La crisis colonial de España: Cuba, Puerto Rico y Filipinas
Rasgos coloniales de Cuba y Puerto Rico
Cuba y Puerto Rico tenían unos rasgos coloniales peculiares:
- Cercanía a EE. UU.
- Economía basada en la agricultura de exportación, que aportaba enormes beneficios a la economía española.
- Duras leyes arancelarias, que constituían un mercado cautivo.
- Explotación esclavista mantenida en beneficio de una oligarquía.
- Falta de capacidad de autogobierno.
Rasgos de Filipinas
Filipinas, en cambio, tenía escasa población española y los capitales invertidos eran irrelevantes. La soberanía sobre el archipiélago se mantenía gracias a la fuerza militar y a las órdenes religiosas.
La llamada «cuestión cubana» y su impacto en el régimen de la Restauración
El régimen de la Restauración se vio muy afectado por la llamada cuestión cubana, que incluía los siguientes problemas:
1. Guerras y conflictos
La primera guerra de Cuba fue protagonizada por la burguesía criolla y por la guerrilla de mestizos y negros liberados de la esclavitud. Los brotes de conflictividad provocados por los independentistas cubanos dieron lugar a la segunda guerra de Cuba.
2. El contexto económico del imperialismo
Para España, el comercio con Cuba proporcionaba un saldo positivo. Además, no solo no se concedió la autonomía a la isla, sino que se intentó convertirla en una provincia más de España, enviando a unos 700.000 emigrantes, sobre todo gallegos.
3. El creciente influjo de EE. UU.
El creciente influjo de Estados Unidos (EE. UU.) fue decisivo. Cuba obtenía sus ingresos de EE. UU., al que exportaba más del 90% de la producción. La presión diplomática se incrementó: este país obtuvo aranceles ventajosos para sus productos y financió a los independentistas para ejercer de árbitro en algún conflicto entre Cuba y la metrópoli.
La Tercera guerra de Cuba (1895) y la respuesta española
La Tercera guerra de Cuba se inició en 1895. A continuación se proclamó el Manifiesto de Montecristi, redactado por José Martí y Máximo Gómez. A la muerte de Martí, Gómez y Antonio Maceo asumieron la dirección militar de los rebeldes.
El gobierno envió a la isla 200.000 soldados entre 1895 y 1898, dirigidos en un principio por Weyler, destituido por sus tácticas. Su destitución vino acompañada por la concesión, por parte del gobierno de Sagasta, de amplia autonomía para Cuba y Puerto Rico.
A la revuelta cubana se unió la rebelión en Filipinas, cuyo líder Aguinaldo mantuvo una paz transitoria hasta que EE. UU. intervino.
Autonomía y escalada hasta la guerra con EE. UU.
En 1897 Cuba y Puerto Rico recibieron un estatuto de autonomía colonial que reconocía a las islas como entidades político-jurídicas separadas dentro del Estado español. En diciembre se constituyó un gobierno regional provisional y en abril se celebraron elecciones para elegir una cámara cubana de representantes, en las que vencieron los autonomistas moderados.
Sin embargo, los EE. UU. estaban decididos a intervenir, y la misteriosa explosión del acorazado Maine fue la excusa perfecta. La prensa y el gobierno estadounidenses culparon a España del incidente y dieron un plazo de tres días para que se retirase de Cuba, al tiempo que se ofrecieron para comprar la isla. EE. UU. declaró la guerra a España el 20 de abril de 1898.
Desarrollo y desenlace de la guerra
La guerra se decidió en el mar. Los modernos buques estadounidenses derrotaron a los españoles en Manila, Santiago de Cuba y Puerto Rico.
En 1898 se firmó el Tratado de París, por el que España reconocía la independencia de Cuba y cedía a Estados Unidos Puerto Rico, la isla de Guam (en las Marianas) y las Filipinas. En 1899 España vendió al Imperio alemán las últimas islas del Pacífico.
Repercusiones de la pérdida de las últimas colonias
La pérdida de las últimas colonias españolas tuvo importantes repercusiones:
- Pérdida del monopolio del mercado cubano para productos de la industria y de materias primas baratas. Se produjo una repatriación importante de capitales.
- Resentimiento de los militares hacia los políticos, que los habían utilizado haciéndoles perder la guerra. En torno a ellos surge un nacionalismo integral.
- Crecimiento del antimilitarismo popular. El reclutamiento para la guerra de Cuba afectó especialmente a los que no tenían recursos, ya que la incorporación a filas podía evitarse pagando una cantidad en metálico. Esto, unido al espectáculo de la repatriación de soldados heridos y mutilados, incrementó el rechazo al ejército entre las clases populares. El movimiento obrero hizo campaña contra este reclutamiento injusto, lo que provocó a su vez la animadversión de los militares hacia el pueblo y las organizaciones obreras.
- Aparición de un importante movimiento intelectual y crítico: el Regeneracionismo. Tuvo una vertiente literaria, la Generación del 98, que dio nuevos impulsos a la vida intelectual y política del país. También destacaron Ortega y Gasset, Blasco Ibáñez, personajes vinculados a la Institución Libre de Enseñanza, Ángel Ganivet, Miguel de Unamuno y el propio Benito Pérez Galdós.