Recorrido Histórico de España: Prehistoria, Visigodos y la Crisis Política del Siglo XIX

I. La Prehistoria en la Península Ibérica

El Paleolítico o Edad de Piedra

El Paleolítico o Edad de Piedra es la etapa más antigua y larga de la Prehistoria y abarca el espacio de tiempo que va desde el inicio de la vida humana (hace 2,5 millones de años) hasta hace unos 10.000 años. Se caracteriza por la fabricación y utilización de herramientas de piedra, el nomadismo y la depredación (caza, pesca y recolección). En esta etapa se producirán las primeras manifestaciones artísticas (pinturas rupestres, esculturas en piedra, hueso o marfil).

El Paleolítico se divide en:

  • Paleolítico Inferior (2,5 millones – 300.000 años): El primer poblamiento humano en la Península se adscribe a grupos de Homo Erectus y Homo Antecessor. Sus hábitats eran zonas abiertas, cerca de ríos y lagunas. Su tecnología era simple (utensilios sobre cantos con filo, bifaces y lascas cortantes). Destacan los yacimientos de Atapuerca, Guadix-Baza o Torralba en Soria.
  • Paleolítico Medio (300.000 – 40.000 años): Se caracteriza por el Homo Neanderthalensis. Dominaban el fuego y cazaban grandes animales. Su tecnología era compleja y eficaz (lascas cortantes, puntas de lanza, raspadores de pieles). Los últimos neandertales vivieron en el sur de la Península Ibérica.
  • Paleolítico Superior (40.000 – 10.000 años): Destaca el Homo Sapiens moderno, con cambios culturales rápidos. Los grupos humanos son más numerosos y con contactos a mayor distancia. Destaca la abundancia de cuevas con arte rupestre y objetos decorados en piedra, hueso o marfil. Altamira en Cantabria o la Fuente del Trucho en Huesca son yacimientos representativos.

El Neolítico: La Revolución Agrícola

El Neolítico es la segunda etapa de la Prehistoria y se sitúa cronológica y culturalmente entre el Epipaleolítico, el Mesolítico y el Calcolítico. Hacia el año 5000 a.C. surgieron, en la Península Ibérica, las primeras comunidades neolíticas. Este proceso implica la sustitución de un modo de vida basado en la caza, la pesca y la recolección por otro modo de vida productor, con:

  • Domesticación de especies animales (ovejas, cabras) y cultivo agrícola (cebada, trigo, vegetales).
  • Elaboración de cestería y tejidos.
  • Fabricación de herramientas con piedra pulimentada y de cerámica (para almacenar y transportar excedentes).

La Neolitización se produce mediante la llegada de colonos o Pioneros a las costas mediterráneas peninsulares. Yacimientos relevantes incluyen la cueva de L’Or (Alicante), Les Cendres (Alicante), La Sarsa (Valencia) y la cueva de Nerja (Málaga). Una de las innovaciones más características de esta etapa inicial es la cerámica cardial, decorada con la impresión de la concha del molusco Cardium Edulis (berberecho).

La sedentarización y la aparición de las primeras aldeas agrícolas (como La Draga en Gerona o Los Cascajos en Navarra) conllevan modificaciones en la estructura social. El final del periodo está marcado por la aparición de la metalurgia en cobre, que desencadena una mayor complejidad social y grandes cambios en el modelo económico y social en los últimos siglos del IV milenio a.C.

II. Los Pueblos Prerromanos (Iberos y Celtas)

A partir del siglo VI a.C. se habían configurado dos grandes áreas culturales y lingüísticas en la Península Ibérica: la Ibera y la Celta. Estos pueblos autóctonos no constituían entidades políticas homogéneas.

Los Iberos (ss. VI a II a.C.)

Ocupaban un amplio territorio que iba del sur de Francia hasta el alto Guadalquivir (el arco mediterráneo). Desarrollaron una rica y compleja cultura organizada en torno a ciudades-estado aristocráticas, como Castulo (Linares), Ilerda (Lérida) o Arse-Saguntum (Sagunto). La sociedad estaba muy jerarquizada. Su base económica era la agricultura, la ganadería, la minería y la artesanía. Comerciaron con los pueblos colonizadores, lo que propició la acuñación de moneda propia y el urbanismo.

Manifestaciones artísticas destacadas:

  • Esculturas: La Dama de Elche, la Dama de Baza y la Bicha de Bazalote.
  • Cerámica pintada.

Un rasgo cultural distintivo fue el amplio desarrollo de la escritura, aunque su lengua continúa, por el momento, intraducible.

Los Pueblos Celtas y Celtíberos

Los pueblos celtas ocuparon el interior de la Península Ibérica (La Meseta), la cornisa cantábrica y la fachada atlántica (ss. V y I a.C.). Su grado de desarrollo económico, político y cultural era inferior al de los iberos. Eran un pueblo ganadero, aunque también practicaban la agricultura. Habitaban en poblados llamados “castros”, situados en cimas rocosas y amurallados.

Los mejor conocidos son los celtíberos, que ocupaban zonas de contacto entre iberos y celtas (Soria, Guadalajara, Zaragoza y Teruel). Su violenta oposición a la dominación romana en el siglo II a.C. (las “Guerras Celtibéricas”) hizo famosas ciudades como Segeda y, especialmente, Numantia (Numancia, 133 a.C.). Entre las pocas muestras artísticas conservadas destacan los “verracos”, grandes esculturas en piedra que representan animales, como los Toros de Guisando.

III. El Reino Visigodo de Toledo (410-711 d.C.)

A partir del siglo III, coincidiendo con la crisis del Imperio Romano, se producen invasiones de pueblos germanos. Los visigodos se instalaron en la zona SE de la actual Francia y en el NE de Hispania. Como aliados del Imperio Romano, lograron expulsar a alanos y vándalos de la Bética. Tras la caída del Imperio romano de Occidente (476) y la derrota ante los francos en la batalla de Vouillé (507), el nuevo reino visigodo en la Península tendrá como capital la ciudad de Toledo.

Organización Política y Social

El monarca ejercía un poder casi absoluto, pero su carácter electivo (elegido entre los nobles) generaba constante inestabilidad por intrigas y luchas por el poder, conocido como “el morbo gótico”. El rey gobernaba con la ayuda del Officium Palatinum (oficio del palacio), que incluía dos órganos de gestión:

  • Aula Regia: Formada por altos funcionarios, aristócratas y clérigos que asesoraban al rey en asuntos administrativos, militares y judiciales.
  • Concilios de Toledo: Asambleas formadas por obispos, el rey y nobles, que se encargaban de tareas legislativas y asuntos de gobierno desde el III Concilio (589), tras la conversión al catolicismo.

El Proceso de Unificación

La monarquía visigoda construyó su dominio sobre las tierras peninsulares a partir de un proceso de unificación:

  • Unificación Territorial: Los monarcas Leovigildo y su hijo Recaredo consiguieron dominar a vascones y cántabros, expulsar a los suevos (585) y conquistar territorios a los bizantinos.
  • Unificación Religiosa: Se hizo a través de la conversión al catolicismo en el reinado de Recaredo, en el III Concilio de Toledo, y el fomento de matrimonios mixtos en época de Leovigildo.
  • Unificación Jurídica: El rey Recesvinto promovió en el 654 una única ley para ambos pueblos: el Fuero Juzgo o Liber Iudiciorum (Libro de los Jueces).

Las disputas entre los nobles visigodos acabaron con el reino. En el año 711, un ejército de bereberes procedente del norte de África al mando de Tariq derrotó a las tropas leales al rey Don Rodrigo en Guadalete, iniciándose la invasión musulmana de la península.

IV. El Sexenio Democrático (1868-1874)

La Revolución de 1868 y el Gobierno Provisional

Debido a la crisis económica de 1866, el apoyo de la reina a los moderados y el egoísmo de estos por el poder, progresistas, unionistas y demócratas pactaron en Ostende el final del gobierno moderado y el reinado de Isabel II. En septiembre de 1868, tras la revolución conocida como La Gloriosa, se inicia en Cádiz un pronunciamiento dirigido por Topete, y de acuerdo con Serrano y Prim, se pone fin al reinado de Isabel II, que tuvo que exiliarse. Así comienza el Sexenio Democrático.

A pesar de la creación de juntas por el país, el general Serrano forma un gobierno provisional integrado por unionistas y progresistas. En enero de 1869 se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes, ganadas por partidarios de la monarquía, que eligen presidente a Prim y regente a Serrano.

La Constitución de 1869

Su objetivo era crear una nueva constitución, que se promulgó el 1 de junio de 1869, mediante la cual se implantaba:

  • La soberanía nacional.
  • Libertad de culto, religiosa y de asociación y reunión.
  • División de poderes.
  • Sistema bicameral.
  • Reconocimiento de derechos inalienables e inalterables del individuo.
  • La abolición de la esclavitud.
  • Una monarquía constitucional.

El Reinado de Amadeo I de Saboya (1870-1873)

El régimen monárquico empezó con un problema: la falta de un rey, un problema nacional por las diferentes propuestas y también internacional. Finalmente, el 16 de noviembre de 1870, las Cortes españolas nombraron rey a Amadeo de Saboya (aprobado por 191 votos a favor y 120 en contra).

Su reinado pasó por distintos problemas:

  • El asesinato de Prim.
  • La oposición de los monárquicos carlistas y alfonsinos, y del republicanismo federalista.
  • Agitaciones obreras.
  • La inestabilidad de los sucesivos gobiernos y la crisis colonial.

Después de todos estos problemas, Amadeo renunció al trono el 10 de febrero de 1873.

La Primera República Española (1873-1874)

El 11 de febrero de 1873, las Cortes monárquicas españolas proclamaron la República. Se encontraba dividida en dos corrientes: los unitarios y los federalistas. Dentro de los últimos estaban:

  • Los de arriba (moderados): Partidarios de aplicar el programa republicano de manera progresista.
  • Los de abajo (radicales): Que apostaban por una acción rápida mediante la sublevación.

Medidas más destacadas de la República:

  • Supresión del impuesto de consumos.
  • Eliminación de quintas.
  • Separación Iglesia-Estado.
  • Regulación del trabajo infantil.

La I República duró 11 meses y hubo 4 presidentes del gobierno:

  1. Estanislao Figueras (federalista): Convocó Cortes Constituyentes.
  2. Pi i Margall (republicano federal): Quiso una nueva organización de España, reflejada en el proyecto de Constitución de 1873 (nonata), que hacía de España una República federal.
  3. Nicolás Salmerón: Se apoyó en militares de prestigio para sofocar los levantamientos cantonalistas. Dimitió tras negarse a aceptar la restitución de la pena de muerte.
  4. Emilio Castelar: Aceptó las exigencias del ejército y cerró las Cortes durante tres meses ante la situación crítica de España.

Al reabrirse las Cortes en enero de 1874 y ante el temor por parte del ejército de que los republicanos federales se hicieran con el gobierno, el general Manuel Pavía entraba en las Cortes para dar un golpe de Estado con la intención de evitar el triunfo del federalismo.

V. La Restauración Borbónica (1874-1902)

El Fin del Sexenio y el Inicio de la Restauración

España se convertía en un régimen provisional al mando del general Serrano hasta que, a finales de diciembre de 1874, el general Arsenio Martínez Campos se adelantaba a las ideas de Cánovas de volver a implantar la monarquía borbónica y se pronunciaba en Sagunto proclamando la restauración de los borbones en la figura de Alfonso XII, tras haber realizado a comienzos de diciembre el Manifiesto de Sandhurst. Se iniciaba así una nueva etapa de la historia de España: la Restauración.

