La Primera República Española (febrero 1873 – enero 1874)
El vacío de poder hizo que republicanos y radicales monárquicos se unieran para salvar el ideario democrático de la revolución de 1868. Su lema fue “orden, justicia y libertad”. El primer gobierno republicano estuvo formado por una coalición de radicales y republicanos, y presidido por Estanislao Figueras. Los radicales querían una República unitaria, mientras que los republicanos renunciaban a la proclamación inmediata de la República federal, dejando esta decisión para las Cortes. Sin embargo, esta Primera República solo fue reconocida internacionalmente por Estados Unidos.
Los dirigentes republicanos se encontraron con una doble oposición:
- Por un lado, los radicales: republicanos monárquicos y unitarios (derecha).
- Por otro, los intransigentes: partidarios del inmediato establecimiento de la República federal, aunque fuera por la vía de la revolución.
La desilusionada y frustrada masa federal intentó proclamar el Estado catalán dentro de la República Federal española. La radicalización se extendió a los campesinos, que identificaron la República con el reparto de tierras. En Andalucía, estos brotes revolucionarios desembocaron en graves disturbios como el de Montilla, en Córdoba.
Los republicanos federales gobernaron solos, puesto que los radicales intentaron derribar el gobierno por la fuerza e impedir la convocatoria de Cortes Constituyentes. Tuvieron que hacer frente a la reactivación de las guerras carlistas y a la oposición del resto de partidos políticos.
El 1 de junio de 1873 se convocaron Cortes Constituyentes, nombrándose un nuevo gobierno presidido por Pi i Margall. Las elecciones a Cortes Constituyentes dieron una abrumadora mayoría a los republicanos federales.
El Proyecto de Constitución Federal de 1873
Emilio Castelar se encargó de redactar un proyecto de constitución según el ideario federalista. La Constitución de 1873 no llegó a aprobarse por el estallido de los movimientos cantonalistas, la conflictividad social, la extensión de la guerra carlista y el problema cubano. Sus principales puntos eran:
- La total separación entre Iglesia y Estado y el establecimiento del matrimonio civil.
- La separación de poderes, con la creación de un cuarto poder, el Poder de Relación, en manos del presidente de la República.
- Una estructura federal con 17 estados, incluyendo Cuba y Puerto Rico, para evitar problemas coloniales.
- Cada estado podía elaborar su propia constitución, dentro de los límites de la constitución federal.
- Mantenía derechos similares a los de la Constitución de 1869.
En julio dimitió Pi i Margall y le sustituyó Nicolás Salmerón, que produjo un giro conservador. Para acabar con el movimiento cantonal y los levantamientos, se aumentó la presión social en las calles, se reprimió la Primera Internacional y se reforzó el ejército y la Guardia Civil. En septiembre, Castelar fue nombrado presidente y gobernó por decreto. El gobierno salió fortalecido como árbitro de las tres guerras y sofocó el levantamiento cantonalista casi en su totalidad. Pero el 3 de enero de 1874, el general Pavía dio un golpe de Estado en las Cortes mientras votaban la sustitución de Castelar.
El movimiento cantonal
El cantonalismo buscó hacer realidad el ideal de la República federal «desde abajo», es decir, la formación de unos poderes locales fuertes y autónomos –cantones– como medida para contrarrestar el centralismo. La sublevación federal cantonalista fue protagonizada por estudiantes, intelectuales y políticos provincianos, a los que se sumaron artesanos, tenderos y asalariados de diversos tipos. El principal foco fue la sublevación de Cartagena, que contó con el apoyo de parte de la Armada. Para sofocar estos levantamientos, Salmerón empleó a militares monárquicos, que acabaron con el movimiento cantonal durante el verano de 1873.
Orígenes del Movimiento Obrero en España
El movimiento obrero en España, al igual que en el resto de Europa, tiene su origen en las consecuencias sociales y las políticas liberales devenidas de la Revolución Industrial. Tuvo su cuna en Cataluña y recibió su impulso de los núcleos industriales y mineros. Sin embargo, es preciso no olvidar que la realidad socioeconómica en el caso español era distinta a la de los países industrializados de Europa occidental, ya que la masa proletaria de nuestro país en esta época era mayoritariamente de proletariado rural.
La palabra clave para entender el movimiento obrero es asociación. El proletariado comprende que solo puede afirmar sus derechos mediante una acción colectiva, ya que carece de una situación económica estable y está indefenso si comparece aislado frente al empresario, por lo que la estrategia es la asociación. En los orígenes del movimiento obrero español, conviene distinguir entre las actitudes espontáneas que brotan del proletario español y el influjo de teorías y doctrinas que proceden del exterior. También hay que tener en cuenta el limitado número de efectivos del proletariado industrial en nuestro país.
El factor del movimiento obrero guarda relación con la tipología de los conflictos, ya que es el órgano de formación y expresión de la conciencia colectiva, a la vez que el instrumento de práctica histórica del movimiento obrero y, en general, de los trabajadores. Las condiciones de trabajo estaban basadas en la producción a destajo, salarios mínimos de subsistencia, y el ritmo de trabajo lo imponía la máquina; el trabajador perdió el control sobre el proceso productivo.
En el campo de las ideas de la cuestión social, entraron en nuestro país, provenientes de la ideología de los socialistas utópicos de Europa, quienes consiguieron que sus ideas tuvieran especial arraigo en una clase media (socialistas utópicos españoles) que se caracterizaba por mostrarse abierta a las nuevas corrientes y tener un espíritu crítico de la sociedad en la que vivían.
La Restauración Borbónica: Características y Funcionamiento del Sistema Canovista
El pronunciamiento militar de Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874 significó la restauración de la monarquía en la persona de Alfonso XII, hijo de Isabel II. El personaje clave del momento fue Antonio Cánovas del Castillo, ideólogo del complejo sistema político que duraría medio siglo. Ya en el Manifiesto de Sandhurst (1874), elaborado por Cánovas, firmado por Alfonso XII en el exilio y publicado dos días antes del golpe de Martínez Campos, se observan las líneas maestras del futuro régimen.
La Constitución de 1876
El régimen de la Restauración se dotó de una nueva constitución que, en lo fundamental, es heredera de la moderada de 1845. Se reunieron unas Cortes constituyentes con mayoría conservadora. En ellas se debatió y aprobó un anteproyecto redactado por Alonso Martínez, aunque su verdadero inspirador fue el propio Cánovas del Castillo.
Principales rasgos de la Constitución:
- Soberanía compartida entre las Cortes y el Rey, lo que significaba la negación de la idea de soberanía nacional.
- Cortes Bicamerales:
- Congreso: Elegido por los ciudadanos.
- Senado: En el que se representan las clases poderosas del país, con senadores “de derecho propio” (Grandes de España y jerarquías eclesiásticas y militares), senadores “vitalicios” (nombrados por el rey) y senadores elegidos por sufragio censitario entre los mayores contribuyentes.
- Fortalecimiento del poder de la Corona, que se constituyó como eje del Estado:
- Poder ejecutivo: Designación de los ministros y mando directo del ejército.
- Poder legislativo compartido con las Cortes: Derecho de veto absoluto sobre las leyes aprobadas por las Cortes y poder de convocar, suspender o disolver las Cortes.
- Reconocimiento teórico de derechos y libertades, que en la práctica fueron limitados o aplazados durante los gobiernos de Cánovas, principalmente los derechos de imprenta, expresión, asociación y reunión.
- No se especificaba el tipo de sufragio para elegir el Congreso. Posteriormente, bajo el gobierno del Partido Conservador de Cánovas se aprobó la Ley Electoral de 1878, que establecía el voto censitario, limitado a los mayores contribuyentes. En 1890, con el Partido Liberal de Sagasta en el poder, se aprobó el sufragio universal masculino.
- Recorte de la libertad religiosa. La religión católica fue declarada religión oficial del Estado. En consecuencia, se restableció el presupuesto del clero para financiar a la Iglesia.
