Introducción al Periodo de la Restauración (1874-1902)
La Restauración es el periodo de la historia de España que abarca desde 1874 hasta 1902, aunque la monarquía parlamentaria y el sistema de partidos se mantuvieron hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923. Este periodo supuso la vuelta de la dinastía de los Borbones al trono español, tras la crisis de la Primera República y el golpe de Estado del general Pavía que le puso fin.
Cánovas del Castillo fue el artífice del sistema, que se inició con el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto, proclamando a Alfonso XII como rey en 1875. Se distinguen dos etapas principales:
- El reinado de Alfonso XII (1875-1885).
- La regencia de María Cristina de Habsburgo (1885-1902).
Fue un período de notable estabilidad política, gracias a una constitución moderada y un crecimiento económico. Sin embargo, también enfrentó importantes problemas como el auge de los nacionalismos catalán y vasco, el Desastre del 98 y la creciente fuerza del movimiento obrero.
Fundamentos del Sistema de la Restauración
Características y Bases del Sistema Canovista
Antonio Cánovas del Castillo, artífice del sistema, diseñó un régimen conservador que buscaba superar el carácter excluyente y partidista de los moderados del reinado de Isabel II. Sus objetivos principales eran alejar al ejército de la vida política y contener los enfrentamientos sociales. El sistema político se asentaba sobre cuatro pilares fundamentales:
- La Corona: Símbolo de unidad y permanencia del Estado.
- Las Cortes: Consideradas la “columna vertebral de España”, compartiendo la soberanía con el rey.
- Una Constitución: Un marco legal escrito, flexible y duradero para dar estabilidad.
- El bipartidismo y el turnismo pacífico: La alternancia en el poder de dos grandes partidos dinásticos.
El régimen se apoyaba en la Corona y el ejército, que debían garantizar el entendimiento y la alternancia pactada entre los partidos liberal y conservador. Se buscó alejar al ejército de la política estableciendo la supremacía del poder civil sobre el militar.
La Constitución de 1876
El marco legal del sistema fue la Constitución de 1876, de carácter moderado y flexible, diseñada para dar cabida a ambos partidos. Sus características principales eran:
- Soberanía compartida entre las Cortes y la Corona.
- Confesionalidad católica del Estado, con presupuesto para el culto y el clero, aunque con tolerancia hacia otras religiones.
- Una amplia declaración de derechos (expresión, reunión, etc.) que, sin embargo, podían ser restringidos por leyes posteriores.
El Bipartidismo y la Alternancia en el Poder
El sistema se basaba en la existencia de dos grandes partidos, conocidos como partidos dinásticos, que se turnaban en el gobierno. Ambos coincidían en los fundamentos ideológicos del sistema: defensa de la monarquía, la Constitución de 1876 y la propiedad privada.
- Partido Liberal-Conservador: Liderado por Cánovas del Castillo, aglutinaba a aristócratas, alta burguesía y antiguos moderados y unionistas. Defendía el orden social, la Iglesia y, en sus inicios, el sufragio censitario.
- Partido Liberal-Fusionista: Liderado por Práxedes Mateo Sagasta, agrupaba a antiguos progresistas, unionistas y sectores moderados. Representaba un reformismo más progresista.
Estos dos partidos se turnaban pacíficamente en el gobierno. El sistema se consolidó tras la muerte de Alfonso XII en 1885. Ante el temor a la inestabilidad por la falta de un heredero varón, los líderes de ambos partidos firmaron el Pacto de El Pardo, comprometiéndose a mantener el turno pacífico durante la regencia de María Cristina.
El Fraude Electoral: Caciquismo y Pucherazo
La alternancia en el gobierno no era el resultado de una voluntad popular expresada libremente en las urnas, sino de un sistema electoral fraudulento. El proceso comenzaba cuando el rey encargaba formar gobierno al partido de la oposición. El nuevo ministro de la Gobernación elaboraba la lista de los candidatos que debían salir elegidos (el encasillado), y se aseguraba su victoria mediante coacción y trampas.
Las principales prácticas fraudulentas eran:
- El encasillado: El reparto previo de los distritos electorales entre los dos partidos dinásticos.
- El pucherazo: La manipulación directa de los resultados electorales, como añadir votos de personas fallecidas a las urnas o cambiar las urnas.
En este fraude jugaban un papel fundamental los caciques: individuos con poder económico e influencias que controlaban el sistema a nivel local. A cambio de favores (trabajo, informes favorables, etc.), se aseguraban de que los resultados electorales fueran los pactados. Las consecuencias de esta corrupción fueron una democracia falseada y el control del poder político por una oligarquía. A finales del siglo XIX, surgieron voces críticas que defendían la regeneración del sistema.
