Consecuencias primera guerra carlista

El reinado de isa ii. La oposi al liberalismo: carlismo Guerra Civil. La cuestión foral


El problema sucesorio tiene su origen en los últimos años de vida de Fernando VII. En Octubre de 1830 nace Isabel de Borbón. Antes del parto, en previsión de que el recién nacido no fuera varón, el rey promulgó la Pragmática Sanción, permitiendo que las mujeres reinaran y dejando abolida la Ley Sálica (1713), volvíéndose al tradicional sistema sucesorio castellano (Código de las Partidas de Alfonso X). El hermano del rey, Carlos María Isidro no reconoce los derechos de su sobrina y siguió considerándose el legitimo heredero del trono. Tras la muerte de Fernando VII (1833), su hija hereda la corona con tres años de edad y se comienza una guerra civil, la guerra carlista, que durará siete años. Esta guerra fue un conflicto dinástico entre Isabel II y su tío Carlos María Isidro que se proclamó rey y era apoyado por los antiguos realistas, ahora llamados carlistas y por otra parte una lucha entre absolutismo y liberalismo, la regente María Cristina se tuvo que apoyar en los liberales. Los carlistas consideraban a Carlos María Isidro legitimo heredero de Fernando VII. Eran defensores de la religión católica, de la monarquía absoluta y se opónían a las reformas liberales. Su lema era ‘’Dios, Patria y Rey’’ que resume sus tres principios, a los cuales se suma la defensa de los fueros vasco-navarro, como defendían la tradición, también defendían los fueros y privilegios tradicionales frente a la política centralizadora del régimen liberal. Por esta razón, el carlismo encontró su mayor arraigo en el País Vasco, Navarra y los antiguos territorios de la Corona de Aragón. La base social del carlismo era rural: Masas campesinas, parte del clero, artesanado y la pequeña nobleza rural. Y los liberales o isabelinos estaban formados por las clases urbanas cultas, las altas jerarquías del ejército, de la Iglesia y del Estado.
La primera guerra carlista (1833-1840) tuvo lugar principalmente en País Vasco y Navarra aunque también en Aragón, Cataluña y el Maestrazgo. Tiene tres fases:
La primera fase (finales 1833 y Junio 1835): Tras la muerte de Fernando VII se iniciaron en España sublevaciones de pequeñas partidas (pequeñas expediciones de hombres de los pueblos que defienden al rey) que fracasaron en casi toda la Península. En el norte la revuelta se consolido a partir del nombramiento de Tomás de Zumalacárregui como jefe de todas las fuerzas carlistas, organizó el ejercito carlista y derroto a los isabelinos. Pero durante el sitio de Bilbao muere y los carlistas pierden la iniciativa. Austria, Prusia y Rusia reconocen como rey a Don Carlos y Gran Bretaña y Francia reconocieron a Isabel II.
La segunda fase(1835- 1837) los carlistas cambiaron de estrategia y organizaron expediciones fuera de su zona para generalizar la guerra y romper su aislamiento. La expedición del general Miguel Gómez (1836) atravesó España desde el País Vasco hasta Cádiz, pero el resultado no fue el esperado. La expedición real (1837) dirigida por Don Carlos buscó elevar la moral de los soldados que estaba muy baja tras el fracaso del segundo sitio de Bilbao. Esta expedición llegó a Madrid pero se retiró rápidamente hacia el norte ante la llegada de las fuerzas del general Espartero. En la tercera fase (1837-1840) el reforzamiento miliar de los liberales con la desmoralización de los carlistas, divididos en intransigentes y moderados. El Convenio de Vergara (1839) señaló el final oficial de la guerra, negociado entre el general carlista Maroto y el general isabelino Espartero. En dicho convenio había un compromiso de: Mantenimiento de los fueros, reconocimiento a los militares carlistas de sus graduaciones y a cambio, los pactistas de Maroto reconocieron a Isabel II.
La guerra continuó en Cataluña y en el Maestrazgo, al mando del general Cabrera que no aceptó el convenio. La resistencia duró hasta 1840. Las consecuencias de la guerra fueron: el descalabro humano y económico que retrasó el desarrollo del país, el fin del absolutismo e implantación de un régimen constitucional y el compromiso entre el Ejército y el liberalismo que hizo de los militares y su intervención militar fueron esenciales en la política española hasta 1876. Por otra parte, la guerra carlista volvíó a estallar en dos ocasiones más, la segunda guerra carlista (1846-1849) se desarrolló en Cataluña y tuvo como consecuencia el fracaso de la boda de Isabel II con el hijo de Don Carlos. La tercera guerra (1872-1876) contra el rey Amadeo de Saboyá y la I República. El Convenio de Vergara prometía mantener los privilegios forales de País Vasco y Navarra, sin embargo, en 1841, se aprobaron varias leyes por las que Navarra perdía sus aduanas, privilegios fiscales, exenciones militares e instituciones propias pero consiguieron su sistema fiscal beneficioso que consistía en el pago de un cupo contributivo único anual a la Hacienda Estatal. En 1841 las tres provincias vascas perdieron algunos de sus viejos y tradicionales privilegios forales, sin embargo, la población vasca conservó su exclusión privilegiada y excepcional del servicio militar obligatorio. En 1846, se recortaron de nuevo los fueros vascos, introduciendo los ‘’conciertos económicos’’ a través de los cuales se calculaba la contribución anual de los ciudadanos vascos a los gastos generales del Estado. La cantidad de esta aportación era fijada de manera pactada entre los representantes de las diputaciones forales de las provincias vascas y el gobierno estatal

