Al-Ándalus y la configuración política, social y cultural de la Península Ibérica medieval

Al-Ándalus: evolución política

El Estado visigodo, debilitado por luchas internas, fue conquistado por los musulmanes tras la batalla de Guadalete (711), en la que murió el rey Rodrigo. En pocos años dominaron casi toda la península, salvo las zonas del norte, dando lugar a Al-Ándalus, inicialmente una provincia del califato omeya de Damasco. Tras la llegada de la dinastía abasí (750), que trasladó la capital a Bagdad, un príncipe omeya, Abd al-Rahman I (756), escapó y fundó en Córdoba un emirato independiente (político, pero no religioso), consolidando el poder musulmán.

Posteriormente, la inestabilidad por revueltas de mozárabes, bereberes y muladíes debilitó el emirato. Con Abd al-Rahman III (929), que se proclamó califa, comenzó la etapa de máximo esplendor político, cultural y militar, enfrentándose al avance cristiano iniciado con la victoria de Pelayo en Covadonga (722).

A finales del siglo X, el poder pasó a Almanzor (976-1002), quien instauró una dictadura militar y realizó más de 50 aceifas contra los reinos cristianos sin ser derrotado. Tras su muerte, luchas internas provocaron la caída del Califato de Córdoba (1031) y la fragmentación en reinos de taifas, lo que facilitó el avance cristiano (como la toma de Toledo en 1085).

Para frenar esta presión, llegaron los almorávides y, más tarde, los almohades, pero fueron derrotados en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), lo que dejó a los musulmanes reducidos al reino nazarí de Granada. Finalmente, en 1492, los Reyes Católicos conquistaron Granada, poniendo fin a Al-Ándalus.

Al-Ándalus: economía, sociedad y cultura. El legado judío en la península ibérica

Al-Ándalus destacó por su economía de regadío (norias, acequias) y por la introducción de nuevos cultivos como cítricos, arroz o azafrán, junto a cereales, vid y olivo. La ganadería se centró en caballos, ovejas y cabras. La producción manufacturera fue variada: seda, lino, cerámica, cuero cordobés, vidrio, armas y papel de Xàtiva. El comercio interior se organizaba en zocos, mientras que el comercio exterior conectaba con Oriente y Europa exportando tejidos, productos de lujo y esclavos.

La sociedad era diversa: árabes, bereberes, muladíes, mozárabes y judíos convivían en un sistema jerárquico. Los árabes poseían tierras y cargos; mercaderes y militares constituían grupos acomodados; campesinos, artesanos y esclavos ocupaban los niveles más bajos.

Al-Ándalus fue puente cultural entre el islam y Europa. Se desarrollaron las matemáticas (la numeración que usamos actualmente), la medicina, la filosofía (figuras como Averroes y Maimónides) y la historiografía, además de la poesía (muwashshah o moaxajas y jarchas). En el arte, la prohibición de imágenes impulsó la arquitectura con decoración geométrica y vegetal. Destacaron las mezquitas de Córdoba y de Toledo y los palacios como la Alhambra y Medina Azahara.

Modelos de repoblación. Organización estamental en los reinos cristianos medievales

Durante la Reconquista se aplicaron distintos sistemas de repoblación:

  • Presura (siglos VIII–X): al norte del Duero, se permitía apropiarse de tierras despobladas y fronterizas al primero que las cultivaba.
  • Sistema concejil (siglos XI–XII): entre el Duero y los Montes de Toledo y en el valle del Ebro, se impuso el sistema regulado por cartas puebla, donde el rey otorgaba privilegios a los pobladores de villas, generando una sociedad de hombres libres con propiedades medianas y comunales.
  • Repoblación por órdenes militares (siglo XIII): en zonas de La Mancha, Extremadura y el norte de Castellón, la repoblación corrió a cargo de las órdenes militares (Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa). Estas dividieron las tierras en encomiendas dirigidas por un comendador, dando lugar a grandes latifundios dedicados a la agricultura y la ganadería, similares al señorío feudal.

El modelo político era una monarquía feudal, basada en el vasallaje y el régimen señorial, donde el rey era primus inter pares respecto a la nobleza. La sociedad se organizaba en estamentos:

  • Nobleza (bellatores): poseía tierras y combatía.
  • Clero (oratores): también propietario y privilegiado.
  • Estado llano (laboratores): formado por campesinos dependientes y, desde el siglo XI, por una burguesía urbana en crecimiento.

A ellos se sumaban minorías marginadas como judíos urbanos y mudéjares rurales.

La Baja Edad Media en las Coronas de Castilla y de Aragón y en el Reino de Navarra

Desde el siglo XI los reinos cristianos peninsulares desarrollaron instituciones políticas similares, con particularidades en cada uno.

Corona de Castilla

En Castilla la monarquía se fortaleció gracias a una administración centralizada y al apoyo de la Curia Regia, origen de las Cortes. Estas, celebradas por primera vez en León en 1188 con Alfonso IX, incorporaron a representantes urbanos y aprobaron impuestos, subsidios y quejas. El reino se dividió en merindades dirigidas por merinos, y a nivel local los concejos organizaban la vida municipal. Otras instituciones fueron las Chancillerías de justicia y la Real Hacienda para la recaudación.

Corona de Aragón

La Corona de Aragón era una unión de reinos (Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca) que conservaban leyes e instituciones propias. Los reyes debían pactar con las Cortes de cada territorio, que además de votar impuestos ejercían funciones legislativas. Destacaron la Diputación aragonesa y la Generalitat catalana y valenciana, con funciones administrativas y fiscales. También destacó la figura del Justicia de Aragón, que mediaba entre la monarquía y los aforados, y más tarde los virreyes que actuaban en nombre del rey.

Reino de Navarra

En Navarra, gobernada desde el siglo XIV por la familia Evreux, se consolidó también el pactismo con instituciones como la Diputación de los Tres Estados y la Cámara de Comptos, tribunal de cuentas más antiguo de España. Tras su incorporación a Castilla en 1512, Navarra mantuvo sus fueros e instituciones con estatus de reino.

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