Panorama general del reinado de Alfonso XIII. Intentos de modernización. El Regeneracionismo. Crisis y quiebra del sistema de la Restauración. La Guerra de Marruecos.

Tema 16 Alfonso XIII (1902-1923)

1.-Introducción

La primera etapa del reinado de Alfonso XIII estuvo marcada por el espíritu regeneracionista y de cambio que tanto dentro como fuera del sistema se extendió tras la crisis de 1898 (guerra con EEUU y pérdida de las últimas colonias). A la nueva actuación seguida desde el poder se denominó revisionismo, ya que se pretendía revisar el sistema modificando lo necesario para superar sus viejos vicios y adaptarlo a las nuevas demandas sociales y políticas. Pero el corto alcance de las reformas no fue suficiente para impedir que el sistema se fuera hundiendo poco a poco. Cabe destacar el  protagonismo político de Alfonso XIII. Por encima de ambos partidos dinásticos estaba la figura del soberano Alfonso XIII, que inició su reinado efectivo al alcanzar la mayoría de edad en 1902. Además, el joven rey tenía una personalidad activa y dinámica y un espíritu moderno; era amante del deporte, los viajes y las grandes inversiones económicas. Todo ello parecía anunciar una nueva era de cambios, reformas y modernización realizada «desde arriba». Alfonso XIII fue un rey controvertido que aunó en su persona viejas concepciones decimonónicas junto con un espíritu europeísta y modernizador. Convencido del protagonismo político que le correspondía y que la Constitución moderaba de 1876 le otorgaba, en ningún momento estuvo dispuesto renunciar a su soberanía compartida con las Cortes ni a sus prorrogativas políticas, en especial la de designar gobiernos y, llegado el caso, la de retirarle su confianza y obligarle a dimitir, así como dirigir las fuerzas armadas. En consecuencia, su responsabilidad política en el desarrollo de los acontecimientos fue muy alta; por este motivo, la oposición al sistema derivó en gran mediada en un rechazo a su persona, que acabaría arrastrando en su caída a la propia institución monarquía, Pero probablemente el principal defecto político de Alfonso XIII residía en su espíritu castrense, que le inclinaba a favorecer al ejército siempre que existía un conflicto entre el poder civil y el poder militar.
Con la primera guerra mundial (crisis de 1917) empezó una nueva fase, que, por breve tiempo, pareció prometedora: la neutralidad le permitió a España desempeñar un papel, económico en Europa desproporcionado a su importancia real. Pero la euforia de las exportaciones solo benefició a unos pocos, las  clases medias y bajas, obreros, empleados públicos, militares y, en general, todos  los asalariados que tuvieron que enfrentarse al alza de precios y a la carencia de algunos productos desviados a la exportación. El deterioro de la capacidad adquisitiva de los trabajadores generó una conflictividad social que afectó profundamente al sistema. El descontento social desencadenó la crisis general de 1917. Fue una triple crisis militar, política y social que incidió decisivamente en la descomposición del sistema de la Restauración. La crisis militar empezó cuando el ejército, un poder básico para el mantenimiento de la monarquía, empezó a cuestionar el sistema interviniendo en la vida política. Crearon las Juntas de Defensa. El descontento era mayor entre los oficiales que permanecían en la península, pues se sentían relegados frente a los que intervenían en guerra de Marruecos (los llamados africanistas), ya que estos ascendían más rápido. . El Gobierno intentó disolver las Juntas y detener a sus dirigentes por  rebeldía; estos se negaron a desaparecer y como casi siempre ocurría tuvieron el apoyo del rey, por lo que el Gobierno tuvo que admitir sus peticiones y reconocer oficialmente el movimiento en junio de 1917. (Algo completamente anormal, pues los militares no gozan del derecho de asociación o sindicación en ningún país). Como repuesta al clima de tensión existente, el gobierno decretó la censura de prensa y la suspensión de las garantías constitucionales y de las Cortes. Ante esta actitud autoritaria, y en medio de una oleada de protestas, Frances Cambó, dirigente de la Liga Regionalista, convocó en Barcelona (julio de 1917)  una Asamblea de parlamentarios (crisis política) a los que solo asistieron la oposición de izquierda y algunos liberales. Ello originó un movimiento civil que exigió la convocatoria de Cortes constituyentes, la autonomía para Cataluña y la aplicación