La Revolución Industrial y sus Implicaciones

Introducción

En la segunda mitad del siglo XVIII se produce un acontecimiento que cambiará la economía de Europa occidental y, más tarde, la del resto del mundo: la Revolución Industrial.

Se define como el paso del trabajo realizado con las manos (manufacturas) al trabajo realizado por las máquinas (maquinofacturas).

Esta no vino sola, sino que acompañada de una serie de cambios geográficos, urbanos, científicos, agrarios, industriales y del transporte, suponiendo el desarrollo de la producción en Gran Bretaña, Francia, Alemania, Países Bajos y, más tarde, en España y Estados Unidos.

Causas de la Revolución Industrial

  • Existencia de mano de obra: Gracias al crecimiento exponencial de la población en los años previos.
  • Existencia de capitales para invertir: Los burgueses adinerados podían invertir sus capitales en construir nuevas fábricas y en nuevas maquinarias con tecnologías más punteras para aumentar la producción.
  • Inventos que se adapten a nuevas máquinas: Aligeraron el proceso de producción, dando como resultado una mejoría de esta y unos productos con más calidad.
  • Necesidad de fuentes de energía: En esta época destaca el carbón de hulla, que fue empleado en muchísimos inventos. Más tarde, con la llegada de los motores de explosión, se implementó la gasolina y el diésel.
  • La existencia de instituciones que promuevan nuevas legislaciones de carácter agrícola, urbano, etc.: Como los sindicatos o asociaciones de consumidores, la reforma agraria, las leyes de protección contra las industrias extranjeras. Además de las leyes de planificación urbana, como la de Barcelona, y las leyes de salud públicas, para prevenir las enfermedades de los ciudadanos.

Revolución Demográfica

  • A partir de la segunda mitad del siglo XVIII.
  • Fenómeno llamado «transición demográfica«: supuso el paso del régimen demográfico antiguo al contemporáneo (bajos índices de mortalidad y altos de natalidad).
  • Crecimiento exponencial de la población en toda Europa (Gran Bretaña en 70 años: +2,4% de la población anterior).
  • Proporcionaba una gran cantidad de mano de obra en las fábricas.

Causas de la Revolución Demográfica

  • Proviene del descenso de la mortalidad debido a la mejora de los niveles de vida, incluyendo una mejor alimentación y una serie de avances en la medicina y sus aplicaciones.

a) Mejoras en la Alimentación

  • Procede del aumento de la productividad agraria, creando un mayor excedente que va dedicado al propio consumo de la población. Dio lugar a que los productos se convirtieran en más asequibles para el consumo y para todos los bolsillos.
  • Se lanzan leyes que prohíben la venta de productos en mal estado o adulterados, evitando infecciones intestinales.

b) Mejoras en el Campo de la Medicina y la Higiene

  • Se erradica definitivamente la peste / Aparecen las primeras vacunas a manos de Jenner para combatir la viruela.
  • Se asentaron algunas bases efectivas como el consumo de agua y alimentos no contaminados, más higiene, aislamiento de enfermos.
  • Mejoras en los servicios públicos (agua corriente más pura, redes de alcantarillado y servicios médicos y sanitarios locales).
  • Mejoró la higiene: asequibilidad del jabón y del aseo. Implementación del algodón para las vestimentas (más fáciles de limpiar).

c) Mejoras a Nivel Económico de la Población

  • Excedente de producción: se triplica la renta per cápita en Europa.
  • Aumentó la disponibilidad de bienes, pudiéndose permitir mejor alimentación y vestido, además de energía para calentarse en sus casas, ahora más higiénicas.

Esta revolución tuvo como consecuencia el excedente demográfico en las zonas rurales y de campo. Ante esto, los internos migraban hacia las zonas urbanas e industrializadas, lo que los convertía en mano de obra abundante y barata. De este modo, las ciudades crecieron y se convirtieron en lugares de hacinamiento, es decir, acumulación, con graves problemas medioambientales y de salud. A esto se le suma las cortas esperanzas de vida en la población.


En Gran Bretaña se produjeron una serie de cambios fundamentales para la Revolución Industrial. Estos cambios se pueden clasificar en institucionales y técnicos.

Cambios Institucionales

La agricultura tradicional se basaba en pequeños propietarios que cultivaban tierras comunales. El Parlamento Británico promovió el cercamiento de tierras, lo que provocó la desaparición de los cultivos comunales y la conversión de las tierras en propiedad privada. Los pequeños propietarios se vieron obligados a vender sus tierras y a trabajar como asalariados en las nuevas explotaciones agrícolas.

Transformaciones Técnicas

Tuvieron lugar las transformaciones técnicas, referidas a la rotación de cultivos, que introdujeron nuevas máquinas, la selección de plantas y animales, y el uso de fertilizantes artificiales. Destacan las siguientes novedades:

  • Disminución del tiempo de reposo de las tierras: El vizconde de Townshend introdujo la rotación de cultivos en cuatro hojas (siglo XVIII), el barbecho reemplazado por tréboles, nabos, alfalfa o remolacha.
  • Mejora de utensilios e introducción de máquinas: Uso de maquinaria en la actividad agrícola. Aventadora (1777), inglés James Sharp; trilladora (1784), escocés Andrew Meikle; segadora mecánica (1832), norteamericano Cyrus McCormick.
  • Selección de plantas y animales: Con la intención de mejorar la producción, los ingleses comenzaron a seleccionar plantas y animales. Se introdujeron en el Reino Unido plantas de invierno y se pusieron en cultivo prados artificiales para alimentar al ganado. Robert Bakewell descubrió una alimentación animal científica que doblaba el peso del ganado.
  • Utilización de fertilizantes naturales y aparición de los primeros fertilizantes artificiales: Se pasó del abono natural, producido por los animales de las granjas, a los fertilizantes químicos comerciales.

Revolución Científica

Tradicionalmente, casi toda la energía utilizable provenía de los músculos del ser humano, de los animales, y suministrada por el agua y el viento. Así fue hasta que se inventó la máquina de vapor de James Watt en 1765, patentada en 1769. Esta máquina fue considerada la invención por excelencia de esta revolución, y ya tenía antecedentes a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Este invento fue esencial para la industria minera, textil, los transportes y la maquinaria agrícola, siendo James Watt, un inventor escocés, su mente maestra.

La vaporación y la condensación fueron elementos fundamentales para la máquina de vapor, la cual consistía en convertir la energía térmica en energía mecánica. James Watt, escocés de nacimiento, introdujo mejoras clave que contribuyeron al éxito de su máquina. Implementó el mecanismo de doble acción del pistón, permitiendo un movimiento constante y suave en ambas direcciones. Además, incorporó un condensador separado, reduciendo las pérdidas de calor y mejorando la eficiencia térmica. Esto se traduce en economizar el combustible en un 75%.

La regulación automática de la velocidad fue otra innovación crucial de Watt. Desarrolló un regulador centrífugo que ajustaba automáticamente la cantidad de vapor suministrado a la máquina según la carga de trabajo, permitiendo un funcionamiento más estable y eficiente sin intervención humana constante. Además, introdujo el mecanismo de biela y manivela para convertir el movimiento alternativo del pistón en un movimiento rotativo, mejorando la utilidad de la máquina de vapor.

Estas innovaciones hicieron que la máquina de vapor de Watt fuera más eficiente, controlable y versátil que sus predecesoras, contribuyendo significativamente a su triunfo en diversas aplicaciones industriales durante la Revolución Industrial.

Revolución Textil

La revolución de las máquinas no solo impactó la agricultura, sino que también transformó radicalmente la industria textil. Esta pasó de especializarse en la lana a centrarse en el algodón, una materia prima abundantemente disponible en las antiguas colonias, lo que resultaba en costos más bajos.

Tradicionalmente, los trabajadores llevaban a cabo la producción de tejidos en sus hogares, vendiendo luego sus productos a comerciantes o empresarios a cambio de dinero o un porcentaje, en lo que conocemos como sistema doméstico. No obstante, la introducción de telares los obligó a concentrarse en fábricas.

Las causas detrás de la rápida expansión de esta industria fueron múltiples: la accesibilidad de la materia prima a un costo reducido debido a su origen (India), la simplicidad y relativo bajo costo de los inventos que revolucionaron la industria textil (máquinas de hilar, telares mecánicos, etc.), y la abundante disponibilidad de mano de obra, tanto de adultos como de niños.

En cuanto a las invenciones técnicas aplicadas a la industria textil, destacan la Lanzadera Volante de John Kay (1733), la Spinning Jenny de James Hargreaves (1765), la Water Frame de Richard Arkwright (1767), la Mule de Samuel Crompton (1774), la Mule automática de Williams De Kelly (1790), la Selfactina de Richard Roberts (1834), el Primer telar mecánico de Cartwright (1785) y el Primer telar automático de hierro de Williams Horrocks (1803).