La Pacificación del País: Fin de los Conflictos Bélicos
Uno de los primeros éxitos del nuevo régimen fue poner fin a los conflictos armados heredados del Sexenio Democrático.
Fin de la Tercera Guerra Carlista
La restauración borbónica restó apoyos a la causa carlista. La ofensiva del general Martínez Campos redujo los núcleos carlistas en Cataluña, Aragón, Valencia, Navarra y el País Vasco. En 1876, Don Carlos dio por finalizada la guerra y se exilió. Como consecuencia, se abolió el régimen foral vasco.
Fin de la Guerra de los Diez Años en Cuba
En 1878 se firmó la Paz de Zanjón, que puso fin al conflicto independentista en Cuba. El acuerdo incluía una amplia amnistía, la abolición de la esclavitud (que se completó en 1886) y la promesa de reformas políticas y administrativas para la isla. El incumplimiento de estas promesas sería la causa de futuros conflictos.
El Sistema Político en la Práctica: Partidos y Oposición
Los Gobiernos de Turno Dinástico
El sistema de turno funcionó con regularidad hasta la crisis de 1898. Durante el reinado de Alfonso XII, el Partido Conservador gobernó la mayor parte del tiempo. Tras la muerte del rey y la firma del Pacto de El Pardo, el Partido Liberal asumió el poder, llevando a cabo importantes reformas como la Ley de Asociaciones, la abolición definitiva de la esclavitud y la implantación del sufragio universal masculino en 1890.
Las Fuerzas de Oposición al Sistema
A pesar de la estabilidad, existían diversas fuerzas políticas que quedaron fuera del sistema de turno:
- Carlistas: Tras la derrota militar, el carlismo quedó muy debilitado, aunque mantuvo cierta fuerza en sus feudos tradicionales. Una facción, liderada por Ramón Nocedal, se escindió para crear el Partido Tradicionalista, de carácter integrista y antiliberal.
- Republicanismo: Estaba muy dividido y debilitado por el fracaso de la Primera República. Surgieron varias facciones: el Partido Posibilista de Emilio Castelar, dispuesto a colaborar con el régimen; el Partido Republicano Progresista de Ruiz Zorrilla, que defendía la insurrección; y los republicanos federales de Pi i Margall. La implantación del sufragio universal masculino les dio nuevas esperanzas electorales.
- Regionalismos y nacionalismos: A finales del siglo XIX, surgieron movimientos en Cataluña y el País Vasco que cuestionaban el modelo de Estado centralista.
- En Cataluña: El movimiento, inicialmente cultural (Renaixença), adquirió un carácter político. El Centre Català denunciaba el caciquismo y defendía la autonomía. Más tarde, la Unió Catalanista (conservadora) redactó las Bases de Manresa, un proyecto de autogobierno.
- En el País Vasco: La abolición de los fueros impulsó el nacionalismo. Sabino Arana fundó el Partido Nacionalista Vasco (PNV) en 1895, de ideología independentista, católica y conservadora.
El Movimiento Obrero en la Restauración
Durante el siglo XIX, la clase obrera industrial, aunque minoritaria, sufría duras condiciones de vida: salarios bajos, largas jornadas y falta de protección social. El movimiento obrero recibió un gran impulso durante el Sexenio Democrático con la llegada de las ideas de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), que llevó a la creación de la Federación Regional Española (FRE) en 1870. Con la llegada de la Restauración, las organizaciones obreras fueron ilegalizadas y tuvieron que pasar a la clandestinidad.
Anarquismo
Fue la corriente mayoritaria del movimiento obrero español. Se organizaron en la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE). Una parte del movimiento optó por la “propaganda por el hecho”, llevando a cabo atentados terroristas (como el del Liceo de Barcelona o el asesinato de Cánovas). Esta violencia provocó una dura represión gubernamental.
Socialismo
Un grupo de obreros madrileños, de ideología marxista, fundó en 1879 el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), liderado por Pablo Iglesias. En 1888 crearon el sindicato Unión General de Trabajadores (UGT). El socialismo participó en la Segunda Internacional y ganó fuerza denunciando las injusticias sociales y las guerras coloniales.
Sindicalismo Católico
A finales del siglo XIX, y a raíz de la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII, surgió un movimiento obrero católico que denunciaba los abusos del capitalismo. Impulsado por figuras como el jesuita Antonio Vicent, creó círculos católicos de obreros, aunque su papel fue escaso hasta bien entrado el siglo XX.