La Guerra de la Independencia Española (1808-1814)
El conflicto se desencadenó tras el Motín de Aranjuez (que forzó la caída de Godoy) y el intento de huida de la familia real a Sevilla. El norte de España estaba ya ocupado por tropas francesas (Pamplona, San Sebastián y Barcelona). La tensión aumentó por la cizaña de Murat.
El Levantamiento del 2 de Mayo y las Abdicaciones de Bayona
El 2 de mayo de 1808 marcó el estallido de la guerra, coincidiendo con el mejor momento de Napoleón (Paz de Tilsit), aunque seguía enfrentado a Gran Bretaña mediante el bloqueo continental. La crisis interna española se sumó a la presión napoleónica.
Las Abdicaciones de Bayona (mayo de 1808) transfirieron la corona a José I Bonaparte. Napoleón deseaba España por su control sobre las colonias americanas (el «Negocio americano»). José I intentó implementar reformas modernizadoras, influenciado por la cultura política y económica francesa.
El levantamiento del 2 de mayo en Madrid se produjo porque el pueblo creyó que los infantes reales estaban siendo llevados por la fuerza. La población se rebeló, siendo reprimida duramente por los mamelucos, la Guardia Imperial y las tropas francesas. Los Artilleros del Parque de Monteleón, liderados por Daoíz y Velarde, se unieron a la resistencia. Aunque se acordó una tregua con Murat, esta no se respetó, culminando en los fusilamientos del 3 de mayo.
Organización de la Resistencia y Fases del Conflicto
Napoleón convocó a 150 personalidades españolas, aunque solo asistió la mitad, para firmar la Constitución de Bayona (Estatuto de Bayona). Aunque Madrid volvió a la calma, las protestas se generalizaron por toda España. La dura represión convirtió a los franceses en el enemigo.
Se crearon 18 Juntas Locales, dirigidas por miembros de la jerarquía eclesiástica y clases privilegiadas. Estas Juntas fueron un acto revolucionario en sí mismas, rompiendo con las viejas estructuras. Aunque la mayoría eran conservadoras, surgieron los primeros discursos liberales.
Las batallas continuaron. A pesar de algunas derrotas españolas, la victoria en Bailén (19 de julio de 1808) fue crucial. José I huyó de Madrid a Vitoria, marcando el inicio del exilio de los primeros afrancesados. Ante la falta de una cabeza visible, se creó la Junta Suprema Central Gubernativa (liderada por Floridablanca).
En noviembre de 1808, Napoleón entró en Madrid con sus tropas imperiales, firmando los Decretos de Chamartín. José I regresó a Madrid en enero, intentando implementar políticas liberales, pero sin obtener apoyo.
Las Tres Fases de la Guerra
- Sublevación Generalizada (1808): Fracaso inicial de la ocupación francesa.
- Hegemonía Francesa (1809-1811): Dominio francés, contrarrestado por la acción constante de las guerrillas.
- Ofensiva Hispano-Británica (1812-1813): Coincidiendo con la guerra de Napoleón contra Rusia, las guerrillas y las tropas españolas, británicas y portuguesas lograron la victoria. La última batalla significativa fue la de San Marcial (31 de agosto de 1813).
El Regreso de Fernando VII y Visiones Historiográficas
Los afrancesados tuvieron que exiliarse. Mientras tanto, Fernando VII, retenido en Valençay, felicitaba a Napoleón. Tras el Tratado de Valençay (diciembre de 1813), Napoleón le permitió volver. Fernando VII realizó un «tour» por Cataluña, Aragón y Valencia, recabando apoyos para el regreso al absolutismo. El 10 de mayo de 1814 entró en Madrid bajo el grito de «¡Vivan las cadenas!», derogando la Constitución de Cádiz («Ni Pepa ni nada»).
Existen dos maneras de ver el conflicto (historiográficamente):
- Visión Internacional: España como un peón en la batalla final entre Francia y Gran Bretaña.
- Visión Maniquea y Sensacionalista: Carácter de cruzada. La motivación popular era defender el catolicismo (a pesar de que los ilustrados eran percibidos como ateos), más que la nación en un sentido moderno.
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
El Proceso de Convocatoria
Antes de partir a Bayona, Fernando VII había dejado constituida la Junta Suprema de Gobierno para que gobernase en su ausencia. Debido a la guerra, esta resultó inoperante, al igual que el Consejo de Castilla.
Ante el vacío de poder, se crearon 18 Juntas Provinciales de organización popular. Estas Juntas requerían coordinación, lo que llevó a la formación de la Junta Suprema Central Gubernativa del Reino, establecida el 25 de septiembre de 1808 en Aranjuez y dirigida por el conde de Floridablanca.
A finales de 1808, la Junta Central tuvo que huir a Sevilla, donde Floridablanca murió. La Junta perdió autoridad y cedió el poder a un Consejo de Regencia de cinco miembros, que finalmente convocó a Cortes en 1810, a pesar de su reticencia inicial. Esta convocatoria fue la piedra fundacional de una monarquía constitucional moderna.
La Constitución de Cádiz (La Pepa)
Aunque las Cortes no tenían control total sobre la península, su significado era inmenso. Se nombró una comisión para preparar el proyecto constitucional. Uno de los debates más importantes fue la abolición de los señoríos, convirtiendo los señoríos jurisdiccionales en propiedades particulares.
La Constitución de 1812, la primera constitución española del bando patriótico, constaba de 384 artículos divididos en 10 títulos. Establecía una monarquía parlamentaria (o constitucional).
Características de la Constitución de 1812
- Cortes: Unicamerales, elegidas por sufragio universal indirecto, mediante un complejo sistema de juntas parroquiales.
- Poder Judicial: Funciones judiciales en manos de los tribunales.
- Administración Local: El gobierno interior de los pueblos se confiaba a ayuntamientos elegidos. El gobierno de las provincias recaía en jefes políticos nombrados por el rey y las diputaciones, escogidas por los electores de partido.
- Reformas Sociales y Fiscales: Los impuestos serían proporcionales, se garantizaba la existencia de escuelas en todos los pueblos y se establecía la libertad de expresión.
Esta Constitución fue una revolución en marcha, rompiendo con la legalidad y la tradición del Antiguo Régimen. Sin embargo, para legitimarse, los liberales necesitaron un discurso continuador historicista, apelando a la tradición de la monarquía católica.
La Soberanía Nacional y el Patriotismo Liberal
El concepto más importante de la Constitución fue la Soberanía Nacional (el poder reside en la nación). Es la primera vez que se puede hablar de nacionalismo en España. Los liberales desarrollaron un Patriotismo Ético, que deslegitimaba a los franceses argumentando que Fernando VII había sido forzado y que Napoleón no tenía el consentimiento de la nación.
Este proceso, inicialmente cultural y elitista, se vio influenciado por la Ilustración. Intelectuales como Capmany argumentaban que el afrancesamiento era sinónimo de corrupción y que era necesario conservar las costumbres populares. Así surgió el mito del pueblo luchador por la nación, creando paralelismos con Numancia o Covadonga para establecer una continuidad histórica. Fernando VII tuvo dificultades con estas ideas, por lo que se apoyó fuertemente en la Iglesia para restaurar el absolutismo.
El Retorno al Absolutismo y el Trienio Liberal (1814-1823)
La Restauración Absolutista (1814-1820)
El periodo entre 1814 y 1820 supuso la vuelta al Antiguo Régimen. Aunque este proceso se dio en toda Europa tras la caída de Napoleón (con la creación de la Santa Alianza y el Derecho de Intervención), en España fue especialmente radical. Sin embargo, la restauración no fue totalmente viable debido a la persistencia de las ideas liberales de la Constitución de Cádiz (La Pepa).
Tras el Tratado de Valençay, Fernando VII regresó a España. Su «tour» por el país buscaba convencer a la población de la innecesariedad de la Constitución. Al llegar a Madrid, promulgó el Manifiesto de los Persas, justificando la restauración absolutista.
