Crisis sucesoria de Fernando VII y el tránsito político en España (1814-1878): regencias, guerra y Restauración

1. Sucesos sucesorios y conflictos del reinado de Fernando VII

1.1 El problema sucesorio de Fernando VII

1.1 El problema sucesorio de Fernando VII fue que, en 1829, Fernando VII contrajo matrimonio con María Cristina de Borbón, quien dio a luz a Isabel en 1830. Para asegurar su sucesión, el rey promulgó la Pragmática Sanción, que anulaba la Ley Sálica e introducía el derecho de sucesión femenino. Esto provocó la oposición de los carlistas, seguidores de Carlos María Isidro, que defendían el mantenimiento de la Ley Sálica. A la muerte del rey en 1833, Isabel II fue proclamada reina bajo la regencia de María Cristina y Carlos María Isidro se autoproclamó rey, iniciando la Primera Guerra Carlista.

1.2 Presidentes de la I República y sus principales problemas

1.2 Los presidentes de la I República y sus principales problemas fueron:

  • Estanislao Figueras: intentó implementar reformas como la supresión del impuesto de consumos, pero su falta de apoyo y los desórdenes públicos lo llevaron a dimitir.
  • Pi y Margall: defensor de una república federal, intentó hacer frente al cantonalismo, iniciado en Cartagena y extendido por toda España, pero su incapacidad para controlarlo lo obligó a renunciar.
  • Salmerón: tuvo que hacer frente a la guerra carlista, la independencia cubana y al cantonalismo; al negarse a firmar condenas de muerte contra líderes cantonalistas, también dimitió.
  • Castelar: adoptó una postura conservadora y autoritaria, pero tampoco logró estabilizar el régimen.

1.3 La Paz de Zanjón

1.3 La Paz de Zanjón fue el acuerdo que puso fin a la Guerra Larga (1868-1878) en Cuba, a cambio de una amnistía para los insurrectos, la concesión de autonomía y la abolición de la esclavitud, así como la promesa de reformas políticas y administrativas por las que Cuba tendría representantes en las Cortes españolas.

2. Fuente iconográfica y síntesis del sistema de la Restauración

2a. Fuente iconográfica

2a. Es una fuente iconográfica, más concretamente una fotografía de naturaleza primaria publicada en la revista El Loro en 1882, durante el periodo de la Restauración borbónica en España, caracterizado por la alternancia en el poder entre conservadores y liberales, bajo el sistema político diseñado por Antonio Cánovas del Castillo. El contenido de la imagen refleja a Cánovas del Castillo y a Sagasta dándose la mano, lo que simboliza la colaboración política entre conservadores y liberales dentro del sistema del turno pacífico. Esta práctica consistía en la alternancia pactada de ambos partidos en el gobierno para garantizar la estabilidad del régimen monárquico y la permanencia de la Constitución, evitando conflictos abiertos y asegurando el control político de la élite.

2b. Características del régimen restauracionista

2b.

  • Constitución de 1876: quedó situada entre la moderada de 1845 y la democrática de 1869. Establecía una soberanía compartida entre el Rey y las Cortes. Incluía una declaración de derechos que, en la práctica, no siempre se llevaba a cabo. Declaraba al Estado y a la enseñanza como católicos.
  • Turno de partidos: Cánovas del Castillo era el líder de los conservadores (moderados) y Sagasta el de los liberales. A partir de 1885 se formalizó el llamado Pacto del Pardo, por el cual se consolidó un sistema de rotación en el poder, supervisado por el Rey. Esto se mantuvo mediante elecciones amañadas durante gran parte del reinado de Alfonso XII y años posteriores, con prácticas como el encasillado y el pucherazo.
  • Caciquismo: los caciques eran jefes locales de un partido político que controlaban un área electoral. Influenciaban y amenazaban a los campesinos para que votasen lo que ellos querían. Este control se sostenía por la miseria y la inseguridad de los campesinos, el alto grado de analfabetismo y la escasa atención política en las zonas rurales.

3. Regencias, pronunciamientos y la Primera Guerra Carlista

3a. Regencia de María Cristina, Espartero y la Primera Guerra Carlista

3a. Regencia de M. Cristina, Espartero y la 1ª G. carlista

La primera etapa se trata del sexenio absolutista (1814-1820) que, tras la derrota napoleónica y el regreso de Fernando VII, el rey fue recibido como «el Deseado». A través del Manifiesto de los Persas, la nobleza y el clero le solicitaron restablecer el absolutismo, aboliendo las medidas liberales de las Cortes de Cádiz. El 4 de mayo de 1814, Fernando derogó la Constitución de 1812 y las leyes aprobadas durante el periodo liberal, instaurando el Antiguo Régimen. Esto ocurrió en un contexto de restauración absolutista en Europa liderada por el Congreso de Viena (1815).

En España, el país estaba devastado tras la Guerra de Independencia, con una crisis económica, demográfica y política. Además, la independencia de las colonias americanas avanzaba rápidamente, debilitando las finanzas del Estado. Durante este periodo, surgieron pronunciamientos liberales (Espoz y Mina, Porlier), que fracasaron por falta de apoyo popular. Solo el pronunciamiento de Riego, en 1820, en Cádiz logró éxito.

En la segunda etapa se encuentra el trienio liberal (1820-1823), que comienza cuando, gracias al pronunciamiento de Riego, Fernando VII tuvo que jurar la Constitución de 1812, dando paso a un régimen liberal. Este periodo se caracterizó por la división entre liberales moderados (que buscaban cambios limitados para mantener la estabilidad) y exaltados (que defendían reformas más radicales y rápidas), lo que generó tensiones internas y obstaculizó las reformas. Además, el gobierno enfrentó la oposición de Fernando VII, quien buscaba restaurar el absolutismo.

La situación internacional también fue determinante: Fernando VII tuvo que solicitar ayuda a la Santa Alianza para recuperar su soberanía. El Congreso de Verona (1822) autorizó la intervención militar de Francia. En 1823, los Cien Mil Hijos de San Luis, bajo el mando del duque de Angulema, derrotaron al ejército liberal, restaurando el absolutismo de Fernando VII.

3a2. Década ominosa y crisis sucesoria

3a2. Como tercera y última etapa está la década ominosa (1823-1833), la cual estuvo marcada por la represión contra los liberales y la vuelta al absolutismo más rígido. Sin embargo, Fernando VII adoptó una postura más pragmática hacia el final de su reinado, introduciendo tímidas reformas en un intento de calmar las tensiones internas. A pesar de ello, el descontento creció tanto entre los sectores liberales como entre los absolutistas radicales.

En lo económico, la crisis continuó, agravada por la pérdida de las colonias americanas y la incapacidad del gobierno para modernizar el sistema fiscal. Políticamente, el periodo estuvo dominado por la cuestión sucesoria. En 1829, Fernando VII contrajo matrimonio con María Cristina de Borbón, quien dio a luz a Isabel en 1830. Para asegurar su sucesión, el rey promulgó la Pragmática Sanción, que anulaba la Ley Sálica e introducía el derecho de sucesión femenino. Esto provocó la oposición de los carlistas, seguidores de Carlos María Isidro, hermano del rey, que defendían el mantenimiento de la Ley Sálica.

Se formó así una crisis sucesoria en la que la Pragmática Sanción fue derogada temporalmente durante los Sucesos de La Granja en 1832, pero Fernando VII la restableció antes de morir en 1833. A su muerte, su hija Isabel II, de tres años, fue proclamada reina bajo la regencia de María Cristina. Carlos María Isidro no aceptó esta decisión y se autoproclamó rey, iniciando la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Este conflicto enfrentó a carlistas (absolutistas) y liberales (isabelinos), marcando el inicio de las guerras civiles en España.

3b. Documento primario y llamado a la movilización carlista

3b. Es un texto primario, fechado el 7 de octubre de 1833, con temática política. En él, Carlos V llama a los alaveses a unirse a su causa para defender la religión, los fueros y la monarquía, y combatir a los liberales, a quienes acusa de inmorales y destructores del orden establecido.

La idea principal del texto es que Carlos V convoca a los alaveses a apoyarle para proteger la religión, los fueros y la monarquía frente a los liberales. Se apoya en varias ideas: acusa a los liberales de inmorales y enemigos del orden; presenta la causa como defensa de Dios y de los altares; destaca que la acción de los alaveses será decisiva para la felicidad de la patria y la consolidación del trono; y plantea el conflicto como una lucha entre el bien (Carlos V y los tradicionales) y el mal (los liberales).

Tras la muerte de Fernando VII en 1833, su hija Isabel II fue proclamada reina, aunque al ser menor de edad, el gobierno recayó en regentes, iniciando un periodo de gran inestabilidad política. La primera regencia correspondió a María Cristina de Borbón (1833-1840), quien gobernó apoyándose inicialmente en los moderados, con figuras como Cea Bermúdez y Martínez de la Rosa. Durante su mandato se promovieron reformas como el Estatuto Real de 1834, que establecía una monarquía moderada con soberanía compartida entre la Corona y las Cortes, y la división territorial de Javier de Burgos, que organizó España en provincias. Sin embargo, la presión popular, los conflictos religiosos y las dificultades de la guerra llevaron al Motín de La Granja (1836), que obligó a María Cristina a aceptar un gobierno progresista liderado por Mendizábal, impulsando medidas como la desamortización eclesiástica y la Constitución de 1837, que establecía la soberanía nacional, la división de poderes y un sistema parlamentario con sufragio censitario.

3b2. Regencia de Espartero y desarrollo de la Primera Guerra Carlista

3b2. En 1840, María Cristina abdicó y asumió la regencia el general Espartero (1840-1843), reconocido por su papel en la guerra carlista. Su gobierno fue progresista pero autoritario y generó rechazo entre los moderados y la población, especialmente por su gestión de conflictos como el descontento industrial en Cataluña y el bombardeo de Barcelona en 1842. La falta de apoyo condujo a su caída tras un golpe liderado por Narváez, que adelantó la mayoría de edad de Isabel II, permitiendo que la reina asumiera el trono con solo 13 años.

La Primera Guerra Carlista (1833-1840) fue un conflicto dinástico y político entre los carlistas, partidarios del absolutismo y de Carlos María Isidro, y los isabelinos, defensores del liberalismo y de Isabel II. Se desarrolló en dos fases: en la primera (1833-1835), los carlistas, dirigidos por Zumalacárregui, lograron avances en el norte, especialmente en el País Vasco y Navarra, aunque sin conquistar ciudades estratégicas; en la segunda fase (1836-1840), los liberales, liderados por Espartero, frenaron y derrotaron a los carlistas, culminando con el Convenio de Vergara (1839), que permitió integrar a los oficiales carlistas en el ejército y mantener los fueros regionales. Este conflicto consolidó el liberalismo en España y definió la división entre moderados, progresistas y radicales dentro del movimiento liberal.

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