de un programa reformista que contemplara la realidad plurinacional de España. La heterogeneidad ideológica del movimiento, dificultó su cohesión, y el rechazo por parte de las Juntas de Defensa que se situaron junto al gobierno, facilitaron la disolución de la asamblea. En cuanto a la crisis social, las organizaciones obreras anteriormente habían organizado ya una campaña para solicitar el abaratamiento de las subsistencias y convocado una huelga de protesta (18 de diciembre de 1916), que fue un éxito rotundo La tensa situación social y la creciente importancia de los sindicatos favorecieron la creación de un comité de acción conjunto CNT-UGT. A pesar de las diferencia entre los socialistas, partidarios de una democratización efectiva del régimen, y los anarquistas, impulsores de una revolución social, la situación llevó a las centrales sindicales a convocar la huelga general revolucionaria 13 de agosto 1917, buscaron el apoyo de algunos sectores del Ejército y de los parlamentarios, pero éstos no los secundaron. Aunque el motivo alegado era protestar por el incremento de los precios de los alimentos básicos, la huelga podía desembocar en una revolución que derrocara al régimen, para reivindicar un cambio político, La movilización se extendió por las principales ciudades de Asturias, el País Vasco, Madrid y Barcelona. El conflicto duró unos cinco días. El ejército reprimió duramente la huelga. 

2- Desarrollo

El Regeneracionismo y la crisis socioeconómica. El impacto del 98 en la opinión pública española hizo aflorar el descontento que el régimen de la Restauración había provocado en la mayor parte de la clase media y de los intelectuales. Se produjo un movimiento intelectual y social crítico con el sistema y sus prácticas políticas que se conoce como REGENERACIONISMO. Nacido a fines del siglo XIX, permaneció vigente durante las primeras décadas del XX e inspiró a toda una generación de políticos y pensadores de distintas tendencias. El regeneracionismo tuvo varias vertientes: social y económica, intelectual y literaria, y política. El regeneracionismo social y económico.  Aglutinaba el malestar de las «clases productoras»: pequeños y medianos empresarios de todos los sectores económicos que no se sentían representados en el régimen de la Restauración. El ideólogo de esta vertiente del regeneracionismo fue Joaquín Costa.  Costa censuró el sistema político y el falseamiento de la democracia, y propuso una serie de reformas económicas y educativas que se resumían en el lema Despensa y escuela y siete llaves al sepulcro del Cid que propugnaba la necesidad de dejar atrás los mitos de un pasado glorioso, modernizar la economía y la sociedad y alfabetizar a la población. También defendía la necesidad de organizar a los sectores productivos de la vida española al margen del turno dinástico con unos nuevos planteamientos que incluyesen el desmantelamiento del sistema caciquil y la transparencia electoral. Posteriormente, Costa se inclinó hacia el republicanismo. El regeneracionismo intelectual y literario.  Estuvo representado, entre otros, por Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu, que  reflexionaban sobre la decadencia de España. Este espíritu impregnó la obra literaria de la llamada «generación del 98». La evolución ideológica de estos intelectuales fue muy diversa, ya que oscilaron desde el socialismo y el anarquismo hasta el conservadurismo tradicional y el fascismo.El revisionismo político.  Esta corriente de pensamiento empleó los argumentos regeneracionistas para dar un nuevo impulso a la política de la Restauración. Los primeros en adoptar estos puntos de vista fueron los políticos conservadores, liderados por Francisco Silvela, que cuando presidió el Gobierno anunció su propósito de emprender «reformas radicales» y una «verdadera revolución desde arriba». Para ello creó dos nuevos ministerios que encarnaban las reivindicaciones del regeneracionismo: el Instrucción Pública (equivalente al de Educación) y el de Agricultura. Y retornó la legislación social iniciada en la 1ª República y reguló los accidentes laborales y el trabajo de mujeres y niños. La tarea política de Silvela fue continuada por Antonio Maura que  personificó la renovación del Partido Conservador a comienzos del  siglo XX. Los políticos de la izquierda liberal también adoptaron el espíritu del regeneracionismo: José Canalejas y Melquíades Álvarez fueron los impulsores de su renovación. Proponían, además, la reforma del régimen monárquico. Los primeros intentos de reforma los impulsaron los gobiernos conservadores, cuya intención, según Maura, era emprender la «revolución desde arriba» para evitar la «Revolución desde abajo”.Esta revolución desde arriba aspiraba como máximo a un saneamiento de la vida política, pero  sin alterar las bases de funcionamiento del sistema. Sin embargo, la conjunción de ese espíritu de cambio y la presión cada vez más fuerte de las organizaciones obreras, se tradujo en una tímida legislación laboral desde principios de siglo como: Ley de accidentes de trabajo, ley sobre el trabajo de las mujeres y niños, ley del descanso dominical, ley de huelga. Pero las condiciones laborales de los trabajadores seguían siendo muy duras, y persistían muchos motivos de descontento para las clases populares. El programa político de Maura fue denominado maurismo: su contenido esencial se puede resumir en los siguientes principios: Era necesario defender la influencia social de la Iglesia católica frente a las pretensiones de la izquierda de crear un Estado laico. La sociedad española era mayoritariamente católica y conservadora y debía movilizarse para expresar su opinión en las elecciones y en los actos públicos. Conectar a la monarquía con la realidad social e  incorporar otras fuerzas políticas al sistema, en concreto, el catalanismo conservador de la Lliga. Llevar a cabo una política exterior nacionalista y expansionista en Marruecos para olvidar la derrota de 1898 y dar un nuevo impulso a los militares. España se había caracterizado por un relativo aislamiento y,  trató de participar en el  reparto de África. Marruecos se convirtió así en el nuevo objetivo colonial; A España se reconocieron sus derechos sobre el norte de Marruecos, y comenzó su ocupación militar en febrero de 1909. La cuestión de Marruecos provocó el descontento popular a causa de los reclutamientos forzosos de tropas para una guerra que solo interesaba a dos grupos sociales minoritarios: a) Un sector del ejército, que veía en ella la oportunidad de recuperar el prestigio profesional perdido tras el desastre de 1898, así como un medio de ascenso en el escalafón y de protagonismo político. b) Los capitalistas interesados en la explotación de las minas de hierro del Rif. En julio de 1909 estalló en Barcelona una crisis conocida como  la Semana Trágica, cuyas secuelas terminaron con el gobierno  de Maura. En este conflicto convergieron varios problemas políticos y sociales: el del catalanismo político, el de los republicanos y el del movimiento obrero 1.- El problema del catalanismo político El catalanismo estaba representado, a principios del siglo XX, por la Liga Regionalista, y liderada por  Prat de la Riba y  Cambó. Su objetivo era lograr cierto grado de autonomía administrativa; a cambio, la Lliga colaboraría con la monarquía. En este contexto, se produjo un grave incidente en Cataluña: unos oficiales del ejército, ofendidos por una caricatura aparecida en la revista satírica nacionalista Cu-Cut, asaltaron los locales de la publicación. Esto provocó la aprobación, con apoyo del rey, de la Ley de Jurisdicciones (1906), por la que los delitos contra la patria y el ejército serían juzgados por tribunales militares. Las fuerzas políticas catalanas reaccionaron constituyendo Solidaritat Catalana, una coalición de todos los partidos antidinásticos o antimonárquicos que aglutinaba desde republicanos federales hasta carlistas. 2.- El problema de los republicanos: Alejandro Lerroux No todos los republicanos se integraron en Solidaritat Catalana. Un grupo -se reunió en torno a Alejandro Lerroux, antimonárquico populista, republicano, de derechas y con gran aceptación entre la masa de emigrantes de Barcelona, debido a sus mítines incendiarios, caracterizados por la demagogia revolucionaria, el anticlericalismo feroz y las apelaciones a la violencia. Enemigo del nacionalismo catalán que estaba respaldado por parte de la burguesía. Fue elegido diputado por Barcelona y creó su propio grupo, el Partido Republicano Radical. Tuvo también una gran influencia en el desarrollo de la Semana Trágica. 3.- El problema del movimiento obrero El sindicalismo catalán, tradicionalmente apolítico e influido por el anarquismo, había encontrado un nuevo instrumento de lucha, la huelga general; con ella se podía paralizar la sociedad y derribar al capitalismo. En 1902 ya se había organizado una huelga general en Barcelona y sus alrededores; aunque no tuvo éxito, mostró la capacidad de movilización sindical. En 1907, los sindicatos formaron una Federación de Sociedades Obreras a la que llamaron Solidaridad Obrera. Por su parte, el sindicato socialista UGT, era minoritario en Cataluña y se mostraba reacio a convocar huelgas generales. La gran influencia del anarquismo con el control del movimiento obrero catalán propicio el estado de protesta general. 4.- La intensificación del antimilitarismoA raíz de la ley de Jurisdicciones de 1906 (anteriormente mencionada) y el sistema de cuotas de reclutamiento. (Debemos recordar que, hasta la ley de Servicio Militar obligatorio promulgada durante el gobierno  de Canalejas en 1912, los que tenían dinero se podían librar de la incorporación  a filas, mediante el pago de una cuota demasiado elevada par las posibilidades económicas de las clases bajas. Estas, por tanto, eran las que obligatoriamente hacían el servicio miliar y las que sufrían los estragos de las guerras; y de ahí el antimilitarismo popular). La causa próxima de la Semana  fue el desastre militar del barranco del Lobo, que originó más de 1200 bajas en el ejército de África. Antes de 1909 algunas compañías españolas se habían instalado en el protectorado. El 9 de julio los rifeños atacan una línea de ferrocarril próxima a Melilla y mataron a cuatro trabajadores españoles, por lo que Maura decidió reforzar militarmente la zona. El ministro de la guerra cometió el error de no enviar soldados de reemplazo sino reservistas de Madrid y Barcelona, muchos de ellos casados y con hijos. La medida provocó numerosas protestas, especialmente en Cataluña y la resistencia de estos a embarcarse, actitud a la que se sumó Solidaridad Obrera. Se propagó la huelga general (convocada por socialistas y anarquistas) y el gobierno respondió deteniendo a los cabecillas socialistas y prohibiendo su prensa. Las noticias que llegaron de África sobre los anteriores hechos, hicieron que el comité de huelga perdiera el control de la situación, iniciándose inmediatamente en Barcelona el asalto e incendio de edificios religiosos y el levantamiento de barricadas por toda la ciudad. La autoridad militar proclamó el estado de guerra, lo que desató la oleada de violencia callejera durante casi una semana (semana trágica, del 26 de Julio al 31 de Julio). El motín terminó con un balance desolador: 116 muertos, 300 heridos. El 31 de julio la insurrección fue liquidada y se emprendió una dura represión: mas de mil quinientas detenciones, con diecisiete penas de muerte, de las cuales se ejecutaron cinco, entre ellas la de  Ferrer i Guardia, pedagogo catalán, anarquista y fundador de la Escuela Moderna  El juicio realizado contra este, careció de la suficientes garantías procésales, por lo que se sospechó que con su ejecución se quería dar un escarmiento a los alborotadores.  Esta ejecución levantó una oleada de protesta en toda Europa, y en España un grito unánime:»Muera Maura», esgrimido por propios es extraños contra el jefe de gobierno, que fue cesado inmediatamente por el rey. CRISIS SOCIO-ECONÓMICA Al finalizar la Primera Guerra Mundial (1919) se intensificó la crisis económica, puesto que a la inflación de los años de la guerra se unió la contracción de la demanda, que provocó el cierre de empresas, el aumento del paro y rebajas saláriales generalizadas. Durante la guerra, la necesidad de satisfacer la demanda, provocó que los patronos fueran más propensos a la negociación que al enfrentamiento con los obreros. Esto, a su vez, se tradujo en un crecimiento espectacular de la afiliación obrera a los sindicatos. La situación cambió con la crisis económica de la posguerra: muchos patronos se pasaron la línea dura y al enfrentamiento con lo que consideraban una dictadura sindical. Asimismo, el triunfo de la Revolución Bolchevique de 1917 insufló entusiasmo en las organizaciones obreras, para las que Rusia se convirtió en un mito. Esta situación provocó un aumento de la conflictividad social. La presión de un movimiento obrero cada vez más fuerte aconsejaba que el gobierno adoptara algunas mediadas de carácter social, como la tradicional reivindicación obrera de la jornada de ocho horas en la industria o la creación del Ministerio de Trabajo. El descontento de los obreros fue dirigido por los  sindicatos, en un proceso de expansión creciente. La UGT, minoritaria, se expandió en este periodo, incluso entre los jornaleros andaluces, más próximos al anarquismo. Por su parte, la CNT, con mayor numero de afilados y con mayor capacidad de movilización, era hegemónica en Cataluña. La acción sindical se vivió tanto en el campo, especialmente en el andaluz, como en los centros urbanos e industriales (Cataluña, Asturias, País Vasco y Madrid). En Andalucía, la agitación social se había mantenido baja desde principios de siglo hasta 1917. Sin embargo, entre 1918 y 1920, se vivió una etapa de actividad revolucionaria el llamado  «trienio bolchevique» provocada por múltiples factores: la situación de miseria de los jornaleros agrícolas, la carestía de la vida y la influencia de la Revolución rusa. Bajo la dirección de los dos grandes sindicatos, se sucedieron las huelgas, se invadieron los campos, se repartieron las tierras, se tomaron ayuntamientos, etc. La revolución social acabó en 1920, a consecuencia de la declaración del estado de guerra y la consiguiente represión. En Cataluña las huelgas, los sabotajes y los atentados se sucedieron continuamente. La repuesta de la patronal catalana se caracterizo por su dureza: frente a la huelga obrera, el lock-out (cierre patronal de la empresa por decisión del dueño); frente a la acción directa o terrorismo rojo, el terrorismo blanco o contratación de pistoleros y bandas armadas para asesinar a dirigentes obreros y sindicales. Y la fundación de los llamados sindicatos amarillos: los llamados sindicatos libres. Las autoridades civiles y militares de Barcelona practicaron también un autenticó terrorismo de Estado, al servicio de la patronal, con la promulgación de la «ley de fugas», cuya aplicación significaba dar licencia para disparar al detenido que intentaba fugarse, que se convirtió en pretexto legal para disparar por la espalda contra cualquier arrestado.  En Asturias y Vizcaya el talante más moderado de los socialistas, más importantes en estas zonas, determinó una menor agitación y violencia que en Cataluña, aunque también fueron frecuentes los enfrentamientos entre obreros por un lado, y la patronal y gobierno, por otro. Desde otro punto de vista, el triunfo de la Revolución rusa de 1917 no solo supuso un estimulo a la agitación obrera, sino también una división ideológica del movimiento obrero, que se saldó con una ruptura dentro de las filas del socialismo. En 1919 se fundó en Moscú la  Tercera internacional o internacional comunista, que pretendía agrupar a todas las organizaciones obreras para extender la experiencia revolucionaria rusa a todo el mundo En 1920 un grupo de las Juventudes socialistas, decidió transformarse en Partido Comunista de España, según las directrices de Moscú.

3.- Conclusión

La quiebra de la monarquía parlamentaria: 1917-1923.A partir de ese momento el declive, fue imparable: a la inoperancia de los gobiernos se sumaron la creciente contestación política al régimen, la conflictividad social y el desastre militar en Marruecos. Durante el periodo comprendido entre 1917 y 1923 hubo varia tentativas, todas ellas fracasadas, de revitalizar el sistema mediante un programa que no pudo realizarse por la falta de entendimiento entre los grupos políticos que formaron los diferentes gobiernos de concentración. Ante esta situación, comenzaron las protestas populares a través de motines y disturbios, y, más tarde, de huelgas organizadas por la UGT y la CNT.  El estallido de la Revolución rusa, ocurrida en plena guerra, animaron a los republicanos españoles a luchar por una sociedad más democrática. Esos mismos acontecimientos fueron recibidos con temor por los terratenientes, la burguesía y gran parte de la clase media española. Este último grupo empezó a desear una solución militar autoritaria que pusiera orden en la sociedad española. El programa previsto para desbloquear el sistema consistía esencialmente en una, reforma constitucional, la apertura de un proceso de autonomías regionales, la secularización del Estado, Cortes unicamerales y limitación del poder, del Rey. Este programa era la actuación encaminada a hacer oficial lo que en la calle era ya una realidad: la secularización de la vida y del pensamiento Era inaplazable buscar una salida, democrática o autoritaria. El golpe militar, de Primo de Rivera impuso la dictadura, con la aprobación del rey, pero no fue más que el aplazamiento de una muerte anunciada. Finalmente se hundió el viejo sistema y arrastró en su caída al rey y a la propia monarquía.

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