Historia Política de España: Moderados, Progresistas y la Era Isabelina

1. Facciones Políticas y la Monarquía Liberal

El reinado de Isabel II instauró en España la monarquía liberal, caracterizada por la pugna entre dos grandes facciones:

Moderados

  • Defendían la soberanía compartida (Rey y Cortes).
  • Proponían unas Cortes bicamerales.
  • Establecían un sufragio censitario muy restrictivo.
  • Se incorporó la antigua nobleza (que logró salvar sus propiedades agrarias) y una nueva burguesía liberal.

Progresistas

  • Eran partidarios de un liberalismo más amplio.
  • Defendían la soberanía nacional.
  • Se apoyaban en las clases medias y los artesanos.

2. La Regencia de María Cristina (1833-1840)

a) Los Comienzos Moderados de la Revolución Liberal

El Estatuto Real de 1834

En enero de 1834, fue llamado a formar gobierno Martínez de la Rosa, quien aprobó el Estatuto Real. Esta era una Carta Otorgada que no reconocía los derechos individuales ni la división de poderes, pero sí establecía una convocatoria de Cortes con dos cámaras: el Estamento de Próceres y el Estamento de Procuradores.

Martínez de la Rosa dimitió, siendo sustituido por el Conde de Toreno, quien aprobó las juntas revolucionarias. Finalmente, la regente llamó a Mendizábal para formar gobierno.

b) La Fase Progresista de la Revolución Liberal

Durante esta fase, se amplió el aislamiento de hombres y se aprobó la Desamortización del Clero Regular, buscando eliminar o disminuir la deuda pública. Mendizábal decidió dimitir y se encargó a Francisco Javier Istúriz formar gobierno.

En 1836, tuvo lugar el Motín de los Sargentos de la Granja, lo que obligó a formar un nuevo gobierno con José María Calatrava y Mendizábal. El programa de gobierno consistió en acabar con las instituciones del Antiguo Régimen e implantar un régimen liberal, culminando con la Constitución de 1837, que reconocía la soberanía nacional y los derechos individuales, y establecía Cortes bicamerales.

c) La Vuelta de los Gobiernos Moderados

Se propuso aprobar una Ley de Ayuntamientos. Los progresistas defendían la elección del alcalde por los votantes, mientras que los moderados pretendían que fuese designado por el gobierno de entre los concejales elegidos. La regente manifestó su rechazo a la ley, pero terminó sancionándola.

d) El Problema Carlista y la Primera Guerra Carlista (1833-1840)

Carlos María Isidro, en el Manifiesto de Abrantes, reclamaba el trono desde Portugal. La guerra no fue solo un conflicto dinástico, sino un enfrentamiento entre partidarios del Antiguo Régimen (carlistas) y el liberalismo (isabelinos).

El Bando Carlista

Eran partidarios del absolutismo monárquico, la defensa de la religión y de los fueros, identificándose con el Antiguo Régimen.

El Bando Isabelino

Contó con el apoyo de parte de la nobleza, el funcionariado, las altas jerarquías de la Iglesia, altos mandos del ejército, la burguesía y las clases urbanas.

Fases de la Guerra

  1. Primera etapa: Caracterizada por la consolidación de los focos de resistencia.
  2. Segunda etapa: Se caracteriza por las grandes expediciones. Una de ellas partió del País Vasco, consiguió llegar a Galicia, se dirigió a Valencia y después a Andalucía.
  3. Tercera fase: Se caracteriza por el agotamiento de los contendientes, interesados en buscar la paz. El general Maroto firmó el Convenio de Vergara, que puso fin a la guerra.

3. La Regencia de Espartero (1840-1843)

La forma de gobernar de Espartero fue muy personalista y autoritaria. Los sucesos de Barcelona también contribuyeron a desprestigiarlo, derivando en una insurrección social. Su líder militar, Ramón María Narváez, se enfrentó a las tropas de Espartero en Torrejón de Ardoz, poniendo fin a la regencia.

4. El Reinado Efectivo de Isabel II (1843-1868)

a) La Década Moderada (1844-1854)

Las Reformas Moderadas y la Constitución de 1845

El gobierno estuvo presidido por González Bravo, quien puso en vigor la Ley de Ayuntamientos de 1840 y creó la Guardia Civil. Tuvieron lugar las elecciones para una nueva asamblea encargada de redactar una nueva constitución.

La Constitución de 1845 limitaba las atribuciones de las Cortes y reforzaba el poder de la Corona. Establecía la soberanía compartida, la defensa de un estado centralizado y uniforme, la adopción de medidas destinadas a la reconciliación con la Iglesia, la reforma de Hacienda y la Ley Electoral de 1846.

Desarrollo Político de la Década

Esta etapa dio lugar al estallido de la Segunda Guerra Carlista, donde Ramón Cabrera regresó de Inglaterra y se puso al frente de las partidas de guerrilleros.

Con Bravo Murillo se firmó el Concordato con la Santa Sede (1851), que reforzaba la confesionalidad católica de la Constitución, abría la posibilidad de establecer órdenes religiosas y creaba la dotación de culto y clero.

b) El Bienio Progresista (1854-1856)

Los Progresistas en el Poder

El general Serrano se unió a la sublevación y convenció a O’Donnell para dar al pronunciamiento un giro hacia el progresismo. El Manifiesto de Manzanares, firmado por O’Donnell, permitió que la sublevación militar se transformara en una revolución popular y progresista.

La Constitución Non Nata de 1856

Convocadas elecciones para unas Cortes Constituyentes, triunfó el nuevo partido de la Unión Liberal. La Constitución de 1856, aunque no fue promulgada, reunía el ideario progresista.

Leyes Económicas Clave

  • Ley de Desamortización: Afectó a los bienes de la Iglesia.
  • Ley General de Ferrocarriles: Facilitó la inversión de capital extranjero y la construcción de grandes compañías ferroviarias.
  • Ley de Bancos de Emisión y de Sociedades de Crédito: Favoreció la movilización de capitales para financiar la construcción de líneas ferroviarias.

c) El Retorno al Moderantismo y la Crisis Final (1856-1868)

El Gobierno Largo de O’Donnell

O’Donnell, encargado de la Unión Liberal, dio a conocer el «Gobierno Largo», que contribuyó a una etapa de crecimiento económico. En política exterior, se envió una expedición con otra francesa a la Guerra de Cochinchina para castigar el martirio de los misioneros.

La Crisis Final del Reinado

Los progresistas, liderados por Prim, intentaron una salida que acabó en fracaso absoluto. En agosto de 1866, se firmaba el Pacto de Ostende con el propósito de unir fuerzas para conseguir destronar a Isabel II y convocar unas Cortes elegidas por sufragio universal.

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