8.2. La monarquía hispánica de Felipe II. La unidad ibérica

1.

INTRODUCCIÓN.-

Felipe II (1556-1598) recibió de su padre la mayor parte de sus dominios, con la ventaja añadida de que, al heredar su tío Fernando el cargo de emperador, los reinos hispánicos se desvincularon de los problemas inherentes al trono imperial germánico, problemas que tantos quebraderos de cabeza dieron a Carlos V. Fue un hombre muy religioso, trabajador incansable y de carácter desconfiado e introvertido. Siendo, como era, prácticamente un monarca absoluto, su personalidad condicionó la tarea de gobierno. Durante su reinado fue el hombre más poderoso del mundo, especialmente al convertirse también en rey de Portugal y de su imperio, lo cual no impidió la aparición de ciertos problemas y contratiempos que tuvo que afrontar. La gran obsesión de Felipe II fue la unificación interior, tanto desde el punto de vista político como religioso. Felipe II, una de las grandes figuras de la Historia
Universal, es un monarca controvertido. En España se le ha llamado el Rey Prudente y fuera de España la Leyenda Negra lo calificó como el Diablo del Mediodía. Las investigaciones actuales están dándonos una justa medida de su personalidad. Hay otros hechos como el severo ceremonial borgoñón, las vestiduras negras, distanciamiento de los súbditos, sacralización de sus persona, que le hacen antipático; otro tanto puede decirse de su afán por controlar todos los asuntos del Estado, lo que a pesar del desarrollo de la burocracia le llevó en numerosas ocasiones a la casi paralización del gobierno. Antes de ser rey, Felipe II había sido regente de los dominios de su padre en la península; después fue monarca consorte en Inglaterra y más tarde, soberano en los Países Bajos. Tras la batalla de San Quintín regresó a la Península Ibérica, de donde no se ausentó jamás. El reinado hubo de adaptarse a unas condiciones muy diferentes a las de Carlos V: una corte establecida por el rey en un lugar fijo, Madrid; la “hispanización” de la política, todas las decisiones eran adoptadas por un rey castellano y asistido por consejeros también españoles, de ahí el nombre de “monarquía hispánica”; la sustitución de la política universal por la confesional. Felipe podía aspirar a ser el líder de los católicos, por eso impulsó en España, bajo su dirección, la Contrarreforma; la reactivación, en el interior de la península, de las rebeliones. Este fenómeno estuvo muy relacionado con el aumento del autoritarismo político y religioso de Felipe II. Se mostró muy activo en los asuntos de gobierno, desconfiaba por lo general de sus subordinados y supervisaba en persona la actividad administrativa.

2. POLÍTICA INTERIOR

Su política interior se apoyó en dos bases: el absolutismo de la monarquía y la intolerancia religiosa. Ésta última era consecuencia no sólo de sus convicciones personales, sino también de sus pretensiones absolutistas, ya que en una época de crisis religiosa, como la que le tocó vivir a Felipe II, el descontento social y político a menudo se manifestaba en forma de crítica y disensión religiosa. Felipe II realizó algunas modificaciones al sistema polisinodial de su padre, que al final presentaba la siguiente estructura: a) el Consejo de Estado, creado por Carlos I e integrado por personalidades de los diferentes reinos, representaba el principio de unidad de la monarquía, por encima de los demás Consejos. Sus competencias incluían los asuntos más importantes, como la política exterior, la guerra y la paz y todo lo relacionado con las grandes cuestiones de Estado. Lo presidía el propio rey. b) Los Consejos territoriales, cuyo cometido eran los asuntos específicos de cada reino o territorios, eran un exponente de la gran diversidad de la monarquía. c) Los Consejos técnicos tenían funciones concretas sobre asuntos que requerían una atención particular, como el de la Inquisición, Órdenes Militares, Hacienda o Guerra. Dentro de este sistema adquirieron una gran importancia los secretarios de los Consejos, que actuaban como puente entre el monarca y el Consejo al que pertenecían. El secretario personal del rey, era al mismo tiempo, secretario del Consejo de Estado. El rasgo más característico del sistema fiscal de los Austrias era la multiplicidad de contribuciones, que variaban de unos lugares a otros y que no afectaban por igual a todos los súbditos. La Corona de Castilla era el territorio que más contribuía al mantenimiento de la monarquía. Los principales tipos de ingresos eran: rentas ordinarias.- impuestos sobre diferentes actividades, como las transacciones comerciales o la circulación de mercancías. Los servicios.- impuestos directos y personales, que requerían la aprobación de las Cortes y de los que estaban exentos la nobleza y el clero. Las contribuciones del clero.- cesión parcial a la Corona de las cuantiosas rentas que recibía la iglesia, de carácter voluntario. Los caudales de Indias.- ingresos procedentes de América, sometidos a grandes fluctuaciones anuales. Los gastos de cualquier monarquía del siglo XVI abarcaban un ámbito mucho menor que los de un Estado actual, se pueden resumir en tres apartados principales: 1. el mantenimiento de la monarquía y la Casa Real. 2. los sueldos y gastos de la burocracia estatal 3. los gastos militares. El déficit fiscal se convirtió en crónico y la Corona optó por recurrir a diversas soluciones para obtener más ingresos: la solicitud de préstamos a los grandes banqueros españoles, la emisión creciente de títulos de Deuda Pública, la venta de cargos o de jurisdicciones sobre villas y lugares de realengo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *