Posesiones que gano Carlos de Habsburgo

POLÍTICA INTERIOR

En 1517 llegó a España para hacerse cargo del gobierno de los reinos de Castilla y Aragón, tras la muerte de su abuelo Fernando el Católico, acaecida un año antes. Tres años después partíó hacia Alemania para hacer valer su proclamación como Emperador germánico, a la que había contribuido notablemente el apoyo económico otorgado por el banquero Jacobo Függer. Estuvo en Alemania, ocupado en los asuntos imperiales, hasta 1522, fecha en la que regresó a sus reinos peninsulares. En su ausencia se había producido la revuelta de los comuneros de Castilla, que acabaría con la ejecución de los tres cabecillas (padilla, Bravo y Maldonado) en Villalar (1521). Mientras tanto, en Valencia y Mallorca tienen lugar las denominadas Germánías, revueltas antinobiliarias que fueron duramente reprimidas. El triunfo de los partidarios de Carlos I consolidó el poder de la monarquía, vinculó a la nobleza con la política real y debilitó la fuerza de las Cortes (que sólo se reunieron en cuatro ocasiones en la década de 1520) y de la burguésía, que, sobre todo en Castilla, quedó relegada a desempeñar un papel político y económico secundario. Resuelto el problema de las revueltas, entre Julio de 1522 y Julio de 1529 (el período que más tiempo permanecíó Carlos I en España), el monarca se dedicó a solucionar los problemas internos mediante la reestructuración del régimen polisinodial que habían iniciado los Reyes Católicos. Para ello organizó el gobierno de sus territorios peninsulares en cinco consejos consultivos: Castilla, Aragón, Inquisición, Ordenes Militares y Cruzada), a los que se fueron añadiendo nuevos consejos, a medida que surgían otras necesidades: Estado (1522), Hacienda (1523), Indias (1524), Reorganización Del Consejo De Guerra (1524). A partir de 1529 estuvo bastante tiempo alejado de sus territorios peninsulares, ocupado en una política exterior trepidante. En su ausencia dejó como gobernadora de Castilla a la Emperatriz Isabel de Portugal. No obstante, el monarca regresó en cuatro ocasiones a sus reinos hispanos con el objetivo fundamental de conseguir subsidios para sufragar sus guerras europeas. Como consecuencia, el balance económico de su política exterior resultó desastroso para la hacienda castellana, ya que la mayor parte de sus rentas iban destinadas a pagar a los banqueros alemanes e italianos que habían sufragado las guerras del Emperador. Esta situación propició que en 1551 la deuda estatal ascendiera a casi sete millones de ducados.

POLÍTICA EXTERIOR

Una vez solucionados los problemas internos hispánicos de la década de 1520, su reinado estuvo marcado por una política exterior trepidante cuyos ejes fundamentales fueron: la guerra contra Francia para dilucidar la hegemonía europea, al descubrimiento y colonización de territorios en el Nuevo Mundo, el enfrentamiento con los príncipes protestantes con el objetivo de hacer valer su título imperial y la guerra contra los turcos por el control del Mediterráneo. La primera fase de la política exterior carolina estuvo fuertemente marcada por el enfrentamiento contra Francisco I de Francia, que controlaba el Milanesado, posición clave para que Carlos I pudiera conectar sus posesiones centroeuropeas con sus territorios mediterráneos. El enfrentamiento bélico acabó con el triunfo de las tropas imperiales, especialmente efectivo en la batalla de Pavía (1525), que desembocó en el tratado de Madrid (1526) y, después de otro conflicto armado en Italia, en la paz de Cambray (1529), mediante la cual Francisco I renunciaba al Milanesado y al resto de sus pretensiones italianas. No obstante, el enfrentamiento con los franceses, que eventualmente se aliarían con los turcos y los protestantes, no cesó a lo largo de todo el reinado de Carlos I. Mientras esto sucedía en Europa, en el Nuevo mundo los conquistadores españoles realizaban numerosos progresos: entre 1519 y 1522 Hernán Cortés incorporó a la Corona el Imperio azteca. Una década más tarde, Francisco Pizarro hacía lo propio con el Imperio andino de los incas. En 1540 Pedro de Valdivia conquistó Chile, después del intento fracasado que había realizado Almagro cinco años antes. Un año después, Francisco de Orellana tomaba posesión de la Amazonía. Al mismo tiempo, en Europa los conflictos tenían lugar en varios frentes. Los turcos supónían un serio peligro para el control del Mediterráneo y para el pacífico desarrollo del comercio en el interior de sus aguas. Por ese motivo, las tropas de Carlos I tomaron Túnez en 1535. A pesar de todo, el poderío naval de los turcos no sería totalmente aniquilado hasta la batalla de Lepanto (1571). Por su parte, en Alemania la causa del protestantismo se desarrollaba con fuerza. A partir de 1530, fecha en la que el Papa Clemente VII coronó a Carlos V como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, el enfrentamiento con los príncipes alemanes convertidos al protestantismo resultó inevitable. Carlos I intentó solucionar el problema por la fuerza de las armas, logrando inicialmente un gran triunfo en Mühlberg (1546) sobre la Liga de Esmalcalda (formada por los príncipes protestantes). Mientras tanto tenía lugar el Concilio de Trento, cuyo objetivo era dar cumplida réplica a los protestantes mediante un reforzamiento del catolicismo. Carlos V se presentaba entonces como el protector político del Concilio y el abanderado de la Contrarreforma católica frente a la causa protestante.
Sin embargo, un recrudecimiento paralelo del enfrentamiento contra los franceses, los protestantes y los turcos, obligó al Emperador a reconocer al protestantismo germánico (paz religiosa de Ausburgo, 1555) y a concluir la guerra contra Francia (tregua de Vaucelles, 1556).

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