El Sistema de la Restauración: Cánovas, la Constitución de 1876 y el Turnismo

El Régimen Canovista: La Constitución de 1876 y el Turno de Partidos

El final de la Tercera Guerra Carlista

La primera acción política importante del nuevo rey bajo la dirección de Cánovas del Castillo fue desplazarse al norte de la península para dirigir la guerra contra los carlistas, la llamada Tercera Guerra Carlista. Durante la contienda, Don Carlos llegó a establecer un gobierno estable y consiguió algunas victorias frente al ejército, aunque fracasó en los intentos de ocupación de las grandes ciudades como Pamplona o Bilbao. Mientras tanto, Alfonso XII propuso olvidar el pasado y adhiriese a la monarquía constitucional; uno de los líderes del carlismo, Ramón Cabrera, aceptó la amnistía y dirigió un manifiesto a las tropas carlistas.

En Cataluña, una vez finalizada la guerra, el movimiento evolucionó hacia ideas autonomistas defendidas por el periódico El Correo Catalán. Los elementos del ideario carlista que propiciaron esta evolución fueron la oposición a las medidas centralistas de los gobiernos liberales y la defensa de los fueros tradicionales; este ideario se mantuvo vivo en el País Vasco y Navarra. Alfonso XII correspondió al gesto de Cabrera reconociéndole todos los títulos, pero el conflicto no se resolvió definitivamente hasta marzo de 1876, fecha en la que Carlos VII, vencido, se retira a Francia. Los carlistas no volvieron a levantarse en armas; comenzaron a participar en la vida política y se situaron en la extrema derecha.

Cánovas aprovechó el fin de la guerra para derogar aspectos esenciales de los fueros vasco-navarros: aumentó la intervención del Estado en su administración, estableció el servicio militar obligatorio y la contribución a los gastos de la hacienda pública; esto fue lo que se denominó el Concierto Económico.

La regencia de María Cristina

Tras la muerte de Alfonso XII, fue elegida regente María Cristina de Habsburgo, su esposa, quien ejerció el cargo hasta la mayoría de edad de Alfonso XIII. El primer turno político bajo su regencia fue liberal, con cinco años presididos por Sagasta, quien promulgó la Ley del Sufragio Universal para varones mayores de 25 años. Sin embargo, las elecciones continuaron bajo el control férreo de los caciques y del Ministerio de la Gobernación.

A partir de 1890, los turnos fueron más cortos, con Cánovas y Sagasta alternándose como presidentes del gobierno. No obstante, ambos presentaron su dimisión a la reina regente en diversas ocasiones, ya fuera por casos de corrupción o por problemas internos dentro de sus partidos. En 1897, cuando Cuba estaba en plena insurrección, Cánovas fue asesinado mientras meditaba un plan para superar el problema cubano y la creciente tensión con Estados Unidos. Sagasta volvió al poder y fue el encargado de asumir, en la práctica, la derrota en Cuba.

Legislación y caciquismo

La Restauración supuso el retorno a la sociedad liberal moderada, pero con nuevas formas de conducir la política para evitar los enfrentamientos que habían conducido a la Revolución de Septiembre, la cual había hecho peligrar la estabilidad de la monarquía. Ello exigió alcanzar varios objetivos estratégicos:

  • Reconciliar a todas las facciones monárquicas.
  • Garantizar el sometimiento del ejército al poder civil.
  • Conseguir el acercamiento de la Iglesia Católica.
  • Recuperar la confianza de la burguesía.

Todos los esfuerzos canovistas se orientaron en esta dirección para conseguir la estabilidad mediante un descarado control de los resultados electorales, lo que garantizó la permanencia en el poder de liberales y conservadores de forma alterna. Con la Constitución de 1876, cada gobierno pudo legislar de acuerdo con sus ideas:

  • Los gobiernos conservadores aprobaron leyes restrictivas como la ley electoral, la de imprenta y la de prensa.
  • Los gobiernos liberales impulsaron la ley de asociaciones, la de los juicios con jurado y, eventualmente, el sufragio universal (frente al sufragio censitario masculino anterior).

Durante la Restauración, las elecciones nunca fueron transparentes. Si un presidente se veía obligado a dimitir, el rey encargaba al líder de la oposición la formación de un nuevo gobierno, disolvía las Cortes y convocaba elecciones amañadas desde el Ministerio de Gobernación. Este falseamiento fue el que permitió a la clase política, en connivencia con los grupos sociales dominantes, controlar el sistema. El turno entre liberales y conservadores aseguró la tranquilidad; por su parte, la decadencia del republicanismo tras la frustración de la Primera República y sus problemas internos lo empujaron hacia la marginación política.

El ideario de Cánovas

Cánovas fue un hombre práctico en la política que confiaba más en el éxito de las ideas aplicadas que en los planteamientos teóricos. Estuvo encargado de dirigir al país y dotarlo de un nuevo marco político de actuación. Él sostenía que los sectores que no aceptaban sus ideas fundamentales no tenían sitio en el nuevo sistema; sin embargo, salvo algunos principios básicos, las demás cuestiones sí podían ser objeto de debate político, lo que le permitió granjearse un amplio apoyo.

La Constitución de 1876

Empezó a discutirse en 1876. El resultado final determinó que, aparte de los principios básicos como la monarquía borbónica y la soberanía compartida (legislación conjunta de Rey y Cortes), todos los demás temas fueran objeto de debate. Estos se solucionaron mediante una relación esquemática de artículos que dejaban su concreción para leyes posteriores; de este modo, cada gobierno podía adaptar la legislación según le conviniese. En cuanto a la cuestión religiosa, se optó por una solución de tolerancia mutua.

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