Las formas de ocupación del territorio y su influencia en la estructura de la propiedad


4.1. Los primeros núcleos de resistencia

Tras la invasión musulmana (711) van a surgir diferentes núcleos de resistencia. El

primero se organizará en Asturias, en torno a la figura de Pelayo y a la batalla de

Covadonga (722). El origen de este reino es difícil de precisar, hallando tanto

influencias góticas como indígenas. La monarquía asturiana se consolidará en torno

a una familia (Pelayo-Pedro) y se expandirá por el Cantábrico y el valle del Duero, a

donde llegará en 910, transformándose entonces en reino astur-leónés.

En torno a Pamplona surgirá otro foco de resistencia al poder musulmán, si bien

más tardío. Durante el siglo VIII, el territorio pirenaico vivíó bajo la dependencia del

poder Franco o el musulmán de Zaragoza, obteniendo la independencia a comienzos

del siglo IX, con Iñigo Arista.

En la zona oriental del Pirineo se constituye la Marca Hispánica, bajo dominio

Franco. A finales del siglo IX, Vifredo el Velloso se independizará de la tutela

carolingia.

4.2 Principales etapas de la Reconquista

La Reconquista es la ocupación militar por parte de los poderes cristianos de

los territorios musulmanes de la Península. Se iniciaría en el Siglo XI,

aprovechando la debilidad de las taifas musulmanas. Tras la conquista de Toledo

(1085), la expansión cristiana se frenará debido al empuje de almorávides y

almohades. El territorio entre el Tajo y el Guadiana será ocupado de forma

inestable por las Órdenes Militares. Tras la victoria cristiana en las Navas de

Tolosa (1212), se iniciará la conquista de Andalucía, que se culminará con la

toma de Granada en 1492.

En la zona oriental, Zaragoza se conquistó en 1118. El gran salto en el

Mediterráneo se produce en el Siglo XIII, cuando el monarca de Aragón, Jaime I,

dirigirá la ocupación de Mallorca (1229) y de Valencia (1238), participando en

la ocupación de Murcia a favor de su yerno Alfonso X de Castilla.

4.3 Las formas de ocupación del territorio y su influencia en la estructura de la

propiedad. Modelos de repoblación y organización social

La repoblación se iniciará de forma espontánea en el siglo IX, ocupándose territorios

despoblados mediante presura o aprisio (en la zona oriental). Esta supónía la ocupación

del despoblado tras su desbroce y puesta en explotación. Realizada por pequeños grupos

familiares o monásticos, fue incorporando fórmulas jurídicas que sancionarían la

propiedad del repoblador (Cum cornu et albende rege, confirmación posterior ante el rey

o su representante). Esta primera repoblación permitirá la expansión de la pequeña

propiedad campesina, desarrollándose el señorío sólo en un segundo momento.

El poder político se encargará pronto de encauzar esta actividad repobladora. El

territorio de las Extremaduras se repoblará mediante la concesión de fueros o cartas

pueblas, que otorgaban privilegios a los repobladores. Tras la conquista de Toledo, la

ocupación del territorio entre el Tajo y el Guadiana se dejó en manos de las Órdenes

Militares. La repoblación de Andalucía se realizó mediante la concesión de tierras por

parte de la monarquía (donadíos) o por repartimientos. En la zona oriental se siguieron

procedimientos similares a los castellanos.

La sociedad medieval hispana respondía a la división estamental propia del medievo.

Un grupo de guerreros, que incluía a la alta y baja nobleza (infanzones) –así como a la

caballería villana que pronto accedíó a la infanzónía–, clérigos y campesinos, donde

abundaban los propietarios, en un primer momento, para generalizarse posteriormente

la dependencia.

4.4. Diversidad cultural: Cristianos, musulmanes y judíos

La sociedad medieval presentaba una fuerte tendencia a la homogeneidad religiosa y

cultural. Sin embargo, fue común la coexistencia de distintos grupos (cristianos, judíos

y mudéjares) en las distintas poblaciones cristianas. Coexistencia conflictiva pues

abundaron los casos de persecuciones y enfrentamientos, viviendo las distintas

comunidades física y jurídicamente separadas. No obstante, existieron iniciativas para

conocer y estudiar la cultura ajena, movidas las más de las veces por un ánimo

polémico. En la Escuela de Traductores de Toledo, creada en el Siglo XII, se realizaron

traducciones del árabe al hebreo, griego o latín. El proceso era complejo, pues exigía

muchas veces una doble traducción (del árabe al hebreo y de éste al latín) El judío
Juan

Hispalense y el clérigo Gundisalvo tradujeron las obras de Avicena, Alfarabí, Algacel y

Ptolomeo; se realizaron traducciones del Corán, así como de libros de Astronomía,

Matemáticas, Medicina o Geografía. En el Siglo XIII, Miguel Scoto, auxiliado por el judío

converso Andrés, traducía las obras de Averroes. Gracias a esta actividad, la ciencia

árabe llegó a Europa y los tratados griegos y latinos pudieron salvarse y llegar hasta

nosotros.

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