Pregunta 1: La Revolución Gloriosa (1868) y el Sexenio Democrático
La Revolución Gloriosa fue una sublevación militar con apoyo popular que tuvo lugar en septiembre de 1868 y que provocó el destronamiento y exilio de la reina Isabel II. Este hecho dio inicio al período conocido como Sexenio Democrático (1868-1874), un intento de ampliar el liberalismo implantando los principios del liberalismo democrático.
Causas de la Revolución
El reinado de Isabel II se caracterizó por el enfrentamiento entre los dos partidos liberales, pero siempre con el favor de la Corona hacia los moderados. Esto provocó el descontento de los progresistas, que veían imposible acceder al poder por medios pacíficos. A este problema político se unieron una profunda crisis económica y financiera (malas cosechas, crisis ferroviaria) y el desprestigio de la reina debido a su vida privada y su injerencia en la política. Esta situación llevó a la oposición (progresistas, demócratas y, más tarde, unionistas) a firmar el Pacto de Ostende (1866), cuyo objetivo era derrocar a Isabel II y convocar Cortes Constituyentes por sufragio universal.
Desarrollo y Gobierno Provisional
La revolución estalló en Cádiz con el pronunciamiento de los generales Topete, Serrano y Prim, y se extendió rápidamente por el resto de España con la formación de Juntas Revolucionarias que reclamaban profundos cambios democráticos, como la soberanía nacional y el sufragio universal. El lema «¡España con honra!» resumía el sentimiento de regeneración. Las tropas gubernamentales fueron derrotadas en la batalla del Puente de Alcolea, e Isabel II partió al exilio. Se formó un Gobierno Provisional presidido por Serrano, que convocó elecciones a Cortes Constituyentes.
La Constitución de 1869
Las Cortes, elegidas por primera vez por sufragio universal masculino, redactaron la Constitución de 1869, la primera de carácter democrático de nuestra historia. Esta Constitución establecía la soberanía nacional (residiendo el poder en las Cortes), una monarquía democrática como forma de gobierno, una amplísima declaración de derechos individuales (reunión, asociación, libertad de imprenta) y, por primera vez, la libertad de culto, aunque el Estado se comprometía a mantener el culto católico.
Consecuencias y nuevas etapas
La nueva Constitución necesitaba un rey, y Prim encontró en Amadeo de Saboya (hijo del rey de Italia) la figura ideal. Sin embargo, su reinado (1871-1873) fue inviable por el asesinato de Prim (su principal apoyo), la falta de apoyos sociales y políticos, y el inicio de la Tercera Guerra Carlista y la Guerra de Cuba. Su abdicación llevó a la proclamación de la Primera República (1873-1874), que intentó sin éxito implantar un modelo federal y se hundió por la división interna, el cantonalismo y la presión de las guerras. El Sexenio concluyó con el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto (1874), que restauró la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII.
La Primera República (1873-1874)
La Primera República fue proclamada por las Cortes el 11 de febrero de 1873, tras la abdicación de Amadeo I. Nacía sin apoyos sólidos y en un contexto de extrema dificultad, representando el último y fallido intento del Sexenio Democrático por implantar en España un régimen político avanzado que iba más allá del liberalismo individualista para adentrarse en el republicanismo democrático.
La falta de un modelo de Estado consensuado
Desde el primer momento, los propios republicanos se mostraron profundamente divididos acerca de cómo debía organizarse territorialmente la nueva República. Surgieron tres posturas claramente enfrentadas que imposibilitaron la creación de un proyecto común y estable:
- Los republicanos unitarios: Eran partidarios de una república centralizada, similar a la francesa, sin concesiones a las autonomías regionales. Defendían un gobierno fuerte desde Madrid.
- Los republicanos federales «gradualistas» o «benévolos»: Liderados por teóricos y políticos como Francisco Pi y Margall, defendían la construcción de una república federal «desde arriba». Su idea era que, una vez aprobada una Constitución federal, las Cortes repartieran el poder entre los diferentes Estados que compondrían la federación.
- Los republicanos federales «intransigentes» o cantonalistas: Eran partidarios de construir la federación «desde abajo», es decir, mediante la proclamación voluntaria e inmediata de cantones o estados prácticamente independientes, que luego, mediante un pacto, decidirían su unión. Esta postura, de fuerte base popular, especialmente en el arco mediterráneo, se convirtió en un precedente del anarquismo.
El proyecto de Constitución Federal de 1873
Tras las elecciones a Cortes Constituyentes, los federalistas «gradualistas» obtuvieron la mayoría, y Pi y Margall asumió la presidencia con el encargo de elaborar una nueva Constitución. El proyecto resultante, muy influido por la Constitución de Estados Unidos, definía a España como una República Federal. El texto proponía la división de España en 17 Estados federados, que gozarían de una amplia autonomía política y económica para organizar su gobierno y su vida interna. Establecía la separación total de la Iglesia y el Estado (laicismo), la abolición de la esclavitud en las colonias y una clara y rígida división de poderes, con un Presidente de la República como jefe del ejecutivo.
