La economía de los años 20
Tras la Gran Guerra, Estados Unidos desplazó a Europa y se convirtió en la primera potencia económica, ya que su producción industrial superaba a la del resto de las principales potencias económicas y dominaba el comercio y las inversiones a nivel mundial.
Problemas económicos de la posguerra
Las deudas acumuladas durante la guerra y las reparaciones que tenían que pagar los vencidos, especialmente Alemania, se convirtieron en un problema de primer orden para la economía mundial.
Francia y el Reino Unido habían financiado la guerra mediante el déficit y la deuda pública. Sin recursos suficientes para pagar a sus prestamistas, la esperanza de los aliados victoriosos se centraba en que Alemania pagara las reparaciones.
La crisis de 1921
Cuando el Partido Republicano llegó a la Casa Blanca, sus políticas cortaron los créditos a Europa. La restricción del crédito fue un golpe duro para la economía mundial. La disminución de la demanda europea, sumada a la contracción de la demanda interna, provocó el cierre de fábricas. La respuesta del gobierno de EE. UU. fue subir los aranceles a los productos extranjeros y restringir la llegada de inmigrantes.
El gobierno alemán, incapaz de abonar las reparaciones, pidió un aplazamiento del pago. En respuesta, Francia y Bélgica ocuparon la zona industrial alemana de la cuenca del Ruhr. Como réplica, los trabajadores alemanes iniciaron una huelga pasiva, y el Estado pagó el sueldo de los obreros. Esto provocó una hiperinflación que devaluó por completo el marco alemán.
Expansión y nueva organización de la economía (1924-1929)
El período de 1924 a 1929 se caracterizó por un fuerte crecimiento económico en Estados Unidos, conocido como los «Felices Años Veinte» o la era del «Big Business». Este gran crecimiento en la industria y la productividad provocó el aumento de puestos de trabajo y la subida de los salarios.
- Nuevos métodos de producción y organización del trabajo: Se generalizaron la estandarización de los productos y el trabajo en cadena (taylorismo y fordismo). Estos sistemas permitieron reducir los costes y bajar los precios.
- Desarrollo de nuevos sectores de producción industrial: Destacaron la industria del automóvil, los electrodomésticos y la aviación.
- Optimismo económico: Sin embargo, este crecimiento estaba basado en dos pilares inestables: la superproducción industrial y una creciente especulación financiera y bursátil.
El Crack del 29 y la Gran Depresión
En 1929, un colapso bursátil sumergió al mundo capitalista en la más grave crisis económica conocida hasta entonces.
El desencadenante de la crisis: el crack bursátil
Estados Unidos vivió una euforia especulativa espectacular, cada vez más alejada de la economía real. Bancos, empresas y particulares invertían cada vez más en la bolsa. Muchos inversores recurrían al préstamo de los bancos para realizar sus inversiones. El aumento del crédito fue enorme gracias a la política de la Reserva Federal (el equivalente a los bancos centrales europeos), que alimentó la espiral de la especulación.
El «Jueves Negro», 24 de octubre de 1929, salieron a la venta millones de acciones de forma masiva, lo que desencadenó el pánico y el hundimiento de la bolsa.
La extensión de la crisis económica estadounidense
La crisis bursátil, iniciada en octubre de 1929, se prolongó hasta 1933. El hundimiento de la bolsa neoyorquina trajo consigo una de las crisis más profundas, extensas y duraderas del sistema capitalista.
El presidente republicano Herbert C. Hoover fue incapaz de contener la crisis.
Crisis del sistema financiero
Los bancos habían prestado una gran cantidad de dinero a los inversores, que ahora eran incapaces de devolverlo. Esto provocó la quiebra de miles de bancos, el derrumbe del consumo y la paralización de la producción.
Crisis industrial
La rápida reducción de la demanda agravó el fenómeno de la superproducción, lo que se tradujo en una disminución de los beneficios y en una contracción drástica de la actividad empresarial.
Crisis en la agricultura y el comercio
La caída de los precios agrícolas supuso la ruina de millones de agricultores e incrementó el éxodo rural. Dados los fuertes vínculos comerciales y financieros, la crisis se extendió rápidamente a todos los territorios del mundo.
Consecuencias sociales y políticas
El paro fue el efecto más devastador de la crisis. En Estados Unidos, millones de personas quedaron desempleadas, y en Alemania, la cifra alcanzó los 6 millones. Se agudizaron las diferencias entre ricos y pobres y aumentaron las desigualdades sociales. En EE. UU., mucha gente buscó refugio en ciudades de chabolas (conocidas como «Hoovervilles»). Otro fenómeno de la Gran Depresión fue el aumento del alcoholismo y la agudización del racismo. Como consecuencia política, el sistema liberal democrático sufrió un gran desprestigio.
Los primeros intentos de solución: el fracaso de la ortodoxia
Los economistas clásicos confiaban en que el propio mercado pudiera corregir el ciclo sin la intervención del Estado. Sus propuestas se basaban en:
- Reducir la cantidad de dinero en circulación.
- Disminuir los salarios.
- Adoptar medidas de carácter proteccionista.
El presidente Hoover aplicó estas recetas económicas clásicas, que resultaron ser un completo fracaso.
Una nueva solución: el pensamiento keynesiano
Según John Maynard Keynes, la Gran Depresión había retraído la demanda, por lo que era necesario que el Estado interviniera para estimularla, generando así la capacidad de satisfacer nuevas necesidades que impulsaran la producción. Sus ideas principales eran:
- Favorecer la abundante circulación de dinero: Bajar los tipos de interés con el fin de estimular la inversión y el consumo.
- Estimular una política de inversiones estatales en obras públicas: Esta inversión serviría de estímulo a la iniciativa privada a través de la demanda de cemento, hierro y otros componentes industriales. La mano de obra empleada en estas obras minoraría el desempleo, incrementaría el consumo y, en última instancia, estimularía la actividad económica general.