Las cortes de Cádiz y la constitución de 1812


En los territorios no ocupados por los franceses ante el vacío de poder, crearon las juntas locales y provinciales que se proclamaron como titulares de soberanía. En Aranjuez crearon una Junta Central Suprema que gobernó el país, digirió la resistencia contra los franceses y preparo una convocatoria para las Cortes. La Junta se traslado por la guerra primero a Sevilla y luego a Cádiz. Finalmente se disolvíó, traspasando sus poderes a una Regencia de 5 miembros. En Septiembre de 1810 se inauguraron las sesiones en la Isla de León (San Fernando) y la Regencia le entregó su poder a las Cortes. Entre los diputados predominaban las clases medias con formación intelectual (abogados, eclesiásticos, catedráticos funcionarios..) que se dividían en tres tendencia ideologías, los liberales, los jovellanistas o reformistas y los absolutistas. Las Cortes de organizaron en Asamblea constituyente y asumieron la soberanía nacional, el poder reside en el pueblo, y, proclamaron a Fernando VII como su único y legitimo rey. El Congreso comenzó una obra legislativa, conocida como la Constitución de 1812 que se prolongaría hasta 1814. Introducía importantes reformas políticas, sociales y económicas, transformando a España en una monarquía liberal y parlamentaria. Destaca la Constitución de 1812 pero también elaboraron una serie de leyes que eliminaban los fundamentos económicos y jurídicos en los que se basaban antes, las medidas fueron: la libertad de imprenta, la supresión de la censura de prensa, la abolición del régimen señorial, la supresión de la Inquisición y la tortura y la liberación de la agricultura, la ganadería, la industria y el comercio a través de la desamortización eclesiástica y civil, la extinción de los gremios, el decreto para el fomento de la agricultura y la ganadería, la reforma de Hacienda y el establecimiento de la contribución única para eliminar los privilegios y la supresión de la aduanas.El 19 de Marzo de 1812 fue promulgada la primera constitución española, llamada “Carta Magna del liberalismo español”, promulgaba en 10 títulos. Sus principales carácterísticas son: el principio de soberanía nacional, el contenido de los derechos (libertad de imprenta, de propiedad, igualdad ante la ley
),  el gobierno español era una monarquía moderada y hereditaria que conservaba una monarquía con poder limitado, establecía la división de poderes (legislativo en las Cortes, ejecutivo en el rey y judicial en los tribunales), organizaba las Cortes de forma unicameral (tenían amplios poderes y no dependía del rey), introducía el sufragio universal indirecto, regulaba la autoridad de la Corona, establecía el gobierno para provincias y municipios, cuyos cargos municipales eran elegidos por el pueblo e introducía la milicia nacional. Esta constitución fue elaborada en un país en guerra, mas los legisladores mostraron un gran optimismo y la elaboraron. A causa de la guerra, y a la vuelta de Fernando VII,  no se puso aplicar todo lo legislado en Cádiz y se volvíó al absolutismo. Sirvió de ejemplo para muchas otras constituciones e inspirara el constitucionalismo español del s. XIX

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