La Segunda República y el Camino a la Guerra
1. El gobierno radical-cedista
Las elecciones generales de noviembre de 1933 dieron la victoria a la derecha, con la participación por primera vez del voto femenino. La CEDA fue el partido más votado con 115 diputados, seguida del Partido Radical de Lerroux con 102. Los monárquicos también obtuvieron representación, mientras que la izquierda sufrió una fuerte derrota: el PSOE bajó de 116 a 58 diputados y el partido de Azaña quedó reducido a 5 escaños.
Este resultado hacía imposible gobernar sin el apoyo de la CEDA o del Partido Radical, lo que generó rechazo en la izquierda, que no aceptaba un gobierno de derechas en la República. El PSOE consideró a la CEDA un partido con tendencia fascista y, ante su posible entrada en el gobierno, defendió la posibilidad de una revolución. Dentro del partido y de la UGT ganaron fuerza las posiciones radicales de Largo Caballero frente a las moderadas.
a) Gobiernos radicales
Los gobiernos radicales de Lerroux, iniciados en diciembre de 1933 con apoyo parlamentario de la CEDA, aplicaron una política de “revisión” de las reformas del primer bienio republicano. Se frenó la reforma agraria, se derogó la Ley de Términos Municipales, no se aplicó la Ley de Congregaciones Religiosas y se aprobó una amnistía para los implicados en el golpe de Sanjurjo.
En el plano autonómico, hubo conflictos con la Generalitat de Cataluña, dirigida por Lluís Companys, y el Estatuto vasco no llegó a aprobarse. Estas medidas provocaron divisiones políticas: en el Partido Radical surgió una escisión que dio lugar a Unión Republicana, y los republicanos de izquierda se reorganizaron en Izquierda Republicana bajo Azaña. La tensión aumentó con el PSOE-UGT, que se preparó para una posible revolución si la CEDA entraba en el gobierno. Finalmente, en octubre de 1934, Lerroux incorporó a tres ministros de la CEDA, lo que provocó la respuesta inmediata de los socialistas con el inicio de la Revolución de Octubre.
b) Revolución de octubre de 1934
El comité revolucionario socialista, dirigido por Largo Caballero, inició el 5 de octubre de 1934 una huelga general en toda España con la intención de impulsar una revolución socialista. El movimiento fracasó en la mayor parte del país, aunque hubo focos de tensión como en Vizcaya, con enfrentamientos entre mineros y fuerzas de seguridad. En Cataluña, el presidente Lluís Companys proclamó el “Estado catalán dentro de la República Federal Española”, pero la sublevación fue rápidamente sofocada por el ejército y sus dirigentes detenidos.
El principal foco revolucionario se dio en Asturias, donde una Alianza Obrera (PSOE-UGT, CNT y comunistas) tomó el control de la región durante varios días, con fuertes enfrentamientos, ocupaciones y destrucción de edificios religiosos. El gobierno respondió enviando al ejército, incluidas tropas de la Legión y Regulares dirigidas por Franco, que lograron sofocar la insurrección con gran dureza. La represión fue muy violenta, con miles de muertos y detenidos, lo que refleja la gravedad del conflicto.
c) Fin de la derecha
Tras los sucesos de octubre de 1934, la situación política se radicalizó. El PSOE rompió con la legalidad republicana al defender la vía revolucionaria, y la CEDA aumentó su influencia en el gobierno, aunque sin desarrollar una política estable. Muchos dirigentes socialistas fueron encarcelados y también Azaña fue detenido, acusado de implicación en los hechos.
En Cataluña se suspendió el Estatuto de Autonomía tras la detención del gobierno de la Generalitat. Además, se limitó gravemente la reforma agraria, reduciendo su aplicación hasta hacerla casi ineficaz. En el ámbito militar, Gil Robles, como ministro de la Guerra, promovió el ascenso de generales como Franco, Mola o Goded, de fuerte perfil antirrepublicano.
El gobierno radical-cedista quedó debilitado por sus tensiones internas y por la oposición tanto de la izquierda como de los monárquicos. La crisis se agravó en 1935 con escándalos de corrupción en el Partido Radical (como el estraperlo y el caso Nombela), que provocaron su desprestigio. Ante esta situación, Lerroux perdió el apoyo político y no pudo continuar. Aunque la CEDA aspiraba a gobernar, el presidente de la República, Alcalá Zamora, se negó a entregarle el poder y nombró a Portela Valladares. Este disolvió las Cortes y convocó elecciones para febrero de 1936.