Se recuperaron las instituciones previas a 1808 (Consejos, Secretarías, Capitanías Generales, Audiencias, Chancillerías, Intendentes de Hacienda, Subdelegados de Renta y el sistema económico feudal). Toda la legislación de Cádiz fue prohibida, a excepción de la abolición de los señoríos.
Crisis Económica e Inestabilidad Política
La crisis económica, agravada por la guerra, era profunda. La presión fiscal recaía sobre los campesinos, sumada a la pérdida de ingresos por la emancipación de las colonias americanas. La inestabilidad política era grave: 30 ministros desfilaron por el gobierno (9 solo en Hacienda). Los problemas eran estructurales, exacerbados por la corrupción.
Se intentó recuperar América, llegando a firmar un acuerdo con Rusia para la compra de barcos. Sin embargo, la falta de recursos y el descontento militar llevaron al Levantamiento de Riego.
Fernando VII ilegalizó a los liberales, afrancesados y reformadores, forzándolos a la clandestinidad. La situación era insostenible en 1818. Hubo varios intentos fallidos de golpe de Estado (Espoz y Mina, Díaz Porlier y uno masónico), pero el definitivo fue el del 1 de enero de 1820, liderado por Riego, que se extendió rápidamente. El 7 de marzo, Fernando VII se vio obligado a aceptar la Constitución de 1812.
El Trienio Liberal (1820-1823)
El Trienio Liberal fue la primera oportunidad real de aplicar las reformas de las Cortes de Cádiz. Inicialmente, se formó una Junta Provisional, seguida por la instalación de Cortes en Madrid que complementaron las medidas de Cádiz:
- Se llevó a cabo una desamortización.
- Se aprobó la Ley de Imprenta.
- Se creó la Milicia Nacional.
Los principales enemigos del régimen liberal fueron las órdenes religiosas, afectadas por las desamortizaciones. Además, los liberales cometieron el error de no reducir los impuestos a los campesinos, lo que permitió a la Iglesia influir en ellos y sumarlos a la oposición.
El rey, por su parte, intervenía constantemente, aprovechando el lenguaje radical de los liberales para desestabilizar el gobierno.
El Trienio finalizó debido a las Revueltas Absolutistas, la presión de la Santa Alianza y la intervención militar de los Cien Mil Hijos de San Luis (ejército francés) en 1823, que restauró a Fernando VII como monarca absoluto.
Epílogo: La Crisis del Sistema Isabelino y el Krausismo (1863-1868)
Durante la década de 1860, el liberalismo doctrinario se desfiguró progresivamente. El régimen político de Isabel II, dominado por los moderados, se basaba en ideas elitistas, un estado centralista y una ley electoral restringida, lo que cimentó el surgimiento de nuevas ideologías.
En esta década se extendió el ideal democrático, lo que impulsó la fuerza del Partido Demócrata. La Revolución de 1868 fue consecuencia de los efectos de la crisis económica de 1866 y del creciente papel de los intelectuales.
El Papel de los Intelectuales y el Krausismo
La influencia de los intelectuales se manifestó en un triple plano:
- Crítica al sistema político.
- Animación del debate sobre principios políticos y económicos.
- Actividad política individual.
La figura del intelectual quedó completamente definida. A mediados del siglo XIX, la mayoría de los catedráticos de la Universidad Central impulsaban el krausismo, la democracia y el librecambismo, utilizando foros como el Ateneo para difundir sus ideas.
Estos movimientos buscaban una base de religiosidad anticlerical no violenta y una concepción descentralizadora del Estado, partiendo siempre de una base antropocéntrica.
El Krausismo: Julián Sanz del Río, catedrático de Filosofía, introdujo en España las ideas del filósofo alemán Karl Christian Friedrich Krause. El krausismo jugó un papel fundamental en el cambio hacia una visión antropocéntrica de la vida social y en el desarrollo del pensamiento racionalista español.