El estallido del movimiento cantonal y el hundimiento de la República
El proyecto de Constitución nunca llegó a aprobarse. El detonante fue la reacción de los federalistas «intransigentes», que, descontentos con la lentitud del proceso «desde arriba», se levantaron en julio de 1873 proclamando cantones independientes por toda la geografía española, especialmente en Levante y Andalucía. El más famoso y duradero fue el Cantón de Cartagena, que resistió durante meses. Esta insurrección cantonal, que sumió al país en una situación de rebelión y casi guerra civil, se unió a la continuación de la Tercera Guerra Carlista en el norte y a la Guerra de Cuba. Incapaz de controlar la situación con la ley, Pi y Margall dimitió. Sus sucesores, primero Nicolás Salmerón y luego Emilio Castelar, abandonaron el ideal federal y recurrieron al ejército para reprimir el cantonalismo de forma contundente, gobernando de manera autoritaria y suspendiendo las garantías constitucionales. Finalmente, en enero de 1874, el general Manuel Pavía dio un golpe de Estado entrando en el Congreso y disolviendo las Cortes, poniendo fin a la Primera República. Un gobierno provisional bajo el general Serrano mantuvo una república unitaria y autoritaria hasta que, en diciembre de 1874, el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto restauró la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII, cerrando definitivamente el ciclo del Sexenio Democrático.
Pregunta 3: La Restauración (Sistema Canovista y Constitución de 1876)
La Restauración es el período histórico que comienza en diciembre de 1874 con el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto, que proclamó rey a Alfonso XII (hijo de Isabel II), y se extiende hasta 1923. Su principal artífice y teórico fue Antonio Cánovas del Castillo, quien diseñó un sistema político estable, conservador y de inspiración liberal-doctrinaria, conocido como sistema canovista, para superar la inestabilidad del Sexenio Democrático y los continuos pronunciamientos militares.
Bases del sistema canovista
Cánovas buscaba un modelo que garantizara la paz social y la alternancia política sin poner en peligro el sistema. Para ello, lo asentó sobre tres pilares fundamentales:
- La Monarquía constitucional como forma de Estado: Se consideraba a la monarquía como algo superior a los partidos, un elemento arbitral y moderador. Sin embargo, era una monarquía de corte conservador y liberal-doctrinario, donde la Corona tenía un papel político central y activo.
- El bipartidismo y el turnismo pacífico: Se establecieron dos grandes partidos políticos, ambos monárquicos, liberales y que aceptaban la Constitución y la dinastía. Eran el Partido Conservador, liderado por el propio Cánovas (que agrupaba a moderados y unionistas), y el Partido Liberal-Fusionista, liderado por Práxedes Mateo Sagasta (que agrupaba a progresistas y algunos demócratas). El sistema se basaba en el turno pacífico: ambos partidos se alternaban de manera pactada en el gobierno, evitando así que la oposición recurriera a la violencia o a los pronunciamientos para acceder al poder.
- El fraude electoral como mecanismo de funcionamiento: Para asegurar que el turno se cumpliera sin sobresaltos y que el partido que debía gobernar tuviera siempre mayoría en las Cortes, se manipulaban sistemáticamente las elecciones. Este proceso, orquestado desde el Ministerio de la Gobernación, se llamaba encasillado (asignación previa de los escaños). El fraude era posible gracias al control de los caciques locales, especialmente en las zonas rurales, que controlaban el voto de los campesinos a cambio de favores personales y políticos. Se utilizaban además otras prácticas fraudulentas como el pucherazo.
La Constitución de 1876
Fue la más longeva de la historia de España, vigente hasta 1923. Era una Constitución moderada, breve y flexible, que buscaba el consenso entre las dos fuerzas dinásticas para que ambos partidos pudieran gobernar con ella sin necesidad de cambiarla. Sus características principales eran:
- Soberanía compartida entre el Rey y las Cortes, huyendo del principio de soberanía nacional propio del liberalismo democrático.
- Amplios poderes para la Corona: El Rey era el jefe del Estado y del Ejército, nombraba al gobierno, podía vetar leyes, disolver las Cortes y compartía la iniciativa legislativa.
- Cortes bicamerales: Formadas por un Congreso de los Diputados (elegido) y un Senado, compuesto por senadores por derecho propio (nobleza, grandes figuras del Estado), senadores vitalicios nombrados por el Rey y senadores elegidos por las corporaciones y las universidades.
- Declaración de derechos poco definida: Los derechos y libertades de los ciudadanos no se especificaban en detalle en la Constitución, sino que quedaban para ser desarrollados por leyes ordinarias. Esto permitía que, según gobernaran conservadores o liberales, se aplicara una legislación más restrictiva o más amplia en materia de imprenta, asociación o reunión.
- Confesionalidad católica del Estado: Se establecía la religión católica como oficial, aunque se toleraban otros cultos en privado.
El sistema funcionó con éxito aparente durante décadas: pacificó el país, alejó al ejército de la primera línea política y dio una imagen de estabilidad. Sin embargo, era profundamente antidemocrático y oligárquico, ya que excluía a una gran parte de la población (republicanos, nacionalistas periféricos, movimiento obrero) y se basaba en la corrupción y el fraude. La muerte de Alfonso XII en 1885, y el posterior Pacto de El Pardo entre Cánovas y Sagasta, aseguraron la continuidad del turnismo durante la regencia de María Cristina, perpetuando un sistema que, a la larga, entraría en crisis por su propia falta de autenticidad democrática.
Pregunta 4: La Cuestión Nacional en el Siglo XIX
A lo largo del siglo XIX, y especialmente en su último tercio, surgieron en España movimientos regionalistas y nacionalistas en la periferia peninsular, principalmente en Cataluña, el País Vasco y Galicia. Estos movimientos aparecieron como una reacción directa al intento del Estado liberal de imponer un modelo político centralista y uniformador, inspirado en el modelo francés, que negaba la diversidad cultural, histórica y jurídica de estos territorios.
