Oposición a la Dictadura de Primo de Rivera y Proclamación de la Segunda República

Oposición a la Dictadura de Primo de Rivera

Fueron varios los sectores sociales y políticos que se opusieron a la Dictadura. Por un lado, los políticos de la Restauración, que al quedar fuera de la vida pública terminaron enfrentándose al régimen. Por otro, los republicanos, que también se opusieron, aunque tenían el problema de su desunión, que intentaron solucionar creando en 1926 una coalición llamada Alianza Republicana.

Conflictos en el Ejército y la Intelectualidad

De forma paradójica, entre 1925 y 1926 surgió también oposición dentro del ejército. Miguel Primo de Rivera defendía los ascensos por méritos de guerra, lo que favorecía a los militares africanistas. El conflicto más grave fue con el arma de artillería, que llegó a ser disuelta. Además, se obligó a los artilleros a prometer fidelidad al Gobierno para poder volver al ejército, lo que provocó que una parte importante del ejército rompiera sus relaciones con el rey Alfonso XIII.

Los intelectuales también se enfrentaron a la dictadura de forma continua. En 1924, Miguel de Unamuno fue suspendido de empleo y sueldo y desterrado a Fuerteventura. Se cerró el Ateneo de Madrid por su carácter republicano y se permitió a instituciones religiosas como los Jesuitas de Deusto y los Agustinos de El Escorial otorgar títulos universitarios. Todo esto provocó protestas estudiantiles que llevaron, en marzo de 1928, al cierre de las Universidades de Madrid y Barcelona.

El Movimiento Obrero y la Crisis Económica

Por su parte, el movimiento obrero fue adoptando una postura cada vez más contraria a la dictadura y favorable a una salida republicana, especialmente los anarquistas de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y los socialistas.

Todos estos grupos, junto con los nacionalismos, formaron una oposición cada vez mayor, que aumentó con los efectos de la crisis económica de 1929, tales como:

  • El aumento del paro.
  • El endeudamiento del Estado.
  • La devaluación de la peseta.

En los últimos meses de 1929 aumentaron las protestas, lo que llevó a la dimisión del dictador. La dimisión se debió a la pérdida de apoyo del ejército, de la Corona y de las clases conservadoras, como la Iglesia, los banqueros y los industriales, que desconfiaban del intervencionismo del régimen. Finalmente, Primo de Rivera consultó a los altos mandos militares y, al ver su falta de apoyo, dimitió el 28 de enero de 1930. Se marchó a París, donde murió poco después.

La Dictablanda y la transición a la II República

Alfonso XIII encargó el gobierno al general Berenguer con el objetivo de volver a la normalidad constitucional, iniciando un periodo conocido como la Dictablanda. Sin embargo, la lentitud de su actuación hizo que, tras un año, muchos políticos perdieran la confianza en la monarquía.

El Pacto de San Sebastián

En agosto de 1930, las fuerzas antimonárquicas (republicanos, socialistas y catalanistas) firmaron el Pacto de San Sebastián, un acuerdo para presentarse a las elecciones, derrocar la monarquía e instaurar la república. Este pacto incluía dos formas de actuación:

  • Una revolucionaria: que se concretó en el pronunciamiento militar de Jaca en diciembre de 1930 y que terminó con el fusilamiento de los capitanes Galán y García Hernández.
  • Otra política: basada en campañas de prensa y mítines contra la monarquía.

Además, se creó un Comité Ejecutivo republicano presidido por Niceto Alcalá Zamora. Los intelectuales también participaron mediante la “Agrupación al Servicio de la República”, impulsada por José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala.

El fin de la Monarquía y el 14 de abril

La crisis del gobierno llegó a finales de 1930, cuando Berenguer quiso convocar elecciones generales, pero los partidos monárquicos se opusieron y pidieron primero elecciones municipales. Ante esta situación, Berenguer dimitió el 15 de febrero de 1931. Fue sustituido por el almirante Aznar, que convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931. Estas elecciones se plantearon como un plebiscito entre monarquía y república.

Aunque los partidos monárquicos ganaron en conjunto, los republicanos vencieron en las principales ciudades, lo que provocó manifestaciones a favor de la república y un cambio de régimen sin referéndum. Berenguer, como ministro de la Guerra, aconsejó prudencia al ejército, y Sanjurjo, director de la Guardia Civil, afirmó que no podía actuar contra el movimiento. El rey Alfonso XIII decidió evitar un conflicto civil, renunciando a su cargo sin abdicar (Manifiesto “Al País”). El 14 de abril se le recomendó abandonar España. Ese mismo día se celebró el último Consejo de Ministros de la monarquía, tras lo cual el rey salió hacia Cartagena para embarcar rumbo a Marsella.

Esa noche, desde el Ministerio de la Gobernación, Niceto Alcalá Zamora proclamó la República por radio en todo el país.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *