elementos comunes, como la lengua, y que se asienta en un territorio.

En origen, el nacionalismo fue revolucionario, puesto que discutía las fronteras impuestas por el Congreso de Viena y mantuvo alianzas con los liberales. Hubo dos modelos principales:

  • Nacionalismo unitario: Pretendía la construcción de un único Estado, como en el caso de Alemania e Italia, como reunión de una nacionalidad dispersa.
  • Nacionalismo disgregador o separatista: Buscaba la creación de Estados independientes con su respectiva nacionalidad. Fue el caso de Hungría, inserta en el Imperio Austríaco, o de los pueblos balcánicos, dependientes del Imperio Otomano y Austríaco.

Las Unificaciones Nacionales

El paradigma del nacionalismo europeo lo constituyeron las unificaciones de Italia y Alemania. Hasta 1870, habían permanecido fragmentadas en multitud de estados independientes, pero existía en ellos la idea de pertenecer a una sola nación y la aspiración por convertirse en un estado unificado independiente cada uno.

Además de la lengua como elemento común, las dos naciones contaron con intereses económicos comunes (conveniencia de un mercado amplio sin fronteras) y la existencia de líderes indiscutibles que encarnaron la voluntad de independencia: en Italia, Cavour y Garibaldi, y en Alemania, Bismarck.

La Unificación de Italia

Por el Tratado de Viena de 1815, Italia quedó dividida en siete Estados independientes:

  • El Reino de Cerdeña (Cerdeña y Piamonte).
  • El Reino de las Dos Sicilias.
  • Los Estados de la Iglesia.
  • El Reino Lombardo-Veneciano.
  • Los ducados de Parma, Módena y Toscana.

La unificación de Italia se hizo contra Austria y contra los Estados Pontificios. Fue la aspiración de la burguesía industrial del norte que se había ido formando a lo largo de las revoluciones de 1830 y 1848. Fracasadas dichas revoluciones, el Reino del Piamonte, con un régimen liberal y una avanzada industrialización, dirigió el proceso unificador de la mano de Víctor Manuel II y de su primer ministro, Camilo Benso, conde de Cavour. Cavour buscó el apoyo de la gran burguesía librecambista, disminuyó el poder de la Iglesia con la desamortización de sus bienes, fortaleció el Ejército y mejoró las relaciones diplomáticas con el Reino Unido y Francia.

Fases de la Unificación Italiana

  1. Primera etapa (1848-1849): Guerra contra Austria. Se produjeron diversos levantamientos revolucionarios de carácter liberal y nacionalista. Estos movimientos buscaban acabar con el dominio extranjero, especialmente el del Imperio Austríaco en el norte de Italia, y establecer Estados liberales. Sin embargo, fracasaron debido a la falta de unidad entre los revolucionarios y a la superioridad militar de las potencias conservadoras.
  2. Segunda fase (1859-1861): Formación del Reino de Italia. Esta fase fue decisiva para la unificación. El proceso estuvo dirigido por el Reino de Piamonte-Cerdeña, con el apoyo del rey Víctor Manuel II y de su primer ministro Cavour. Gracias a alianzas internacionales, especialmente con Francia, se logró derrotar a Austria y anexionar varios territorios del norte y del centro de Italia. Víctor Manuel II fue proclamado rey de Italia en Turín el 17 de mayo de 1861.
  3. Tercera y última fase (1861-1870): Incorporación del Véneto y de Roma. Esta etapa permitió completar la unificación. Destacó la actuación de Garibaldi, que conquistó el sur de la península, incorporando el Reino de las Dos Sicilias. En 1870, las tropas italianas entraron en Roma y el Papa Pío IX fue despojado de los Estados Pontificios. El nuevo reino debería resolver importantes problemas, como el enfrentamiento con el papa Pío IX, las diferencias regionales entre el norte y el sur de Italia o el nacionalismo de las zonas fronterizas como el Trentino, Trieste o las islas Dálmatas.

La Unificación de Alemania

El Congreso de Viena estableció una Confederación Germánica con 39 Estados independientes. Pese a la desunión política, Prusia impulsó el Zollverein (1834), la Unión Aduanera de los Estados alemanes. Sin embargo, los anhelos nacionalistas se vieron obstaculizados por la rivalidad entre Austria y Prusia y el fracaso de la Revolución de 1848. Guillermo I de Prusia confió a su canciller, Otto von Bismarck, la dirección del proceso de unificación. Bismarck logró el apoyo de la burguesía, reorganizó el Ejército, controló la Administración y buscó colaboración diplomática para aislar a Austria.