Factores que explican su eclosión
El Estado liberal, especialmente en su versión moderada, aplicó una política centralista que se manifestó en diversas medidas: el nombramiento de alcaldes desde el gobierno central, la creación de un único Código Penal (1848), un único sistema de pesos y medidas (1858), una única moneda (la peseta, 1868) y, sobre todo, la eliminación de los fueros e instituciones propias de los antiguos reinos. Esta tendencia a uniformar aplicando el modelo castellano chocó frontalmente con la realidad de territorios con una fuerte personalidad cultural y lingüística propia. A esto se sumaron otros factores: el débil sentimiento nacionalista español tras la pérdida del imperio, la oposición de las burguesías periféricas (especialmente la catalana y la vasca) a un Estado que consideraban decadente y ajeno a sus intereses económicos, y el resurgir cultural de las lenguas y tradiciones propias impulsado por el Romanticismo.
El nacionalismo catalán
Fue el primero y el más potente. Nació ligado a la Renaixença, un movimiento cultural de recuperación de la lengua y la literatura catalanas. A partir de 1880, el catalanismo dio el salto a la política, inicialmente como regionalismo que pedía mayor autonomía para Cataluña. En 1891 se fundó la Unió Catalanista, que elaboró las Bases de Manresa (1892), un proyecto de constitución regional para Cataluña que reclamaba la restauración de sus instituciones históricas. A principios del siglo XX, el nacionalismo catalán se consolidó como una fuerza política de masas con la aparición de partidos como la Lliga Regionalista (1901), liderada por Francesc Cambó, de carácter conservador y burgués, que llegó a tener un gran peso político en Madrid y fue capaz de desafiar al sistema turnista, como demostró el triunfo aplastante de Solidaritat Catalana en las elecciones de 1907.
El nacionalismo vasco
Surgió como una reacción defensiva frente a la abolición de los fueros vascos tras la Tercera Guerra Carlista (1876), que los liberales consideraban un obstáculo para la unidad de España. Fue un movimiento inicialmente tradicionalista, ultracatólico y rural, liderado por la figura carismática de Sabino Arana. Arana fundó el PNV (Partido Nacionalista Vasco) en 1895, con un ideario basado en la defensa de la raza, la religión y los fueros vascos, y con un fuerte sentimiento antiespañol y xenófobo hacia los inmigrantes («maketos») llegados de otras regiones para trabajar en la creciente industria vasca. Aunque inicialmente minoritario, el PNV logró arraigar en la sociedad vasca y se convirtió en un actor político fundamental.
El nacionalismo gallego
A diferencia de Cataluña, en Galicia no existía una burguesía industrial poderosa que liderara el movimiento. Este fue impulsado fundamentalmente por intelectuales y escritores. Tuvo una primera fase cultural con el Rexurdimento (mediados del XIX), donde autores como Rosalía de Castro, Eduardo Pondal o Curros Enríquez reivindicaron la lengua y la cultura gallegas. Más tarde, surgió un regionalismo que pedía mayor autonomía para Galicia, defendido tanto por progresistas como Manuel Murguía (esposo de Rosalía) como por conservadores como Alfredo Brañas. A principios del siglo XX, el regionalismo evolucionó hacia un nacionalismo más explícito con la creación de las Irmandades da Fala y la labor de la Xeración Nós, que culminaría en 1931 con la fundación del Partido Galeguista, ya en el marco de la Segunda República, liderado por Castelao.
En conclusión, durante el siglo XIX, el centralismo del Estado liberal generó un fuerte descontento en la periferia, que fue calando y organizándose hasta dar lugar a los primeros movimientos nacionalistas. Estos, inicialmente minoritarios, se convirtieron con el tiempo en una «cuestión nacional» de primer orden, que cuestionaba la propia concepción unitaria de España y que se convertiría en uno de los problemas centrales de la historia española del siglo XX.
Pregunta 5: El Movimiento Obrero en España durante el Sexenio Democrático
El Sexenio Democrático (1868-1874) fue un período absolutamente crucial para el nacimiento y la primera organización del movimiento obrero en España. La revolución de 1868, conocida como la Gloriosa, y la Constitución de 1869 crearon, por primera vez en nuestra historia, un marco legal favorable que permitió la libre expresión, reunión y asociación, derechos que habían sido sistemáticamente negados durante el reinado de Isabel II.
El contexto de libertad y la influencia de la AIT
La Revolución Gloriosa derrocó a Isabel II e inició un período de apertura política y social. La Constitución de 1869 fue clave al reconocer, por vez primera, derechos fundamentales como la libertad de imprenta, la libertad de reunión y, el más importante para el movimiento obrero, la libertad de asociación. Este nuevo clima legal permitió que las ideas revolucionarias que circulaban por Europa, organizadas en torno a la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores), fundada en Londres en 1864, pudieran penetrar y arraigar en España con fuerza.
La llegada de las ideologías obreras
El punto de inflexión fue la llegada a España en 1868 del italiano Giuseppe Fanelli, un anarquista enviado por Mijaíl Bakunin para difundir las ideas de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, afín a la AIT. La labor de Fanelli fue determinante para el nacimiento de las dos grandes corrientes del movimiento obrero en España, que, aunque con un origen común en la AIT, pronto se diferenciaron y entraron en conflicto:
- El anarquismo: Las ideas de Bakunin, contrarias a la participación política y partidarias de la acción directa, la huelga general y la abolición del Estado, calaron hondamente entre los obreros textiles de Cataluña y entre los jornaleros sin tierra de Andalucía. Defendían la destrucción de toda autoridad y la organización de la sociedad en comunas libres y autogestionadas. El anarquismo se convirtió rápidamente en la ideología mayoritaria del proletariado español.
