Autarquía–
-> Al terminar la Guerra Civil (1936-39), España quedó en una grave crisis económica. Hubo más de 500.000 muertos y unos 300.000 exiliados, lo que redujo la población activa y especialmente a los trabajadores cualificados. Además, la guerra destruyó edificios, ciudades y transportes, aunque la industria y el campo no fueron los sectores más dañados.
La situación empeoró por la autarquía, la política económica adoptada por Franco. Inspirada en los modelos fascistas y en el aislamiento internacional, buscaba que España fuera autosuficiente. Para ello, el Estado controló toda la economía: precios, salarios, producción, consumo, inversiones y comercio exterior. Las importaciones se redujeron al mínimo y se limitó la presencia de capital extranjero, mientras que se favorecíó a las industrias nacionales.
En agricultura se creó el Servicio Nacional del Trigo, que impónía precios y cuotas obligatorias. Sin embargo, la producción agrícola bajó por falta de maquinaria y abonos, así como por la mala gestión burocrática. Aunque el régimen culpaba a la sequía o a la guerra, el problema era la incapacidad del sistema para modernizar el campo. La reforma agraria republicana se paralizó y la situación del campesinado siguió siendo muy pobre.
Para asegurar el abastecimiento se implantó el racionamiento, pero la escasez y los precios oficiales demasiado bajos provocaron el auge del estraperlo, un mercado negro donde los productos se vendían mucho más caros.
En la industria, el Estado creó RENFE (1941) y el Instituto Nacional de Industria (INI), que impulsó grandes empresas públicas en sectores estratégicos como energía (ENDESA), siderurgia (ENSIDESA), transporte (SEAT, ENASA), aviación (Iberia) o petroquímica (ENCASO). A pesar de la inversión, la producción era limitada y de baja calidad por la falta de tecnología y capital.
La economía se mantuvo estancada durante los años 40 y 50. El gasto público era enorme, pero como no había suficientes ingresos, el Estado emitía deuda que provocó inflación. Mientras tanto, los salarios permanecían muy bajos debido a la represión del movimiento obrero. La renta per cápita era incluso inferior a la de los años 30 y muy mal distribuida. En resumen, la autarquía fracasó: no soluciónó la escasez y solo benefició a una minoría privilegiada.
A partir de 1947, España empezó a salir de su aislamiento internacional gracias al acercamiento a Estados Unidos. En 1953 se firmaron acuerdos que aportaron ayuda económica y militar. En los años 50 se terminó el racionamiento y se aplicaron algunas reformas, pero el crecimiento siguió siendo insuficiente y continuaron las protestas sociales por el alto coste de la vida.
Finalmente, en 1959, los tecnócratas del Opus Dei impulsaron el Plan de Estabilización, que abandonó la autarquía, abríó la economía al exterior, atrajo inversiones y devaluó la peseta. Con este plan comenzó el crecimiento económico de los años 60.
La política exterior de Franco fue cambiando bastante a lo largo de su dictadura, pero siempre tuvo un objetivo muy claro: mantener el régimen y no perder el poder. Dependiendo de lo que pasaba en el mundo, Franco iba adaptando su postura para no quedarse aislado o para conseguir apoyos.
Al principio, durante la Segunda Guerra Mundial, España se declaró neutral, aunque en realidad simpatizaba con Alemania e Italia. En 1940 pasó a la “no beligerancia”, que era como estar a favor sin entrar directamente en la guerra. Franco incluso se reuníó con Hitler en Hendaya para negociar, pero España no entró en la guerra porque el país estaba destrozado tras la Guerra Civil. Aun así, colaboró enviando la División Azul a luchar contra la Uníón Soviética. Cuando empezó a verse que Alemania iba a perder, Franco cambió rápidamente de postura y volvíó a la neutralidad para evitar problemas con los países vencedores.
Después de la guerra, España quedó totalmente aislada. El resto de países veían el régimen franquista como una dictadura parecida a las fascistas, así que muchos retiraron sus embajadores, España no pudo entrar en la ONU ni recibir ayudas como el Plan Marshall, y Francia incluso cerró la frontera. Solo algunos países como Argentina, Portugal y el Vaticano mantuvieron relaciones. Fue una etapa muy complicada para el régimen.
Pero en los años 50 todo cambió gracias a la Guerra Fría. Estados Unidos empezó a ver a España como un aliado útil porque Franco era muy anticomunista. Entonces, poco a poco, España dejó de estar aislada. En 1953 se firmaron acuerdos importantes con Estados Unidos, que instaló bases militares en España a cambio de ayuda económica, y también un acuerdo con la Iglesia (el Concordato). Finalmente, en 1955, España entró en la ONU, lo que marcó el fin del aislamiento.
A partir de finales de los años 50 y durante los 60, la política exterior se volvíó más “normal”. España intentó acercarse a Europa e incluso quiso entrar en la Comunidad Económica Europea, aunque no lo consiguió porque seguía siendo una dictadura. Aun así, firmó acuerdos comerciales. También mantuvo una relación muy importante con Estados Unidos. Por otro lado, Franco insistíó mucho en recuperar Gibraltar, pero no lo logró. En cuanto a las colonias, España fue perdíéndolas poco a poco: dio la independencia a Guinea Ecuatorial, cedíó Ifni a Marruecos y en 1975 entregó el Sáhara, lo que generó conflictos que todavía existen hoy.
En resumen, la política exterior de Franco fue bastante práctica: cambiaba según le convénía para sobrevivir. Pasó de estar cerca de los fascismos a llevarse bien con Estados Unidos y el bloque occidental. El anticomunismo fue siempre su base, y gracias a eso consiguió apoyo internacional y pudo mantenerse en el poder hasta 1975.
La organización institucional y la legislación del franquismo se caracterizaron por la concentración absoluta del poder en la figura de Franco y por la ausencia de un sistema democrático real. Tras la Guerra Civil, se instauró en España una dictadura personal en la que Franco asumíó simultáneamente los cargos de Jefe del Estado, jefe del Gobierno y generalísimo de los ejércitos, acumulando así todos los poderes sin ningún tipo de control ni división efectiva.
El régimen se apoyaba en una serie de instituciones que garantizaban su funcionamiento y estabilidad. El Gobierno estaba formado por ministros nombrados directamente por Franco, sin responsabilidad ante ningún parlamento, y en él estaban representadas las distintas “familias” del franquismo —falangistas, militares, católicos y, más tarde, tecnócratas—, aunque siempre bajo la autoridad suprema del dictador. Las Cortes franquistas, creadas en 1942, no eran un parlamento democrático, ya que sus miembros no eran elegidos por sufragio universal, sino designados o elegidos de forma indirecta. Su función era meramente consultiva y de apoyo al régimen, sin capacidad real de controlar al poder ejecutivo. Junto a ellas, el Movimiento Nacional actuaba como el único partido permitido, integrando la antigua Falange y sirviendo como instrumento de control político e ideológico de la sociedad. Además, el Ejército y la Iglesia Católica desempeñaron un papel fundamental: el primero como garante del orden y del régimen, y la segunda como elemento legitimador a través del nacionalcatolicismo. En el ámbito laboral, los sindicatos verticales agrupaban a obreros y empresarios bajo el control del Estado, eliminando la libertad sindical.
Desde el punto de vista legal, el franquismo no contó con una constitución propiamente dicha, sino con un conjunto de normas conocidas como Leyes Fundamentales, que pretendían dar una apariencia de legalidad y estabilidad al sistema. Entre ellas destaca el Fuero del Trabajo de 1938, inspirado en el modelo fascista, que regulaba las relaciones laborales y establecía el sindicalismo vertical.