El Reinado de Alfonso XII (1875-1885): El Turno de Partidos y el Caciquismo
Cánovas diseñó un sistema basado en el turno pacífico de dos partidos en el poder: el Partido Conservador, dirigido por el propio Cánovas del Castillo y heredero del moderantismo, y el Partido Liberal, liderado por Sagasta, al que se unirían progresistas y demócratas del Sexenio. El sistema de turno tuvo la gran virtud de garantizar la alternancia pacífica en el poder, poniendo fin durante un largo periodo al intervencionismo militar y a los pronunciamientos. Sin embargo, el turno fue un puro artificio político, destinado a mantener apartadas del poder a las fuerzas que quedaban fuera del estrecho sistema.
Una vez acordada la alternancia, se producía el siguiente mecanismo: el rey nombraba un nuevo jefe de Gobierno y le otorgaba el decreto de disolución de Cortes. El nuevo gobierno convocaba unas elecciones completamente adulteradas y fabricaba los resultados mediante el encasillado.
El caciquismo
El fraude electoral generalizado que caracterizó el sistema del turno tuvo lugar en el contexto de un país agrario y atrasado. La clave de la adulteración electoral estaba en los “caciques”, que eran los encargados de llevar a la práctica los resultados electorales acordados por las élites de los partidos. Los caciques eran personajes ricos e influyentes en la España rural (terratenientes, prestamistas, notarios, comerciantes…) que amañaban las elecciones. Los métodos desplegados por los caciques durante las elecciones fueron muy variados: violencia y amenazas, o cambio de votos por favores.
La Oposición al Sistema
Los carlistas
El carlismo entró en una grave crisis tras su derrota total en 1876. Se organizaron en un partido político liderado por Cándido Nocedal.
Los partidos republicanos
Tras el fracaso de la Primera República, los republicanos tuvieron que recomponerse. Estuvieron bastante desorganizados y divididos. Castelar evolucionó hacia posturas cada vez más moderadas y fundó el Partido Republicano Posibilista.
El movimiento obrero: anarquistas y socialistas
- Anarquistas: Grupo mayoritario en España. Tras la Ley de Asociaciones de 1881, aprobada por el gobierno liberal de Sagasta, se lanzaron a una intensa actividad organizativa y de luchas sociales. Nació la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), el mayor sindicato español con gran fuerza entre los obreros agrícolas andaluces y los obreros industriales catalanes.
- Socialistas: Minoritarios en nuestro país. Todavía de forma clandestina, en 1879 nació en Madrid el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
La oposición intelectual
Pensadores, profesores universitarios y novelistas se mostraron contrarios a un sistema que impedía la modernización del país y la aproximación a la Europa avanzada.
Regionalismo y Nacionalismo
Nacen en Cataluña y el País Vasco movimientos que cuestionan la existencia de una única nación española en España. El punto de partida de los argumentos nacionalistas consiste en afirmar que Cataluña y el País Vasco son naciones y que, por consecuencia, tienen derecho al autogobierno.
El nacionalismo catalán
Cataluña y los demás reinos de la Corona de Aragón habían perdido sus leyes y fueros particulares con los Decretos de Nueva Planta, tras la guerra de Sucesión. Se inicia la Renaixença, un movimiento intelectual, literario y apolítico, basado en la recuperación de la lengua catalana. Valentí Almirall creó el Centre Català, una organización política que reivindicaba la autonomía y denunciaba el caciquismo de la España de la Restauración. Enric Prat de la Riba fundó la Unió Catalanista (1891), de ideología conservadora y católica. Al año siguiente, esta organización aprobó las denominadas Bases de Manresa. En 1901 nació la Lliga Regionalista, con Francesc Cambó como principal dirigente y Prat de la Riba como ideólogo. Fue un partido conservador, católico y burgués con dos objetivos principales: autonomía política para Cataluña dentro de España y defensa de los intereses económicos de los industriales catalanes.
El nacionalismo vasco
La defensa de los fueros vascos quedó ligada a la causa carlista durante el siglo XIX. Las sucesivas derrotas de los carlistas llevaron a la abolición de los fueros en 1876. La burguesía vizcaína, enriquecida por la naciente revolución industrial, fue el terreno social en el que nació el nacionalismo vasco. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) fue fundado por Sabino Arana Goiri en 1895, con un ideario basado en la independencia de Euskadi, la creación de un estado vasco independiente y un radicalismo antiespañol.
