Historia de España: De la Restauración Borbónica a la Consolidación de la Democracia

El sistema canovista: la Constitución de 1876 y el turno de partidos. La oposición al sistema

El sistema canovista se instauró tras el fracaso de la Primera República, que finalizó con el golpe de Estado del general Pavía en 1874 y la posterior dictadura del general Serrano. Ante la grave inestabilidad política, Antonio Cánovas del Castillo impulsó la restauración de la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII. Este aceptó el trono mediante el Manifiesto de Sandhurst, donde defendía una monarquía constitucional, liberal y parlamentaria, la unidad de España, el centralismo político y el mantenimiento de la religión católica. El pronunciamiento de Sagunto, liderado por Martínez Campos, proclamó rey a Alfonso XII, iniciándose la Restauración con su entrada en Madrid en enero de 1875.

Los pilares del sistema

Los pilares del sistema canovista eran:

  • La soberanía compartida entre el Rey y las Cortes.
  • El bipartidismo: se forman dos partidos apenas diferenciados ideológicamente: el Partido Conservador, con Cánovas, y el Partido Liberal con Sagasta.
  • El Turno de Partidos: la alternancia pactada en el poder entre ambos partidos con el objetivo de mantener la estabilidad y evitar el pronunciamiento militar.

La Constitución de 1876

Los principios fundamentales del sistema político de la Restauración hacían necesaria una nueva carta magna: la Constitución de 1876. Era una constitución conservadora basada en la de 1845, pero flexible, lo que permitía su adaptación a gobiernos conservadores o liberales sin necesidad de modificarla. Sus puntos clave incluían:

  • Soberanía compartida y Cortes bicamerales (Senado y Congreso).
  • Reconocimiento de derechos individuales (limitados).
  • Confesionalidad católica del Estado.
  • Refuerzo de la centralización administrativa.
  • El poder real ejercía el poder ejecutivo y podía convocar y disolver las Cortes.

Durante el reinado de Alfonso XII hubo cuatro procesos electorales caracterizados por dos fases: una primera etapa de centralización bajo Cánovas (dictadura canovista) donde se aprobó la Ley de Imprenta y se finalizó la Tercera Guerra Carlista; y una segunda etapa con los liberales de Sagasta, que ampliaron libertades y aplicaron políticas librecambistas.

En 1885, la muerte prematura de Alfonso XII llevó al Pacto de El Pardo para mantener la estabilidad bajo la Regencia de María Cristina de Habsburgo. Durante este periodo se consolidó el Sufragio Universal Masculino (1890) y se aprobó el Código Civil.

Desgaste y oposición

El sistema comenzó a desgastarse debido a que se basaba en una falsa democracia manipulada mediante el pucherazo (fraude electoral), el encasillado y la presión de los caciques locales. La oposición estuvo formada por:

  • El carlismo (reducido a fuerza regional).
  • Los republicanos.
  • Los nacionalismos periféricos: el catalán (Unió Catalanista, Lliga Regionalista), el vasco (Sabino Arana fundó el PNV) y el gallego (Rexurdimento).

Las guerras de Cuba, el conflicto bélico contra Estados Unidos y la crisis de 1898

A finales del siglo XIX, España conservaba Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. Cuba era la colonia más valiosa por su economía de plantación (azúcar y tabaco). El incumplimiento de las reformas prometidas en la Paz de Zanjón (1878) radicalizó el movimiento independentista.

El conflicto bélico

En 1895 estalló el Grito de Baire, liderado por José Martí. España envió al general Weyler, cuya política de represión aumentó el apoyo a los sublevados. La clave fue la intervención de Estados Unidos, que tenía intereses económicos en la isla. El detonante final fue la explosión del acorazado Maine en 1898. Tras un ultimátum, comenzó la guerra hispano-norteamericana.

La derrota española fue rápida en las batallas de Cavite y Santiago de Cuba. Mediante el Tratado de París (diciembre de 1898), España perdió su imperio: cedió Puerto Rico, Guam y Filipinas a EE. UU., reconoció la independencia de Cuba y vendió las Carolinas, Marianas y Palaos a Alemania.

Consecuencias y Regeneracionismo

La crisis de 1898 provocó un profundo pesimismo. Surgió el Regeneracionismo, liderado por Joaquín Costa, que exigía reformas profundas, y la Generación del 98 en el plano cultural.

La evolución de la población y de las ciudades. De la sociedad estamental a la sociedad de clases

El triunfo liberal supuso el paso de una sociedad estamental a una sociedad de clases basada en la igualdad ante la ley y la propiedad económica:

  • Clase alta: Nobleza, alto clero y la emergente alta burguesía industrial y financiera.
  • Clase media: Muy escasa (5%), formada por pequeña burguesía y profesionales liberales.
  • Clase baja: Mayoritaria, compuesta por el campesinado (jornaleros) y un incipiente proletariado urbano.

