La crisis del reinado de Carlos IV y la monarquía de José Bonaparte

La crisis del reinado de Carlos IV y la monarquía de José Bonaparte

El miedo a una posible expansión de la revolución francesa congelará las reformas iniciadas por Carlos III y la caída de los ministros ilustrados Jovellanos y Floridablanca. Tras la ejecución de Luis XVI, España le declaró la guerra a Francia, conflicto que concluyó con la Paz de Basilea. En ella, España reconocía su derrota y volvía a aliarse con Francia. Esto llevó al país a un breve enfrentamiento con Portugal, la Guerra de las Naranjas y, sobre todo, al conflicto con los británicos. En 1805, la armada española quedó prácticamente destruida a manos de Gran Bretaña durante la Batalla de Trafalgar, provocando una grave crisis económica en nuestro país. Para recuperar la Hacienda real. Godoy recurrió al endeudamiento y el aumento de las contribuciones, planteando además reformas como la desamortización de bienes eclesiásticos, que le llevó a enemistarse con los estamentos privilegiados. En 1807 se produjo la firma del Tratado de Fontainebleau en el que Godoy acuerda con Napoleón la entrada del ejército francés en la península para ocupar Portugal; España, recibiría parte del territorio conquistado. Esta alianza supuso en realidad la ocupación de territorio español por el ejército napoleónico. La ocupación hizo a Godoy temer lo peor, así que, junto a la familia real, se retiró a Aranjuez para seguir huyendo hasta Sevilla y embarcarse hacia América en caso de necesidad. Esto provocó el Motín de Aranjuez en marzo de 1808, un levantamiento popular contra el gobierno apoyado por el príncipe Fernando. El alzamiento consiguió la destitución de Godoy y la abdicación del rey. El emperador, para solucionar los problemas entre padre e hijo, convocó a ambos a Bayona. Esto fue una estrategia para conseguir la abdicación de ambos en su persona, tras esto entregó el trono a su hermano José Bonaparte. Paralelo a lo que ocurría en Bayona, el 20 de mayo de 1808 va a comenzar en Madrid un alzamiento popular contra la ocupación francesa. La sublevación fracasó y va a ser reprimida por el general Murat, pero los ecos de la revuelta llegaron a todos los rincones de la península, desembocando en un levantamiento generalizado. Ahora ocurrirán dos procesos paralelos: el conflicto militar contra la ocupación francesa y la ausencia del monarca para gran parte del país generó un vacío de poder que culminó en un proceso revol.

La Guerra de Independencia

De forma progresiva, se formaron Juntas de Armamento y Defensa en la mayor parte del país, viviéndose una encarnizada resistencia en numerosas ciudades como Girona o Zaragoza. En julio de 1808, las tropas españolas comandadas por el general Castaño consiguieron una sorprendente victoria ante los franceses en la Batalla de Bailén, en la que fue la primera derrota terrestre de las fuerzas napoleónicas en Europa, teniendo José I que abandonar Madrid. La derrota del general Dupont en Bailén provocó la llegada del mismo Napoleón al frente de la Grande Armée, que conseguirá controlar la mayor parte de la península. La Junta Central se vio obligada a trasladarse a Cádiz, única ciudad que resistió el envite francés gracias a la ayuda marítima de Gran Bretaña. Ante las derrotas del ejército español, la resistencia se organizó en guerrillas grupos de civiles armados que aprovechaban su conocimiento del terreno para emboscar y asaltar a los franceses por sorpresa, consiguiendo mantener a raya al enemigo. A partir de 1812, la Campaña de Napoleón en Rusia supuso la retirada de importantes contingentes militares de la península, lo que aprovecharon los milicianos españoles para contraatacar, con el apoyó de las tropas portuguesas e inglesas al mando de Sir Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington Los franceses fueron derrotados en repetidas ocasiones, lo que obligó a Napoleón a firmar la paz a través del Tratado de Valençay en 1813, que permitía la vuelta de Fernando VII, el Deseado. Las consecuencias del conflicto fueron muchas y muy variadas. Los afrancesados se vieron obligados a exiliarse y España se convirtió en una potencia de segundo orden. Los horrores de la guerra han quedado inmortalizados por el genio de Francisco de Goya, a través de dos de sus obras cumbre, La carga de los mamelucos y Los fusilamientos del 3de mayo, o la serie de grabados Los desastres de la guerra que ha acabado por convertirse en una denuncia de todas las guerras, sin distinguir bandos ni razones. Por último, no podemos olvidar que durante la guerra comenzó el proceso de independencia de las colonias americanas debido al ejemplo estadounidense, la extensión de ideas ilustradas y liberales y la pérdida de relación con la metrópoli a partir  de la destrucción de al flota española en Trafalgar. La independencia se completaría  entre 1817 y 1824, ya durante el reinado de Fernando VIl, quedando bajo control  español únicamente las Antillas y Filipinas.

