1.2 Los pueblos prerromanos y las colonizaciones históricas: Fenicios, Griegos y Tartessos
En el primer milenio, la Península Ibérica era un mosaico cultural diverso. En el suroeste, surgía el reino mítico de Tartessos, con una economía avanzada basada en la agricultura, la minería y el comercio de metales con los fenicios. Los íberos, en la costa mediterránea, eran tribus independientes con una sociedad estratificada que practicaba la agricultura, ganadería, minería y comercio. Los celtas y celtíberos, en el centro y oeste de la meseta, tenían una economía menos avanzada, conocían la metalurgia del hierro y vivían en castros organizados por una aristocracia guerrera. En la franja cantábrica, grupos como galaicos, astures, cántabros y vascones tenían raíces celtas.
Griegos y fenicios llegaron atraídos por los metales preciosos. Los fenicios establecieron enclaves comerciales, como Gadir, estimulando el desarrollo socioeconómico y cultural con aportes como la metalurgia del hierro, el torno cerámico, técnicas agrícolas, urbanismo y escritura. Los griegos fundaron colonias en la costa mediterránea (siglo VI a.C.), como Rosas, Ampurias y Sagunto, influyendo en el desarrollo de las poblaciones íberas.
1.3 Conquista y romanización de la Península Ibérica: Principales aportaciones romanas
Los romanos lograron establecer su dominio en toda la Península Ibérica, convirtiéndola en una provincia de su imperio en un proceso que se extendió por más de doscientos años. Este proceso se dividió en tres etapas:
- La ocupación del litoral mediterráneo y los valles del Guadalquivir y Ebro.
- La penetración en la Meseta, enfrentando resistencia indígena en las guerras celtibéricas y lusitanas.
- La sumisión de la franja cantábrica con la participación directa del emperador Augusto.
La romanización, entendida como la asimilación a los modos de vida romanos, varió en intensidad en la Península, siendo más pronunciada en el sur y este que en las regiones montañosas del norte. Factores como la organización territorial y administrativa, la urbanización y obras públicas, la integración económica a la estructura imperial, la difusión del latín, la implantación del derecho romano y la expansión del cristianismo contribuyeron a este proceso. Estos elementos se convirtieron en unificadores de la cultura occidental tras la caída del Imperio.
3.7 La Guerra de los Treinta Añosy la pérdida de la hegemonía española en Europa
Al iniciarse el reinado de Felipe III, la monarquía hispánica era la mayor potencia territorial y militar del planeta y disfrutaba de un periodo de paz que se vería interrumpido al involucrarse España en la Guerra de los Treinta Añoss. Este conflicto, librado principalmente en Europa central, era en apariencia una guerra religiosa, pero lo que en realidad estaba en juego era la hegemonía de los Habsburgo en Europa.
Con Felipe IV, su valido, el Conde-Duque de Olivares, lleva a cabo una política imperialista que le enfrentará con los territorios de su imperio y con Francia. Bajo la dirección del Cardenal Richelieu, ministro de Luis XIII, España ve retroceder sus posiciones en los frentes europeos. Esta desfavorable situación bélica, unida a la crisis económica y política (rebeliones de Portugal y Cataluña), da al traste con los ambiciosos proyectos de Olivares, quien es obligado a dimitir en 1643. Su sucesor, Luis de Haro, tendrá que afrontar la crisis y ocuparse de la pacificación, reconociendo la independencia de Holanda (Paz de Westfalia, 1648). Posteriormente, España reconocerá también la independencia de Portugal y finalmente firmará la paz con Francia en 1659 (Paz de los Pirineos). Aunque España no hacía grandes concesiones territoriales, la paz supuso el reconocimiento de la decadencia española y la aparición de Francia como potencia de primer orden.
3.6 Los Austrias del siglo XVII: El gobierno de validos y la crisis de 1640
El Absolutismo estuvo unido a la tendencia de los reyes a dejar la responsabilidad del gobierno en manos de personas de su confianza todopoderosas llamadas validos. Con Felipe III gobernaron en su propio beneficio el Duque de Lerma y su hijo, el Duque de Uceda. En 1609 se produce la expulsión de los moriscos, que agravó la crisis demográfica y económica de Castilla. En el ámbito internacional, se firman la Tregua de los 12 años con Holanda y la Paz de Londres con Inglaterra, cerrando frentes de guerra que la monarquía era incapaz de mantener abiertos.
Con Felipe IV gobierna el Conde-Duque de Olivares, quien intenta hacer las reformas necesarias para superar la crisis en que había caído Castilla. Para ello plantea la Unión de Armas, por la que todos los territorios deben contribuir a los gastos de guerra, y ya no solo Castilla. Ello provocó una crisis en 1640: el levantamiento de Cataluña de carácter independentista, con ayuda de Francia, iniciado con la sublevación del Corpus de Sangre, y el levantamiento simultáneo en Portugal, que no pudo sofocarse y acabaría dando lugar a la independencia de este en 1668. Los intentos de reforma de Olivares habían fracasado. Carlos II (1665-1700) contó con Juan José de Austria, el Duque de Medinaceli y el Conde de Oropesa, los cuales se centraron en la aplicación de medidas políticas y económicas.