2. Gobierno del Frente Popular
a) Elecciones de febrero de 1936
La izquierda, impulsada por Azaña, entendió que la unión republicano-socialista era clave para frenar a la derecha en las elecciones de febrero de 1936. Indalecio Prieto apoyaba esta estrategia, mientras que Largo Caballero defendía ampliar la coalición a otras fuerzas obreras, como el Partido Comunista. Este, siguiendo la línea de Moscú, apostaba por colaborar temporalmente con partidos republicanos para frenar el fascismo. Así, en enero de 1936 se formó el Frente Popular, integrado por republicanos de izquierda, socialistas, comunistas y otras fuerzas obreras. Su programa era reformista: recuperar las reformas del primer bienio republicano y aprobar una amnistía para los represaliados de 1934.
La derecha no logró una coalición unitaria. La CEDA pactó en algunas zonas con republicanos radicales, mientras que monárquicos y carlistas formaron el Bloque Nacional, con un programa claramente contrario a la República. En las elecciones, el Frente Popular obtuvo la victoria y la izquierda volvió al poder. Sin embargo, la situación política siguió siendo muy inestable, con movilizaciones obreras, conflictos sociales y violencia política, lo que dificultó la gobernabilidad del país.
b) Vuelta de Azaña
Tras las elecciones de febrero de 1936, Azaña formó un gobierno compuesto únicamente por republicanos de izquierda, sin socialistas. Aun así, se aplicó el programa del Frente Popular: amnistía para los encarcelados por la revolución de 1934, restablecimiento del Estatuto de Cataluña con Companys de nuevo al frente de la Generalitat, reactivación de la reforma agraria y aumento de las ocupaciones de tierras, con el reparto de grandes extensiones entre campesinos.
Sin embargo, la situación social se radicalizó, con huelgas, conflictos y violencia política creciente en ambos bandos, además de incendios y ataques a edificios religiosos. La derecha quedó debilitada, mientras crecía la influencia de sectores más radicales como la Falange y los monárquicos, y José Antonio Primo de Rivera fue encarcelado tras la ilegalización de su partido. En abril, las nuevas Cortes destituyeron al presidente Alcalá Zamora y Azaña fue elegido presidente de la República. Intentó formar un gobierno de coalición con socialistas, pero el PSOE, dominado por Largo Caballero, lo rechazó. Finalmente, se constituyó un gobierno solo de republicanos presidido por Casares Quiroga.
c) Inicio de la Guerra Civil
El gobierno del Frente Popular continuó una política reformista, aplicando la Ley de Reforma Agraria, impulsando la autonomía del País Vasco y aprobando en referéndum la de Galicia, aunque esta última no llegó a ser ratificada por las Cortes debido al estallido de la guerra. Sin embargo, el clima político se volvió cada vez más violento, con huelgas, atentados, enfrentamientos y ataques a iglesias, lo que reflejaba una fuerte radicalización social.
Paralelamente, se aceleró la conspiración militar contra la República. El gobierno intentó alejar a los generales más implicados, como Franco, Mola y Goded, pero esto no detuvo el golpe. Mola organizó el plan del levantamiento, con apoyo del ejército de África dirigido por Franco. La tensión se agravó con el asesinato del teniente Castillo y, como represalia, el de Calvo Sotelo, lo que aceleró la sublevación militar. El 17 de julio de 1936 comenzó el alzamiento en Marruecos y el 18 se extendió a la península. A finales de julio, España quedó dividida en dos zonas enfrentadas, dando inicio a la Guerra Civil.
Fases de la Guerra Civil Española
a) La guerra de columnas (18 de julio – 7 de noviembre de 1936)
La primera fase de la Guerra Civil española, conocida como la “guerra de columnas”, se desarrolló entre julio y noviembre de 1936. Se caracterizó por el uso de pequeñas unidades móviles de tropas, al estilo colonial, formadas por soldados, fuerzas de orden público y milicias de ambos bandos. En el caso republicano, tras la desorganización inicial del ejército, se recurrió a batallones de voluntarios procedentes de organizaciones de izquierda y sindicatos, dando lugar a las milicias, que posteriormente evolucionarían hacia las Brigadas Mixtas como base del Ejército Popular.
En los primeros meses, la iniciativa militar correspondió a los sublevados, cuyo principal objetivo era la conquista de Madrid. El general Mola organizó el avance desde varias columnas procedentes del norte, pero estas fueron detenidas por la resistencia de las milicias republicanas en las sierras de Madrid, especialmente en los frentes de Somosierra, Guadarrama y Navacerrada. Tras este fracaso, el protagonismo pasó al Ejército de África dirigido por Franco. Con el apoyo aéreo de Alemania e Italia, se organizó un puente aéreo que permitió trasladar tropas desde Marruecos a la Península. Desde Sevilla, las fuerzas franquistas avanzaron por Extremadura, ocupando Mérida y Badajoz, y logrando unir las zonas sublevadas del norte y del sur. Posteriormente continuaron hacia el centro, ocupando Talavera, aunque Franco desvió el avance para liberar el Alcázar de Toledo, que estaba sitiado por las fuerzas republicanas, lo que supuso un importante triunfo propagandístico.