Evolu.Polít: JoséI, Cortes de Cádiz y Constitución 1812

El reinado de JoséI Bonaparte

José l, ofreció a los españoles un programa de reformas y dotó al Estado de una nueva ley fundamental: el Estatuto de Bayona, una Carta otorgada que promulgaba la igualdad jurídica de los ciudadanos, la eliminación de señoríos o la desamortización eclesiástica, pero no establecía la división de poderes y el estado seguía siendo confesional. Estas reformas estuvieron apoyadas por muchos intelectuales, los ya mencionados afrancesados, que vieron en ellas la oportunidad de acabar con los abusos del Antiguo Régimen, aunque la inmensa mayoría de las reformas no llegaron a aplicarse a causa de la guerra. La opinión pública siempre consideró a los afrancesados unos traidores, y la mayoría de ellos se tuvieron que exiliar tras finalizar la guerra.

Las Cortes de Cádiz y la Constitución

En 1810,la Junta Central Suprema se disolvió; nombrando un Consejo de Regencia con el encargo de convocar las Cortes y consultar al país por las reformas que debían llevarse a cabo. La guerra dificultó considerablemente la convocatoria y la elección de diputados de las provincias ocupadas, por lo que en muchas ocasiones se eligieron sustitutos entre los residentes en Cádiz. Finalmente 300 diputados abrieron la primera sesión de Cortes el 24 de septiembre de 1810 en la Iglesia de San Felipe Neri, destac. las siguientes tendencias ideológicas:

Absolutistas, partidarios de no realizar ninguna reforma y mantener la monarquía absoluta y la sociedad estamental 

Moderados, partidarios de las reformas de carácter moderado, que limitasen la autoridad del monarca, pero no compartían las ideas más extremas.

Liberales, partidarios de acabar con el Antiguo Régimen e instaurar la separación de poderes, el sufragio universal masculino o la igualdad jurídica. 

El 1er manifiesto de las Cortes fue el nombramiento de Fernando VII, aunque rechazaba la monarquía absoluta. La principal obra de las Cortes de Cádiz fue la Constitución firmada y aprobada el día de San José de 1812. En la Constitución de 1812 quedan plasmadas las ideas básicas del liberalismo español, que serán una reclamación constante por parte de los sectores liberales de la sociedad a lo largo de todo el siglo XIX. Algunas ideas fueron: 

El Sufr. Uni., votaban todos los varones mayores de 25. 

El Sufr. Pasivo continuaba siendo censitario, con lo que sólo eran elegibles las personas de renta más elevada.

La Igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, que suponía el fin de estamentos y de privil. de algunos sectores sociales.

Declaración de derechos y libertades: lib. de pens.y opi.o der.a la prop.priv.

El Estado confesional, se impuso el catolicismo como reli. ofi.

-La Soberanía Nacional por la cual el poder quedaba en manos del pueblo. 

-El establecimiento de una monarquía parlamentaria.

La separación de poderes en ejecutivo, legislativo y judicial

El poder ejecutivo caía en el monarca, el legislativo quedaba en manos de las Cortes y el judicial era de los tribunales.

