2.1. El reinado de Alfonso XII (1875-1885)
El ideólogo de la Restauración borbónica, Antonio Cánovas del Castillo, líder del Partido Conservador, se mantuvo en el poder hasta 1881 en un primer momento. Desde el ala conservadora se estructuraron los partidos dinásticos y se redactó y aprobó el nuevo texto constitucional (1876) en el que quedaron recogidos los fundamentos ideológicos del sistema canovista. En esta etapa se llevó a cabo la labor de pacificación militar tanto en el interior de España finalización de la tercera guerra carlista)
Como en la provincia de Cuba (guerra de los Diez Años). Su gobierno se centró en aprobar medidas restrictivas para fortalecer el control del Estado. Así se restringían derechos que se habían reconocido en la Constitución, como la libertad de expresión y de reuníón. El derecho a voto quedó definido como sufragio central en la Ley electoral de 1878. Tampoco se aplicaron medidas económicas y laborales para mejorar las condiciones de vida de las clases populares. En el plano administrativo, la tendencia fue centralizar las instituciones. Entre 1881 y 1884 gobernó el Partido Liberal de Sagasta, que dio inicio al turnismo. En estos años se restablecíó la libertad de expresión (Ley de Prensa de 1882) y asociación y se crearon comisiones para analizar la situación de la clase obrera. Algunas causas de la Tercera guerra carlista fueron la rivalidad dinástica entre carlistas (pretendiente Carlos VII) e isabelinos (Alfonso XII), la crisis económica y social por las desamortizaciones y la defensa de los fueros. Algunas consecuencias fueron la derrota carlista, lo que supuso el exilio del pretendiente al trono a Francia, el fin del carlismo como movimiento militar y el refuerzo del poder de Alfonso XII y del turno pacífico. Algunas causas de la Guerra de los Diez Años en Cuba fueron el descontento de los cubanos por la explotación colonial y la falta de autonomía, el autoritarismo y las restricciones del gobierno español sobre el comercio y la autonomía de Cuba y la influencia de los Estados Unidos en los intereses cubanos. Alguna de sus consecuencias fueron la creciente tensión entre España y Cuba, lo que desencadena en los primeros intentos de independencia cubana, el acuerdo con la firma de la Paz de Zanjón (1878), sin lograr la independencia. España prometíó abolir la esclavitud. Fue el tratado que puso fin a esta guerra, otra consecuencia fue la continuación del dominio colonial español pero con fuertes movimientos separatistas
La regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena (1885-1902)
A la muerte de Alfonso XII en 1885, su esposa María Cristina asumíó la regencia hasta la mayoría de edad de Alfonso XIII. Para garantizar la continuidad del sistema canovista, se firmó el Pacto del Pardo, un acuerdo entre conservadores y liberales para turnarse en el poder y apoyar a la regente. Esto permitíó la consolidación de la Restauración. El primer gobierno liberal de Sagasta, conocido como el «Parlamento Largo» por su duración, impulsó importantes reformas: el Código de Comercio (1885), la abolición de la esclavitud en Cuba (1886), la Ley de Jurado (1888), el sufragio universal masculino (1890), el Código Civil (1890) y la Ley de Asociaciones (1897). Tras este periodo, el turnismo continuó, pero el sistema se vio gravemente afectado por el asesinato de Cánovas en 1897 a manos de anarquistas y, sobre todo, por el desastre del 98, que supuso la pérdida de las últimas colonias.
2.Construcción y evolución del Estado liberal durante el reinado efectivo de Isabel II (1843 – 1868). La Década Moderada Narváez inició reformas que fortalecían el poder de la corona y organizó una administración centralista. Las principales actuaciones de esta década fueron: Se creó la Guardia Civil, en detrimento de la Milicia Nacional (1844) Se establece el control de la prensa Se crearon los gobernadores civiles (a nivel provincial, por encima de los alcaldes y militares. En 1845 se promulga la Ley de Administración Local, los alcaldes serían nombrados por la corona en los municipios de más de dos mil habitantes. Se aprobó un Código Penal (1851). Se promulgó la Ley de Reforma Fiscal para reformar la Hacienda. Simplificaron y racionalizaron los impuestos existentes. También establecieron los principios de igualdad y proporcionalidad. La ley establecíó dos tipos de impuestos: directos e indirectos. El más impopular fue el impuesto sobre el consumo de bienes, que perjudicaba a las clases populares. La promulgación de la Constitución de 1845, que era muy conservadora. Defendía la soberanía compartida entre el rey y las Cortes y otorgaba amplias prerrogativas al rey. Las Cortes contaba con la cámara del Senado, miembros nombrados por el Rey, y la del Congreso de los Diputados, elegidos por sufragio censitario. Declaraba la confesionalidad católica de la nacíón española. Se firmó el Concordato de 1851, que zanjaba la ruptura entre la Iglesia y el Estado liberal. En él, la Santa Sede ratificó el Patronato Regio (el derecho del Estado a presentar los candidatos a obispos). El Estado español reconocíó la confesionalidad católica de España y se comprometía a financiar la Iglesia y entregarle el control de la enseñanza. La segunda guerra carlista (1846-1849) estalló por el fracaso del matrimonio entre Isabel II y el hijo primogénito de Carlos María Isidro de Borbón. Este conflicto se focalizó en Cataluña. A partir de 1850 el autoritarismo de Narváez y la corrupción culminó con la Vicalvarada (1854) protagonizada por el general
O’Donnell. Al principio, este pronunciamiento militar tuvo poco seguimiento, hasta que la difusión del Manifiesto de Manzanares hizo llegar la revolución a gran parte del territorio nacional, pasando de un pronunciamiento militar a una sublevación popular. En el Manifiesto se reclama una reforma electoral, libertad de imprenta, autonomía para los ayuntamientos y bajada de impuestos. La reina entregó el poder a Espartero, quedando O’Donnell como ministro de la Guerra.
Bienio Progresista
Tres hechos relevantes marcaron la política de este bienio progresista gobernado por el General Espartero:
1. El texto constitucional de 1856 que no llegó a ser promulgado. Establecía la soberanía nacional, limitaba el poder de la corona y ampliaba los derechos individuales. (Non nata)
2. La ley de Desamortización General de Madoz de 1855, que afectó a los bienes de la iglesia no amortizados y a los municipales. El objetivo era poner las bases para el desarrollo económico e industrial del país. La venta de dichos bienes se destínó a amortizar la deuda del Estado y a financiar obras públicas, sobre todo ferroviarias. El objetivo más inmediatofue la búsqueda de financiación para iniciar el despegue industrial del país a partir de la construcción del ferrocarril. La venta de bienes de la Iglesia implicó la ruptura del concordato de 1851, la desvinculación de los bienes municipales provocó un desastre social. El desamparo rural se acrecentó.
3. Aprobaron leyes económicas para atraer capitales extranjeros, relanzar la actividad crediticia de los bancos y fomentar el ferrocarril, símbolo de industrialización y progreso. Con la Ley General de Ferrocarriles de 1855 el gobierno impulsa y respalda los proyectos de nuevos gracias a la inversión de capital extranjero. La Ley Bancaria de 1856 dio lugar a la creación del Banco de España.
Los conflictos sociales aumentarán como consecuencia de la grave situación económica, el hambre y las enfermedades. Se desarrolló un movimiento obrero que reivindicaba el derecho de asociación y una jornada laboral de 10 horas.
El Bienio Progresista terminó por la presión de los moderados, de la Corona y los sectores eclesiásticos.
La descomposición del sistema isabelino (1856 – 1868)
El general Narváez se hizo con el poder, aunque sería sustituido por O’Donnel.
Fundó el partido Uníón Liberal, aplicó una política más moderada y restauró la Constitución de 1845. O’Donnell tendrá que hacer frente a un nuevo rebrote carlista y a una sublevación campesina en Loja, que sería reprimida por la Guardia Civil.
El gobierno de la Uníón Liberal emprendíó entre 1858 y 1866 una activa y agresiva política exterior, con el objetivo de desviar la atención de los españoles de los problemas internos. Realizaron campañas en Indochina, México, Santo Domingo, Perú, Chile y Marruecos.
Los fracasos de la política de prestigio fueron el principal motivo de la dimisión de O’Donnell. A partir de ese momento habrá una sucesión de gobiernos inestables presididos alternativamente por Narváez (moderado) y O’Donnell (unionista).
En 1864 se inició una fuerte crisis económica en España. Comenzó con la quiebra de las campañas ferroviarias; continuó con el hundimiento del sector textil, y finalmente las malas cosechas.
En Enero de 1866 el general Prim protagonizó una sublevación que fracasó al igual que la de los sargentos del cuartel madrileño de San Gil. La muerte de O’Donnell y de Narváez en 1867 y 1868 respectivamente, terminó por dejar completamente sola a Isabel II.
En 1866, progresistas y demócratas se reunieron en Ostende, con el objetivo de preparar el destronamiento de Isabel II y la convocatoria de unas Cortes mediante sufragio universal.Para ello, crearon un Comité Revolucionario presidido por el general Prim. También se unieron los militares unionistas encabezados por el general Serrano que favorecieron el desarrollo de la revolución.
En Septiembre de 1868, se produjo una sublevación llamada “La Gloriosa”, protagonizada por el almirante Topete y los generales Serrano, Prim y Dulce, que hizo que Isabel II tuviera que exiliarse en Francia, iniciándose así el Sexenio Revolucionario.