La Ley de Cortes de 1942 institucionalizaba las Cortes como órgano consultivo, mientras que el Fuero de los Españoles de 1945 recogía una serie de derechos y deberes que, en la práctica, no estaban garantizados, ya que podían ser suspendidos por el gobierno. Ese mismo año se aprobó la Ley de Referéndum Nacional, que permitía consultar al pueblo en determinadas cuestiones, aunque estas consultas carecían de garantías democráticas reales y tenían un carácter propagandístico.En 1947, la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado definía a España como un reino y otorgaba a Franco el poder de designar a su sucesor, consolidando su posición como jefe vitalicio. Más adelante, la Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1958 fijó los fundamentos ideológicos del régimen, como el nacionalismo, el catolicismo y el anticomunismo. Finalmente, la Ley Orgánica del Estado de 1967 intentó modernizar el sistema y asegurar su continuidad tras la muerte de Franco, introduciendo algunas modificaciones institucionales como la separación teórica entre la jefatura del Estado y la presidencia del Gobierno.
En conjunto, tanto las instituciones como la legislación franquista estaban diseñadas para mantener un sistema autoritario sin libertades políticas, sin pluralismo y sin participación real de la ciudadanía. Aunque el régimen intentó presentarse como una “democracia orgánica”, en la práctica se trataba de una dictadura en la que todas las decisiones dependían de Franco y en la que las leyes servían más para justificar el poder que para limitarlo.
La oposición al franquismo fue un fenómeno complejo y cambiante a lo largo de la dictadura (1939-1975), condicionado en gran medida por la fuerte represión del régimen y por la evolución social y económica del país. En los primeros años tras la Guerra Civil, la oposición fue muy débil debido a la dureza de la represión: ejecuciones, cárceles, exilio y control absoluto de la sociedad hicieron prácticamente imposible cualquier resistencia organizada. En este contexto, la oposición se limitó fundamentalmente al exilio republicano y a pequeños grupos guerrilleros en el interior, conocidos como el maquis, que actuaron especialmente en los años cuarenta pero que fueron progresivamente eliminados por el régimen.
Durante esta primera etapa, la oposición exterior intentó organizarse políticamente, manteniendo la legitimidad de la República y esperando una intervención internacional tras la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el inicio de la Guerra Fría frustró estas expectativas, ya que las potencias occidentales comenzaron a ver al régimen de Franco como un aliado frente al comunismo, lo que debilitó considerablemente a la oposición en el exilio.
A partir de los años cincuenta y, sobre todo, en los sesenta, la oposición al franquismo comenzó a cambiar de carácter. El desarrollo económico, la apertura al exterior y los cambios sociales favorecieron la aparición de una oposición interior más amplia y diversa. En este periodo, la contestación dejó de ser exclusivamente política para convertirse también en social. El movimiento obrero adquiríó gran protagonismo, especialmente a partir de 1962, con huelgas y protestas en las principales zonas industriales como Asturias, País Vasco, Madrid y Barcelona. En este contexto surgieron las Comisiones Obreras, un sindicato clandestino que se convirtió en la principal organización de oposición laboral, actuando desde dentro de las estructuras del régimen para movilizar a los trabajadores.
Paralelamente, el movimiento estudiantil se convirtió en otro foco importante de oposición. Desde mediados de los años sesenta, las universidades fueron escenario frecuente de protestas contra la dictadura, a las que el régimen respondíó con represión, detenciones y cierre de centros. Estos movimientos reflejaban el descontento de una nueva generación que no había vivido la Guerra Civil y que demandaba mayores libertades.
Otro elemento clave fue la evolución de la Iglesia católica. Aunque inicialmente había sido uno de los pilares del régimen, a partir del Concilio Vaticano II surgieron sectores dentro de la Iglesia que comenzaron a distanciarse del franquismo y a apoyar reivindicaciones sociales y políticas, lo que contribuyó a debilitar uno de los apoyos tradicionales del sistema.
En el ámbito político, la oposición se fue reorganizando en la clandestinidad. El Partido Comunista de España tuvo un papel destacado en la lucha contra el régimen, especialmente en el movimiento obrero, mientras que otros grupos como el PSOE fueron ganando fuerza progresivamente. También surgieron movimientos nacionalistas en Cataluña y el País Vasco, destacando en este último caso la aparición de ETA, que adoptó la lucha armada contra el régimen.
En los últimos años del franquismo, la oposición se intensificó y se hizo más coordinada. El crecimiento económico había transformado la sociedad española, generando una clase media más amplia y una población con mayores expectativas de libertad. A esto se sumaron factores externos, como la presión internacional y el aislamiento respecto a una Europa cada vez más democrática, así como crisis internas como la económica de 1973 y el aumento del terrorismo. Todo ello debilitó progresivamente al régimen.
En definitiva, la oposición al franquismo evoluciónó desde una resistencia débil y desorganizada en los años cuarenta, debido a la represión, hacia una oposición más amplia, diversa y organizada en los años sesenta y setenta. Este proceso fue clave para el desgaste del régimen y preparó el terreno para la transición a la democracia tras la muerte de Franco en 1975.
Desarollismo –>
El modelo de autarquía se abandonó en 1959 con el Plan de Estabilización dirigido por los tecnocratas, dado que la dirigencia de la autarquía por la Falange y después por el catolicismo resulto ser un fracaso. Este Plan de Estabilización fue el que liberalizó la economía y la incorporó al sistema capitalista internacional.En este momento en España se encontraba al borde de la queibra técnica ya que no había divisas para pagar importaciones básicas como el petróleo .
Los tecnocratas eran ministros que estaban vinculados al Opus Dei, estos convencieron a Franco que era la única salida era el fin del intervencionismo estatal.
Algunas de las medidas de este plan de estabilización eran:
Se aprobó un decreto en el 59 que incluía la devaluación de la peseta, la congelación de salarios y la reducción del gasto publico para así frenar la inflación.
Se suprimieron los obstáculos al comercio y se facilito la entrada de capitales extranjeros que hasta entonces solo se podía un 25% máximo , conectando finalmente la economía española con el sistema capitalista internacional.
Crecimiento económico: Entre 1961 y 1973 se produjo un
fuerte crecimiento industrial (el «milagro español») impulsado por la inversión extranjera, los bajos salarios y las divisas enviadas por los emigrantes en Europa(dinero enviado por trabajadores que trabajaban en países como Alemania Francia o suiza a España , fue decisivo para equilibrar la balanza de pagos y financiarnuevos negocios en el interior.
El turismo: Se convirtió en el principal motor económico, aprovechando los bajos precios y la oferta de sol y playa.Impulsando así una rápida expansión de la infraestructura hotelera.
Planes de Desarrollo: El gobierno intentó planificar este crecimiento mediante planes trienales, aunque fracasaron en su objetivo de reducir los desequilibrios regionales.
Transformación social: Este periodo provocó un masivo éxodo rural hacia Madrid, Cataluña y el País Vasco.Millones de campesinos abandonaron el campo ante la falta de mano de obra y la mecanización del sector para transladarse a las zonas industriales. Varios barrios de estos sitios recibieron un crecimiento urbano desordenado, y estos a menudo crecían en condiciones mínimas de habitalidad. Surgíó una nueva clase media y una sociedad de consumo simbolizada por el Seat 600 y la llegada de la televisión.
El baby boom, en los años sesenta la población experimento un crecimiento importante debido a la alta natalidad y el descenso de la mortalidad. Esto obligo al régimen a contruir infraestructuras publicas como hospitales y escuelas a marrchas forzadas para atender a la nueva generación.
A partir de 1963 el gobierno intento regular el crecimiento mediante los planes de derarrollo copiados del modelo francés. Objetivos , se marcaban metas cada tres años con incentivos fiscales para las empresas. Los objetivos era disminuir el desequilibro económico entre regiones e industrializar nuevas zonas, pero en este aspecto los planes fueron un rotundo fracaso.
El crecimiento genero un aumento cuantitativo de las clases medias que poco a poco empearon a demandar maayores cotas de libertad política.
Este periodo termino drásticamente ocn la crsis del petróleo de 1973 provocada por la guerra entre los países árabes e Israel y el apoyo de los países occidentales hacia este. La subida de los precios de la energía revelo la debilidad de una economía muy dependiente del exterior.
Y se produjo un aumento espectacular en la inlfacion, el retorno de emigrantes desde Europa y un incremento masivo del paro. Esta crisis coinicdio con la agonía política del régimen , acelerando su descomposición final.