Las Guerras Carlistas y la Era de Isabel II: Reformas y Crisis del Liberalismo Español

El Reinado de Isabel II: Orígenes y Transformación Liberal (1833-1868)

La Cuestión Dinástica y el Carlismo

El Conflicto Dinástico

Desde 1830, empiezan a haber tensiones entre los partidarios de María Cristina, que solicitaban que el rey volviera a la Ley de las Partidas (que permitiría reinar a su hija Isabel), y los partidarios de Don Carlos María Isidro, que exigían mantener la Ley Sálica (que garantizaba los derechos al trono de este hermano del rey).

María Cristina convenció a Fernando VII para que promulgara la Pragmática Sanción de 1830, que volvía a la Ley de las Partidas y que convertía a Isabel en su heredera al trono como Princesa de Asturias.

María Cristina fue nombrada Regente para ejercer las funciones monárquicas durante la enfermedad del rey o durante la minoría de edad de su hija. Buscando apoyos para la princesa Isabel, tuvo que volver su mirada hacia el liberalismo moderado.

Al morir Fernando VII a finales de septiembre de 1833, Carlos María Isidro se proclamó rey de España como Carlos V, enfrentándose a su sobrina, la legítima e igualmente recién proclamada reina Isabel II, y a su madre, la regente María Cristina de Borbón. Comenzaba así una desastrosa guerra civil: la Primera Guerra Carlista.

El Carlismo: Ideología y Focos de Insurrección

Los partidarios de Don Carlos, más conocidos como carlistas, comenzaron con una insurrección armada. Los focos principales fueron el Maestrazgo, Cataluña, el País Vasco y Navarra.

El carlismo fue una ideología reaccionaria, absolutista y contraria al liberalismo. Era el ideario de un mundo rural y religioso en el que la baja nobleza, los artesanos y el campesinado eran apoyados por un numeroso clero. Defendían los modos de vida feudales frente al liberalismo capitalista, burgués, impío y centralista.

Su lema tradicionalista era “Dios, Patria y Rey” o “Dios, Patria y Fueros”, en los que defendían principios del Antiguo Régimen, la preeminencia de la Iglesia y el mantenimiento o recuperación de los viejos fueros regionales. El carlismo era heredero de las ideologías antiliberales.

Las Regencias y la Primera Guerra Carlista (1833-1843)

La Primera Guerra Carlista (1833-1840)

El general carlista Tomás de Zumalacárregui organizó un verdadero ejército, pero murió en su fracasado intento de tomar Bilbao. Los ejércitos y guerrillas carlistas nunca consiguieron conquistar ciudades importantes ni generalizar la guerra.

La Guerra Carlista tuvo una influencia decisiva en diversos aspectos de la evolución social, política y militar del siglo XIX español: hizo que los liberales en el gobierno tomaran decisiones más radicales. Todo esto provocó oleadas de anticlericalismo criminal y la creación de una oficialidad militar autoritaria y golpista.

El resultado de la Primera Guerra Carlista fue el triunfo de los ejércitos cristinos (o isabelinos), los gubernamentales. Los partidarios de Don Carlos se dividieron definitivamente entre los que estuvieron dispuestos a rendirse pactando acuerdos en 1839.

El fin de la guerra llegó en agosto de 1839, cuando el general carlista Maroto firmó con el triunfante general Espartero un acuerdo de paz, el llamado Convenio o Abrazo de Vergara.

La Regencia de María Cristina (1833-1840)

El régimen de la Regente no pretendía ser liberal, pero se rodeó de monárquicos moderados. Se hacía indispensable conseguir el apoyo de los liberales, que podrían ser los más firmes aliados contra el carlismo. Por eso, la regente eligió como presidente del gobierno a un liberal moderado, el granadino Francisco Martínez de la Rosa.

En 1834, entra en vigor el Estatuto Real, que permitía elecciones para crear unas Cortes por sufragio muy restringido. Estas reformas no bastaban y se reavivó el enfrentamiento entre los liberales moderados y los liberales exaltados (progresistas).

En el verano de 1835, los liberales exaltados provocaron revueltas urbanas por todo el país, creando juntas revolucionarias. Ante esa situación, en septiembre de 1835, María Cristina se vio obligada a darle el poder a los progresistas, y se confió el gobierno a Mendizábal, quien:

  • Puso en marcha la desvinculación señorial.
  • Buscó recursos con la desamortización de los bienes del clero regular para hacer frente a los carlistas.

El Motín de los Sargentos de La Granja obligó a la Regente María Cristina a restablecer la Constitución gaditana de 1812 y a crear un nuevo gobierno de liberales progresistas. Durante los gobiernos liberales progresistas de la Regencia de María Cristina, se procedió al desmantelamiento definitivo de muchos rasgos del Antiguo Régimen:

  • Desamortización eclesiástica.
  • Privatización de los privilegios de la Mesta, de los gremios, de los mayorazgos.
  • Se procedió a “desvincular” las posesiones de la aristocracia.

La Constitución de 1837 fue la segunda Constitución española, en la que se establecían la soberanía nacional, los derechos individuales, se ampliaba el derecho de sufragio censitario y las Cortes se dividían en dos Cámaras.

La Regencia de Espartero (1840-1843)

La guerra carlista propició aún más que los militares isabelinos se convirtieran en las figuras dominantes de la política española. Espartero logró la paz del Convenio de Vergara.

Se aprobaron leyes nuevas sobre los ayuntamientos y María Cristina optó por renunciar a la regencia, nombrar a Espartero regente (a quien tuvo que encomendar la custodia de sus hijas, las princesas) y marchar hacia el exilio en octubre de 1840.

El general Narváez encabezó el pronunciamiento militar que acabaría con su poder y su regencia en el verano de 1843. Espartero renunció a la regencia y huyó por Cádiz hacia su exilio. Las Cortes decidieron adelantar la mayoría de edad oficial de la reina adolescente Isabel II, de tan solo 13 años.

La Mayoría de Edad de Isabel II: Moderados y Progresistas

Moderados y Progresistas: Las Facciones Liberales

Existían dos grandes partidos políticos dentro del liberalismo español: el Partido Moderado y el Partido Progresista. El enfrentamiento político principal era el liberalismo progresista contra el liberalismo moderado.

  • El Partido Moderado: Hacía tantas concesiones a las instituciones y principios de la sociedad tradicional.
  • El Partido Progresista: Era liberal, quería separación de poderes arrebatándole al trono sus prerrogativas en asuntos legislativos y también pretendía una soberanía nacional más plena. Luchaba por una verdadera libertad de imprenta, por el carácter democrático de los ayuntamientos y por una Milicia Nacional. Era un partido más anticlerical que no aceptaba el sufragio universal masculino, pero sí un sufragio censitario.

La Década Moderada (1844-1854)

Los moderados, dirigidos por el general Narváez, tomaron las riendas del gobierno. Se procedió a elaborar toda una legislación que convirtiese España en un Estado centralizado y uniforme, y a crear una nueva Constitución, que sería la de 1845.

En la Constitución de 1845 quedaba establecida la soberanía conjunta entre el Rey y las Cortes, se ampliaban los poderes del poder ejecutivo, el sufragio para elegir diputados se hacía muy restringido y el Senado, lleno de miembros vitalicios, era designado en su totalidad por el monarca. Se mantenían los derechos y libertades individuales.

Otras leyes y reformas importantes de la Década Moderada fueron:

  • La regulación de un plan de estudios centralizado.
  • La creación de la Guardia Civil.
  • La Ley de organización de los ayuntamientos.
  • La creación de los Gobernadores Civiles provinciales.
  • La reforma de la Hacienda y del sistema tributario.
  • Elaboración de nuevos códigos para la correcta administración de un Estado moderno.
  • La creación del Banco de España.
  • El Concordato con la Santa Sede de 1851.

El nuevo marido de María Cristina provocó un nuevo pronunciamiento militar, esta vez de generales moderados, pero que derivó en revolución y llevó a los progresistas al poder en 1854.

El Bienio Progresista (1854-1856)

El pronunciamiento dirigido por el general O’Donnell se conoce como “Vicalvarada”. Se les unieron otros militares progresistas, como el general Serrano, y civiles como Cánovas del Castillo, que fue el que redactó el Manifiesto de Manzanares.

El pronunciamiento no solo derivó en una revolución, sino que se iniciaron en Madrid y otras ciudades varios días de revueltas populares en las que aparecieron lemas democráticos y, por primera vez, republicanos. Espartero fue nombrado Presidente del Gobierno.

Hay una serie de leyes de este bienio que han de ser destacadas, como la Ley General de Ferrocarriles y la Desamortización de Madoz. Por esta ley fueron confiscadas, nacionalizadas y vendidas propiedades de la Iglesia y de los Ayuntamientos.