La Guerra Colonial y la Crisis de 1898
Antecedentes de la independencia cubana
Surgieron en Cuba algunas sociedades secretas afines a un cierto grado de autonomía e incluso a la independencia, como Soles y Rayos (1822) o la Legión del Águila Negra (1830). Estas sociedades secretas fueron duramente perseguidas por el gobierno metropolitano y sus acciones fracasaron rotundamente.
La Guerra de los Diez Años (1868-1878)
Con el Grito de Yara (1868), un pueblecito tomado por los rebeldes, dio comienzo la Guerra de los Diez Años, caracterizada por la continua guerra de guerrillas, los saqueos y las atrocidades por parte de ambos bandos. El fin del convulso Sexenio Democrático, la Restauración monárquica (1875) y el fin de la guerra carlista (1876) permitieron al gobierno español prestar mayor atención al problema cubano. Tras diez años de guerra, Cuba había sufrido pérdidas demográficas y económicas considerables, y la producción de azúcar descendió notablemente. Es en este contexto donde hay que entender la penetración económica de Estados Unidos, que hacia 1890 controlaba la isla económicamente, aunque no políticamente.
La Guerra Chiquita (1879-1880)
Tras la Paz de Zanjón, algunos rebeldes cubanos no aceptaron el pacto y prosiguieron la insurrección en la parte oriental de la isla. Es lo que se conoce como la “Guerra Chiquita”. Entre estos líderes destaca Antonio Maceo, que en 1880 tuvo que exiliarse a Jamaica.
La Guerra de Independencia y la entrada de Estados Unidos (1895-1898)
Estas ideas independentistas fueron madurando gracias, entre otros, a José Martí (1853-1895), fundador del Partido Revolucionario Cubano (1882), clandestino y con sede en Nueva York. Esto y las promesas incumplidas por el gobierno español hicieron que en 1895 estallara una nueva insurrección a partir del famoso Grito de Baire (1895) y la posterior publicación por parte de Martí y Máximo Gómez del Manifiesto de Montecristi, verdadero programa del movimiento independentista.
En 1896, se produjo una rebelión en las Islas Filipinas. La colonia española del Pacífico había recibido una escasa inmigración española y contaba con una débil presencia militar, reforzada por un importante contingente de misioneros. Los intereses españoles eran mucho menores que en Cuba, pero se mantenían por su producción de tabaco y por ser una puerta de intercambios comerciales con Asia.
La situación cambió en 1897, cuando la guerra en Cuba parecía estancada. En España, el presidente Cánovas fue asesinado por el anarquista italiano Miguel Angiolillo, siendo sustituido en la presidencia del gobierno por Sagasta. Por el Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, España renunciaba definitivamente a su soberanía sobre Cuba, que declaró su independencia, y cedió a Estados Unidos las Islas Filipinas, Guam y Puerto Rico.
Las Consecuencias del Desastre del 98
Consecuencias para Cuba
La independencia de Cuba fue más retórica que real, ya que el sistema económico seguía siendo controlado por Estados Unidos, y la inclusión de la llamada Enmienda Platt (1901) en la constitución de la nueva república cubana lo confirmaba. Además, se incluía el arrendamiento de la base naval de la bahía de Guantánamo, situación que persiste en la actualidad.
Consecuencias para España
El Desastre del 98 supuso el descrédito internacional de España, que pasó a ser una potencia secundaria. La apabullante derrota ante EE. UU. y la pérdida de más de 50.000 combatientes provocaron, aparte de las pérdidas económicas, una intensa conmoción en la sociedad española. Esta conmoción nacional provocó una profunda crisis de la conciencia nacional que marcó la obra crítica de los diversos autores que componen la Generación del 98. En definitiva, el desastre del 98 significó el fin de la España de la Restauración tal como la había diseñado Cánovas. Este régimen comenzó su largo declive, que culminaría con el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera en 1923.