El movimiento obrero

Las duras condiciones laborales impulsaron el movimiento obrero, dividido tras la AIT entre marxistas (fundadores del PSOE en 1879 y la UGT en 1888) y anarquistas (que crearon la FTRE y más tarde la CNT).

Demográficamente, España creció lentamente debido a la alta mortalidad. Se intensificó el éxodo rural hacia ciudades industriales como Barcelona, Bilbao y Madrid, donde se desarrollaron los ensanches (como el Plan Cerdá).

Las desamortizaciones. La España rural del siglo XIX. Industrialización, comercio y comunicaciones

Para modernizar la economía agraria, se llevaron a cabo las desamortizaciones (expropiación y subasta de tierras de «manos muertas»):

  • Desamortización de Mendizábal (1837): Bienes del clero regular.
  • Desamortización de Espartero (1841): Bienes del clero secular.
  • Desamortización de Madoz (1855): Bienes civiles y municipales.

Aunque buscaron reducir la deuda y crear una clase media, los resultados fueron negativos para el campesinado, ya que las tierras acabaron en manos de la oligarquía.

Industrialización y transporte

La industrialización fue lenta, destacando el sector textil en Cataluña y la siderurgia en el País Vasco. La minería creció con capital extranjero. El ferrocarril (Leyes de 1851 y 1855) fue el gran motor de modernización, con una red radial centrada en Madrid. En el plano financiero, se creó la peseta (1868) y el Banco de España.

Institucionalización del régimen. Relaciones internacionales y etapas políticas

La dictadura de Francisco Franco (1939-1975) evolucionó en tres etapas:

  1. 1939-1959: Institucionalización y autarquía. El régimen pasó del fascismo al nacionalcatolicismo. Tras el aislamiento inicial, la Guerra Fría facilitó el Concordato con la Santa Sede y los Pactos de Madrid con EE. UU. (1953), permitiendo el ingreso en la ONU (1955).
  2. 1959-1973: El Desarrollismo. Los tecnócratas impulsaron el Plan de Estabilización de 1959, liberalizando la economía y provocando el «milagro económico». Se aprobó la Ley de Prensa (1966) y Juan Carlos I fue designado sucesor.
  3. Años 70: Crisis y descomposición. Marcada por el asesinato de Carrero Blanco (1973), la crisis del petróleo y el conflicto del Sáhara Occidental (Marcha Verde).

Transformaciones sociales y económicas durante el franquismo

La posguerra fue una época de hambre, cartillas de racionamiento y estraperlo bajo un modelo autárquico fracasado. El cambio radical llegó con el Plan de Estabilización de 1959, que abrió España al mercado exterior y al turismo.

Socialmente, se produjo un éxodo rural masivo y la aparición de una amplia clase media consumista (simbolizada por el SEAT 600). Mejoró la alfabetización y se implementó la Ley de Bases de la Seguridad Social (1963).

La represión, el exilio y los movimientos de protesta contra la dictadura

El régimen se sostuvo mediante leyes represivas (Ley de Responsabilidades Políticas). Esto provocó el exilio de medio millón de personas y la aparición del maquis (guerrilla armada). Con el tiempo, la oposición se trasladó a la universidad, las fábricas (Comisiones Obreras) y sectores de la Iglesia. En 1962, la oposición se reunió en el llamado Contubernio de Múnich. En los años 70, la oposición se unificó en la Platajunta para reclamar democracia.

La evolución política tras la muerte de Franco. Retos, logros, dificultades y resistencias

Tras la muerte de Franco en 1975, se inició la Transición. El rey Juan Carlos I y Adolfo Suárez impulsaron la reforma desde la legalidad vigente. La Ley para la Reforma Política (1976) fue el instrumento clave para desmantelar el franquismo.

En 1977 se legalizaron los partidos (incluido el PCE) y se celebraron las primeras elecciones democráticas, que ganó la UCD. El proceso enfrentó resistencias del «búnker» y el terrorismo de ETA, el GRAPO y la extrema derecha (Matanza de Atocha).

La Constitución de 1978. El Estado de las Autonomías

Para afrontar la crisis, se firmaron los Pactos de la Moncloa. Paralelamente, los «padres de la Constitución» redactaron un texto de consenso. La Constitución de 1978, ratificada el 6 de diciembre, define a España como:

  • Un Estado social y democrático de derecho.
  • Una monarquía parlamentaria.
  • Un Estado descentralizado organizado en Comunidades Autónomas (principio de «café para todos»).

Este marco legal permitió la modernización definitiva de España y su plena integración en el contexto internacional europeo.

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