Los Progresistas en el Poder: Etapas Revolucionarias

Durante los 35 años del reinado de Isabel II, los gobiernos liberales que predominaron fueron los del Partido Moderado, aunque también hubo algunas fases temporalmente breves durante las cuales gobernaron los liberales progresistas. Estas etapas de liberalismo fueron básicamente tres:

  1. La comprendida entre 1835 y 1837 durante la Regencia de María Cristina.
  2. La Regencia de Espartero entre 1840 y 1843.
  3. El Bienio Progresista entre 1854 y 1856.

En estas etapas se decretaron y activaron las principales leyes desamortizadoras que transformaron la naturaleza de la propiedad de la tierra.

La Crisis Final del Régimen Isabelino (1856-1868)

La Descomposición de la Monarquía Isabelina

Con la vuelta al poder de los moderados se iniciaban cinco años de descomposición del régimen isabelino, de conflictos y de inestabilidad. El gobierno autoritario del corrupto Partido Moderado y la propia reina Isabel II terminaron por ser considerados como la misma cosa.

En 1866 fracasaron dos pronunciamientos: el de Prim y el de los sargentos del Cuartel de San Gil.

Por el Pacto de Ostende de agosto de 1866, el Partido Progresista y el Partido Demócrata proyectaban un programa común cuya dirección se encomendaba al general Prim: el destronamiento de Isabel II y la convocatoria de Cortes constituyentes por sufragio universal.

La planificada revolución comenzaría en Cádiz en septiembre de 1868. Prim y Serrano irían como líderes del levantamiento. La Revolución de 1868 ponía fin al reinado de Isabel II y cerraba toda una época de la España del siglo XIX.

La Transformación Socioeconómica: Desamortización y Propiedad

Agricultura y Propiedad en el Antiguo Régimen

En la España del Antiguo Régimen, el dominio de la tierra estaba en manos de la nobleza, de la Iglesia y de los municipios.

  • Mayorazgos: Las tierras de la nobleza estaban “vinculadas” a perpetuidad, escapando al libre comercio, pues no podían ser divididas ni vendidas.
  • Manos Muertas: Diferentes instituciones eclesiásticas tenían “inmovilizadas” sus grandes posesiones. Se denominaban de “manos muertas” en oposición a las “manos vivas”, que serían las propiedades privadas de los particulares.
  • Propiedades Municipales: Los municipios eran dueños de prados, bosques, montes y baldíos, cuya utilización era “comunal” o “de propios”.

El 70% de la población activa se dedicaba a tareas agropecuarias, que eran, por supuesto, el fundamento económico de una España rural y agrícola, pobre, precapitalista y preindustrial, con una estructura socioeconómica de raigambre feudal. El permanente atraso de la agricultura se debía a la desigual distribución de la tierra, al régimen señorial, al pequeño desarrollo de la propiedad privada, a la ausencia de innovaciones técnicas y a los bajos rendimientos.

Las Desamortizaciones de Mendizábal y Madoz

“Desamortización” significa el proceso por el cual se confiscan, se privatizan y se ponen en situación de libre compraventa bienes “de manos muertas”, o sea, propiedades inmovilizadas, vinculadas (“encadenadas”), que hasta entonces no han podido venderse y que pertenecen a determinadas instituciones y corporaciones.

En 1835, María Cristina se vio obligada a darle el poder a los progresistas, y se confió el gobierno a Mendizábal. Este puso en marcha la desvinculación señorial y buscó recursos —con la desamortización de los bienes del clero regular— para hacer frente al carlismo.

Los decretos de desamortización de Mendizábal (1836) no obedecieron a un proyecto de reforma agraria, sino que surgieron de una motivación más inmediata: la penuria de la Hacienda pública. Sus pasos fueron:

  1. Suprimió la mayoría de conventos, exclaustrando a sus miembros: cerró unos 1.000 monasterios y conventos y fueron exclaustrados unos 30.000 religiosos del clero regular.
  2. Por otro decreto, nacionalizó las propiedades de los monasterios suprimidos y otras muchas propiedades del clero secular.
  3. El 19 de febrero de 1836, la Regente firmó el decreto de Mendizábal en el que se ordenaba la subasta y venta pública de todas esas propiedades previamente nacionalizadas.

Posteriormente, en el Bienio Progresista, el ministro de Hacienda Pascual Madoz acometió una nueva desamortización (1855). Se declararon en venta todas las propiedades del Estado, del clero, de las Órdenes Militares, etc. El 50% de sus ventas fueron de las propiedades municipales comunales y de propios. Alcanzó mayor volumen que la de Mendizábal y las ventas se prolongaron mucho en el tiempo.

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