3.5 Exploración y colonización de América: Consecuencias de los descubrimientos
La conquista española en América comenzó en las Antillas alrededor de 1517. Hernán Cortés lideró la conquista de México, apoderándose del territorio conocido como Nueva España tras la victoria en la batalla de Otumba en 1520. La segunda fase fue dirigida por Francisco Pizarro, quien conquistó Cuzco, formando el Virreinato del Perú en 1542. En América del Norte, Cabeza de Vaca exploró Florida, Tejas y California; en América del Sur, Orellana recorrió el Amazonas, mientras Almagro y Valdivia conquistaron Chile. Pedro de Mendoza fundó Buenos Aires.
La colonización tuvo consecuencias negativas para la población indígena, como el fuerte descenso demográfico y la pérdida de identidad cultural mediante una cristianización forzosa. Las críticas de Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria llevaron a la promulgación de las Leyes Nuevas (1542-43). La agricultura se benefició con nuevos cultivos, mientras que la introducción de metales preciosos provocó en España la Revolución de los precios.
4.1 La Guerra de Sucesión Española y el Sistema de Utrecht
En 1700, la muerte sin descendencia de Carlos II llevó a una disputa por el trono. Carlos II testó a favor de Felipe de Anjou (Borbón). Esto generó tensiones geopolíticas, formando Inglaterra, Holanda y Austria la Gran Alianza de la Haya en apoyo al archiduque Carlos de Austria. El conflicto fue también una guerra civil: la Corona de Aragón respaldó al archiduque Carlos, mientras Castilla apoyó a Felipe de Borbón.
La elección del archiduque Carlos como emperador de Alemania llevó a Inglaterra a firmar la Paz de Utrecht y los Acuerdos de Rastatt. Estos acuerdos reconocieron a Felipe V como rey de España, pero implicaron la pérdida de Menorca y Gibraltar. La política exterior se centró en los Pactos de Familia con Francia. Con Carlos III, el Tercer Pacto de Familia (1761) llevó a la intervención en la Guerra de los Siete Años y en la Guerra de Independencia de Estados Unidos, donde España recuperó Florida y Menorca.
4.3 La España del siglo XVIII: Expansión y transformaciones económicas
En el siglo XVIII, las reformas borbónicas y la recuperación del comercio colonial permitieron cierto crecimiento económico. En la agricultura, el principal obstáculo era el régimen de propiedad (tierras amortizadas). A pesar de las ideas de Jovellanos, no se implementó una Ley Agraria integral. En la industria, se promovió la manufactura real y el comercio protegido, estableciéndose el Banco de San Carlos.
Respecto al comercio con América, se promulgó el Reglamento de Libre Comercio en 1778. Cataluña experimentó un notable despegue económico: su agricultura se orientó al mercado y surgió una burguesía agraria que invirtió excedentes en modernizar el sector textil, sentando las bases para la futura revolución industrial.
4.2 La nueva monarquía borbónica: Decretos de Nueva Planta y modelo de Estado
Los primeros Borbones iniciaron reformas para establecer una monarquía absoluta, centralizada y unificada. Para ello impulsaron:
- Reformas en la administración y el gobierno.
- El control de la Iglesia (Regalismo).
- La intervención del Estado en la economía (Mercantilismo).
Felipe V aplicó los Decretos de Nueva Planta, que derogaban los fueros e instituciones de la Corona de Aragón. El territorio se dividió en provincias bajo Capitanías Generales e intendentes. En la administración central, se suprimieron los Consejos, excepto el de Castilla, y se intensificó el regalismo con el Concordato de 1753 (Patronato Universal).
4.4 Ideas fundamentales de la Ilustración y el Despotismo Ilustrado: Carlos III
La Ilustración se caracterizó por el culto a la razón, el espíritu crítico y la fe en el progreso. En España, fue la base del Despotismo Ilustrado, que buscaba reformar la sociedad sin cuestionar las bases del Antiguo Régimen. El máximo exponente fue Carlos III, quien, junto a ministros como Campomanes, Aranda y Floridablanca, implementó reformas clave:
- Religión: Expulsión de los jesuitas para reducir el poder eclesiástico.
- Economía: Reformas agrarias y el Decreto de Libre Comercio con América (1778).
- Urbanismo: Importantes cambios en la ciudad de Madrid.
Aunque estas reformas enfrentaron oposición, como el Motín de Esquilache, el legado de Carlos III fue fundamental para la modernización de España.