Fases de la Unificación Alemana

La unificación alemana se desarrolló en tres fases a lo largo del siglo XIX y estuvo dirigida por Prusia bajo el liderazgo del canciller Otto von Bismarck.

  1. Primera etapa (1848-1850): Hubo intentos de unificación de carácter liberal y nacionalista, como el Parlamento de Frankfurt, que fracasaron porque los monarcas alemanes se opusieron a perder su poder.
  2. Segunda fase (1864-1866): Guerras de fortalecimiento de Prusia. Estuvo marcada por una serie de guerras que fortalecieron a Prusia. En 1864 se produjo la Guerra de los Ducados contra Dinamarca, que permitió a Prusia y Austria ocupar los ducados de Schleswig y Holstein. Poco después, en 1866, tuvo lugar la Guerra Austro-Prusiana, en la que Prusia derrotó a Austria y la expulsó de los asuntos alemanes, creando la Confederación Alemana del Norte bajo su liderazgo.
  3. Tercera fase (1870-1871): Guerra Franco-Prusiana. La victoria de Prusia frente a Francia provocó la unión de los Estados alemanes del sur con los del norte. Finalmente, en 1871 se proclamó el Imperio Alemán (Segundo Reich) en el Palacio de Versalles, con el rey de Prusia como emperador, completándose así la unificación alemana. Este evento supuso la desaparición del Segundo Imperio francés y el inicio del Segundo Reich alemán.

El Surgimiento del Movimiento Obrero

Los Inicios del Movimiento Obrero

El movimiento obrero surgió cuando la clase trabajadora tomó conciencia de la explotación que sufría por parte de los propietarios de fábricas y de que esta situación podía mejorarse mediante la acción colectiva. Pensadores y escritores como Engels, Dickens o Disraeli denunciaron las duras condiciones de vida de los obreros y defendieron la unidad obrera como solución.

El movimiento obrero contemporáneo nació en Gran Bretaña, el primer país industrializado. Las primeras protestas fueron violentas. Destacó el ludismo (1790-1817), un movimiento que atacaba máquinas industriales porque los obreros creían que estas provocaban el desempleo.

A finales del siglo XVIII surgieron las primeras asociaciones obreras para mejorar las condiciones laborales. Aunque fueron prohibidas en 1799, continuaron de forma clandestina mediante sociedades de resistencia y sociedades de socorros mutuos. En 1824 se permitió de nuevo el asociacionismo, aunque con muchas limitaciones.

Otro movimiento importante fue el cartismo, iniciado en 1838 con la Carta del Pueblo, que reclamaba derechos políticos como el sufragio universal masculino, elecciones anuales y la remuneración de los parlamentarios. El cartismo tuvo dos tendencias: una radical, que defendía la huelga general y la violencia, y otra moderada, que apostaba por métodos pacíficos y mejoras sociales, siendo esta última la que acabó imponiéndose.

Las Ideologías: Anarquismo y Marxismo

El Anarquismo

El anarquismo es una ideología política y social que surgió en el siglo XIX, con el objetivo de construir una sociedad sin Estado ni jerarquías, basada en la libertad, la igualdad y la cooperación voluntaria entre las personas. Los anarquistas consideran que el Estado y el capitalismo generan opresión y desigualdad.

Principales características del Anarquismo:
  • Rechazo del Estado y las jerarquías: El Estado es visto como un aparato opresor que limita la libertad individual.
  • Apoyo al colectivismo y la solidaridad: Rechazan la propiedad privada de los medios de producción y defienden que las relaciones sociales y económicas deben basarse en la cooperación y la ayuda mutua.
  • Importancia de la libertad individual.
  • Métodos de acción directa: Rechazan la formación de partidos políticos y la participación en elecciones y gobiernos burgueses, optando por las huelgas, boicots e insurrecciones como medio de transformación social.
Pensadores más destacados:
  • Pierre-Joseph Proudhon: Considerado el primer teórico anarquista; famoso por su frase “La propiedad es un robo”.
  • Mijaíl Bakunin: Defendió la acción revolucionaria y la necesidad de abolir el Estado.
  • Piotr Kropotkin: Autor del concepto de ayuda mutua, destacando la cooperación como clave para la evolución social.

El Marxismo

El marxismo es una corriente de pensamiento desarrollada por Karl Marx y Friedrich Engels en el siglo XIX. Analiza la sociedad desde una perspectiva histórica y económica, planteando que los cambios sociales están impulsados por los conflictos entre las clases sociales. Este pensamiento busca transformar el sistema capitalista para crear una sociedad sin clases.

