Historia de la Monarquía Hispánica: Del Estado Moderno al Reformismo Ilustrado

El concepto de «valido» y los proyectos de reforma del Conde-duque de Olivares en la Monarquía Hispánica

Durante el siglo XVII, la Monarquía Hispánica experimentó una transformación política con la aparición de los validos, figuras de confianza del rey que asumían funciones de gobierno ante la complejidad administrativa y la falta de intervención directa de algunos monarcas.

¿Qué es un valido?

El valido era un noble de confianza del rey, sin cargo oficial definido, pero con gran influencia como intermediario entre el monarca y las instituciones. Surgió con Felipe III (Duque de Lerma) y se consolidó con Felipe IV, cuyo valido más destacado fue el Conde-duque de Olivares. Gobernaban al margen de los Consejos tradicionales, usando Juntas propias, lo que concentraba el poder y generaba tensiones institucionales.

El Conde-duque de Olivares y sus reformas

Gaspar de Guzmán, valido de Felipe IV (1621-1643), buscó reformar y fortalecer la Monarquía Hispánica mediante medidas internas y externas:

  • Unión de Armas: Propuesta para que todos los reinos contribuyeran proporcionalmente al ejército, aligerando la carga que hasta entonces soportaba principalmente Castilla. Fue rechazada por muchos territorios, especialmente la Corona de Aragón.
  • Reformas administrativas y fiscales: Intentó centralizar el poder, modernizar la administración y aumentar los ingresos mediante nuevas formas de recaudación. La resistencia territorial limitó su efectividad.
  • Política exterior y conflictos: Mantuvo una política agresiva para conservar la hegemonía española, participando en la Guerra de los Treinta Años y enfrentamientos con Francia, Inglaterra y las Provincias Unidas, lo que provocó un fuerte endeudamiento.
  • Crisis y rebeliones: La presión fiscal y las reformas provocaron la rebelión de Cataluña y la independencia de Portugal en 1640. Las derrotas militares y la crisis económica debilitaron su posición y llevaron a su caída en 1643.

Conclusión

La figura del valido, y en particular Olivares, refleja las dificultades de la Monarquía Hispánica del siglo XVII para adaptarse a nuevos retos. Sus reformas buscaban fortalecer el Estado, pero la resistencia de los territorios, la crisis económica y los conflictos bélicos impidieron su éxito, quedando como un intento fallido de modernización en un imperio en declive.

El Imperio de Felipe II: expansión, conflictos y desafíos políticos

Durante el reinado de Felipe II (1556–1598), la Monarquía Hispánica alcanzó su máxima extensión, convirtiéndose en un imperio global con territorios en Europa, América, Asia y África, incluyendo la península ibérica, Países Bajos, territorios italianos, colonias americanas, enclaves africanos y Filipinas. Esta grandeza territorial trajo importantes desafíos políticos y militares.

Principales desafíos del reinado

  1. Rebelión en los Países Bajos: Iniciada en 1568, tuvo como causas la presión fiscal, la imposición del catolicismo y la resistencia a la centralización. Derivó en la independencia de las Provincias Unidas y debilitó la posición española en Europa.
  2. Rivalidades con Francia e Inglaterra: Se mantuvo la rivalidad con Francia por territorios italianos (Milanesado, Nápoles), aunque la Paz de Cateau-Cambrésis (1559) puso fin a las guerras italianas. Con Inglaterra, la enemistad aumentó con Isabel I, culminando en la derrota de la Armada Invencible (1588).
  3. Amenaza otomana en el Mediterráneo: El Imperio Otomano fue un rival constante. La Batalla de Lepanto (1571), con participación española, fue un hito, pero no eliminó la presión otomana sobre rutas comerciales y costas.
  4. Complejidad administrativa: La extensión del imperio dificultaba la comunicación y gestión de recursos humanos y financieros. La burocracia, aunque eficaz, no siempre respondía con rapidez ante crisis locales.
  5. Unión con Portugal: En 1580, Felipe II heredó la corona portuguesa, incorporando su imperio colonial. Esto reforzó el poder global, pero supuso nuevos desafíos en la defensa de rutas comerciales frente a holandeses e ingleses.

