12.2. el sexenio democrático (1868-1874): intentos democratizadores. la revolución

2.-EL SEXENIO DEMOCRÁTICO El Sexenio
Democrático (1868-1874) se muestra como: – La culminación de la revolución liberal comenzada a comienzos de siglo e inacabada por la identificación del régimen de Isabel II con los sectores del liberalismo más conservador, que dejaba el control del país sobre una reducida oligarquía que impedía la modernización de la economía y del Estado. – El avance de la conciencia política de las clases populares que demandarán la extensión de los derechos políticos a todos los ciudadanos, ya expresada en las revoluciones democráticas de 1848 en Europa o el movimiento Cartista en Inglaterra. Las causas de la Revolución Gloriosa (septiembre de 1868), que derribará a Isabel II del trono se deben a: Causas económicas – La crisis económica genera una situación de paro y hambruna entre la clase trabajadora, pero también un deseo entre la burguesía de modernizar la economía. – Crisis de la industria textil a causa del bloqueo de las importaciones de algodón desde EEUU como consecuencia de la Guerra de Secesión. – Crisis de la construcción ferroviaria debido a que las frustradas expectativas de beneficios hicieron caer el precio de las acciones y la inversión en nuevas líneas. – Crisis bursátil de carácter europeo que llevó a la repatriación de capitales invertidos en España. – Pésimas cosechas en los años 1866 y 1867 que produjeron el encarecimiento del trigo y el hambre. Causas políticas – Isabel II había alternado el poder entre los generales Narváez y O´Donnell y organizado por la Constitución de 1845 que había convertido al país en un régimen oligárquico, represivo, incapaz de transformarse por la vía institucional y que mantenía al margen de la política a la inmensa mayoría de la población.

 – La reina había dado la imagen de gestionar la política de modo arbitrario a través de su camarilla y de sus amistades y al margen del ordenamiento político. – La represión para frenar cualquier contestación al régimen se había manifestado en los sucesos de la Noche de San Daniel y la represión del pronunciamiento de los sargentos del cuartel de San Gil. 76 – El fallecimiento de los generales Narváez y O´Donnell, quienes habían sido sus principales valedores, dejó con escasos apoyos militares a la reina, sobre todo tras la matanza del cuartel de San Gil. Todas las fuerzas políticas a la izquierda del Partido Moderado (Progresistas, Demócratas, Republicanos y más tarde la Unión Liberal) firmarán un pacto, el Pacto de Ostende, dirigido a derribar a la dinastía borbónica y a crear un estado democrático que evite la revolución social. Los militares que dirigen la conspiración (Serrano, Prim y Topete) pretenden que la Revolución Gloriosa no sea una revolución popular sino uno de los muchos pronunciamientos militares del XIX. Al levantamiento de la escuadra en Cádiz el 18 de septiembre le siguió el de numerosos acuartelamientos por todo el país, hasta que en la batalla de Alcolea las tropas realistas son derrotadas y la reina atraviesa la frontera camino del exilio. Sin embargo, paralelamente se produce una revolución civil que conforma Juntas Revolucionarias locales y crea una milicia armada, los Voluntarios de la Libertad, y que demuestra la politización social y su deseo de participación política. Los militares convencerán a las Juntas y a los Voluntarios de que se disuelvan y dejen el poder en manos de un Gobierno Provisional, dirigido por los generales Serrano y Prim, que convocará Cortes Constituyentes mediante sufragio universal masculino.

Otras medidas tendentes a modernizar la economía fueron el establecimiento del Arancel Figueroa, destinado a la liberalización del mercado, y la creación de la peseta como unidad monetaria. Las nuevas Cortes aprobarán la Constitución de 1869, un texto que establece la soberanía nacional basada en el sufragio universal masculino, la monarquía parlamentaria, la división radical de los poderes, una extensa declaración de derechos y libertades. Un sistema democrático que permite la participación política de todos los partidos dentro de un orden parlamentario. La elección de un nuevo monarca, desechados los Borbones, supone elegir entre las diferentes dinastías europeas. El elegido será Amadeo I de la dinastía italiana de los Saboya. El monarca se presenta respetuoso con el sistema constitucional democrático, pero se encuentra con el rechazo de los sectores monárquicos tradicionales como son los carlistas y la corte borbónica, de los republicanos, el clero, que rechaza a la dinastía que ha acabado con los Estados Pontificios, y a las clases populares que se burlan de un rey extranjero. Prim, su gran valedor, morirá en un atentado días antes de que Amadeo desembarque en España en enero de 1871. La inestabilidad de los gobiernos (seis gobiernos y tres elecciones generales en dos años), la sublevación cubana tras el Grito de Yara (1868), en demanda de la independencia desde la isla, apoyada por EE.UU., y el comienzo de la Tercera Guerra Carlista en las provincias Vascas y Cataluña llevó a que Amadeo I aprovechase la petición del gobierno de disolver el cuerpo de artillería para negarse a ello y renunciar a la corona.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *