Historia de la península ibérica: de la Prehistoria a Isabel II

1.1. Sociedad y economía en el Paleolítico y Neolítico. La pintura rupestre

Antecesores: Atapuerca (aprox. 800.000 años). Paleolítico o Edad de la Piedra antigua: incipiente industria lítica, bifaz. Sociedades nómadas que vivían en cuevas y abrigos; caza y recolección.

Hace unos 30.000 años aparece el Homo sapiens con instrumentos líticos más avanzados: flechas de sílex, agujas y arpones. La climatología condiciona la vida en cuevas y aparecen comportamientos sociales más complejos. La pintura rupestre se desarrolla en la cornisa cantábrica con gran realismo y policromía (animales; ejemplo: Altamira) con un carácter probablemente mágico-religioso.

Hacia el 8.000 a. C. aparecen asentamientos estables al finalizar la glaciación: se abandonan las cuevas y se ocupan ríos y abrigos. Surgen pinturas más esquemáticas vinculadas a la caza; ejemplo: arte rupestre levantino (Valltorta).

Hacia el 5.000 a. C. se produce la revolución neolítica: trabajo con piedra pulimentada, sedentarización, desarrollo de la cerámica y ajuar. Aparecen diferencias sociales y la existencia de clases acomodadas.

1.2. Pueblos prerromanos. Colonizaciones históricas: fenicios, griegos y cartaginenses

En el primer milenio a. C. los pueblos prerromanos de la península desarrollan la metalurgia del hierro.

  • Iberos: presencia en el área levantina y prelitoral; economía agrícola y ganadera. Relación con griegos y fenicios; acuñación de moneda y torno alfarero. Conservan lengua y rituales; aparecen los «campos de urnas». Arte representativo: Dama de Elche y la Bicha de Balazote.
  • Celtas: asentados en ambas mesetas y el norte; economía basada en la ganadería (lanar y vacuno).
  • Tartesos: entre Huelva y Sevilla; agricultura, navegación y trabajo de metales (ejemplo: tesoro del Carambolo).

La escritura llega por contacto comercial con los colonizadores. Los colonizadores establecen enclaves coloniales en el este y el sur:

  • Fenicios: factorías en el Estrecho, trabajo del metal; aportan el torno alfarero y el alfabeto.
  • Griegos: en el noreste; introducen cultivos como el olivo y la vid, el arado, la fabricación de tejidos y la acuñación de moneda.
  • Cartagineses: instalan factorías fenicias y enclaves (p. ej., Cartago Nova o Ebussus), controlando el comercio peninsular.

1.3. Conquista y romanización de la península ibérica. Principales aportaciones romanas en los ámbitos social, económico y cultural

La llegada de Roma se intensifica en el siglo III a. C. para enfrentarse a los cartagineses durante las Guerras Púnicas. Tras la derrota de Cartago comienza la conquista romana de la península.

Procesos y etapas:

  • Conquista progresiva: 1) costa mediterránea (los íberos percibieron en algunos casos a Roma como liberadora); 2) las mesetas y Lusitania, con fuerte resistencia entre los siglos II y I a. C.; 3) la zona cántabra con las Guerras Cántabras en el siglo I a. C.
  • Romanización: Hispania se organiza y divide en provincias; se impone el latín, el derecho romano y se construyen monumentos y vías. Desarrollo del arte y de la administración.

Entre las aportaciones romanas destacan el latín, el derecho romano, infraestructuras (calzadas, acueductos), y un importante desarrollo económico y urbano.

1.4. Reino visigodo: origen, organización política y concilios

Tras la caída del Imperio romano, diversos pueblos germánicos penetran en la península: suevos, vándalos y alanos. Los visigodos se imponen y consolidan el dominio sobre gran parte de la península, con capital en Toledo.

Organización política:

  • Monarquía electiva: la corona no era hereditaria estricta y se elegía al rey.
  • Instituciones: aula regia (los altos cargos asesoraban al monarca) y división provincial (dux como autoridad militar en las provincias).
  • Concilios: el poder real convocaba concilios que decidían aspectos civiles y religiosos. Uno de los hitos fue la conversión al cristianismo de Recaredo.

Los visigodos representan una minoría sobre una población mayoritariamente hispanorromana. Su reino perdura hasta la entrada musulmana en 711.

2.1. Al-Ándalus: conquista musulmana, emirato y califato

En 711, la batalla de Guadalete enfrenta a las fuerzas visigodas (dirigidas por Don Rodrigo) y a los ejércitos musulmanes. La conquista se produce con relativa rapidez y en muchos territorios sin resistencia organizada.

Etapas principales:

  • Emirato dependiente de Damasco: conflictos entre bereberes y árabes; en 756 Abderramán I establece un emirato independiente en al-Ándalus y se acelera la arabización.
  • Califato de Córdoba: en el siglo X, Abd al-Rahman III se proclama califa; el califato alcanza gran esplendor político, económico y cultural. Medina Azahara es símbolo de ese esplendor.
  • Hacia finales del periodo califal aparecen crisis de poder internas; figuras como Hisham II y el poder de Almanzor marcan fases de auge y decadencia y desembocan en conflictos sucesorios y en la fragmentación del califato.

