Porque se mantuvo la sociedad estamental hasta finales del Siglo XVIII

Concepto


Antiguo Régimen fue la expresión que utilizaron los revolucionarios franceses de 1789 para nombrar la sociedad que les precedía y pretendían cambiar. Designa, pues, el conjunto de estructuras políticas, económicas, sociales y culturales que se dieron en Europa durante la Edad Moderna.El sistema político predominante era la monarquía absoluta y el despotismo ilustrado, aunque en algunos países como el Reino Unido se establecieron regíMenes parlamentarios.
La economía era de base agraria y mercantilista, mientras que la industria y el comercio eran minoritarios.
La sociedad del Antiguo Régimen se basaba en la desigualdad. Estaba dividida en estamentos: nobleza, clero y estado llano, cada uno con un régimen jurídico y económico propio, y unos derechos y obligaciones adquiridos.
El régimen demográfico se caracterizaba por altas tasas de natalidad y mortalidad y un crecimiento vegetativo muy lento, marcado también por epidemias y guerras episódicas.
La cultura estaba promocionada esencialmente por la Corte y la Iglesia, y en países como Holanda por la nueva burguésía comercial. A la cultura barroca vinculada a la Contrarreforma, siguió la Ilustración, relacionada con el hombre y la razón, y germen de la ideología que acabaría con el Antiguo Régimen.

La política durante el Antiguo Régimen


La monarquía fue la principal forma de gobierno en Europa durante el Antiguo Régimen. Progresivamente, los reyes fueron acumulando más poder amparados en los siguientes aspectos:
– El control de los poderes locales e impuestos a través de la mejora de la administración interna (burocracia).
– El mantenimiento de un ejército poderoso y estable.
– La consecución de prestigio internacional por la vía diplomática.
Así, las monarquías autoritarias (s. XVI) que respetaban todavía alguna de las instituciones medievales, dejaron paso a otras monarquías absolutas (s. XVII) en las que el soberano tenía todos los poderes del Estado sin ninguna limitación: declaraba la guerra y la paz, capitaneaba los ejércitos, determinaba los gastos del Estado, fijaba los impuestos, otorgaba cargos y privilegios, dirigía la administración e impartía en última instancia la justicia.
La monarquía absoluta se fundamentaba en dos tipos de justificaciones teóricas: pensadores como Hobbes opinaban que el poder del rey debía se absoluto para evitar que los intereses particulares acabasen con el orden social;
Otros como BOSSUET lo fundamentaban en el derecho divino, según el cual la autoridad del rey provénía directamente de Dios, en nombre de quien el soberano ejercía el poder sin posibilidad de ser cuestionado. El ejemplo más significativo de monarca absoluto es Luis XIV de Francia, conocido como “El Rey Sol”.
Como oposición al absolutismo, en Inglaterra surgíó una concepción política partidaria de que el soberano compartiese el poder con el parlamento. Éste era el encargado de elaborar las leyes y controlar al gobierno encarnado por el monarca. Entre los defensores del parlamentarismo destaca John Locke, quien afirmaba que la soberanía recaía directamente sobre los individuos quienes la cedían voluntariamente a la sociedad, representada por el parlamento. Aquí, el esfuerzo de la dinastía Estuardo por implantar una monarquía absoluta se saldó con dos revoluciones y el triunfo definitivo del modelo de monarquía parlamentaria, aceptado por Guillermo III con la firma de la Declaración de Derechos de 1689.

Durante el siglo XVIII triunfó en Europa una nueva corriente filosófica y cultural, la Ilustración, cuya carácterística principal era el Racionalismo. Aplicando la razón, los pensadores ilustrados elaboraron una nueva doctrina política cuyo propósito no era acabar con el absolutismo, sino potenciar la capacidad del ser humano, aplicar soluciones científicas a los problemas y mejorar la educación; aunque sus ideas sirvieron para que así fuera:
– Montesquieu, admirador del parlamentarismo inglés y de la obra de Locke, desarrolló el principio de separación de poderes: legislativo, que elabora las leyes; ejecutivo, que las hace cumplir; y judicial, que garantiza su correcto cumplimiento. Este principio supónía, de hecho, una garantía contra el absolutismo.
– Rousseau quiso acabar con el derecho divino de la monarquía desarrollando su teoría del contrato social, según el cual el pueblo poseía la soberanía.
– Voltaire criticó los excesos del absolutismo y propuso un sistema político que limitase los poderes del rey.
Inicialmente algunas de estas ideas derivaron en el despotismo ilustrado o absolutismo ilustrado, en el que el monarca seguía conservando su autoridad absoluta, pero adoptaba una postura paternalista en beneficio de sus súbditos: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, ejemplificado por Federico II de Prusia, Catalina II de Rusia o Carlos III en España. El nuevo sistema de gobierno fue bien visto por algunos filósofos ilustrados, pues situaba el poder en el camino de la razón y se orientaba hacia el progreso y la felicidad de los ciudadanos:
– Se favorecíó el centralismo y la uniformidad de las instituciones.
– La educación se abríó a amplias capas sociales.
– Se liberalizó el comercio y la economía.
– Se favorecíó la tolerancia religiosa.
Sin embargo, el despotismo ilustrado no solucionaba los problemas de fondo: el anacronismo de una sociedad dividida en estamentos privilegiados y no privilegiados, la falta de participación política de estos últimos y la ausencia de compromiso para modificar al régimen de propiedad de la tierra.