Tras la toma del Alcázar en septiembre de 1936, Franco fue nombrado el 1 de octubre “Generalísimo de los Ejércitos” y “Jefe del Gobierno del Estado”, consolidando su liderazgo en el bando sublevado. Paralelamente, en el norte, las tropas franquistas avanzaron desde Navarra, ocupando Irún y San Sebastián, consolidando así su control sobre gran parte del territorio vasco.
b) La batalla de Madrid (7 de noviembre de 1936 – marzo de 1937)
La batalla de Madrid fue un conjunto de combates desarrollados durante aproximadamente cinco meses, entre los que se incluyen las batallas del Jarama y Guadalajara, y supuso el primer gran fracaso de los planes de los sublevados, además de marcar la prolongación de la guerra. En este periodo, la ayuda extranjera tuvo un papel decisivo, con la intervención de la Legión Cóndor alemana, tropas y aviación italianas en el bando sublevado, y el apoyo soviético, junto con las Brigadas Internacionales, en el bando republicano, lo que aumentó la capacidad de resistencia de la República.
El ataque a Madrid se realizó principalmente desde el noroeste y el sureste, lo que llevó al gobierno republicano a trasladarse a Valencia, mientras en la capital se formaba la Junta de Defensa de Madrid, presidida por el general Miaja. La batalla comenzó el 7 de noviembre de 1936, justo después de la salida del gobierno, y destacó también por su intensa dimensión propagandística, con lemas como “¡No pasarán!”, que ayudaron a mantener la moral de la población. Las tropas sublevadas lograron inicialmente cruzar el río Manzanares y ocupar parte de la Ciudad Universitaria, pero fueron detenidas en ese punto. A partir de entonces, Franco optó por maniobras envolventes para intentar aislar la capital. Una de ellas fue la ofensiva del Jarama en febrero de 1937, cuyo objetivo era cortar la carretera de Valencia, aunque fracasó. Posteriormente, en marzo de 1937, se lanzó la ofensiva de Guadalajara con tropas italianas, que también terminó en derrota tras una contraofensiva republicana, suponiendo un importante éxito moral para la República. Sin embargo, estos triunfos no fueron decisivos en el conjunto de la guerra, ya que en otros frentes los sublevados continuaron avanzando, como demuestra la toma de Málaga en febrero de 1937.
c) Última etapa de la guerra (15 de noviembre de 1938 – 28 de marzo de 1939)
La última etapa de la Guerra Civil se caracterizó por el agotamiento militar de la República y su progresiva descomposición interna. Tras la batalla del Ebro, Franco lanzó la ofensiva final sobre Cataluña el 23 de diciembre de 1938. Las tropas sublevadas ocuparon Lérida, Tarragona y Barcelona, que cayó sin resistencia el 26 de enero de 1939, y posteriormente Gerona. Ante esta situación, Azaña y Negrín cruzaron la frontera, aunque este último regresó para intentar mantener la resistencia en la zona centro-este bajo el lema “¡Resistir es vencer!”, confiando en una posible guerra europea que nunca llegó.
Sin embargo, el desgaste de la población y las divisiones internas hicieron insostenible la continuidad del conflicto. En el bando republicano se enfrentaban quienes defendían resistir hasta el final, apoyados por los comunistas y Negrín, y quienes defendían negociar una paz con Franco para evitar mayores represalias. En este contexto, la promulgación de la Ley de Responsabilidades Políticas por parte de Franco en febrero de 1939 evidenciaba que no habría posibilidad de acuerdo. La situación se precipitó cuando el coronel Casado dio un golpe de Estado en marzo de 1939, creando un Consejo de Defensa en Madrid con el objetivo de negociar una rendición, lo que provocó enfrentamientos internos y la huida del gobierno de Negrín. Sin embargo, Franco solo aceptaba la rendición incondicional, por lo que cualquier intento de negociación fracasó. Finalmente, las tropas franquistas entraron en Madrid el 28 de marzo de 1939 y el 1 de abril Franco anunció el fin oficial de la guerra.
El Régimen Franquista
c) La tecnocracia: Opus Dei (1957-1969)
La etapa de la tecnocracia (1957-1969) se caracterizó por el ascenso de los tecnócratas vinculados al Opus Dei, que impulsaron una profunda modernización de la administración del Estado y la orientación económica del régimen. En este contexto se aprobaron importantes leyes fundamentales, como la Ley de Principios del Movimiento en 1958, que definía el régimen como una “democracia orgánica”, y la Ley Orgánica del Estado en 1967, que reorganizaba el sistema institucional y separaba los cargos de Jefe del Estado y Presidente del Gobierno.
En 1969 se produjo un hecho clave con la designación de Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco, consolidando la continuidad del régimen. Durante este periodo coexistieron distintas familias dentro del franquismo: los tecnócratas, los inmovilistas (contrarios a cualquier cambio) y los aperturistas (que defendían una mayor evolución del sistema). Estas tensiones internas estallaron en el escándalo Matesa en 1969, un caso de corrupción que enfrentó a los distintos sectores del régimen y provocó una reorganización del gobierno por parte de Franco.
En política exterior, los tecnócratas buscaron el acercamiento a Europa y a Estados Unidos, además de la recuperación de Gibraltar, aunque con resultados limitados. Paralelamente, se avanzó en el proceso de descolonización, con la independencia de Marruecos en 1956, la de Guinea Ecuatorial en 1968 y la cesión de Ifni a Marruecos en 1969, aunque España intentó mantener el control del Sáhara Occidental.
d) El declive del régimen (1969-1975)
El declive del régimen franquista estuvo marcado por una creciente crisis política, social y económica, así como por la progresiva pérdida de control del sistema. Tras el escándalo Matesa, Carrero Blanco asumió un papel clave como vicepresidente del gobierno, mientras se intentaban ciertas reformas limitadas, como la Ley General de Educación de 1970 (Ley Villar Palasí), que amplió la enseñanza obligatoria hasta los 14 años mediante la EGB.
Sin embargo, muchos intentos de reforma fracasaron, como la mejora de las relaciones con la Iglesia tras el Concilio Vaticano II o la Ley Sindical de 1971 para reducir la conflictividad laboral, que no logró sus objetivos. Paralelamente, aumentaba la oposición armada, especialmente con la actividad de ETA, que desde finales de los años 60 intensificó sus atentados. En 1973, Franco separó por primera vez la Jefatura del Estado y del Gobierno, nombrando a Carrero Blanco presidente del Gobierno, pero su mandato fue muy breve, ya que fue asesinado en diciembre de ese mismo año en un atentado de ETA, lo que supuso un duro golpe para la continuidad del régimen.
A partir de 1974, con Carlos Arias Navarro como presidente, se intentó una tímida apertura política conocida como el “espíritu del 12 de febrero”, aunque fue bloqueada por los sectores inmovilistas. A esto se sumó la crisis económica de 1973, con inflación, paro y descenso del turismo, además del impacto internacional de la Revolución de los Claveles en Portugal. En 1975 la situación se agravó aún más, con el aumento del terrorismo y la enfermedad de Franco. Ese mismo año, la Marcha Verde impulsada por Marruecos llevó a la ocupación del Sáhara Occidental, lo que derivó en los Acuerdos de Madrid. Finalmente, Franco murió el 20 de noviembre de 1975, y dos días después Juan Carlos I fue proclamado rey, iniciando la Transición a la democracia.
La Transición Española
2. El gobierno de Adolfo Suárez (julio 1976 – junio 1977)
El nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno generó inicialmente desconfianza tanto en la oposición democrática como en sectores del franquismo, aunque fue apoyado por Torcuato Fernández-Miranda, que lo consideró clave para dirigir la transición hacia la democracia. Suárez impulsó rápidamente reformas políticas: legalizó derechos fundamentales como reunión, manifestación y asociación, aprobó una amnistía para presos políticos y estableció contactos con la oposición, incluyendo al PSOE y al PCE. Su objetivo fue avanzar hacia una transición pacífica y gradual, acorde con el deseo mayoritario de la sociedad española. Sin embargo, las principales resistencias vinieron de los sectores inmovilistas del franquismo y de parte del Ejército, lo que provocó tensiones internas y cambios en el gobierno, destacando el papel de Gutiérrez Mellado en la reforma militar.
a) La Ley para la Reforma Política
La Ley para la Reforma Política fue la pieza clave del proceso de transición, ya que supuso la ruptura del franquismo desde su propia legalidad y estableció un sistema democrático bicameral con Congreso y Senado elegidos por sufragio universal. Fue aprobada por amplia mayoría en las Cortes en noviembre de 1976 y refrendada en diciembre con un 94,4% de votos afirmativos. Su entrada en vigor en enero de 1977 obligaba a convocar elecciones generales, consolidando así el camino hacia la democracia.
Sin embargo, el proceso no estuvo exento de dificultades. En el País Vasco la situación era especialmente tensa por la violencia de ETA, las protestas por la amnistía y los enfrentamientos con las fuerzas de orden público, mientras que en Cataluña predominaba el nacionalismo sin llegar a la misma violencia. A ello se sumó la inestabilidad política, que se evidenció con el atentado de Atocha en enero de 1977, donde un grupo de ultraderecha asesinó a cinco abogados laboralistas del PCE, mostrando la fragilidad del proceso democrático.