El Manifiesto Comunista, publicado en 1848, recoge sus principales ideas, que podemos sintetizar en:

  • Materialismo histórico: La historia de la humanidad está determinada por la lucha de clases, es decir, los conflictos entre quienes poseen los medios de producción (burguesía) y quienes trabajan para ellos (proletariado).
  • Crítica al capitalismo: El capitalismo genera desigualdad porque la burguesía se enriquece explotando a los trabajadores. Los obreros producen más riqueza de la que reciben en forma de salario, lo que Marx llama plusvalía.
  • Lucha de clases: El progreso social surge de los enfrentamientos entre las clases dominantes y las oprimidas.
Tres fases de la Revolución Marxista:
  1. Conquista del poder.
  2. Dictadura del proletariado: Una vez derrocado el capitalismo, Marx propuso establecer un período de transición en el que el proletariado asumiera el control para eliminar las desigualdades y construir una sociedad comunista.
  3. Comunismo: Es el objetivo final del marxismo. En este sistema, no existirían clases sociales, propiedad privada ni explotación, y los recursos se distribuirían según las necesidades de cada persona.
Corrientes del Marxismo en el Siglo XX:

Durante el siglo XX, el marxismo se diversificó en dos grandes corrientes:

  • Socialdemocracia o reformismo: Buscaba integrar las ideas marxistas en un marco democrático y reformista. Rechazaba la idea de la revolución violenta y abogaba por cambios graduales y pacíficos en las sociedades capitalistas. Sus características principales eran: la aceptación de la democracia parlamentaria, el rechazo de la lucha armada, la defensa del Estado del bienestar y la coexistencia de empresas privadas con un sector público fuerte.
  • Comunismo: Se basó en una interpretación más radical y revolucionaria del marxismo. Sostenía que la única forma de acabar con el capitalismo era a través de la revolución. Sus características principales eran: proponer derrocar al sistema capitalista mediante una insurrección armada liderada por el proletariado, la defensa de la dictadura del proletariado como vía transitoria y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción.

El Movimiento Obrero en Acción

La Primera Internacional (AIT, 1864-1876)

El primer llamamiento a la unidad internacional de la clase trabajadora lo realizaron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista (1848).

La crisis económica de la década de 1860 coincidió con el resurgir del asociacionismo obrero que, legalizado en algunos países, retomó las acciones reivindicativas con un planteamiento más realista y eficaz. Si el capital y los capitalistas trabajaban a escala internacional, el movimiento obrero también debería hacerlo.

El 28 de septiembre de 1864, delegaciones inglesas, francesas, alemanas e italianas acudieron a un mitin en Londres. Allí se fundó la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), conocida como la Primera Internacional, primer instrumento de solidaridad obrera universal y origen de los posteriores sindicatos y partidos obreros.

Los problemas de la Primera Internacional: La Comuna de París

Pronto surgieron enfrentamientos en el seno de la organización:

  • Los marxistas eran partidarios de una dirección centralizada y de la participación obrera en cuestiones políticas.
  • Los bakuninistas (anarquistas) defendían la autogestión, la abstención total en política, la abolición del Consejo General y la supresión de toda autoridad en la Internacional.

Estos enfrentamientos provocaron la ruptura de la AIT en el Congreso de La Haya (1872), donde se expulsó a los bakuninistas. La organización se debilitó y se disolvió definitivamente en 1876. Engels y Marx llegaron a la conclusión de que la AIT había cumplido sus objetivos.

Otro problema que afectó al movimiento internacionalista fue la Comuna de París, surgida entre marzo y mayo de 1871 tras la derrota francesa en la Guerra Franco-Prusiana y el fin del Segundo Imperio francés. Su origen estuvo en el amotinamiento de los republicanos de izquierda, socialistas y anarquistas en París, como rechazo a la recién proclamada Tercera República francesa.

Marx, al contrario que Bakunin, desaconsejó la participación obrera en la Comuna, que fue aplastada en mayo por el Ejército francés con el apoyo de Prusia. Miles de obreros fueron fusilados, encarcelados o deportados.

La Segunda Internacional (1889-1914)

En 1889, se celebró en París una reunión de representantes de partidos y organizaciones obreras para conmemorar el centenario de la Revolución Francesa. Allí surgió la idea de constituir la Segunda Internacional. Su propósito fue reivindicar una legislación social más avanzada, la implantación de la jornada laboral de ocho horas y la conmemoración en todos los países de la fiesta del Primero de Mayo.

Problemas y crisis de la Segunda Internacional

La Segunda Internacional afrontó importantes problemas internos:

  • Expulsión de los anarquistas (1893).
  • El enfrentamiento entre partidos políticos y sindicatos, deseosos ambos de protagonizar la lucha obrera.
  • El revisionismo de los postulados marxistas. Para muchos, la lucha de clases ya no tenía sentido.
  • El rechazo a la Primera Guerra Mundial, por considerarla consecuencia del sistema capitalista y una lucha fratricida que solo servía a los intereses burgueses.

En 1914, ante el inminente estallido bélico, se convocó un congreso en Bruselas para decidir cómo actuar. Sin embargo, los partidos socialistas nacionales apoyaron a sus gobiernos. Un sector de la Segunda Internacional, dirigido por Rosa Luxemburgo y Lenin, condenó la guerra cuando ya se estaba combatiendo.

Tras la Revolución Rusa de 1917, se creó la Tercera Internacional en 1919, de carácter comunista. Por otro lado, concluida la Primera Guerra Mundial, se celebraron varias reuniones para reconstruir la Segunda Internacional y, en el Congreso de Hamburgo, se fundó la Internacional Socialista (1923).

Otros Movimientos Sociales

El Movimiento Abolicionista

El movimiento abolicionista fue un conjunto de iniciativas políticas, sociales y culturales que surgieron principalmente en los siglos XVIII y XIX con el objetivo de acabar con la esclavitud y el comercio de esclavos.

Sus principales hitos fueron:
  • 1833: Abolición de la esclavitud en Reino Unido.
  • 1865: Abolición de la esclavitud en Estados Unidos.
  • 1888: Brasil se convirtió en el último país americano en abolir la esclavitud.

El movimiento abolicionista tuvo un gran impacto en la literatura y la cultura, ayudando a sensibilizar a la sociedad. Una de las obras más influyentes fue La cabaña del tío Tom (1852), escrita por Harriet Beecher Stowe, que denunciaba las condiciones inhumanas en las que vivían los esclavos en el sur de Estados Unidos.

El Movimiento Sufragista

Fue una lucha política y social liderada principalmente por mujeres para conseguir el derecho al voto femenino. Surgió en el siglo XIX dentro del contexto de las reivindicaciones por la igualdad de derechos y la democracia.

Sus principales referentes fueron las inglesas Mary Wollstonecraft y Emmeline Pankhurst, la estadounidense Susan B. Anthony y la española Clara Campoamor.

La lucha por el derecho al voto sentó las bases para otras reivindicaciones feministas en ámbitos como el acceso a la educación, el empleo y los derechos civiles.

La Doctrina Social de la Iglesia

Es un conjunto de enseñanzas desarrolladas por la Iglesia católica a partir del siglo XIX con el objetivo de dar respuesta a los problemas sociales derivados de la Revolución Industrial, como la explotación laboral, la pobreza y la desigualdad.

La encíclica Rerum Novarum (1891), del papa León XIII, es considerada como su texto fundacional. En ella defendió el derecho a la propiedad privada, la necesidad de justicia social y la creación de asociaciones obreras cristianas.

Liberalismo y Autoritarismo en Europa

Durante el siglo XIX, Europa vivió una profunda transformación marcada por la pugna entre los sistemas liberales y los autoritarios. Mientras que algunos Estados avanzaron hacia la participación ciudadana y la igualdad ante la ley, otros reforzaron estructuras de poder centralizadas y restrictivas.

El Bloque Liberal

En el bloque liberal, Gran Bretaña alcanzó su máxima hegemonía durante la Inglaterra victoriana, fundamentada en un crecimiento industrial masivo y un sistema político bipartidista que permitió reformas sociales progresivas y la ampliación del sufragio. No obstante, este periodo estuvo marcado por el conflicto de Irlanda, cuya lucha por la autonomía se radicalizó tras la crisis del hambre de 1847. Por su parte, Francia transitó del régimen autoritario y populista del Segundo Imperio de Napoleón III hacia la Tercera República. Este último régimen consolidó el parlamentarismo y el laicismo, superando crisis profundas como el caso Dreyfus, que dividió a la sociedad entre sectores conservadores y progresistas.

Los Sistemas Autoritarios

En contraste, los sistemas autoritarios se mantuvieron firmes en el centro y este de Europa:

  • Alemania: Tras su unificación, el Segundo Reich se consolidó bajo el liderazgo de Bismarck, quien combinó el proteccionismo económico con leyes sociales diseñadas para frenar el avance del socialismo.
  • Imperio Austro-Húngaro: Se organizó como una monarquía dual desde 1867, compartiendo soberano y política exterior, pero enfrentó constantes tensiones nacionalistas de los pueblos eslavos que reclamaban igualdad de derechos.
  • Imperio Ruso: Funcionó como una autocracia absoluta bajo el control del zar. A pesar de intentos aislados de reforma, el asesinato de Alejandro II en 1881 provocó un retorno a políticas represivas y la paralización de cualquier apertura liberal.

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