- El marxismo o socialismo: Defendía la necesidad de que los trabajadores se organizaran en partidos políticos y sindicatos para participar en la vida política, conquistar el poder del Estado mediante la revolución y, desde ahí, implantar una sociedad sin clases. Tuvo una implantación inicialmente mucho menor que el anarquismo en España, aunque en 1871 llegó a España Paul Lafargue (yerno de Karl Marx) para organizar las secciones de la AIT afines a esta ideología.
Desarrollo y organización durante el Sexenio
Al amparo de la libertad de asociación, se crearon las primeras secciones de la Federación Regional Española (FRE) de la AIT. El movimiento obrero experimentó un crecimiento espectacular, protagonizando las primeras huelgas y movilizaciones para mejorar las durísimas condiciones de vida y trabajo (jornadas de 12-14 horas, salarios de miseria, trabajo infantil). Un ejemplo paradigmático de la conflictividad social y de la radicalización de algunos sectores fue la huelga de Alcoy (Alicante) en 1873, que derivó en un intento de revolución social conocido como la «Revolución del Petróleo», donde los obreros tomaron el control de la ciudad y que fue duramente reprimida por el gobierno de la Primera República. Estos episodios, junto con la propia dinámica del Sexenio (la proclamación de la República, el auge del cantonalismo), generaron profundas divisiones internas en el movimiento obrero y una feroz reacción de las clases propietarias y los gobiernos, que veían con pavor el avance de las ideas internacionalistas.
Consecuencias
Aunque el Sexenio fracasó en su intento de establecer una democracia estable, su legado para el movimiento obrero fue inmenso. Durante estos años se sentaron las bases organizativas e ideológicas sobre las que se desarrollarían las futuras organizaciones obreras en España. La represión posterior, especialmente durante la Restauración, obligaría a los trabajadores a actuar en la clandestinidad durante largos períodos, pero las semillas del anarquismo y del marxismo ya estaban firmemente plantadas. Las experiencias de lucha y organización del Sexenio fueron el germen de los potentes movimientos obreros que emergerían con fuerza a finales del siglo XIX y principios del XX.
Pregunta 6: La Crisis de la Restauración (1898-1923)
A partir del denominado «Desastre del 98», el sistema político de la Restauración, diseñado por Cánovas del Castillo, comenzó a mostrar evidentes signos de agotamiento y entró en una crisis profunda y multidimensional que se prolongaría hasta el golpe de estado de Primo de Rivera en 1923. El sistema turnista, basado en el fraude y la exclusión de amplios sectores sociales, se reveló incapaz de dar respuesta a los nuevos problemas políticos, sociales y militares que surgieron a principios del siglo XX.
El impacto del 98 y el regeneracionismo
La pérdida de las últimas colonias de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) en 1898 supuso un duro golpe moral, económico y psicológico para el país. Se extendió un profundo sentimiento de pesimismo y frustración ante la evidente decadencia española. Surgió entonces el regeneracionismo, una corriente intelectual y política (liderada por figuras como el aragonés Joaquín Costa) que denunciaba el atraso de España, la oligarquía, el caciquismo y la falsedad del sistema turnista. Los regeneracionistas pedían una profunda modernización del país, empezando por la educación («Escuela y despensa») y acabando con la corrupción política.
Los síntomas de la crisis
A la crisis moral del 98 se sumaron otros problemas que fueron erosionando la credibilidad y el funcionamiento del sistema:
- Debilitamiento de los partidos dinásticos: La muerte de los líderes históricos, Cánovas (asesinado en 1897) y Sagasta (1903), dejó a los partidos Conservador y Liberal sin figuras de autoridad indiscutible. Sus sucesores (Antonio Maura en el Partido Conservador y José Canalejas en el Liberal) no lograron mantener la disciplina interna ni controlar las facciones, por lo que el turnismo se volvió más inestable y conflictivo.
- Aumento de la oposición política al sistema: Cada vez más grupos sociales quedaban fuera del estrecho marco de los dos partidos turnistas. Los republicanos ganaban peso en las ciudades; los nacionalistas periféricos, especialmente el catalán con la Lliga Regionalista de Cambó, se consolidaban como una fuerza política capaz de desafiar el turnismo; y los movimientos obreros (socialistas del PSOE y anarquistas) aumentaban su influencia y su capacidad de movilización.
- El creciente papel del ejército en la vida política: Humillado por el Desastre del 98 y sintiéndose menospreciado, el ejército se volvió hipersensible a cualquier crítica. Los «Hechos del ¡Cu-Cut!» (1905), cuando un grupo de militares asaltó la redacción de una revista satírica catalanista por una viñeta que consideraron ofensiva, pusieron de manifiesto su poder. El gobierno, lejos de imponer la autoridad civil, cedió y aprobó la Ley de Jurisdicciones (1906), que ponía bajo jurisdicción militar los delitos contra el ejército y la patria, lo que aumentó su poder e injerencia en la vida civil.
- La Semana Trágica de Barcelona (1909): Fue la explosión de todas estas tensiones acumuladas. El envío de reservistas a la guerra de Marruecos, que recaía sobre las clases populares que no podían pagar la redención de quintas, provocó una huelga general y una violenta revuelta popular en Barcelona, de fuerte carácter anticlerical (quema de iglesias y conventos). La durísima represión ordenada por el gobierno de Antonio Maura y el posterior fusilamiento del pedagogo y libre pensador Francisco Ferrer i Guardia desataron una oleada de protestas internacionales y una crisis política de gran magnitud que provocó la dimisión de Maura y aumentó exponencialmente el descontento social y la brecha entre la España oficial y la España real.
- El problema de Marruecos: La penetración colonial en el norte de Marruecos resultó ser un desgaste militar y económico constante, y una fuente continua de conflictos sociales, como se vio en la Semana Trágica.
Los intentos fallidos de reforma
Tanto Maura como el liberal Canalejas intentaron reformas desde dentro del sistema para democratizarlo y ampliar sus bases sociales. Maura intentó una Ley de Reforma Electoral (1907) para acabar con el fraude, aunque sus resultados fueron limitados. Canalejas, más avanzado, impulsó medidas como la Ley del Candado (limitando el establecimiento de nuevas órdenes religiosas) y la supresión de la redención de quintas (aunque creando la figura del «soldado de cuota»), pero su asesinato por un anarquista en 1912 truncó sus proyectos de regeneración. En definitiva, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, la Restauración era un sistema herido de muerte, sin líderes capaces y con una oposición cada vez más fuerte, que se encaminaba hacia la crisis definitiva que estallaría en 1917.
Pregunta 7: La Crisis de 1917
La crisis de 1917 fue la más grave que sufrió el sistema político de la Restauración durante el reinado de Alfonso XIII. Su gravedad radicó en que, por primera vez, confluyeron y estallaron simultáneamente tres crisis de distinta naturaleza: una crisis militar, una crisis política y una crisis social. Aunque fracasaron por separado, mostraron de manera evidente la fragilidad del turnismo, la falta de apoyos sociales al sistema y la profunda descomposición de los partidos dinásticos.
El contexto de la Primera Guerra Mundial
España se mantuvo neutral durante la Gran Guerra (1914-1918). Esta neutralidad tuvo un doble efecto económico: por un lado, benefició a la industria y la exportación, pero por otro, provocó una enorme inflación en los precios de los productos básicos, lo que empobreció a las clases populares y medias y aumentó el malestar social. Fue en este contexto de carestía donde se gestó la triple crisis.
- La crisis militar (Juntas de Defensa): El malestar en el ejército era creciente. Los oficiales destinados en la península veían cómo su poder adquisitivo caía debido a la inflación, mientras que los «africanistas» (destinados en Marruecos) obtenían rápidos ascensos por méritos de guerra. Para defender sus intereses corporativos (mejoras salariales y ascensos por antigüedad), los oficiales peninsulares crearon en 1916 unas asociaciones ilegales denominadas Juntas de Defensa. El gobierno conservador de Eduardo Dato intentó disolverlas, pero ante la amenaza de una rebelión militar y la falta de apoyos, tuvo que ceder y legalizarlas en junio de 1917. Este episodio demostró la debilidad del poder civil frente al militar y que el ejército actuaba como un poder fáctico con capacidad para imponer su voluntad al gobierno.
- La crisis política (Asamblea de Parlamentarios): La debilidad del gobierno y la creciente fragmentación de los partidos turnistas fueron aprovechadas por el líder de la Lliga Regionalista, Francesc Cambó, para reivindicar un cambio político. Exigió la apertura de las Cortes para tratar la situación del país y abordar la concesión de autonomía para Cataluña. Ante la negativa del gobierno, Cambó convocó una Asamblea de Parlamentarios en Barcelona (julio de 1917), a la que asistieron diputados y senadores catalanistas, republicanos y socialistas. La Asamblea exigió la formación de un gobierno provisional y la convocatoria de Cortes Constituyentes, pero fue disuelta por orden gubernamental y declarada ilegal. El movimiento fracasó porque los catalanistas de la Lliga, temerosos ante la creciente revolución social en las calles, acabaron pactando con el gobierno y abandonando sus reivindicaciones políticas más profundas.
- La crisis social (Huelga General): El malestar de las clases trabajadoras por la subida de los precios era ya insostenible. Los sindicatos UGT (socialista) y CNT (anarquista) habían convocado una huelga general de 24 horas en diciembre de 1916 con gran éxito. Envalentonados, y viendo la debilidad del gobierno y la agitación militar y política, la UGT y el PSOE convocaron una huelga general revolucionaria en agosto de 1917. El objetivo declarado era derrocar al gobierno y convocar elecciones a Cortes Constituyentes. La huelga fue especialmente seguida en las zonas industriales (País Vasco, Cataluña, Asturias, Madrid) y en los núcleos mineros. Sin embargo, el gobierno reaccionó con dureza: declaró el estado de guerra, utilizó al ejército para reprimir las manifestaciones y detuvo a los miembros del comité de huelga (los dirigentes socialistas), que fueron condenados a cadena perpetua. La CNT, que no se había sumado a la convocatoria de forma coordinada, también fue duramente reprimida.
Consecuencias
Las tres crisis fracasaron en su intento de derribar el sistema porque actuaron por separado y con objetivos contrapuestos. Los militares de las Juntas solo buscaban mejoras corporativas, no un cambio político. Los catalanistas de la Lliga temían la revolución social y prefirieron pactar con la monarquía. El ejército, finalmente, se puso del lado del gobierno para aplastar la revuelta obrera. Sin embargo, el sistema quedó profundamente tocado y herido de muerte. A partir de 1917, se sucedieron los gobiernos de concentración (que integraban a liberales, conservadores y, a veces, a catalanistas), pero fueron gobiernos débiles e inestables, incapaces de resolver los graves problemas del país: la conflictividad social se disparó (el pistolerismo patronal y anarquista en Barcelona), la guerra en Marruecos se complicó (desembocando en el Desastre de Annual de 1921) y el sistema turnista entró en una agonía que solo concluiría con el golpe de estado de Primo de Rivera en 1923.
Pregunta 8: La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)
La dictadura de Primo de Rivera fue un régimen militar autoritario y paternalista establecido en España entre 1923 y 1930. Se implantó con el consentimiento y apoyo del rey Alfonso XIII, como una solución de fuerza para poner fin a la profunda crisis política, social y militar que atravesaba el sistema de la Restauración.
Causas del golpe de estado
El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, publicó un manifiesto y dio un golpe de estado en Barcelona. En su manifiesto justificaba la acción por la necesidad de acabar con el «desgobierno», el terrorismo anarquista en las calles, el problema de Marruecos (agravado por el Desastre de Annual de 1921), las críticas al ejército y al rey, la amenaza del separatismo catalán y la incapacidad de los políticos turnistas. El golpe triunfó sin apenas oposición: el gobierno dimitió y el rey Alfonso XIII, viendo en la dictadura una posible solución a la crisis, encargó a Primo de Rivera formar gobierno. Se iniciaba así una peculiar «dictadura con rey». El nuevo régimen contó con el apoyo inicial del ejército, la burguesía catalana (temerosa de la revolución social), las élites económicas y agrarias, y una parte de la población cansada del caos.
Etapas de la dictadura
Se diferencian claramente dos etapas:
- El Directorio Militar (1923-1925): Fue un gobierno compuesto exclusivamente por militares. Sus principales acciones se centraron en desmantelar el sistema de la Restauración y asegurar el orden público:
- Se suspendió la Constitución de 1876 y se disolvieron las Cortes y los ayuntamientos.
- Se declaró el estado de guerra y se reprimió duramente al movimiento obrero, especialmente a la CNT y al PCE.
- Se creó un partido único, la Unión Patriótica, para agrupar a los partidarios del régimen y servir de instrumento de propaganda.
- Se persiguió al nacionalismo catalán, prohibiendo sus símbolos, su bandera y el uso público de su lengua.
- El gran éxito del Directorio fue la solución del problema de Marruecos con el desembarco de Alhucemas (1925), una operación conjunta con Francia que supuso la derrota definitiva de las tribus rifeñas de Abd-el-Krim y la pacificación del protectorado.
- El Directorio Civil (1925-1930): Ante el éxito en Marruecos y la bonanza económica de los «felices años veinte», Primo intentó perpetuar su régimen y darle una apariencia más estable y civil. Formó un gobierno con civiles procedentes de la Unión Patriótica y buscó institucionalizar la dictadura:
- Se creó una Asamblea Nacional Consultiva (1927), de carácter corporativo y no democrática, formada por representantes de municipios, diputaciones, sindicatos verticales y la Unión Patriótica. Su objetivo era elaborar una nueva Constitución, proyecto que finalmente fracasó por las críticas recibidas.
- Se impulsó una política económica intervencionista, nacionalista y proteccionista: se crearon grandes monopolios estatales como CAMPSA (petróleo) o Telefónica, se invirtió masivamente en obras públicas (carreteras, embalses, ferrocarriles) y se protegió la industria nacional.
La creciente oposición y la caída de la dictadura
A partir de 1926, la oposición al régimen se fue generalizando. Surgieron focos de descontento en diversos sectores:
- El ejército, especialmente el cuerpo de Artillería, se opuso a las reformas de Primo y algunos sectores conspiraron (la fallida Sanjuanada de 1926).
- Los republicanos se reorganizaron y crearon en 1926 la Alianza Republicana para luchar por el derrocamiento de la monarquía.
- Los nacionalistas catalanes se radicalizaron como respuesta a la persecución.
- Los intelectuales (como Unamuno y Ortega y Gasset) y los estudiantes universitarios se manifestaron contra la dictadura y la falta de libertades.
- Los anarquistas mantuvieron su oposición y crearon la FAI (Federación Anarquista Ibérica) en 1927.
A todo ello se sumó la crisis económica de 1929 (tras el crac de la bolsa de Nueva York), que acabó con la bonanza de los años 20 y aumentó el malestar social. Sintiéndose solo y sin el apoyo del ejército ni del rey, Primo de Rivera presentó su dimisión a Alfonso XIII en enero de 1930. El rey la aceptó y el dictador marchó a París, donde murió pocas semanas después. La dictadura había fracasado en su intento de perpetuarse, pero su principal consecuencia fue el total descrédito de la monarquía, que había apoyado un régimen anticonstitucional. El camino hacia la Segunda República ya estaba abierto.
Pregunta 9: El Establecimiento de la Segunda República (1931)
La Segunda República fue proclamada en España el 14 de abril de 1931, como resultado de un amplio movimiento de opinión favorable al cambio político y social, y como consecuencia directa del fracaso de la dictadura de Primo de Rivera y de la consiguiente descomposición de la monarquía de Alfonso XIII. Supuso un ilusionante intento de modernizar el país y de instaurar por fin un régimen verdaderamente democrático.