El liberalismo durante el reinado de Fernando VII

La primera experiencia constituyente de la Historia de España no fue demasiado larga. Aunque los liberales obligaron al rey a firmar la Constitución, la nobleza y el clero elaboraron el llamado Manifiesto de los Persas, en el cual solicitaban al monarca la anulación de las reformas liberales y la vuelta al Antiguo Régimen, asegurándole su apoyo. Además, la derrota de Napoleón en Europa había debilitado a los regímenes liberales y reforzado al absolutismo. Finalmente, el Deseado firmó el Decreto de Valencia el 4 de mayo de 1814, por el cual quedaba anulada toda la acción de las Cortes de Cádiz, así como la Constitución de 1812. Comenzaba con ello un periodo de represión política y de restauración del Antiguo Régimen, el Sexenio Absolutista(1814-1820). El descontento no dejó de manifestarse a través de numerosos pronunciamientos como los de  Díaz Porlier en 1815, todos fracasados, hasta que el coronel Rafael de Riego se sublevó en Las Cabezas de San Juan en enero de 1820, consiguiendo que el movimiento se extendiese por todo el país. Al rey no le quedó más remedio que jurar la Constitución de Cádiz, iniciándose así el Trienio Liberal (1820-1823), un breve periodo liberal, que concluyó con la intervención de la Santa Alianza, exaltados que envió un ejército comandado por el duque de Angulema que devolvió al monarca el poder absoluto. El rey consideró ilegales y derogó todos los actos del gobierno liberal, abolió nuevamente la Constitución y persiguió  a los liberales, dando paso al periodo conocido como la Década Ominosa (1823-1833). No será hasta la muerte de Fernando VII en 1833, gracias al conflicto sucesorio entre su hermano Carlos María Isidro y la hija del rey, Isabel, que el liberalismo vuelva al poder.

En 1830 había nacido su hija Isabel y el rey modificó la Ley Sálica para promulgar la Pragmática Sanción que sí lo permitía. Los partidarios de Carlos María Isidro la rechazaron, mientras Fernando VII cerraba un acuerdo con los sectores moderados del liberalismo, dispuestos a apoyar los derechos de su hija Isabel sobre la base de una monarquía constitucional.
Con la muerte del rey,1833, quedaba abierto un conflicto sucesorio, que derivó en una guerra civil ‘la guerra carlista’ que apoyaban a Isabel II frente a los absolutistas que apoyaban a Carlos María Isidro. En esos momentos se daban los primeros pasos al nacimiento de un Estado liberal.

Conflictos y Pactos de Familia en la Europa del siglo XVII

Tras el Tratado de Utrecht, la política internacional española estuvo marcada por el irredentismo de la segunda esposa de Felipe V, Isabel de Farnesio. Los monarcas españoles tuvieron que centrarse en la defensa del Imperio ultramarino, buscando mejorar la explotación de las colonias y construir una poderosa flota que pudiera asegurar el comercio en el Atlántico y obligar a Gran Bretaña a renegociar las concesiones económicas que se le habían hecho en Utrecht. El principal instrumento diplomático utilizado para conseguir tales objetivos fue la alianza dinástica con Francia, que adoptó la forma de los conocidos como Pactos de Familia de 1733, 1743 y 1761. Durante el r. de Felipe V, España participó en la Guerra de Sucesión de Polonia y la de Austria, intentando recuperar los territorios que se cedieron a Austria.  Los tiempos de Fernando VI se caracterizaron por una política de neutralidad, que permitió el desarrollo de unas muy necesarias reformas en el interior del país. Se procedió también a fortalecer la marina de forma considerable y a desligarse del segundo pacto de familia, con lo que España se desvinculaba de los conflictos que mantenía Francia. A cambio, Inglaterra accedió a la supresión del asiento de negros y del navío de permiso. El siguiente monarca, Carlos III, que abandonó el trono de Nápoles para poder acceder a la corona española, tuvo que hacer frente a un creciente expansionismo inglés en las colonias americanas, lo que supuso un gran esfuerzo económico. En 1761 se firmaba el tercer Pacto de Familia, que llevó a España a intervenir en la Guerra de los Siete Años, que enfrentaba a Francia y Gran Bretaña en Norteamérica.

