La Restauración Borbónica (1874-1931)
Bloque I: El Siglo XIX
1. Introducción
La Restauración es la etapa política comprendida entre el final de la I República (1874) y la proclamación de la II República (1931). Su nombre alude a la recuperación del trono por parte de la dinastía Borbónica tras el Sexenio Democrático. Durante este período, se implantó un sistema político que proporcionó una notable estabilidad y cierto crecimiento económico. Sin embargo, el carácter poco democrático del régimen, la corrupción, los conflictos sociales y la pérdida de las últimas colonias provocaron una profunda crisis que acabaría con la caída del sistema en 1931.
2. El reinado de Alfonso XII (1874-1885)
2.1. El proceso restaurador
El Sexenio Democrático había generado una sensación de desgobierno que algunos sectores sociales interpretaron como una amenaza al orden liberal-conservador. La restauración de la monarquía fue un trabajo concienzudo llevado a cabo durante este periodo, especialmente durante la “dictadura” de Serrano, liderado por Antonio Cánovas del Castillo. Este había llevado a cabo una renovación del “partido alfonsino”, apoyado en las proclamas de “Paz y orden”, atrayendo principalmente a las clases altas y medias, temerosas de un nuevo proceso revolucionario.
Su intención era que la Restauración se diese por la vía legal, buscando subordinar el Ejército al poder civil y pretendiendo así eliminar el papel que hasta entonces habían tenido los militares en la política. No obstante, el pronunciamiento de Martínez Campos (1874) le terminó contrariando. Días antes se había publicado el Manifiesto de Sandhurst, redactado por Cánovas y firmado por Alfonso XII, en el cual se defendía la vuelta de la monarquía borbónica en forma de monarquía constitucional y liberal, con un programa de orden, estabilidad y un carácter de reconciliación como garante de la estabilidad en España.
2.2. El sistema canovista
El nuevo régimen se basó en una serie de principios fundamentales, denominados por Cánovas como “verdades madres”, que no podían ser cuestionados dentro del sistema político. Entre ellos se encontraban la unidad de España, la monarquía, la dinastía borbónica, la propiedad privada y la soberanía compartida.
Estos principios formaban parte de lo que Cánovas denominaba la “Constitución interna”, entendida como el conjunto de valores históricos que definen a un país, situados por encima de cualquier ley o constitución escrita. A partir de esas bases inamovibles, se permitía debatir el resto de cuestiones, buscando dotar al sistema de cierta flexibilidad.
De este modo, el régimen no pretendía ser un sistema rígido, sino garantizar la estabilidad permitiendo cambios de gobierno sin poner en cuestión el propio sistema. La alternancia en el poder dentro de los límites establecidos buscaba evitar los continuos cambios de régimen que habían caracterizado el siglo XIX español.
Los dos pilares de este nuevo régimen fueron:
- Constitución de 1876: Aprobada por mayoría absoluta por las Cortes surgidas tras las elecciones de enero de 1876. Se trataba de un texto breve (88 artículos) y flexible, concebido como un punto intermedio entre las constituciones de 1845 y 1869. Establecía la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, otorgando un papel central a la monarquía. Dejaba cuestiones fundamentales sin concretar, como el tipo de sufragio o el alcance de los derechos y libertades, permitiendo su adaptación a distintos gobiernos.
- Bipartidismo: El régimen se apoyó en la existencia de dos grandes partidos que se alternaban en el poder, excluyendo al resto de fuerzas:
- Partido Conservador: Dirigido por Cánovas del Castillo. Defendía el sufragio censitario, el inmovilismo social y un Estado confesional.
- Partido Liberal: Liderado por Práxedes Mateo Sagasta. Apostaba por el sufragio universal masculino, el reformismo social moderado y una mayor separación entre Iglesia y Estado.
A pesar de sus diferencias, ambos compartían los pilares del régimen (monarquía, unidad de España, rechazo a los extremos), lo que garantizaba el mantenimiento del sistema. Quedaron excluidas fuerzas como los republicanos (divididos entre unitarios de Castelar y federalistas de Pi i Margall), los carlistas (debilitados tras 1876) y el movimiento obrero (anarquistas y socialistas).
El funcionamiento práctico se articuló mediante el turno pacífico o turnismo, una alternancia acordada que no era resultado de elecciones libres. Para asegurar los resultados, se recurrió al fraude electoral:
- Encasillado: El rey y el gobierno seleccionaban previamente a los diputados.
- Caciquismo: Los caciques (personas con gran influencia local) aseguraban el voto mediante favores o amenazas.
- Pucherazo: Manipulación directa de los votos y actas, incluyendo votos de personas fallecidas (los denominados “lázaros”).
2.3. Los primeros gobiernos
Aprobada la Constitución, se inició la alternancia en el poder:
- Primer gobierno conservador (1876-1881): Cánovas consolidó el régimen con medidas autoritarias y la Ley Electoral de 1878 (sufragio censitario). Se puso fin a la Tercera Guerra Carlista (1876), aboliendo los fueros vascos pero estableciendo el Concierto Económico. La Guerra de Cuba se cerró con la Paz de Zanjón (1878) bajo la promesa de reformas.
- Gobierno Liberal (1881-1883): Sagasta recuperó derechos como la libertad de prensa e impulsó medidas librecambistas y una reorganización del ejército.
En 1885, Alfonso XII falleció prematuramente. Para asegurar la continuidad, Cánovas y Sagasta firmaron el Pacto del Pardo (1885), comprometiéndose a respetar el turno pacífico y reconociendo a María Cristina de Habsburgo como Regente.
3. La regencia de María Cristina (1885-1902)
3.1. El “gobierno largo” liberal (1885-1990)
Este periodo de Sagasta fue el de mayor duración de la Restauración. Se aprobaron reformas clave:
- Ley de Asociaciones (1887): Legalizó sindicatos y órdenes religiosas.
- Ley de Sufragio Universal (1890): Restableció el sufragio universal masculino.
- Código Civil (1889): Sistematizó el derecho civil, vigente aún hoy con modificaciones.
- Abolición de la esclavitud en las colonias (1886).
- Reforma del ejército: Introducción del servicio militar obligatorio.
3.2. La crisis de fin de siglo
En 1890 dimitió Sagasta. Aunque el régimen parecía estable, mostraba síntomas de desgaste, especialmente en las colonias. En Cuba, José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, y en Filipinas, José Rizal impulsó la Liga Filipina.
3.2.1. La Guerra de Cuba (1895-1898)
El “Grito de Baire” (1895) inició la guerra de independencia. España respondió con el general Valeriano Weyler y su dura política de Reconcentración, que causó una elevada mortalidad campesina. Estados Unidos, con intereses económicos en la isla, apoyó a los rebeldes. Tras el hundimiento del acorazado Maine (1898) en La Habana, EE. UU. intervino directamente.
La guerra hispano-estadounidense terminó con el Tratado de París (1898): España reconoció la independencia de Cuba y cedió Puerto Rico, Filipinas y Guam a EE. UU. En 1899, vendió a Alemania las islas Carolinas, Marianas y Palaos, certificando la desaparición del Imperio Español.
3.2.2. El Desastre del 98
La derrota provocó una crisis moral e identitaria. Surgieron dos tendencias principales:
- Regeneracionismo: Liderado por Joaquín Costa, denunció el caciquismo y defendió la modernización bajo el lema “escuela y despensa”. Políticos como Francisco Silvela intentaron aplicar estas ideas desde el poder.
- Generación del 98: Intelectuales como Unamuno, Pío Baroja, Machado y Valle-Inclán reflexionaron sobre la decadencia de España con un tono crítico y pesimista.
3.2.3. El surgimiento de los nacionalismos periféricos
A finales de siglo emergieron movimientos que cuestionaban el modelo centralista:
- Nacionalismo catalán: Evolucionó desde la Renaixença cultural hacia la política. Las Bases de Manresa (1892) reclamaban autonomía. En 1901 se fundó la Lliga Regionalista, liderada por Prat de la Riba.
- Nacionalismo vasco: Surgió tras la abolición de los fueros. Sabino Arana fundó el Partido Nacionalista Vasco (PNV) en 1895, con un carácter tradicionalista y católico.
Bloque II: El Siglo XX
4. El reinado constitucional de Alfonso XIII (1902-1923)
Esta etapa se caracterizó por los intentos fallidos de regenerar y democratizar el país, lo que sumió al régimen en una crisis que culminó en la dictadura de Primo de Rivera.
4.1. Maura y el regeneracionismo conservador
Antonio Maura impulsó la “Revolución desde arriba” para evitar una revolución popular. Sus reformas incluyeron la Ley Electoral de 1907 (voto obligatorio), mayor autonomía local y la creación del Instituto Nacional de Previsión. Sin embargo, la guerra de Marruecos y la Semana Trágica provocaron su caída.
4.2. Crisis de Marruecos y Semana Trágica
Tras la Conferencia de Algeciras (1906), España obtuvo el Protectorado del Rif. En 1909, el levantamiento de los rifeños obligó a movilizar tropas. El descontento por el sistema de quintas (que permitía a los ricos evitar el reclutamiento) y la derrota en el Barranco del Lobo provocaron una revuelta en Barcelona: la Semana Trágica. La represión fue feroz, destacando la ejecución de Ferrer i Guardia, lo que forzó la destitución de Maura.
4.3. El regeneracionismo liberal
4.3.1. Los Hechos del ¡Cu Cut!
En 1905, militares asaltaron la revista satírica ¡Cu Cut! por una viñeta ofensiva. El gobierno respondió aprobando la Ley de Jurisdicciones (1906), que ponía bajo tribunales militares las ofensas al Ejército, generando un fuerte rechazo en Cataluña.
4.3.2. El “gobierno largo” de Canalejas (1910-1912)
José Canalejas impulsó reformas modernizadoras: la Ley del Candado (1910) para limitar las órdenes religiosas, mejoras sociales (reducción de jornada, derecho a huelga) y la Ley de Mancomunidades (1912). Su asesinato en 1912 paralizó el proceso regenerador.
5. Crisis del Régimen
5.1. La oposición a la Restauración
- Carlismo: Se dividió entre tradicionalistas (Vázquez de Mella) e integristas (Ramón Nocedal).
- Republicanismo: Dividido entre moderados, federalistas (Pi i Margall) y el republicanismo radical de Alejandro Lerroux, de carácter populista y anticlerical.
- Nacionalismos: La Lliga Regionalista dominó en Cataluña, aunque surgió una corriente independentista con Francesc Macià (Estat Català). En 1914 se creó la Mancomunidad de Cataluña. El PNV se expandió tras la muerte de Arana. En Andalucía, Blas Infante impulsó el regionalismo.
- Movimiento Obrero: Dividido en Anarquismo (con la CNT fundada en 1910, defensora de la acción directa) y Socialismo (con el PSOE y la UGT, liderados por Pablo Iglesias). Tras la Revolución Rusa, nació el PCE (1921).
5.2. La crisis de 1917
La neutralidad en la I Guerra Mundial generó beneficios económicos para la burguesía pero una fuerte inflación para las clases populares. En 1917 estallaron tres crisis simultáneas:
- Militar: Creación de las Juntas de Defensa contra el sistema de ascensos.
- Política: La Asamblea de Parlamentarios en Barcelona exigió una reforma constitucional.
- Social: Huelga General convocada por UGT y CNT, reprimida duramente por el Ejército.
5.3. Inestabilidad creciente y el Desastre de Annual
Tras 1917, el turnismo desapareció, dando paso a gobiernos de concentración inestables. La conflictividad social aumentó con el pistolerismo en Barcelona y el trienio bolchevique en el campo andaluz.
El golpe final fue el Desastre de Annual (1921) en Marruecos, donde las tropas españolas sufrieron una derrota catastrófica ante Abd el-Krim, con más de 10.000 muertos. La investigación posterior (Expediente Picasso) reveló corrupción en el Ejército. Antes de que se depuraran responsabilidades, el general Primo de Rivera dio un golpe de Estado en 1923, poniendo fin al régimen constitucional.