Políticas de ajuste en el sistema del patrón oro

27. Cambios más importantes en el sistema monetario internacional respecto del siglo XIX en el periodo de entreguerras.

Una vez terminada la guerra, casi todas las monedas europeas estaban por debajo de los valores de paridad anteriores y a tipos muy diferentes, ya que la financiación inflacionista y el déficit de balanza de pagos había provocado la depreciación de las divisas, a pesar de los controles sobre las balanzas de pagos. Si bien todos los países consideraban deseable restablecer el patrón oro, sólo el dólar pudo hacerlo pronto (1919), sirviendo como referencia para la realización de las demás divisas, como antes lo había sido la libra. Además de mantener la suspensión del patrón oro (los demás países), también continuaron reforzándose el proteccionismo (aranceles más cuotas y controles de cambios) y las restricciones a la inmigración. De hecho, la restauración del patrón-oro fue muy problemática tal y como la revelan diversos casos:
La hiperinflación alemana donde se dio presente una depreciación tan extrema del dinero que éste perdió todas sus funciones. Durante el proceso de hiperinflación, la emisión excesiva provoca la depreciación del dinero y por tanto, el aumento de los precios. La espiral alcanza un punto en el que el público se deshace del dinero porque éste pierde sus funciones como reserva de valor, medio pago, medio de cambio y unidad de cuenta: el marco es sustituido por el dólar o cualquier objeto que conserve cierto valor o facilite la contabilidad. Como la demanda real de dinero disminuye frente a la demanda de bienes y el público se deshace del dinero, la inflación (aumento de los precios ya que el dinero no valía nada y se pedía más dinero por un bien) no se detiene sino que prosigue hasta que la subida de los precios supera el crecimiento de la cantidad de dinero y las imprentas no dan abasto: justamente esta situación significa una escasez de medios de pago, las transacciones comerciales regresan al sistema de truque y entonces aparece la ocasión para introducir una nueva unidad monetaria que permita controlar la inflación, pues el coste de impresión de papel moneda y recaudación supera a los beneficios. La estabilización monetaria se realizó mediante la introducción de una nueva unidad de cuenta, el rentenmark, equivalente a un billón de marcos antiguos. El éxito de la operación descansaba en el carácter limitado de la emisión. La plena integración en el patrón oro se retrasó unos meses hasta el 30 de agosto de 1924. A partir de entonces, la estabilidad monetaria y los préstamos exteriores asentaron las bases de la recuperación económica de Alemania y de un rápido crecimiento acompañado por una notable modernización de la estructura económica.
El caso de Gran Bretaña es distinto. Gran Bretaña y algunos países neutrales consiguieron restablecer los tipos de cambio de preguerra pero a costa de una severa deflación, Gran Bretaña volvió en 1925 al patrón-oro con el tipo de cambio anterior a 1914, pero la así llamada restauración de la libra fue en realidad una revalorización. En la práctica, la restauración de la libra perjudicó a la economía británica en general, a la industria de exportación especialmente y, sobre todo, a los trabajadores. Los precios británicos eran más altos que los internacionales, la pérdida consiguiente de mercados exteriores debido a forzar un ajuste interior para recuperar la competitividad de las exportaciones, ajuste tanto más difícil cuanto que los precios de los bienes de consumo y los salarios mostraban una notable rigidez a la baja debido respectivamente a la misma inflación y a la difusión de la negociación colectiva. Por tanto, el virtual estancamiento de la economía británica en los años 20 tiene, por tanto, un trasfondo eminentemente monetario


Un tercer grupo de países, entre los que destaca Francia, junto a Bélgica e Italia estabilizaron sus divisas volviendo al patrón-oro, pero a tipos inferiores a los de preguerra. Los precios habían subido mucho, su reducción a los índices de preguerra habría supuesto un coste aún mayor que en Gran Bretaña.
Como consecuencia a todo ello, el patrón oro restaurado durante el periodo de entreguerras respondía en la mayoría de los países a los que se conoce como patrón cambios-oro: la autoridad monetaria de un país vincula la divisa al oro indirectamente, manteniendo un tipo de cambio fijo con las divisas adheridas al patrón oro estricto, entre las que destacaban el franco, la libra, y sobre todo, el dólar. El crecimiento económico aumentó la demanda de efectivo, pero las existencias de oro eran limitadas, así que las divisas convertibles cobraron tanta importancia entre las reservas de los bancos centrales como el oro. Así pues, las divisas pasaron del 12% de las reservas de los bancos centrales en el mundo en 1913 al 42% en 1927. En tales condiciones, el patrón cambios oro podía funcionar bien si las reservas de los principales bancos centrales aseguraban la convertibilidad y el préstamo internacional. Sin embargo, faltó la coordinación internacional y la propuesta británica para extender las reservas y armonizar de los tipos de descuentos, y así frenar la especulación y dar estabilidad al sistema monetario internacional que no fue respaldado por Francia ni por EEUU.

28. Características de la crisis y depresión mundial de 1929-1933


Serán periodos importantes en el periodo de entreguerras el crack del 29 y la depresión de los años 30. Será una crisis de sobreproducción que va a estar latente en EEUU hacia 1925. Al final de la I GM había un auge y una bonanza económica en los años 20 ya que los países europeos estaban reconstruyendo su economía e incrementando su producción. Hasta 1925 la economía americana captaba gran parte de esa producción pero a partir de ese mismo año comienza a observarse un problema de especulación (movimientos especulativos). El gobierno y el banco central, al observarlo, estimulan la inflación para que haya más crédito y se puedan estabilizar los precios. La inflación del crédito implica que existe en EEUU una superabundancia de capitales, sobre todo a corto plazo, y por eso entre 1926 y 1929 es cuando se ponen en marcha las tendencias especulativas. El gobierno, creyó que esos créditos iban a ser invertidos en industria, sin embargo, a medida que hay demanda de créditos crecen paralelamente los intereses de los créditos y esto provocó que el capital en vez de invertirse en industria se invirtiese en la Bolsa, porque se obtienen más beneficios. Esto desembocó en el crack del 29 (jueves negro). Se produjo un proceso de difusión de la crisis originariamente estadounidense, ya que su capacidad de compra del mercado se desploma y se fomenta una política proteccionista (muy presente en este periodo, por ello Europa se verá obligada también a reducir sus precios para ser más competitivos. Las consecuencias de esta crisis en Europa serán un resquebrajamiento del sistema de crédito, un desplome de las cotizaciones bursátiles, un descenso de la inversión y de los precios, una contracción de la actividad económica, y una reducción de la demanda.
Frente a la depresión y el desmantelamiento de la economía internacional habrá dos tipos de salidas:
las proteccionistas que serán o bien a través del comercio o del tratamiento keynesiano (estimular la demanda o bien a través de la inversión o a través del gasto público o bien facilitando crédito); o a través de la inversión estatal, como la política New Deal de EEUU (reactivando el consumo y la inversión). En cambio, en Alemania, el partido nazi consideraba que había que seguir practicando el capitalismo con lo que se salvaguardó la empresa privada, privatizando la banca, aunque sí es cierto que se cedió al Estado la capacidad de decisión para reactivar la economía. Esta reactivación se hizo a través de dos vías: mediante planes de obras públicas y a partir de 1936 a través del rearme (produciendo bienes de equipo y material para el rearme prescindiendo de aumentar el poder adquisitivo de los alemanes).

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