Conclusión

El reinado de Felipe II representa el apogeo territorial de la Monarquía Hispánica, pero también evidenció sus tensiones estructurales: conflictos exteriores, presión fiscal, guerras religiosas y complejidad administrativa. A pesar de sus logros, dejó un imperio difícil de sostener a largo plazo.

El Imperio territorial de Carlos I

Carlos I (1517–1556), hijo de Felipe I «el Hermoso» y Juana de Castilla, heredó un imperio de enorme extensión que abarcaba la Corona de Castilla y Aragón, territorios italianos como Nápoles, Sicilia y Cerdeña, los condados de Rosellón y Cerdaña, las colonias americanas, el archiducado de Austria y los dominios de los Países Bajos, el Franco Condado y Luxemburgo.

Su llegada a España en septiembre de 1517 generó recelos entre las Cortes castellanas y aragonesas por ser un monarca extranjero que desconocía la lengua y las costumbres locales. Llegó acompañado de consejeros flamencos, como Adriano de Utrecht (futuro Papa Adriano VI), que ocuparon importantes cargos de gobierno.

Para ganarse la confianza de sus súbditos y obtener recursos para sus empresas imperiales, Carlos convocó Cortes en Castilla, Aragón y Cataluña, donde aseguró apoyo político y financiación para sus ambiciosos proyectos europeos. En 1519, tras la muerte de su abuelo Maximiliano de Habsburgo, fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V, asumiendo la jefatura de una monarquía con enormes responsabilidades internacionales.

Conflictos y política imperial

Heredó un contexto complejo que condicionó gran parte de su reinado:

  • La expansión del protestantismo en Alemania bajo Lutero.
  • La ambición de Francia sobre Italia.
  • La amenaza turca en el Mediterráneo.

Carlos I defendió la idea de una monarquía cristiana universal, donde la autoridad espiritual del Papa se complementaba con el poder del emperador, enfrentándose a la fragmentación política y a los intereses de los distintos Estados y príncipes europeos. Para mantener esta visión, se vio envuelto en continuas guerras en Italia, Alemania y los Países Bajos, lo que le obligó a residir solo 14 años en España.

El protestantismo cuestionó la unidad religiosa que sostenía la Monarquía Hispánica. Este conflicto culminó con la Paz de Augsburgo (1555), que reconoció la libertad de cada príncipe alemán para elegir la religión de su territorio, suponiendo un freno a los planes de unidad cristiana de Carlos.

Tras estas dificultades y problemas de salud, abdicó en 1556, dejando a su hijo Felipe II los reinos españoles, las posesiones italianas y americanas, mientras que a su hermano Fernando cedió el archiducado de Austria y el título imperial. Se retiró al monasterio de Yuste (Cáceres), donde falleció en 1558.

La construcción del Estado Moderno

Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, llevaron a cabo reformas que transformaron la monarquía feudal medieval en un Estado Moderno, caracterizado por la centralización del poder, la profesionalización de la administración y el control de la nobleza, el clero y las ciudades. Su reinado fue decisivo en la formación del absolutismo monárquico.

Ejes de la reforma institucional

  • Nobleza: Se redujo su poder mediante represión y concesiones; se eliminaron abusos señoriales, se recuperaron tierras y rentas de Enrique IV y se consolidó el mayorazgo, que garantizaba la estabilidad patrimonial pero limitaba la influencia política de las familias nobles.
  • Administración:
    • El Consejo Real, dominado por letrados y juristas, se convirtió en el principal órgano de gobierno.
    • Las Cortes, especialmente en Castilla, perdieron importancia y se convocaban sobre todo para aprobar impuestos.
    • Se instituyó el cargo de corregidor en las ciudades, representante directo del monarca.
    • Las Chancillerías de Valladolid y Granada funcionaban como tribunales supremos de justicia.
    • La Hacienda real se reorganizó, aumentando los ingresos mediante impuestos como las alcabalas, consumos y tercias reales.
    • Se creó un ejército permanente y profesional, con la Santa Hermandad como fuerza de orden interno y los tercios como unidad militar moderna.
  • Religión:
    • Obtuvieron el Patronato regio, que permitía nombrar obispos y controlar la Iglesia.
    • Tomaron control de las Órdenes Militares y establecieron nuevos impuestos eclesiásticos.
    • Crearon la Inquisición (1478), dependiente directamente de la Corona, para garantizar la unidad religiosa y el control ideológico.