La economía durante el Antiguo Régimen


La economía de la Edad Moderna mantuvo muchos rasgos medievales. La agricultura siguió siendo la actividad más importante y el trigo la base para la subsistencia de los hombres, por lo que la sociedad estaba sometida a las vicisitudes de las cosechas. Durante el Siglo XVII la producción disminuyó, debido a las continuas guerras y epidemias, lo que supuso una crisis de precios y producción generalizada, agravada por el sistema de propiedad de la tierra. La Ilustración favorecíó la renovación del sector gracias a la aplicación de las ideas fisiócratas que permitieron una serie de innovaciones: rotación cuatrienal, introducción de nuevas especies, mejora de herramientas, utilización de abonos, etc., que aumentaron y mejoraron la producción agraria.
La industria tenía un carácter artesanal y estaba condicionada por el comercio local y los gremios. Desde fines del XVII, el sistema entró en crisis al aparecer formas más baratas de producir manufacturas (domestic system), que sin embargo no cambiaron de manera significativa la incidencia social de la industria. Sólo la introducción de las primeras máquinas de vapor durante el último cuarto del Siglo XVIII, favorecíó verdaderamente el desarrollo fabril, gracias a las mejoras tecnológicas y al aumento de la productividad.
El comercio estaba limitado por la lentitud de las comunicaciones y la precariedad de la producción. A dicho estancamiento se uníó además la aparición de la teoría económica mercantilista, basada en la acumulación de riqueza para conseguir balanzas de pagos beneficiosas. Por ello se aplicaban tasas a las importaciones de otros países y se ofrecían ventajas a la producción propia. Desde finales del Siglo XVII, el mercantilismo fue perdiendo peso en favor de políticas más liberales que permitieron el crecimiento del comercio, coincidiendo con el aumento de la producción agraria e industrial. El de tipo internacional fue el que más desarrollo experimentó e Inglaterra el país que mayor progreso alcanzó.

La sociedad durante el Antiguo Régimen


La sociedad de la Edad Moderna estaba organizada en grupos llamados estamentos o estados. Los estamentos eran núcleos sociales inmutables, a los que se pertenecía por nacimiento y en los que se permanecía toda la vida. Cada estado tenía su función social, un estatuto jurídico particular y unas carácterísticas propias.
Los estamentos privilegiados: la nobleza y el clero, poseían casi todas las tierras, no pagaban impuestos, tenían tribunales propios y acaparaban los principales cargos políticos.
La nobleza se situaba en la cúspide de la pirámide social. Tenía la función teórica de defender la sociedad y a ellos correspondía el orden militar. No era un estamento homogéneo y se pueden distinguir varios grupos:
– La nobleza de título (duques, condes, marqueses…), de enorme poder político y económico. Tras la implantación del mayorazgo solían ser los primogénitos de las grandes familias, que acaparaban la tierra y llevaban una vida lujosa.
– Los caballeros eran nobles dedicados a la guerra de la que obténían su fuente principal de ingresos, además de administrar una dote familiar. Eran muy influyentes en zonas rurales y alcanzaron un gran prestigio en épocas de conflicto bélico.
– Los hidalgos eran nobles por ascendencia familiar, pero sin tierras ni posesiones. Algunos eran mantenidos por la caridad familiar o incluso vivían en la pobreza.
– Además, durante el Antiguo Régimen se fue creando una nobleza de toga, compuesta por juristas y funcionarios de la corte, a los que el rey ennoblecía por los servicios prestados al Estado.
El clero tenía como función la salvación espiritual de la sociedad. Tampoco era un grupo homogéneo; en función de su compromiso religioso existía un clero regular (monjes, sometidos a una regla monástica) y un clero secular (sacerdotes). Además, era el único estamento que aglutinaba a personas procedentes de distintos extractos sociales:
– El alto clero, formado por individuos procedentes de la nobleza, ocupaba los altos cargos eclesiásticos (cardenales, obispos, abades y abadesas…). Poseían gran influencia social y política, y controlaban grandes riquezas.
– El bajo clero, que procedía del Estado Llano, estaba formado por curas, frailes, monjas, etc. Vivían de forma mucho más modesta, pero arropados siempre por la influencia de la religión en la sociedad.
El estamento no privilegiado, Estado Llano o Tercer Estado, era el más numeroso de la sociedad, agrupando a más del 90% de la población. Su función era procurar el sustento de la sociedad, para lo cual trabajaban y pagaban impuestos. Era el grupo más heterogéneo de todos:
– La burguésía enriquecida por las actividades comerciales imitaba a los nobles y vivía con cierto lujo. Con frecuencia intentaban llevar a cabo matrimonios de conveniencia con hidalgos empobrecidos para ennoblecer su condición social.
– Campesinos y artesanos, más del 80% de la población, solían llevar una vida muy dura y vivían con el riesgo constante de padecer hambre y penurias. Mayoritariamente dependían de los grupos privilegiados para desarrollar su trabajo en unas condiciones casi siempre precarias.
La evolución de la población durante la Edad Moderna se encuentra claramente vinculada al ciclo económico del momento. Así, tras un periodo de desarrollo durante el Siglo XVI, viviremos otro de estancamiento o regresión en el XVII, para iniciar el despegue definitivo a partir del XVIII, gracias a las mejoras alimenticias y de costumbres introducidas por la Ilustración.

La cultura durante el Antiguo Régimen


La transición de la Edad Media a la Moderna está caracterizada por el Renacimiento y el Humanismo, movimientos de recuperación de los valores de la Antigüedad clásica que afectaban a todos los aspectos de la cultura y el arte. Ambos movimientos defendían una visión libre y racional del mundo, inspirada en el hombre como centro esencial del universo.
Esta concepción cultural tendrá continuidad en el Siglo XVII a través del Barroco, aunque condicionada por las nuevas realidades históricas: el absolutismo y la contrarreforma, que darán lugar a un cambio de mentalidad, menos serena y optimista y más exaltada y mística.
El Barroco fue un periodo en el que florecieron todas las ramas de la cultura y la ciencia. En filosofía se desarrollaron el Racionalismo (Descartes) y el Empirismo (Bacón y Hume). La literatura vivíó uno de los momentos de mayor esplendor con figuras como Shakespeare (Inglaterra), Moliere (Francia) o Cervantes (España). Y la música se convirtió en elemento esencial de las principales cortes europeas del momento con autores como Bach, Haendel o Vivaldi. El arte, por su parte, siguió viviendo de los repertorios grecolatinos mediatizados ahora por el deseo de exaltar al espectador. Artistas como Bernini, Rubens, Rembrandt o Velázquez supieron plasmar en sus obras la pasión de la época a través de obras llenas de movimiento y exuberancia que están entre los mejores logros de la historia del arte universal.
Finalmente, la ciencia llevó a cabo numerosos e importantes progresos: Galileo demostró la exactitud científica del heliocentrismo, Kepler formuló las leyes que rigen las órbitas de los planetas y Newton la de la gravitación universal.
Durante el Siglo XVIII, la corriente racionalista evoluciónó hacia facetas más amplias con las que se querían dar soluciones a los problemas sociales, aumentar la confianza en el ser humano y lograr más altas cotas de progreso y felicidad. La Ilustración pretendía así acabar con las tinieblas de la superstición y la ignorancia mediante la razón y la educación, poner en práctica los descubrimientos científicos y aplicar las aportaciones filosóficas a la sociedad y la política. Esta nueva corriente surgida en Francia y extendida después por toda Europa, tuvo como principales representantes a Diderot, D´Alembert o Voltaire, y su ámbito de difusión los salones, las academias, la prensa y todo tipo de publicaciones. Su expresión artística fue el Neoclasicismo, una mirada mimética hacia lo griego y lo romano a través de la sencillez y el equilibrio de la razón. Antonio Canova y Jacques Louis David son dos de los grandes maestros del periodo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *