El cisma de la iglesia católica la reforma

Conflictos religiosos y minorías socioculturales en la Europa Moderna. El cisma del Cristianismo europeo: las Reformas
Con el surgimiento de los movimientos e iniciativas de reforma de la Iglesia en Europa fue una de las causas del cisma religioso del siglo XVI. Todo esto se vio agravado por la difusión del pensamiento humanista (gracias a la creación de la imprenta), la falta de formación del clero, vicios y abusos en el seno de la Iglesia, etc. La venta de indulgencias y cargos eclesiásticos (simonía) que contribuyó al enriquecimiento de las arcas eclesiásticas, el nicolaísmo referente al modo de vida sacerdotal que aún no estaba regido por la Iglesia y la adoración excesiva a imágenes religiosas así como a las reliquias fueron tres de los objetivos de las modificaciones religiosas futuras. Pese a que la Iglesia había intentado frenar estas formas de vida eclesiásticas, nada consiguieron, por lo que personajes religiosos como Martin Lutero comenzarán a plantearse el llevar a cabo una reforma de la Iglesia. En esta época, también, se produjo el nacimiento de corrientes de devoción favorables a la reforma religiosa, como la Devotio Moderna, de Tomás de Kempis  y secundada por los Hermanos de la Vida Común que buscaba el mensaje primitivo de Jesucristo dejando atrás la corrupción de la institución de la Iglesia, o la proliferación de nuevas congregaciones reformadas, como los camalduenses o los olivetanos, así como la apertura de debates en otras órdenes, como la de los franciscanos o los dominicos.  El reformador Martín Lutero recogió varios elementos de las nuevas reformas eclesiásticas, juntando todas ellas en una única reforma. Nació en 1483 y, tras estudiar teología en la Universidad de Wittemberg, accedió a la orden sacerdotal de los Agustinos. Durante el tiempo anterior a la presentación de su reforma, estució la Biblia atentamente para poder fomentar sus ideas sobre una base religiosa. En el año
1517 llevó a cabo la presentación de sus 95 tesis, en la ciudad de Wittemberg. En ellas encontramos, por ejemplo, la impugnación del derecho del Papa de Roma a distribuir los frutos de los méritos de Cristo y los santos. Para Lutero, el hombre nace ya siendo pecador y sus actos no pueden colaborar a su salvación, sino que será Dios y la fe las que se encarguen de salvar a los pecadores del mundo. Las ideas luteranas chocarán con el rey Carlos I, lo que llevará al emperador a mantener una lucha sin pausa contra esta reforma religiosa. En 1520, Carlos presidió una ceremonia en la cual se quemaron textos de Lutero, simbolizando que el texto estaba prohibido para la lectura, algo que aprovechó Lutero para quemar los escritos pontificios que pedían la retractación de Lutero. En 1521, Roma expide una bula por la que Lutero queda excomulgado, excluyéndolo de la orden de San Agustín y prohibiéndole ejercer el sacerdocio. Además de esta bula, Carlos V reunió la Dieta de Worms y expidió un edicto imperial condenando a Lutero y declarándolo como una persona en búsqueda y captura. Pese a estas amenazas, Lutero no se retractó del mensaje, denunciando a la curia pontificia. En sus obras escritas en 1520 “Del Papado”, “Manifiesto a la nobleza alemana” y “De la cautividad de la Iglesia” Lutero lleva a cabo una denuncia de la corruptela de la Iglesia, así como poniendo en cuestión al sacerdocio, al Papa y su infalibilidad. Además, en estas obras, se suprimen los sacramentos, dejando el bautismo y el matrimonio como ritos y no como sacramentos, instaurando la lengua vulgar en las misas, la lengua vulgar en las nuevas impresiones de la Bíblica, un sacerdocio universal  y justificando la fe como la única forma de salvación humana, como antes se dijo.