El resultado fue una monarquía fuerte y centralizada. Las reformas de los Reyes Católicos supusieron el nacimiento del Estado Moderno en España, consolidando la autoridad monárquica y estableciendo un modelo de gobierno que perduró durante los Austrias.

La Guerra de los Treinta Años y sus consecuencias para la Monarquía Hispánica y Europa

Durante los reinados de Carlos I y Felipe II, la hegemonía de España estaba firmemente consolidada. El reinado de Felipe III transcurrió en relativa calma, pero con Felipe IV se inicia el declive español en Europa, enfrentando rebeliones internas y fracasos internacionales.

La Guerra de los Treinta Años (1618-1648) tuvo causas religiosas (catolicismo frente a protestantismo) y políticas (el enfrentamiento entre Francia y sus aliados contra la casa de Austria). Francia contó con el apoyo de Holanda, Dinamarca, Suecia y los protestantes alemanes.

La Paz de Westfalia (1648)

La guerra concluyó con la firma de los tratados de Osnabrück y Münster, lo que significó:

  • La derrota de los Austrias y el fracaso de su proyecto de Europa unificada.
  • La desintegración política del Imperio alemán.
  • La consagración de la libertad religiosa y del equilibrio europeo.
  • La preponderancia de Francia como potencia dominante.

España firmó por separado con Holanda la Paz de Münster (1648), reconociendo la independencia de las Provincias Unidas. La guerra contra Francia continuó hasta la Paz de los Pirineos (1659), que supuso la cesión de Rosellón, Cerdaña y varias plazas de los Países Bajos a Francia, marcando el fin de la hegemonía española.

La Rebelión de Cataluña de 1640: Causas, desarrollo y consecuencias

La Rebelión de Cataluña de 1640 (Guerra de los Segadores) fue un episodio clave de la crisis interna bajo el gobierno del Conde-duque de Olivares. Puso de manifiesto las tensiones entre el centralismo castellano y los fueros de la Corona de Aragón.

Causas del conflicto

  • Política centralizadora: El proyecto de la Unión de Armas chocó con la autonomía catalana.
  • Presión fiscal y militar: La necesidad de recursos para la Guerra de los Treinta Años obligó a Cataluña a mantener tropas castellanas.
  • Tensiones sociales: Los abusos de los soldados provocaron enfrentamientos con los campesinos.

Desarrollo y consecuencias

El conflicto estalló el 7 de junio de 1640 en el Corpus de Sangre, donde los segadors asesinaron al virrey. Las autoridades catalanas ofrecieron la soberanía a Luis XIII de Francia, prolongando la guerra más de una década.

Consecuencias principales:

  • Fracaso del proyecto de Olivares y su destitución en 1643.
  • Pérdida de territorios: En la Paz de los Pirineos, España cedió el Rosellón y parte de la Cerdaña.
  • Reafirmación de los fueros: La monarquía permitió que Cataluña conservara sus instituciones para evitar nuevas revueltas.

La unión dinástica y la organización política de los reinos

La unión de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1469 fue un hecho decisivo. Se trató de una unión dinástica —dos coronas bajo los mismos monarcas— y no de un Estado unificado.

Isabel accedió al trono tras la Guerra de Sucesión Castellana (1475–1479) contra Juana la Beltraneja. La victoria se consolidó con el Tratado de Alcaçovas. Posteriormente, la Concordia de Segovia (1475) reguló que cada reino conservara sus leyes, instituciones y sistemas fiscales propios.

