El reinado de Carlos II (1665-1700)
El reinado de Carlos II, un monarca enfermo e incapaz, estuvo condicionado por la falta de sucesor. A esto se sumaron los enfrentamientos en la corte entre partidos por ocupar el puesto de valido y gobernar en nombre del rey, manteniendo los consejos como altos órganos administrativos y judiciales. Destacan los válidos Nithard, Valenzuela, Juan José de Austria y el duque de Medinaceli. Los desastres militares y naturales dificultaron la recuperación de la monarquía.
Ante la inferioridad de Carlos II, surgió el problema sucesorio con tres candidatos al trono: Felipe de Anjou (nieto del rey Luis XIV de Francia), Carlos (hijo del emperador austriaco) y José Fernando de Baviera (sobrino de Mariana de Austria). Las potencias europeas, capitalizadas por Francia, apuntaban a una división de los dominios hispánicos a la muerte del rey y al nombramiento del bávaro, ya que no representaba a ninguna de las grandes coronas. La corte se dividió entre partidarios de los candidatos. Sin embargo, tras la muerte del bávaro y el repentino fallecimiento de Carlos II (1700), quien dejó en su testamento a Felipe como heredero, Francia rompió el pacto secreto con el resto de potencias, provocando la Guerra de Sucesión, que enfrentó a las coronas española y francesa contra el resto de Europa.
La Guerra de Sucesión y los Pactos de Familia
Carlos II murió sin descendientes, dejando como heredero a Felipe de Anjou, quien mantenía sus derechos de candidato a la corona francesa. Para evitar la hegemonía de Francia junto a España, se creó la Gran Alianza (Inglaterra, Holanda, Portugal, Saboya y el Imperio) en defensa del archiduque Carlos como rey, declarando la guerra a Francia y España en 1702.
- Escenario peninsular: Castilla apoyaba a Felipe y Aragón a Carlos, al estar en contra del absolutismo.
- Desenlace: El desarrollo de la guerra se alteró cuando Carlos heredó el Imperio en 1711, precipitando el fin. La guerra continuó en la península hasta la toma de Barcelona (1714) y Mallorca (1715).
Se firmaron los Tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714), donde las potencias aceptaron a Felipe V como rey de España, a cambio de prohibir la posible unión de la corona franco-española y realizar acuerdos territoriales:
- Austria: Flandes, Milán, Nápoles y Cerdeña.
- Saboya: Sicilia y el título de reino.
- Portugal: Colonia del Sacramento.
- Inglaterra: Gibraltar, Menorca, el asiento de negros (comercio de esclavos) y el navío de permiso.
Con el fin de recuperar las pérdidas territoriales, la monarquía hispánica firmó los Pactos de Familia (alianzas militares con Francia):
- Primer Pacto (1733): Guerra de Sucesión de Polonia; se recuperan Sicilia y Nápoles.
- Segundo Pacto (1743): Guerra de Sucesión de Austria; Fernando VI firma la paz con Inglaterra (renuncia al asiento de negros) y recupera los ducados de Parma, Piacenza y Guastalla.
- Tercer Pacto (1761): Carlos III participa en la Guerra de los Siete Años (1756-1763), recibiendo Luisiana, y en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (1775-1783), recuperando Florida y Menorca.
Sociedad y economía en el siglo XVIII
La sociedad siguió las leyes del Antiguo Régimen:
- Nobleza: Clase privilegiada, terratenientes, no productivos y con favores reales.
- Clero: Segundo estamento privilegiado.
- Pueblo llano: Fragmentado, con una población más pobre que en el resto de Europa y una burguesía con escasa influencia política.
En el siglo XVIII, España experimentó una leve mejora demográfica debido a la disminución de epidemias y guerras. La economía estaba limitada por la falta de comercio y la estructura de la propiedad de la tierra. En ganadería destacaba la oveja. La industria se incentivó por el aumento de población y la nueva política comercial con América, destacando las Reales Fábricas.
El comercio interior era limitado, creándose el Banco de San Carlos. El exterior se basaba en textiles y alimentos; España perdió el monopolio comercial en 1778 debido al poder naval inglés, aunque se reforzaron las medidas con América mediante navíos de registro y el Reglamento de Libre Comercio de 1788. El crecimiento demográfico catalán, orientado al mercado y con una burguesía agraria innovadora, sentó las bases de la revolución industrial del siglo XIX.
La Ilustración y el Despotismo Ilustrado
A principios del siglo XVIII surgió en Francia la Ilustración, corriente basada en la razón, la crítica, el desarrollo científico y el progreso social. En España, la Ilustración no cuestionó la monarquía, sino que fue impulsada por ella, aunque tuvo un impacto limitado en la sociedad.
El Despotismo Ilustrado fue la forma de gobierno resultante, caracterizado por reformas centralistas y fisiócratas. Su máximo representante fue Carlos III, apoyado por secretarios como Campomanes, Floridablanca y Esquilache. Tras el Motín de Esquilache (1766), se impulsaron reformas como la expulsión de los jesuitas (1767), la creación de las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País y la repoblación de Andalucía y Castilla.