La Transformación de España bajo los Borbones: Población, Sociedad y Comercio en el 1700

Sociedad, economía y cultura en la España del Siglo XVIII

Evolución demográfica

El siglo XVIII fue un siglo de crecimiento demográfico continuo, debido a las mejoras económicas, la desaparición de epidemias como la peste y el descenso de las guerras. El crecimiento fue bastante desigual, siendo más intenso en la periferia peninsular, lo que modificó la distribución demográfica tradicional. Comenzó una tendencia a la concentración de la población en las ciudades.

La sociedad estamental

A pesar de todas las reformas, la estructura social continuaba siendo la estamental del Antiguo Régimen, dividida en:

  • Privilegiados (nobleza y clero): una minoría rica y poderosa, poseedora de tierras, que no pagaba impuestos, tenía leyes y tribunales propios y ostentaba los altos cargos en la Administración.
  • No privilegiados (Tercer Estado): compuesto por la inmensa mayoría de la población, pagaban impuestos, estaban sujetos a la legislación ordinaria y la mayoría vivía en condiciones humildes, siendo principalmente campesinos.

El único aspecto social que varió fue el progresivo crecimiento de la burguesía, impulsado por el desarrollo comercial y manufacturero. Muchos de sus miembros se hicieron auténticamente ricos, superando a la mayoría de la nobleza, y comenzaron a desarrollar un pensamiento propio, liberal y crítico con el Antiguo Régimen.

Por otro lado, hubo tímidos avances hacia la igualdad de la mujer en el marco del pensamiento ilustrado. Se fomentaron nuevos estilos de vida y sociabilidad, se promovió su participación en la vida pública y se mostró un mayor interés por su educación, con la creación de escuelas femeninas gratuitas. Estos progresos, sin embargo, afectaron solo a las mujeres de las clases más adineradas.

Actividades económicas

La agricultura siguió siendo la actividad principal. Sin embargo, se observa un notable crecimiento de la industria y del comercio.

Agricultura

Fue la actividad económica más importante y la que ocupaba a la mayor parte de la población. Seguía marcada por las estructuras feudales, donde la nobleza continuaba poseyendo la mayoría de las tierras y los campesinos tenían que entregar parte de su cosecha. En los cultivos, la mayoría de la superficie se dedicaba a los tradicionales (trigo, vid, olivo…), pero durante el siglo se extendieron los productos americanos, especialmente el maíz y la patata.

Los rendimientos agrícolas seguían siendo bastante bajos, muy dependientes de las condiciones meteorológicas y limitados técnicamente, lo que generó algunas crisis de subsistencia. Los Borbones aplicaron una serie de reformas para aumentar la productividad, especialmente la ampliación de tierras cultivadas, enfrentando dos problemas principales:

  • Las tierras disponibles solían ser de peor calidad.
  • Gran parte de la superficie agrícola estaba amortizada, es decir, no podía venderse ni dividirse, especialmente las que estaban en manos de la Iglesia.

Por tanto, aunque las reformas tuvieran cierto éxito en algunas zonas, no lograron la transformación y modernización del campo deseada por el rechazo de los privilegiados a las medidas liberalizadoras.

Producción manufacturera

La industria era muy escasa y estaba orientada a los mercados locales. Predominaba el taller artesanal, situado en la ciudad y bajo una rígida regulación gremial, con pocos trabajadores, muy especializados y sin apenas maquinaria. En el mundo rural, se fue desarrollando la industria a domicilio, donde un comerciante encargaba la producción de mercancías a campesinos que trabajaban en sus hogares. Este sistema estaba menos cualificado que el gremial, pero permitía un mayor volumen de producción.

Felipe V y Fernando VI impulsaron una política económica inspirada en los principios mercantilistas, doctrina que defendía mantener una balanza comercial favorable, fomentando así la industria nacional y la intervención estatal. Se adoptaron medidas proteccionistas para estimular la producción interna y atraer capital extranjero, además de crearse las denominadas Fábricas Reales, grandes talleres estatales dedicados a la elaboración de productos de lujo, así como a material militar, naval, textil o tabaco.

Por su lado, Carlos III empezó a aplicar medidas liberalizadoras e impulsó la iniciativa privada, lo que se manifestó en sectores como los paños, el papel o la seda, aunque los sectores más relevantes fueron de nuevo la lana y el textil.

El comercio

Fue el sector que experimentó un mayor crecimiento.

Comercio interior

Su crecimiento fue bastante más moderado, lastrado por las deficientes infraestructuras. Los Borbones trataron de fomentarlo mediante obras públicas, mejorando los caminos y puertos, y eliminando las aduanas internas, como la existente entre Castilla y Aragón. Carlos III, dentro de su programa liberalizador, aplicó la Real Pragmática de 1765, que permitía el libre comercio de grano.

Comercio exterior

Experimentó un gran auge, y sus principales relaciones fueron con Europa y las colonias americanas. Con los países europeos, el comercio era deficitario, pues a pesar de las medidas proteccionistas, se importaban productos manufacturados mientras se exportaban materias primas y alimentos.

Con respecto al comercio americano, se trató de revitalizarlo modificando el modelo de los Austrias. Así, se suprimió el sistema de flotas (1735), lo que permitió que los barcos zarparan del puerto único cuando lo estimasen. Se crearon compañías comerciales. Con Carlos III, se inició la política liberalizadora, autorizando desde 1765 el comercio de América con otros puertos españoles, así como el comercio interno entre las colonias. En cuanto a los productos, España continuaba exportando manufacturas, mientras que de las colonias importaba, sobre todo, metales preciosos y alimentos (cacao, azúcar, café…).

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