Este cambio también propició la reducción de precios gracias a la intensa competencia y a la elevada productividad. No obstante, conllevó la disminución de los beneficios de las empresas, lo que, sumado a la introducción de nuevas máquinas, resultó en salarios extraordinariamente bajos. Este fenómeno llevó a una consecuencia social grave: el desempleo, la miseria y el descontento generalizado.

Revolución Siderúrgica

La siguiente fase del desarrollo industrial inglés se centró en la aparición de una industria básica de bienes de producción, anticipando una etapa de bienes de consumo. La industria siderúrgica, al igual que la textil, experimentó innovaciones tecnológicas a partir de 1840 y 1850 que permitieron la fabricación masiva de hierro y acero.

El reto se planteó en dos direcciones: mejorar la calidad del hierro y encontrar un combustible potente para fundir el mineral a altas temperaturas. El método de laminado y pudelado de Henry Cort en 1874 fue clave para mejorar la calidad del hierro, permitiendo la fabricación masiva de hierro forjado. Simultáneamente, en 1709, Abraham Darby logró alimentar los hornos de fundición con coque, un combustible potente extraído de la destilación de la hulla en lugar del carbón.

Hacia 1850, la era del hierro estaba consolidada, pero el hierro forjado, aunque superior al crudo, aún era inferior al acero en muchos usos. La solución estaba en el acero, una aleación más elástica y resistente. En 1855, Henry Bessemer desarrolló un convertidor que, inyectando aire durante la fundición del hierro, permitía obtener acero a gran escala. Una década después, en 1864, el horno francés de Martin-Siemens mejoró la calidad del acero.

Estos avances permitieron que hacia 1880 el acero se utilizara en la construcción de barcos, ferrocarriles y edificios, marcando un hito en la evolución industrial. Tanto Bessemer como Siemens jugaron roles fundamentales: Bessemer con su método revolucionario de producción de acero, y Siemens con mejoras significativas en la calidad del mismo.

Revolución del Transporte

La influencia de los medios de transporte fue crucial para el desarrollo económico durante la Revolución Industrial en el Reino Unido. A mediados del siglo XVIII, se mejoraron las vías de comunicación mediante la construcción de carreteras y canales. Sin embargo, la transformación verdadera llegó con el ferrocarril y el barco de vapor.

El ferrocarril se convirtió en un elemento esencial para el transporte de mercancías y personas, siendo Richard Trevithick (1804) pionero al introducir la máquina de vapor para impulsar vagonetas sobre raíles. George Stephenson, creador del ferrocarril y de la locomotora Rocket (la más rápida de ese momento, alcanzando como velocidad máxima 50 km/h), desempeñó un papel crucial en el desarrollo ferroviario y la expansión de líneas.

La adopción de ferrocarriles para el transporte de pasajeros marcó un hito en la movilidad social. La primera línea fue en Stockton-Darlington y después se extendió en España con las primeras líneas entre Madrid-Aranjuez, Barcelona-Mataró y, más tarde, Río Tinto-Huelva y Tharsis-Huelva en Andalucía, dedicadas a un uso industrial. Este avance aceleró la movilidad y cambió la conexión entre regiones.

En cuanto al transporte marítimo, la máquina de vapor se incorporó a los barcos durante la Revolución Industrial, aunque inicialmente conllevó riesgos debido a las explosiones. La máquina de vapor salina y la máquina de vapor marina, junto con la hélice, superaron estos desafíos, mejorando la propulsión y sustituyendo los sistemas de palas. La introducción del casco de hierro permitió la construcción de barcos más grandes, como el Great Eastern, que medía 213 metros de longitud, marcando un hito en la navegación marítima.

Segunda Revolución de los Transportes

En el contexto del desarrollo de la industria del transporte, los avances en los motores de explosión y, posteriormente, en los motores diésel jugaron un papel fundamental. Estos avances no solo impulsaron mejoras en el ferrocarril y la navegación, sino que también tuvieron una aplicación crucial en el ámbito automovilístico, que experimentó un notable crecimiento en la propiedad individual de vehículos.

La bicicleta, el submarino (inventado por el español Isaac Peral) y los medios de transporte aéreo, como el aeroplano, el autogiro (Juan de la Cierva) y el zepelín, también desempeñaron un papel significativo en este progreso. Estos medios de transporte contribuyeron de manera destacada a hacer el desplazamiento más accesible, rápido y seguro para el público en general.

En este contexto de avances, es importante destacar a Carl Benz como el pionero y creador del primer automóvil, cuya contribución marcó un hito en la evolución del transporte personal y en la forma en que las personas se desplazan en la sociedad moderna.

Segunda Revolución Industrial

Introducción: En el siglo XIX, tiene lugar la Segunda Revolución Industrial. Esta tuvo como protagonistas descubrimientos e innovaciones técnicas referidas a la industria química, farmacéutica, etc. Aparecen dos nuevas fuentes de energía: el petróleo y la electricidad. En esta Segunda Revolución, nace el trabajo en serie y en cadena (Henry Ford).

Revoluciones Farmacéuticas y Químicas

El avance de la industria química y farmacéutica marcó un hito durante la Segunda Revolución Industrial. Alemania se destacó como líder en inventos e innovaciones en esta esfera, introduciendo elementos como el ácido sulfúrico para la industria pesada, explosivos como la nitroglicerina, fertilizantes y tintes químicos. Además, se impulsaron materiales sintéticos como el celuloide.

La industria farmacéutica, en particular, experimentó un importante desarrollo, incorporando elementos químicos en sus productos. Un ejemplo destacado fue la creación de la aspirina por Bayer en 1897. Este analgésico ácido acetilsalicílico no solo abordaba problemas de circulación sanguínea y cardiacos, sino que también generó controversia por su publicidad sexista, que sugería la aspirina como solución para mujeres indispuestas a satisfacer las necesidades de sus maridos.

En el ámbito de la química, sobresale la invención de la dinamita por Alfred Nobel en 1866. Aunque inicialmente concebida para su uso en la minería, la dinamita encontró un segundo propósito en los conflictos armados. Ante esta dualidad, Nobel optó por donar todos los beneficios obtenidos de esta invención a la Fundación Nobel, que hoy conocemos por otorgar los prestigiosos Premios Nobel.

La Electricidad

En esa época, la electricidad emergía como una nueva fuente de energía que iluminaba el mundo, desplazando al vapor y posicionándose junto al petróleo. Inicialmente, la electricidad se utilizó eficazmente en el telégrafo, cuyo impacto en la sociedad del siglo XIX rivalizaba con el del ferrocarril. Este medio de comunicación conectó países y continentes, impulsando relaciones políticas, militares y económicas.

Sin embargo, aprovechar la electricidad para mover máquinas, iluminar o calentar planteaba desafíos. Surgieron generadores y motores eléctricos gracias a inventores como Swan, Westinghouse y Edison (fue el que patentó la bombilla, pero se cree que Nikola Tesla fue el creador de este invento). A partir de la década de 1870, la electricidad se difundió rápidamente: la iluminación eléctrica reemplazó al gas, los tranvías eléctricos aparecieron en las calles de las ciudades más punteras, las fábricas se electrificaron y surgieron dispositivos como mantas y hornillos eléctricos.

Hacia 1890, se superaron los obstáculos técnicos, la electricidad estaba plenamente controlada y su uso se volvió rutinario.

Comunicaciones

Desde el siglo XIX, las comunicaciones se volvieron fundamentales con el surgimiento de avances técnicos notables. Marconi, con su invención del telégrafo, y Graham Bell, con la creación del teléfono, transformaron la manera en que las personas se conectaban.

La influencia del telégrafo resultó equiparable a la del ferrocarril, ya que los mensajes telegráficos forjaron uniones entre países y continentes. Este medio de comunicación no solo facilitó la interacción en diversos campos, sino que continuó evolucionando y expandiéndose a lo largo del tiempo.

Como dato adicional, es interesante destacar que Marconi, a menudo llamado el «padre de las comunicaciones inalámbricas», fue un pionero en el desarrollo de la radio, llevando la comunicación a nuevos horizontes.

Crisis de 1873

La Segunda Revolución Industrial impulsó el progreso tecnológico y económico en Europa occidental y los Estados Unidos. Sin embargo, se vio acompañada por una significativa recesión en 1873, que afectó especialmente a países industrializados, en particular Alemania.

La raíz de esta crisis radicó en la sobreproducción, generando una feroz competencia y la caída de precios debido a la abundancia de productos. La combinación de esta sobreoferta con la difícil situación económica de la mayoría de la población obstaculizó la venta de mercancías.

Para hacer frente a esta crisis, se implementaron medidas como la prohibición de importaciones extranjeras y la concentración económica, con la intención de eliminar la competencia. Además, se destacó la gestión científica de la empresa, que resultó en una consolidación empresarial y el establecimiento del sistema de trabajo en cadena, evitando la improvisación en la producción.

Surge el Taylorismo, una estrategia de gestión enfocada en mejorar la eficiencia industrial, influyendo principalmente en la división del trabajo.

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