El reinado de Fernando VII: sus etapas
Fernando VII era hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma. Éste quiso derrocar a su padre con el juicio conocido como Proceso de El Escorial (1807). A este suceso se suma el Motín de Aranjuez (1808), en el cual tuvo lugar el saqueo del palacio de Godoy (valido de Carlos IV). Napoleón se involucró en estos asuntos y obligó a Carlos IV y a Fernando VII a abdicar en Bayona, por lo que Fernando VII residió en Francia durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). Tras el Tratado de Valençay (1813), Fernando regresó a España y, a partir de 1814, se produjo un contexto favorable al absolutismo.
Sexenio Absolutista (1814-1820)
Inicia el Sexenio Absolutista (1814-1820). En este momento se publicó el Manifiesto de los Persas (4 de mayo de 1814), el cual supuso un golpe de efecto político que acabó con las Cortes de Cádiz y restauró el poder absoluto del monarca. Fernando VII quiso volver al pasado, por lo que restauró la Inquisición, los antiguos consejos, la Mesta, etc.
Esta nueva idea de gobierno supuso la cárcel, el destierro o la pena de muerte para los líderes de la revolución liberal, y el exilio de afrancesados y liberales a Reino Unido y Francia, donde continuaron conspirando. España debía enfrentar una guerra abierta por la independencia en las colonias americanas. El gobierno era inestable y la política estuvo marcada por la camarilla que rodeaba al rey. Al mal gobierno se sumó la quiebra de la Hacienda; el ministro Martín Garay intentó remediar esta situación estableciendo un sistema fiscal de contribución única y proporcional a los ingresos (1817).
Pronunciamientos y ascenso liberal (1814-1820)
Entre 1814 y 1820 en España tuvieron lugar hasta ocho pronunciamientos; solo el de enero de 1820 tuvo éxito. Los liberales carecían de apoyo popular, por lo que, para llegar al poder, necesitaban a los militares. Su unión con grupos civiles dio lugar a sucesivos pronunciamientos (ej.: Espoz y Mina, Plan Beitia…), sin embargo, todos estos fracasaron hasta que el ejército acantonado en Las Cabezas de San Juan (Sevilla), dirigido por Rafael del Riego, se sublevó el 1 de enero de 1820.
Finalmente, Fernando VII tuvo que jurar la Constitución de 1812 (7 de mayo de 1820) y formó un gobierno integrado por destacados liberales, iniciando así el Trienio Liberal (1820-1823). En esta primera etapa el gobierno contó con ilustres exiliados como Agustín Argüelles (ministro de Gobernación) y José Canga Argüelles (ministro de Hacienda). Se estableció un sistema de libertades políticas: libertad de los presos políticos, supresión definitiva de la Inquisición, elecciones a Cortes, etc.
El Trienio Liberal (1820-1823)
Fue un periodo de reformas políticas y económicas basadas en las normas de las Cortes de Cádiz. Ese espíritu encontró dos vehículos de expresión: la prensa y las sociedades patrióticas. Los liberales se toparon con dos grandes enemigos: la situación internacional y la actitud beligerante de Fernando VII, que conspiró cuanto pudo para derribar el sistema constitucional. Paralelamente, surgió el fenómeno juntero, que dio lugar a la existencia de un doble poder: un gobierno liberal y juntas de base popular.
Así surgieron dos tendencias que marcaron el siglo XIX: los moderados (defendían la aristocracia y el poder del rey) y los exaltados (querían volver a la Constitución de 1812 y, en ocasiones, llegaron a ser republicanos).
Moderados, exaltados y crisis interna (1820)
En octubre de 1820 tuvo lugar la supresión de las sociedades patrióticas. Los moderados quisieron reformar la Constitución de 1812 introduciendo el sufragio censitario y una segunda cámara. En sus gobiernos destacó la ley de supresión de órdenes monacales y la reforma de regulares. La abolición de los gremios, la desamortización y la supresión de las vinculaciones y mayorazgos de la nobleza iban dirigidas a dinamizar la economía y sanear la Hacienda. A las conspiraciones de los exaltados se sumaron las intrigas del rey y la acción de la guerrilla realista.
El intento de golpe de estado de la Guardia Real (1822) cambió el signo de esta etapa; a cuyo frente estaba el regidor y capitán Pablo Iglesias, lo que favoreció la formación de gobiernos exaltados. La Santa Alianza decidió intervenir y Francia envió un ejército, conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis. El gobierno huyó a Cádiz; dada la negativa de Fernando VII, fue declarado incapaz y, el 1 de octubre de 1823, Fernando VII restauró su poder absoluto.
La Década Ominosa (1823-1833)
Con la ejecución de Riego comenzó la Década Ominosa (1823-1833). Los primeros años fueron de represión política y muchos liberales abandonaron España; otros fueron perseguidos o ejecutados. El aparato represivo absolutista se articuló con cuatro instrumentos básicos:
- La Superintendencia General de Policía y las comisiones militares.
- El cuerpo de voluntarios realistas.
- Los tribunales de justicia.
- Las juntas de fe.
Se perdieron muchas colonias durante esta época y se llevó a cabo una reforma fiscal realizada por Luis López de Ballesteros. También se llevaron a cabo cambios en la administración. A pesar de esto, los más radicales defendían a Carlos María Isidro, hermano del rey; así surgieron las insurrecciones absolutistas, como la denominada guerra de los agraviados o malcontents.
La cuestión sucesoria y el final del reinado
La cuestión sucesoria comenzó con el nacimiento de la hija del rey tras derogarse la Ley Sálica en 1830, y así apareció el Carlismo. En 1822 tuvieron lugar los sucesos de La Granja, en los que los absolutistas derogaron la Pragmática Sanción. Finalmente, el rey nombró heredera a Isabel y Carlos fue exiliado a Portugal. El 29 de septiembre de 1833 el rey falleció e Isabel II fue proclamada reina con solo dos años.
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