La expansión de la reforma luterana se produjo por la inestabilidad política que sacudía Europa, así como por la Guerra entre Carlos V y Francisco I de Francia. En la Dieta de Spira del año 1526 se instauró la libertad para la aplicación del edicto imperial. Con el fin de la guerra contra los franceses, el emperador liberó sus recursos para desafiar a las reformas luteranas. El conflicto entre la reforma de Lutero y la Iglesia se agravó considerablemente, por lo que todas las llamadas al diálogo y a la reconciliación fracasaron. En 1531, ambos bandos llegaron a las armas, creando la Liga de Smalkalda que se enfrentará a la Liga católica de Nüremberg. En 1547 se alcanzó la victoria en la ciudad de Mülhberg y, un año después, se reunió la Dieta de Ausburgo. En 1555 el conflicto finalizó con la Paz de Ausburgo, por la que se establecía la división confesional imperial en dos religiones, la religión católica y la religión luterana.   Esta paz no supuso una tolerancia religiosa ni una libertad de conciencia, sino que garantizaba, únicamente, una paz duradera para las religiones enfrentadas. La paz de Ausburgo supuso el fracaso de los planes de unificación religiosa del emperador Carlos V. Otras reformas aparecieron a raíz de la creda por Lutero y la difusión de ésta gracias a la imprenta. Una de estas reformas es la de Zwinglio, destinada a reformar la Confederación Suiza o Helvética independizada de facto del Imperio en 1499 (no será oficial su independencia hasta el año 1648). Esta reforma propugnaba el antipapismo y humanismo, la iconoclastia, el radicalismo y el enfrentamiento doctrinal con el luteranismo, en relación a la eucaristía. La reforma de Calvino pertenece a la segunda generación de reformadores, y se basaba, principalmente, en la justificación de la fe, control de las desviaciones de conducta y ortodoxia a través de un Consistorio, creación de escuelas y colegios para enseñanza general, importancia de la predicación y de los sermones, vigilancia de la juventud en sus diversiones, infancia controlada por la catequesis, etc. El Calvinismo desplazó en muchos lugares el luteranismo, especialmente en Francia y los Países Bajos donde la aristocracia apoyó la nueva religión frente a las monarquías francesa y española. El Calvinismo recibió, también, influencias del Presbiterianismo de las Iglesias de Escocia, Suiza e Inglaterra. Por otro lado, los Anabaptistas se mostraban contrarios al bautismo infantil, defendiendo el bautismo adulto como símbolo de la fe y del acercamiento a la figura divina. Estas reformas religiosas se expandieron por zonas distintas, extendiéndose el luteranismo por el Sacro Imperio Romano Germánico y por los reinos escandinavos, el calvinismo por Francia (hugonotes) y los Países Bajos, el zwinglinismo en Suiza, el Anglicismo de Enrique VIII en Inglaterra, el Presbiterianismo de John Knox en Escocia, etc. Estas reformas calaron, principalmente en las ciudades, siendo aquí donde se forman los predicadores que van a expandir la reforma por territorios rurales. La Iglesia Anglicana merece atención a parte de las reformas en general. La introducción de los movimientos reformadores en Inglaterra empujará al Papa de Roma a concederle a Enrique VIII el título de defensor Fidei. Años después, durante el proceso de nulidad matrimonial con Catalina de Aragón (1585-1536) y la reclamación del divorcio al no haber conseguido concebir un heredero varón provocó una crisis de conciencia, crucial en el inicio del cisma con Roma. El canciller-cardenal Thomas Wolsey inició e impulsó el proceso de ruptura desde Londres. Pese a esta reacción, Roma tardó en reaccionar al no pronunciarse a tiempo. El cardenal finalmente fracasó y fue relevado por Thomas More como canciller, oponiéndose a la tramitación del divorcio, lo que le llevó a ser ejecutado. Enrique VIII, finalmente, decidió romper con la Iglesia romana, proclamándose Jefe Supremo de la Iglesia de Inglaterra ante la Cámara de los Lores en 1531 por el Acta de Supremacía. Este hecho agilizó el proceso de nulidad por el nuevo arzobispo de Canterbury, Cranmer. Finalmente, el 23 de mayo del año 1533 se hace pública la sentencia que declara nulo el matrimonio entre Enrique VIII y Catalina de Aragón. Ante esto, Roma excomulgó al rey en 1533. Acto seguido se legitima el enlace entre el rey y Anna Bolena, del cual nace la princesa Isabel. Los Diez Artículos, publicados en 136, fijaban la doctrina anglicana, estableciendo la supremacía de las Sagradas Escrituras, la liturgia en inglés, la reprobación de indulgencias y reliquias, dos únicos sacramentos (bautismo y eucaristía), la desamortización de bienes eclesiásticos (se suprimen los conventos y monasterios), la creación de cofradías, hospitales y obras pías, etc. En 1547 muere Enrique VIII, levantando un gran caos religioso y una crisis sucesoria ante la minoría de edad de Eduardo VI. Eduardo VI se introdujo en la reforma protestante de tendencia calvinista suprimiendo el celibato sacerdotal y de las imágenes en templos.


Su sucesora, María I, restauró la fe católica, depurando el Alto clero y el profesorado protestante. Contrajo matrimonio con Felipe de España. Se encargó de derogar la legislación de su abuelo y su padre, restableciendo la autoridad de Roma y de la liturgia católica. Se encargó de reponer las comunidades en sus monasterios y llevó a cabo una represión del protestantismo con casi trescientos ejecutados. Su hija, Isabel I, creó en 1559 una Nueva Ley de Supremacía, por lo que el Papa Pío V la excomulgó en 1570, lo que la llevó a reprender a los católicos. Durante su reinado se reafirmó el Anglicanismo como elemento esencial de la identidad nacional inglesa. La dinastía de los Estuardo, con Jacobo I a la cabeza, levantó la mano sobre los católicos y permitió la libertad de culto a los católicos, algo que desaparecerá posteriormente. Gracias al Juramento de Obediencia del año 1608 se negó la autoridad papal sobre el rey inglés, así como se establece luna proscripción del Puritanismo. Ante esta reforma, el mundo católico creó la llamada Contrarreforma. Esto se debe a los deseos de reforma y renovación de la Iglesia, a la contraposición frente al avance del Protestantismo, etc. Por ello, Roma convocó el Concilio de Trento en el que se redefinieron los dogmas y la proyección pastoral. Los precedentes al Concilio de Trento los encontramos en los movimientos reformadores nacionales en España, Francia e Italia, entre otros. La sociedad ajena a Roma instaba, sucesivamente, la convocatoria de un Concilio, desde Lutero hasta el emperador Carlos I, ante la el propósito de restablecer la unidad religiosa en Europa y de reconciliar la sociedad cristiana. El Concilio fue convocado en 1542, pero su inauguración no se produjo hasta el año 1454 y no se concluyó hasta el año 1563. El Concilio fue tan extenso que se convocaron veinticinco sesiones, cubriendo el pontificado de seis Papas: Paulo III, Julio III, Marcelo II, Paulo IV Pío IV y Pío V. En Trento se trataron las cuestiones dogmáticas y disciplinares del uso de la versión latina de la Biblia (la Vulgata), la confirmación de los Siete Sacramentos, la condena de la luterana doctrina de la Justificación y reafirmación de la doctrina de Justificación, la Gracia y la Redención, la declaración de la superioridad del Sumo Pontífice, el reconocimiento de Santos y Mártires y el protagonismo de la misma con la reafirmación de la Transustanciación en la Eucaristía. Entre los decretos del Concilio encontramos un establecimiento de condiciones para la elección de obispos y prohibición a estos y a los sacerdotes de tener otras ocupaciones, la instauración de la misa en latín, la reforma de las Órdenes religiosas y la introducción de la censura previa a través del Índice de Libros Prohibidos. Los decretos trentinos se aplicaron en la Monarquía Hispánica, Francia, Países Bajos (conflicto por la obsesión contrarreformista de la Corona), Polonia (recatolización del reino, bastión católico y posterior difusión de las ideas contrarreformistas), los cantones suizos católicos, etc. Por otro lado, fracasaron los intentos de recatolizar Inglaterra y Suecia. En la Monarquía Hispánica nos encontramos con Erasmistas y alumbrados en Castilla, protagonizando brotes en Sevilla y Valladolid en 1558 y 1562, exterminados posteriormente. Tras las expulsiones de los judíos en 1492 y de los moriscos en 1609, os judeoconversos y los moriscos españoles fueron obligados a la asimilación del catolicismo, siendo perseguidos los que no lo hacían. Esto fue el objetivo de numerosas políticas de erradicación de la población conversa.   