La Restauración es el periodo de la historia de España iniciado con la vuelta de los Borbones al trono español. Cánovas, desde el punto de vista burgués del Sexenio Democrático, pretendía asentar un nuevo régimen basado en la Monarquía, el Orden y la Propiedad. Afirmó los principios ideológicos y sentó las bases institucionales y jurídicas del sistema. Para ello, se propuso apartar al ejército del poder político y pacificar el país.

Bases del Sistema Canovista

Cánovas concentró todos los poderes y convocó elecciones, con sufragio universal masculino, para formar unas Cortes constituyentes.

La Constitución de 1876

Estaba inspirada en la Constitución de 1845, aunque incorporaba aspectos de la de 1869. La Constitución de 1876 establecía:

  • Soberanía compartida entre la Corona y las Cortes.
  • Al rey le correspondía el poder ejecutivo y la iniciativa legislativa, con derecho de veto sobre el Parlamento.
  • Establecía un Parlamento bicameral (Congreso y Senado).
  • Se practicaba la religión católica, pero estaba permitida la práctica privada de otra religión.
  • Se reconocían los derechos y libertades individuales.

El Bipartidismo y el Turnismo

El sistema de gobierno se basaba en el bipartidismo. Los partidos dinásticos eran leales a la Corona:

  • Partido Conservador (Antonio Cánovas): Formado por moderados, unionistas y progresistas. Representaba a la burguesía y a la aristocracia.
  • Partido Liberal (Sagasta): Formado por progresistas, demócratas y algún republicano. Representaba a la burguesía media alta.

El sistema también se basaba en el turnismo, un turno pacífico garantizado mediante el fraude electoral, manejado por los caciques locales mediante la compra del voto o la coacción. Se acordaba la distribución de los escaños y la lista de diputados que deberían salir elegidos, llamada encasillado.

Evolución del Sistema (1875-1902)

El Partido Conservador de Cánovas se mantuvo en el gobierno entre 1875 y 1881, cuando Sagasta formó un primer gobierno liberal. En 1884, Cánovas regresó al poder, pero ante el temor a una desestabilización del sistema político tras la muerte de Alfonso XII, le sucede María Cristina como regente. Esto provoca el llamado Pacto del Pardo (1885), por el cual conservadores y liberales se comprometen con la monarquía y con la regente a dar el turno.

El gobierno liberal de Sagasta (1885-1890) aplicó reformas importantes:

  • Ley de asociaciones.
  • Abolición de la esclavitud.
  • Nuevo código civil.
  • Concesión del sufragio universal masculino.

Los partidos dinásticos empezaron a perder poder tras el asesinato de Cánovas en 1897.

La Oposición y la Crisis de 1898

Ante esta pérdida de poder, la oposición empezó a tener influencia. Estaba formada por:

  • Los Carlistas.
  • Los Republicanos (debilitados y divididos).
  • El movimiento obrero (socialistas de Pablo Iglesias y anarquistas).
  • Partidos regionalistas y los nacionalismos periféricos.

Todos ellos, débiles en la primera etapa de la Restauración, contribuirán en la segunda parte a derribar el sistema que no les daba lugar.

El Desastre de 1898 marcó un punto de inflexión en la etapa de la Restauración. Una crisis moral, política y social a raíz de la crisis de Cuba y la guerra contra Estados Unidos, arraigó en España y una corriente regeneracionista se abrió paso a comienzos del siglo XX, cuyo objetivo era modernizar el país en varios ámbitos. La Corona pasaba a manos de Alfonso XIII con su mayoría de edad en 1902, modificando también el papel del rey en los siguientes años, haciéndolo más intervencionista en los temas políticos.

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