El camino hacia la República: del Pacto de San Sebastián a las elecciones municipales
Tras la dimisión de Primo de Rivera en enero de 1930, Alfonso XIII encargó formar gobierno al general Dámaso Berenguer, con la esperanza de retornar lentamente a la normalidad constitucional de 1876. Este período fue conocido popularmente como la «Dictablanda», pero el descrédito de la monarquía era ya imparable. En agosto de 1930, los principales partidos de la oposición (republicanos de izquierda, socialistas, catalanistas de izquierda y galleguistas) firmaron el Pacto de San Sebastián. En este pacto, los firmantes se comprometían a actuar conjuntamente para derrocar la monarquía y proclamar una república democrática. Se creó un Comité Revolucionario (presidido por Niceto Alcalá-Zamora) para dirigir el proceso y preparar una sublevación. Aunque los intentos de golpe de estado en Jaca y Madrid (diciembre de 1930) fracasaron y sus líderes fueron fusilados, la presión popular y política no cesó. Finalmente, el almirante Aznar, que había sustituido a Berenguer, convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931, que fueron interpretadas por todos como un plebiscito sobre la permanencia de la monarquía. Los resultados dieron una victoria aplastante a las candidaturas republicano-socialistas en las grandes ciudades (41 de las 50 capitales de provincia), lo que se entendió como un clamoroso rechazo a Alfonso XIII. Dos días después, el 14 de abril, se proclamó oficialmente la Segunda República y el rey partió al exilio sin abdicar formalmente.
Las fuerzas políticas en la Segunda República
La proclamación de la República generó una enorme polarización política, configurándose un amplio abanico de fuerzas a favor y en contra del nuevo régimen.
El Gobierno Provisional y la Constitución de 1931
Tras la proclamación, se formó un Gobierno Provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora, integrado por los firmantes del Pacto de San Sebastián. Su primera tarea fue convocar elecciones a Cortes Constituyentes para junio de 1931, las primeras verdaderamente democráticas en décadas. Estas elecciones dieron una amplia mayoría a la coalición republicano-socialista. Las Cortes resultantes elaboraron y aprobaron una nueva Constitución el 9 de diciembre de 1931. Esta Constitución era un texto avanzado y progresista, que definía a España como:
- Una «República democrática de trabajadores de todas las clases».
- Un Estado con soberanía popular.
- Un Estado laico, con separación total de la Iglesia y el Estado, libertad de cultos, disolución de la Compañía de Jesús y prohibición de que las órdenes religiosas se dedicaran a la enseñanza.
- Un Estado que reconocía por primera vez el sufragio universal (masculino y femenino), tras un célebre debate entre las diputadas Clara Campoamor (a favor) y Victoria Kent (partidaria de retrasarlo).
- Un Estado integral, que reconocía el derecho a la autonomía de las regiones.
- Una amplia declaración de derechos y libertades (divorcio, igualdad ante la ley, educación, etc.).
La Constitución de 1931 fue la base jurídica sobre la que se asentó la República, pero sus reformas, especialmente las relacionadas con la religión y la propiedad de la tierra, generaron una fortísima oposición de los sectores conservadores, que no dudaron en conspirar contra el nuevo régimen desde sus inicios. El sueño republicano comenzaba, pero lo hacía en un clima de profundas tensiones que acabarían desembocando en la Guerra Civil.
Pregunta 10: Las Reformas de la Segunda República (Bienio Reformista 1931-1933)
El primer bienio de la Segunda República (1931-1933), conocido como Bienio Reformista o de Izquierdas, estuvo marcado por un ambicioso y profundo programa de reformas impulsado por la coalición republicano-socialista. Estas reformas se pusieron en marcha primero durante el Gobierno Provisional (abril-diciembre de 1931) y luego, tras la aprobación de la Constitución, bajo los gobiernos presididos por Manuel Azaña (diciembre de 1931-septiembre de 1933). El objetivo central era modernizar España, democratizar la sociedad y acabar definitivamente con las estructuras económicas, sociales y políticas heredadas del Antiguo Régimen.
1. La Reforma Religiosa y Educativa
Era una de las reformas más urgentes y, a la vez, más polémicas, ya que se buscaba reducir el enorme poder que la Iglesia Católica había acumulado durante siglos, especialmente en el terreno de la educación y el control social.
- Causa: La sociedad española era mayoritariamente analfabeta y la educación estaba en manos de la Iglesia, que la impartía según sus propios principios. Existía además un fuerte anticlericalismo popular, que se manifestó en la quema de conventos en mayo de 1931.
- Desarrollo: La Constitución de 1931 estableció el Estado laico, la libertad de cultos, prohibió a las órdenes religiosas ejercer la enseñanza y disolvió la Compañía de Jesús (por su voto especial de obediencia al Papa). Se aprobaron leyes como la de matrimonio civil y la de divorcio (1932). En educación, se impulsó la creación de miles de escuelas públicas (más de 13.000 en dos años), se mejoró la formación de los maestros, se estableció la coeducación y se crearon las Misiones Pedagógicas para llevar la cultura (teatro, cine, libros, música) a las zonas rurales más deprimidas.
- Consecuencias: Esta política fue vista como una auténtica persecución por parte de la Iglesia y de los sectores católicos más conservadores, que se sintieron agredidos y movilizaron a sus bases contra la República. La cuestión religiosa se convirtió en uno de los principales motivos de enfrentamiento y polarización social.
2. La Reforma Militar (Ley Azaña)
Buscaba crear un ejército profesional, moderno, eficaz y, sobre todo, leal a la República.
- Causa: El ejército español era excesivamente numeroso en oficiales, estaba mal equipado y tenía una larga tradición de intervencionismo en la vida política.
- Desarrollo: El ministro de la Guerra, Manuel Azaña, impulsó una serie de medidas: se ofreció a los oficiales el retiro voluntario con el sueldo íntegro, lo que permitió reducir el número de jefes y oficiales; se cerró la Academia Militar de Zaragoza (dirigida por Franco); se suprimió la Ley de Jurisdicciones (1906), sometiendo a los militares a la justicia ordinaria; y se obligó a los militares a jurar fidelidad a la República. Además, se creó un cuerpo policial leal al nuevo régimen, la Guardia de Asalto.
- Consecuencias: La reforma fue muy mal recibida por amplios sectores del ejército, especialmente por los «africanistas», que se sintieron humillados y alejados del nuevo régimen. Esto se evidenció en el intento de golpe de estado del general Sanjurjo en 1932 (la Sanjurjada), que fracasó pero demostró el creciente descontento militar.
3. La Reforma Agraria
Era, sin duda, la reforma más necesaria y, a la vez, la más compleja y difícil de aplicar.
- Causa: El campo español presentaba una estructura profundamente injusta y atrasada. En el sur predominaban los latifundios en manos de unos pocos propietarios (nobleza absentista, burguesía terrateniente), mientras que millones de jornaleros vivían en condiciones de extrema pobreza, trabajando sólo temporadas y malviviendo el resto del año.
- Desarrollo: El ministro de Trabajo, el socialista Largo Caballero, impulsó decretos para mejorar la situación de los campesinos, como el de términos municipales (priorizando a los jornaleros locales) y el de laboreo forzoso (obligando a cultivar las tierras). Finalmente, en septiembre de 1932, y tras el intento de golpe de Sanjurjo, se aprobó la Ley de Bases de la Reforma Agraria. Esta ley declaraba expropiables (con indemnización) los latifundios mal cultivados y las tierras de la grandeza de España, que pasarían a ser propiedad del Estado para ser entregadas en lotes a campesinos y jornaleros organizados. Se creó el Instituto de Reforma Agraria (IRA) para gestionar el proceso.
- Consecuencias: La reforma fue un rotundo fracaso por múltiples razones: la lentitud burocrática, la falta de presupuesto para indemnizar a los propietarios y para asentar a los campesinos, la feroz oposición de los terratenientes y la radicalización de los jornaleros, que veían que las promesas no se cumplían. Este descontento se manifestó en trágicos sucesos como los de Casas Viejas (Cádiz) en 1933, donde un grupo de anarquistas se levantó y fue duramente reprimido por el gobierno, lo que provocó una grave crisis política y el desgaste del gobierno de Azaña.
4. La Reforma Territorial
Buscaba dar respuesta a las aspiraciones de autogobierno de las regiones con una fuerte identidad nacionalista, especialmente Cataluña.
- Causa: El mismo 14 de abril de 1931, el líder de ERC, Francesc Macià, había proclamado la «República Catalana» dentro de una «Federación Ibérica». El Gobierno Provisional negoció con él y logró que renunciara a cambio de la promesa de un Estatuto de Autonomía.
- Desarrollo: La Constitución de 1931 recogió el derecho de las regiones a constituirse en autonomías mediante un procedimiento que incluía la elaboración de un Estatuto, su aprobación en referéndum por la región y su ratificación por las Cortes españolas. Cataluña fue la primera en seguir este camino. Su Estatuto (el Estatuto de Nuria) fue aprobado por las Cortes en septiembre de 1932, creando la Generalitat como gobierno autónomo, con competencias en orden público, educación y cultura.
- Consecuencias: La concesión de la autonomía a Cataluña fue vista con gran recelo y hostilidad por el ejército y por la derecha más centralista y españolista, que la consideraban un paso hacia la desintegración de España. Esto aumentó aún más el clima de tensión y conspiración.
El resultado de estas reformas fue una sociedad cada vez más polarizada y un clima de enfrentamiento creciente. Las derechas se unieron para frenar el proyecto reformista, mientras que las izquierdas más radicales (anarquistas) lo consideraban insuficiente y se lanzaban a la revolución social. Esta tensión acumulada llevaría a la victoria de las derechas en las elecciones de noviembre de 1933, dando paso al Bienio de Derechas o Bienio Negro, que se dedicó a paralizar o revertir todas las reformas del primer bienio.
La Primera República (1873-1874)
La Primera República fue proclamada por las Cortes el 11 de febrero de 1873, tras la abdicación de Amadeo I. Nacía sin apoyos sólidos y en un contexto de extrema dificultad, representando el último y fallido intento del Sexenio Democrático por implantar en España un régimen político avanzado que iba más allá del liberalismo individualista para adentrarse en el republicanismo democrático.
La falta de un modelo de Estado consensuado
Desde el primer momento, los propios republicanos se mostraron profundamente divididos acerca de cómo debía organizarse territorialmente la nueva República. Surgieron tres posturas claramente enfrentadas que imposibilitaron la creación de un proyecto común y estable:
- Los republicanos unitarios: Eran partidarios de una república centralizada, similar a la francesa, sin concesiones a las autonomías regionales. Defendían un gobierno fuerte desde Madrid.
- Los republicanos federales «gradualistas» o «benévolos»: Liderados por teóricos y políticos como Francisco Pi y Margall, defendían la construcción de una república federal «desde arriba». Su idea era que, una vez aprobada una Constitución federal, las Cortes repartieran el poder entre los diferentes Estados que compondrían la federación.
- Los republicanos federales «intransigentes» o cantonalistas: Eran partidarios de construir la federación «desde abajo», es decir, mediante la proclamación voluntaria e inmediata de cantones o estados prácticamente independientes, que luego, mediante un pacto, decidirían su unión. Esta postura, de fuerte base popular, especialmente en el arco mediterráneo, se convirtió en un precedente del anarquismo.