2.2. Al-Ándalus: reinos de taifas y el Reino Nazarí

Tras la crisis del califato en el siglo XI (la fitna), el territorio se fragmenta en numerosos reinos de taifas (1031). Estos reinos, enfrentados entre sí, se debilitan y los reinos cristianos avanzan en la Reconquista.

Intervenciones del Norte de África:

  • Los almorávides son llamados por los taifas pero fracasan en frenar el avance cristiano.
  • Posteriormente llegan los almohades, con capital en Sevilla, que frenan temporalmente el empuje cristiano (victoria en Alarcos) pero son derrotados en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), lo que provoca el declive de su poder.

Los reinos cristianos adquieren supremacía; los reinos de taifas van cayendo salvo el Reino Nazarí de Granada, que pervive gracias al pago de parias y alcanza un gran esplendor cultural (finalización de la Alhambra en el siglo XIV). El Reino Nazarí subsiste hasta 1492, cuando cae frente a los Reyes Católicos.

6.1. Reinado de Isabel II. Primera Guerra Carlista

Minoría de edad y regencias (1833-1843):

  • Tras la muerte de Fernando VII en 1833 se abre un conflicto sucesorio; la Pragmática Sanción permite la sucesión de Isabel II y desencadena los alzamientos carlistas.
  • La regente María Cristina acuerda con los liberales el apoyo a Isabel. La Primera Guerra Carlista (también llamada guerra del 1833–1839) contó con apoyos de pequeños propietarios rurales, del clero y de sectores antiliberales. Las primeras victorias carlistas terminan con la firma del Convenio de Vergara (1839) entre Maroto y Espartero, que supone la pacificación parcial y el exilio de Carlos.
  • Se respetan en parte los fueros vascos y navarros y se integra a militares carlistas en el ejército.

El liberalismo político queda dividido entre moderados (sufragio restringido, soberanía compartida, políticas conservadoras) y progresistas (soberanía nacional, ampliación de derechos y libertades, librecambismo). Durante las distintas regencias y gobiernos surgen medidas clave: la desamortización de Mendizábal, la división provincial y la constitución de 1837 (inspirada en parte en 1812).

Regencia de Espartero (1840-1843): pugnas con María Cristina, renuncia de la reina a la regencia y gobierno autoritario de Espartero; aplicación de políticas librecambistas que generan tensiones (por ejemplo, en la industria textil catalana) y protestas que llevan a la caída de Espartero por pérdida de apoyos.

Mayoría de edad e inestabilidad (década moderada, 1844-1854):

  • Década moderada (1844-1854): gobierno de Narváez; sistema de liberalismo doctrinario, oligarquía terrateniente y control por parte de la burguesía comercial y financiera. Constitución de 1845 de carácter moderado, política centralista y creación de la Guardia Civil. Segunda guerra carlista (1846-1849) con sublevaciones que fracasan.
  • Bienio progresista (1854-1856): protesta contra el gobierno moderado; pronunciamiento de la Vicalvarada liderado por O’Donnell; gobierno progresista impulsa medidas como la desamortización de Madoz y una constitución de 1856 que no llegó a entrar en vigor.
  • Periodo de alternancia (1856-1868): gobiernos moderados y la Unión Liberal; crecimiento económico y tensiones sociales que desembocarán en la Revolución de 1868.

6.2. Reinado de Isabel II: desamortizaciones de Mendizábal y Madoz. De sociedad estamental a sociedad de clases

Desamortizaciones de Mendizábal y Madoz

El nombramiento de Mendizábal como jefe del gobierno supuso un acercamiento de la regente a los progresistas. Se puso en marcha un proceso de desamortización con objetivos de sanear la Hacienda, reducir la deuda pública, fomentar el desarrollo del capitalismo y crear una nueva clase de propietarios que asegurara el régimen liberal.

El proceso se centró en los bienes de la Iglesia, que fueron confiscados y sacados a subasta pública. Esto propició la venta de muchos bienes, a menudo adquiridos por grandes propietarios por debajo de su precio real, y se utilizó en parte para financiar la guerra carlista. El fenómeno resultó irreversible en el campo español y provocó el distanciamiento entre progresismo e Iglesia.

Madoz inició una nueva desamortización que afectó al resto de bienes de las comunidades religiosas y a ciertas propiedades del Estado; el proceso fue paralizado por gobiernos moderados y reanudado por unionistas en distintos momentos.

Consecuencias: incorporación de patrimonio al dominio nacional, incremento de la superficie cultivable, consolidación de una estructura de dominio de la tierra y aparición de cambios urbanísticos y sociales.

Nueva sociedad de clases

La instauración del régimen liberal en España supuso el fin de la sociedad estamental. La nueva sociedad de clases se basaba en la igualdad ante la ley:

  • La nobleza perdió sus derechos jurisdiccionales.
  • El clero redujo su influencia y personal en términos prácticos.
  • La burguesía se convirtió en el grupo social más influyente y se enriqueció en parte gracias a las desamortizaciones.
  • La mayoría de la población quedó englobada en clases populares: campesinado, proletariado urbano y sectores del terciario.

Estos cambios configuran la transición de una sociedad estamental a una sociedad de clases propia del siglo XIX.

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