Castilla se convirtió en la base económica y política, mientras Aragón mantenía su tradición pactista. Las incorporaciones de Granada (1492) y Navarra (1512) completaron la unidad territorial peninsular. En conclusión, no se creó un Estado centralizado, sino una monarquía compuesta basada en la coordinación de dos soberanos.

Las minorías en tiempos de los Reyes Católicos

La construcción del Estado Moderno incluyó la búsqueda de la unidad religiosa. La religión católica se entendió como un instrumento de cohesión política, y la Inquisición (1478) vigiló la ortodoxia social.

  • Judíos: Fueron expulsados mediante el Edicto de Granada (1492). Unos 200.000 se exiliaron, mientras otros se convirtieron, pasando a ser «cristianos nuevos» bajo sospecha.
  • Musulmanes: Tras las revueltas de las Alpujarras, el Decreto de 1501 prohibió el islam en Castilla. Los mudéjares se convirtieron oficialmente, surgiendo los moriscos.
  • Conversos: Sufrieron discriminación social mediante los estatutos de «limpieza de sangre», que los excluían de cargos públicos.

Esta política puso fin a la convivencia cultural y configuró a España como un Estado confesional católico.

La Guerra de Sucesión Española y los Tratados de Utrecht y Rastatt

La Guerra de Sucesión Española (1701-1714) se originó tras la muerte de Carlos II sin descendencia. El testamento designó a Felipe de Anjou (Borbón), pero Austria, Inglaterra y Holanda apoyaron al archiduque Carlos de Austria.

El conflicto tuvo una dimensión civil: Castilla apoyó a Felipe, mientras la Corona de Aragón defendió a Carlos. Tras batallas como Almansa (1707), el dominio borbónico se consolidó.

Los Tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714)

  • Felipe V fue reconocido como rey, renunciando al trono francés.
  • Pérdidas territoriales: España cedió Flandes, Nápoles, Milán y Cerdeña a Austria; y Gibraltar y Menorca a Inglaterra.
  • Consecuencias internas: Instauración del modelo absolutista centralista con los Decretos de Nueva Planta.

La Ilustración en España

La Ilustración en España, bajo la dinastía Borbónica y especialmente con Carlos III (1759-1788), impulsó reformas mediante el despotismo ilustrado: «todo para el pueblo, pero sin el pueblo».

Reformas y figuras clave

  • Economía: Impulso agrícola, creación de las Sociedades Económicas de Amigos del País, Reales Fábricas y liberalización del comercio con América (1778).
  • Educación: Promoción de la enseñanza técnica y creación de academias y museos.
  • Obstáculos: Resistencia de la Iglesia y la nobleza, y eventos como el Motín de Esquilache (1766).
  • Figuras: Feijoo, Jovellanos, Campomanes y Floridablanca.

Las reformas ilustradas en la España borbónica del siglo XVIII

El proceso de modernización alcanzó su punto culminante con Carlos III. Las reformas se dividieron en tres áreas:

  1. Políticas: Centralización del Estado y creación de intendencias. Control de la Iglesia (expulsión de los jesuitas en 1767).
  2. Económicas: Fomento de la propiedad privada, abolición de gremios y creación del Banco de San Carlos.
  3. Sociales: Aumento de la población (de 7 a 12 millones) y surgimiento de una burguesía comercial.

Aunque limitadas por las estructuras del Antiguo Régimen, estas reformas sentaron las bases de la España contemporánea.

Los Decretos de Nueva Planta: origen del Estado centralizado borbónico

Felipe V inició reformas para unificar la administración siguiendo el modelo absolutista francés. Los Decretos de Nueva Planta (1707-1716) suprimieron las instituciones forales de los territorios que apoyaron al bando austracista:

  • 1707: Valencia y Aragón.
  • 1715: Mallorca.
  • 1716: Cataluña.

Se eliminaron Cortes y fueros, reemplazándolos por las leyes de Castilla. Solo el País Vasco y Navarra conservaron sus privilegios por su lealtad al rey. Estos decretos pusieron fin al modelo de monarquía compuesta de los Austrias y establecieron un Estado centralizado y moderno.

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