En Francia, por otro lado, aparecen la figura de los protestantes, llamados hugonotes. El Edicto de Nantes del año 1598 puso fin a las Guerras de Religión. Este edicto tenía como objetivo la reconciliación religiosa, garantizando la libertad de culto aunque el nivel de tolerancia hacia estas minorías era pésimo. Los católicos ingleses y suecos sufrieron continuas persecuciones y represiones, salvo en momentos señalados del reinado de Jacobo I Estuardo. En el Saco Imperio se permitió, en Transilvania, la libertad de culto protestante. El Imperio Turco permitió la libertad cultural y religiosa para las minorías cristianas (ortodoxos) y judías. La tolerancia religiosa se fue imponiendo en Europa a lo largo de los siglos XVII y XVIII, a través de un proceso de aceptación de la diversidad característica de las sociedades modernas y el reconocimiento de la esfera individual de libertad de toda persona. El final de la Guerra de los Treinta Años en la Paz de Wesfalia en 1648 abrió el camino a la convivencia entre las distintas confesiones religiosas en Europa, siendo reconocido el calvinismo como la tercera comunidad religiosa imperial. El pensamiento de John Locke (1689) fue capital para la asunción de la tolerancia religiosa en Europa, considerándose la religión como un acto de fe interior que no puede ser impuesto desde la violencia, no teniendo potestad en Estado para intervenir en él. En Holanda, la tolerancia religiosa se produjo pese al fundamentalismo calvinista opuesto al entendimiento con la Monarquía Católica. En Europa, esta tolerancia religiosa fue una de las consecuencias de la Gloriosa Revolución inglesa del año 1688 que llevó al derrocamiento de Jacobo I. En Francia, Luis XVI promulgó el Edicto de La Tolerancia que autorizaba ls libertad de culto y que restituía los derechos a los protestantes. En España, donde la inquisición solo fue abolida en 1834, el protestantismo, como otras formas de herejía y blasfemia, solo fue tolerado a partir de 1833, tras cuatro siglos de persecución y ciento cincuenta mil procesados. La Constitución de 1869 estableció la libertad de culto, también para los judíos. En 1871 apareció, en España, la Primera Iglesia Reformada. Uno de los aspectos de este modo de vida sacerdotal como el celibato no era, para nada, respetado por los integrantes de la Iglesia. La falta de compromiso con el celibato contribuyó a ofrecer al pueblo una visión corrupta de la Iglesia. Esta ostumbre será interrumpida en el Concilio de Trento.Los fieles recurrían a la adoración de estos elementos en momentos de necesidad o miedo, ya sea por malas cosechas que producían hambrunas o por guerras.Se creó un Tribunal de vigilancia moral de la represión de ideas, y para secularizar los bienes eclesiásticos. Esta idea determinaba la no aceptación de la presencia física y divina de Cristo en la consagración del pan y el vino (consubstanciación). El Consistorio era, en realidad, una réplica de la Inquisición católica. De los hijos nacidos de este matrimonio tan solo sobrevivió la princesa María.

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