La reforma del Estado: el centrali. monár. y la Nueva Planta

Siguiendo el modelo de Luis XIV, Felipe V instauró una monar. absolut e inició una serie de políticas destinadas a reforzar el poder del soberano. La primera de ellas fueron los Decretos de Nueva Planta. Felipe V, amparándose en el derecho de guerra, utilizó la participación de los reinos orientales a favor del Archiduque Carlos para suprimir los fueros y las instituciones de dichos territorios, implantando en su lugar un absolutismo fuertemente centralizado. El primero se promulgó en 1707 para los r. de Valencia y Aragón, el segundo en 1715 para el r. de Mallorca y en 1716 se publicó el tercero, hacia Cataluña. Los territorios de la Corona de Aragón se organizaron siguiendo el modelo de instituciones castellanas, en el se introdujeron elementos franceses:

-Los virreyes se sustituyeron por capitanes generales, que realizaban funciones militares y de gobierno.

-Las Audiencias, se encargaban de los asuntos judiciales y de asesorar a los capitanes generales.

-Los intendentes, se encargaban de la gestión económica.

– Se implantaron nuevos tipos impositivos.

El territorio español se dividió en 34 intendencias, y los asuntos de gobierno quedaron en manos de una serie de Secretarías de Despacho, al frente de cada cual se encontraba un responsable directamente nombrado por el rey. La reunión de los titulares de todas las secretarías constituía el Gabinete de gobierno, antecedente del actual consejo de ministros. Las Cortes desaparecieron en todos los reinos menos en Castilla, aunque la labor legislativa de las mismas pasó a manos de las

secretarías, reduciéndose la frecuencia de sus reuniones y quedando limitados a un papel simbólico en el gobierno del reino. Para el gobierno local, se extendió la figura castellana del corregidor, también nombrado directamente por el monarca.

La Hacienda Pública, se tendió a la centralización de los impuestos disfrutando sólo las provincias vascas y navarras de autonomía fiscal. La carga impositiva de cada individuo se distribuía en función de sus propiedades, aunque nobles y eclesiásticos disfrutaban de numerosos privilegios y exenciones que hacían recaer gran parte del peso tributario sobre el pueblo llano.
Este nuevo sistema impositivo se aplicó primero ten los territorios de la antigua Corona de Aragón, fracasando su implantación posterior en Castilla debido a la resistencia de la nobleza. Igualmente frustrado fue el intento de unificar las monedas de todos los reinos.
La Iglesia, se intentó disminuir el poder de los cargos eclesiásticos a través del llamado regalismo, que suponía la imposición de la autoridad real sobre los asuntos religiosos. Esta política fue especialmente destacada durante el reinado de Carlos III, que llegó a aprobar la expulsión de los jesuitas de los territorios españoles (1767), acusados de haber instigado el Motín de Esquilache del año anterior, y debido a su voto de fidelidad al Papa.


El territorio español se dividió en 34 intendencias, y los asuntos de gobierno quedaron en manos de una serie de Secretarías de Despacho, al frente de cada cual se encontraba un responsable directamente nombrado por el rey. Las Cortes desaparecieron en todos los reinos menos en Castilla, aunque la labor legislativa de las mismas pasó a manos de las secretarías, reduciéndose la frecuencia de sus reuniones y quedando limitados a un papel simbólico en el gobierno del reino. Para el gobierno local, se extendió la figura del corregidor, nombrado por el monarca.
La Hacienda Pública, se tendió a la centralización de los impuestos disfrutando sólo las provincias vascas y navarras de autonomía fiscal. La carga impositiva de cada individuo se distribuía en función de sus propiedades, aunque nobles y eclesiásticos disfrutaban de numerosos privilegios y exenciones que hacían recaer gran parte del peso tributario sobre el pueblo llano.
Este nuevo sistema impositivo se aplicó primero ten los territorios de la antigua Corona de Aragón, fracasando su implantación posterior en Castilla debido a la resistencia de la nobleza. Igualmente frustrado fue el intento de unificar las monedas de todos los reinos.
La Iglesia, se intentó disminuir el poder de los cargos eclesiásticos a través del llamado regalismo, que suponía la imposición de la autoridad real sobre los asuntos religiosos. Esta política fue especialmente destacada durante el reinado de Carlos III, que llegó a aprobar la expulsión de los jesuitas de los territorios españoles (1767), acusados de haber instigado el Motín de Esquilache del año anterior, y debido a su voto de fidelidad al Papa.

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